97. Cuentos chinos
Tras un día duro de trabajo solo ansío llegar a casa, descalzarme y quitarme este maldito sujetador; el aro me está matando.
De camino al autobús, un joven me aborda con un panfleto y me ruega que lo coja. Media sonrisa después lo meto en mi bolso. Retomo el camino y esta vez una pareja me ofrece una revista, la aparco junto al panfleto. Apenas unos pasos, una chica con unas octavillas que van a idéntico sitio. Llego al bus de chiripa y tras sentarme en la única plaza libre saco del bolso a los okupas. Apenas leo sus portadas… «Somos Tu Futuro»; «Estamos contigo»; «Con nosotros ganas», hago un maravilloso rulo con tanto pasquín —que tiraré en cuarenta minutos en la primera papelera que encuentre—, y pienso en las extraescolares de Cristina; en la rebelde adolescencia de Jaime y en su costosa cita con el dentista; en la interminable cola para el traumatólogo del mayor; en mi suegra y su incipiente Alzheimer; en la depresión de mi marido por su inminente recorte de trabajo; si habrán sacado a Golfo…
No aguanto más y me desabrocho el despiadado sujetador.


Muy bien transmitida esa sensación de incomodidad y agotamiento reales, en contraposición con las promesas edulcoradas de los panfletos publicitarios. Un puntazo ese aro de sujetador.
Qué molestos a veces, los malditos aros 😉
Muchas gracias, Edita, por tu bonito comentario.
Un abrazo.
En la mayoría de las familias, por no decir en todas, hay una mente organizadora e imprescindible que, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, es una mujer. Qué importa lo que puedan pensar los transeúntes. Ese desabrochado es algo más que un respiro, es un gesto valiente de reivindicacióm del derecho propio en medio de tanta obligación abrumadora.
Un abrazo y suerte, Rosy
Gracias, Ángel, una vez más, ¡gracias!
Un abrazo.
Usando las palabras de Ángel: “la mente organizadora” de este relato necesita coraje para enfrentarse al día a día . Como mire uno de esos panfletos, tal vez decide mandar todo a freír espárragos y no se contenta únicamente con desabrocharse el sujetador .
Mira que pequeña recompensa encuentra al final del día: liberarse de algo que la oprime .
Muy entretenido tu texto.
Suerte
Muchas gracias, Hugo, por tu comentario, si te ha entretenido, misión cumplida.
Te deseo también mucha suerte con el tuyo… que por cierto, después de leerlo encendí un ratito la estufa… 😉
Saludos.
Pues misión cumplida para mi también.
Cuánta razón llevas, Rosy, la vida a veces es un sujetador incómodo. Ese te lo puedes quitar, pero es el resto es un poco más difícil.
Me has metido dentro de la protagonista.
Un abrazo y suerte.
El coraje de esta mujer, llegar a casa y empezar de nuevo, o seguir… que para el caso es lo mismo.
Muchas gracias, querida Rosalía, por comentarme.
Un abrazo grande.
Ala! A liberar las domingas! Porque lo que es su vida, la tiene hecha unos zorros. Siempre hay “salvadores” que predican para pescar en el abundante caladero de la tierra. Hace bien en no picar, ya tiene bastante.
Ala! A liberar las domingas! Porque lo que es su vida, la tiene hecha unos zorros. Siempre hay “salvadores” que predican para pescar en el abundante caladero de la tierra. Hace bien en no picar, ya tiene bastante.
Ja, ja, ja… Rosa, ¡por lo menos el viaje en bus lo termina tan agustito!
Muchas gracias por la visita.
Un abrazo.