Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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73. DEMASIADO TARDE

Lucia salió corriendo del hospital cuando supo que a su abuelo no le quedaba mucho tiempo. Entró en un estudio de tatuajes con un electrocardiograma del abuelo en la mano. Él era toda su familia y quería llevarlo en la piel, que su pulso viejo latiera bajo su dermis joven, como un hilo invisible entre el adiós y la memoria.

Volvió justo a tiempo. El abuelo le pidió la mano. Al ver el tatuaje acarició su brazo con dedos temblorosos y sonrió.

—Gracias… pero hay algo —susurró— que tengo que decirte y que nadie sabe.

Lucía se acercó.

—Durante la guerra… yo fui el brazo, el que ejecutaba las órdenes. Los nombres escritos con lápiz en el cuaderno del alcalde. —Tragó saliva—. Vecinos, familiares, amigos… Yo no juzgaba, solo apretaba el gatillo.

Lucía sintió que el tatuaje le ardía.

Pide perdón por mí —suplicó el abuelo—. A los hijos de los que no volvieron. A los nietos que no saben por qué sus casas se quedaron en silencio.

Después cerró los ojos.

Lucía miró la línea negra sobre su piel. No era un latido. Era una trinchera que debía cruzar para cerrar las heridas abiertas.

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