73. DEMASIADO TARDE
Lucia salió corriendo del hospital cuando supo que a su abuelo no le quedaba mucho tiempo. Entró en un estudio de tatuajes con un electrocardiograma del abuelo en la mano. Él era toda su familia y quería llevarlo en la piel, que su pulso viejo latiera bajo su dermis joven, como un hilo invisible entre el adiós y la memoria.
Volvió justo a tiempo. El abuelo le pidió la mano. Al ver el tatuaje acarició su brazo con dedos temblorosos y sonrió.
—Gracias… pero hay algo —susurró— que tengo que decirte y que nadie sabe.
Lucía se acercó.
—Durante la guerra… yo fui el brazo, el que ejecutaba las órdenes. Los nombres escritos con lápiz en el cuaderno del alcalde. —Tragó saliva—. Vecinos, familiares, amigos… Yo no juzgaba, solo apretaba el gatillo.
Lucía sintió que el tatuaje le ardía.
—Pide perdón por mí —suplicó el abuelo—. A los hijos de los que no volvieron. A los nietos que no saben por qué sus casas se quedaron en silencio.
Después cerró los ojos.
Lucía miró la línea negra sobre su piel. No era un latido. Era una trinchera que debía cruzar para cerrar las heridas abiertas.


Uffff!!, que dura la decepción, la caída del trono de admiración y orgullo a la verdad dolorosa que sufre tu protagonista. Una historia sobre la guerra como habrá muchas.
Un abrazo
Siempre se dice que nunca es tarde, sin embargo, el título de tu relato proclama lo contrario. Hay que decir que este hombre que ha arrastrado ese remordimiento durante tanto tiempo debería haber confesado antes, pedir perdón a su propia familia, y a los descendientes de los ajusticiados. La guerra produce estas crueles situaciones, a él le habrían matado si se hubiese negado a matar. Con la valentía de decirlo en el último momento, ha aliviado un poco su alma, otra cosa será que esa nieta que lo tenía ideslizado reúna el coraje para perdonarlo.
Un relato que muestra que los ejecutores y sus allegados también son víctimas que arrastran un castigo.
Un abrazo y suerte, Encarna
Encarna, tremenda herencia ha dejado ese abuelo a su nieta.
Esperemos que ella pueda cerrar las heridas que quedaron abiertas.
Por cierto, aquí veo yo una novela.
Un abrazo y suerte.
Ostras! Qué duro tu relato.
Ese tatuaje tiene mucha tela, y esa chica mucho trabajo por hacer, si quiere ayudar al alma de su abuelo.
Enhorabuena y suerte