Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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68. EL MOÑO DE LOLA

Lola lucía un moño apretado donde llevaba bien sujetas con horquillas todas las penurias que había ido sorteando en su vida. Cada cana que le salía correspondía a una nueva desgracia que ocultaba con destreza entre su pelo negro. Así ocultó que Anselmo le engañaba y cuando le decía que iba a trabajar al campo, en realidad iba a calentarle la cama a la vecina. Un puñado de canas por cada hijo que tuvo que criar sola, y fueron nada menos que siete. Sacar adelante a la familia y a la granja en solitario le añadió otras pocas más. Así fue como su pelo negro ya no pudo ocultar tanta cana y se convirtió en gris. Dicen que el invierno en que cayó el alud de nieve que sepultó la vida de nueve vecinos, entre ellos su Anselmo, fue cuando el moño de Lola se volvió blanco, pero en esta ocasión no fue por pena, fue por gratitud a la nieve que la liberó de una boca más que alimentar y un problema menos de qué ocuparse.

10 Responses

  1. No son buenos tiempos para los maridos… Vamos a pensar que, aparte de comer y dar problemas, el tal Anselmo era un impresentable. La nieve como goma de borrar oportuna, un punto de vista original. Saludos y suerte, Esperanza.

    1. Esperanza Temprano

      Gracias por tu comentario Antonio. Sí, sí, sin duda Anselmo era un impresentable y a veces no es fácil deshacerse de los impresentables.:) :)así que si las fuerzas de la naturaleza echan una mano…no viene mal. Saludos,

  2. Rosa. Gómez Gómez

    Muy simbólico el moño de Lola. Coraje hasta el final. Aunque tenía otra alternativa: separarse del parásito que le había caído en suerte. Bueno, la nieve ayudó un poquito.

    1. Esperanza Temprano

      Gracias por tu comentario Rosa. Lamentablemente en el tiempo en el que está pensado que transcurre el relato no cabía la separación y si te tocaba un parásito era para toda la vida. Menos mal que actuó la fuerza de la naturaleza y le echó una mano.

  3. Ángel Saiz Mora

    Al final, el tiempo pone a cada cual en el sitio que le correwponde. Tanto desequilibrio no podía durar eternamente. Lola merece un monumento a su valentía, tesón, generosidad y trabajo, aunque ese cabello es un monumento vivo de homenaje.
    Un gusto leerte siempre, Esperanza
    Un abrazo y suerte

    1. Esperanza Temprano

      Gracias por tu comentario Ángel. Mujeres como Lola han sacado adelante a sus familias con un coraje inusual. Yo he conocido unas cuantas. Es un homenaje a todas ellas. Gracias por tu tiempo. Un abrazo

  4. Rosalía Guerrero

    Esperanza, qué buena metáfora del coraja has construido alrededor de las canas, aunque en el fondo sea una cuestión genética.
    Es triste pensar que, para muchas mujeres de épocas pasadas, la única liberación posible pasaba por la viudez.
    Un abrazo y suerte.

    1. Esperanza Temprano

      Gracias Rosalía por tu comentario. El pelo y como va cambiando de color es el hilo conductor para retratar la dureza de vida que llevaban las mujeres en épocas pasadas. Un abrazo y gracias por tu tiempo.

    1. Esperanza Temprano

      Gracias por tu comentario, Alberto, me alegra que te haya gustado el remate del relato. Gracias por tu tiempo. Saludos.

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