LE SOUFFLE AU COEUR (Toribios)
Le arruinaron la infancia, y por ende la vida, cuando aquel pediatra anunció su mal. Que no corra, que no se fatigue, que no coja frío, señora. Así lo sentenció el galeno, fonendo al viento y gafas en la punta de la napia, con el orgullo de quien hace un descubrimiento capital. Y la madre, ay dios mío, menos mal que este sabio me ha salvado al hijo. Así estuvo un tiempo, llevando vida de planta de interior.
Pero el niño era obstinado. Parado yo… Cómo no vestir, como todos, el chándal del colegio. Cómo renunciar a ser parte del equipo. Y, erre que erre, se empeñó en desafiar mandatos y presiones. Primero fueron juegos en la calle, y luego consiguió ir a clase de gimnasia, prometiendo, eso sí, no forzarse mucho. Acabó destacando en el deporte. Hoy, mira la vitrina donde atesora los trofeos y piensa en esa vida que no fue. Una vida quizás de literato, de esos que escriben vidas de gente hiperactiva.

