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El veintisiete de octubre mis botas se impregnaban a cada paso de más y más barro mientras las espesas hojas me impedían ver más allá de mis narices. Llevaba dos horas perdido en aquel bosque desconocido. Desistí. Decidí rendirme. Me senté en una roca y por primera desde la muerte de mi padre, lloré. Lloré por sentirme huérfano, por Lola que tanto me había sabido querer y la había dejado escapar, por mi amigo Mario y la distancia que ahora había entre nosotros y por el peso de los 46 años que se me antojaba imposible de transportar en el camino de mi vida.
Y de pronto, la voz de un diminuto duendecillo pálido y compasivo me dijo “Vamos arriba, arriba una vez más”.
Qué extraño, pensé, si yo jamás he creído en duendes…
Bajo el viejo molino, junto a un tímido afluente de agua resplandeciente que realizaba reales esfuerzos por abrirse camino entre innumerables nogales, sauces, castaños… que se eregían robustos hacia el sol, me senté una tarde de otoño.
Un grupo de juguetonas hojas, que parecían más bien tintadas al antojo de cualquier caprichoso pintor, me rodeó a modo de suave torbellino. Sus colores parecían recordarme a los que se impregnan en el cielo cuando la tierra despide al sol en los mejores días.
Mientras revoloteaban no pude evitar pensar ¿hacia dónde se dirigirían estas atrevidas viajeras?
Se me ocurrió pensar que volaban locas, saboreando la tan ansiada libertad, con la satisfacción del deber cumplido; trabajar duro para regalar vida al ser que las vio nacer y oxigenar al mundo.
No se podría ser más feliz, pensé, al recibir el maravilloso regalo de volar, justo cuando no hay nada que perder…
Algunas viajaban contra el tiempo aprovechando su última oportunidad de descubrir lugares desconocidos donde caer y esparcir sus semillas; otras, menos curiosas, se mecían sutilmente con el viento… Todas buscando su lugar especial donde caer y fusionarse de nuevo con el mundo, les parecería entonces haber revivido ya ese instante…
…Pensaste entonces…
La Tierra, para los patrones humanos, es muy vieja… Antigua, más que lo más antiguo.
Donde ahora hay una alameda o un hayedo, pudo haber un inmenso lago de agua dulce. Donde desiertos, océanos, mares verdeazulados plenos de vida.
Si de noche atendemos con nuestros sentidos alertas, paseando bajo la enramada otoñal desnuda de hojas, a la luz de la luna podemos quizás sentir cardúmenes de extintos peces ingrávidos multicolores, tiburones implacables, gráciles seres que se comunican con musicales silbidos.
De día, la floresta se alegra con el sol y las sombras marcadas, recordando la luz tamizada por el agua oceánica, mas… El aire se hace agua y nosotros delfines curiosos.
Los árboles se acompañan, tocándose, acariciándose con el final de sus raíces, dándose valor, sabedores de su condición mortal, conscientes de su pasado acuático, queriendo elevarse al cielo en grupo, flotando hacia la superficie para sentir la luz caliente y seca.
Pasado el hechizo frecuente, llega la calma, vuelve el bosque a su ser, oímos cantar a aquel pájaro, ruidos de insectos voladores…, mientras evitamos pisar un hormiguero vacío o el excremento de una vaca que, por un segundo, asimismo pueda ser que se creyera ballenato.
Hoy mismo me ha venido una historia muy graciosa a la mente. Una anécdota de juventud…fíjate si no te hablo de años… Era un mocoso descarriado que hacia campana, fumaba, robaba… Vamos, era la crème de la crème para cualquier padre. Como te decía, un día, siendo yo muy joven y estúpido, me refugié en el bosque para fumar un par de porros y así, también, evitar que mi madre me molestara con que hiciera las tareas de casa y del cole. Cuál fue mi sorpresa cuando me descubrí de repente, y así sin avisar, sentado a los pies de un sauce llorón y parlanchín.
– Abuelo, ¿qué te dijo el sauce?
– ¡No veas que bronca me echó! Un recuerdo vago tengo pero no puedo serte muy concreto. Sólo recuerdo una frase que me marcó. ¿Cómo era? Esta anciana memoria que ya divaga… Espera, ya recuerdo. El sabio sauce me dijo que mirase más allá y amase la vida como el amaba el sol de la mañana.
– ¿Y eso que significa?
– Hijo, la verdad que no lo sé –dijo el anciano entre carcajadas- Pero a partir de ese día todo cambió…
Amaneciendo en el bosque con el sol colandose entre los frondosos arboles, acariciando, pedazos de tierra y pasto
ese aroma a tierra humeda que sabe a delicado y fresco perfume
llena los sentidos mas intimos del alma
musica de pajaros que cantan su alegria, de sentir la vida en todo su esplendor
bosque sereno, acogedor y misterioso que te arropas a ti mismo con las hiedras en flor, en ti hay vida colores e ilusion,
musica y resplandor alimentas el espiritu sintiendonos parte de ti y de tu esencia,saboreando esa sensacion de eternidad que emana de tus entrañas
bosque tu que te llenas de los seres vivos mas preciosos del mundo tu con tus arboles frondosos que te dan fruto que te regalan el mejor aroma y regalan hogar a animales indefensos , tu que vives con el dulce cantar de los pajaros con el escalofriante aullido de los lobos tu que te llenas con la melodia diaria de animales sorprendentes .. te encuentras en el medio de la nada y a la vez lleno de todo .. de todo lo hermoso de la naturaleza pensar que en ti despierta un lago en el que se puede reflejar tu hermosura ladron de suspiros que regalas tranquilidad …
Me he perdido.
No tengo ni idea de cómo volver al punto en que dejé el camino. La flecha del árbol ese decía que había una fuente. El caso es que se oye correr agua por ahí abajo…
Ya es tarde y debería salir de aquí porque se va a hacer de noche de un momento a otro. Esto me pasa por venir solo. Y encima la mierda del móvil no tiene cobertura.
¡Estoy en el bosque de los gnomos! A ver, déjate de bromas y concéntrate.
Llevo ya un buen rato dando trompicones cuesta abajo y me duele todo. No me he traído ni una cochina botella de agua… Está refrescando y yo con esta camiseta de pijo. Mucho caballito, pero voy a pasar más frío que un tonto.
Menudo silencio. No sé si es el respeto que me da esto, pero me está entrando un apretón… ¿Y si viene un lobo?… le tiro el móvil y salgo corriendo. Cada vez hay más niebla y andar sin rumbo es una chorrada. Espera… Eso parece una casa. Sí. Y tiene un cartel iluminado que pone… que pone… ¡Parking! ¡Pero si es el sitio donde dejé el buga! ¡Estoy salvado!
Llegó a la casa rural cuando el sol se había posado. Le mostraron su habitación acogedora y cálida.; dejó las maletas y una caja encima de una silla, miró por la ventana y allí se divisaba un bosque frondoso. Respiró hondo y se durmió plácidamente.
Se despertó sobresaltado por la ausencia de ruido, al cual, estaba tan acostumbrado en la ciudad. Desayunó deprisa y salió al bosque con la caja bajo el brazo; buscó durante horas el lugar perfecto, ni muy soleado, ni muy sombrío, húmedo. Lo encontró cerca de un riachuelo. Sacó de la caja una pala de jardín e hizo un agujero y en él depositó un bonsái añejo.
-“Este es tu lugar, ya eres libre.”
Se tumbó en la hierba y miró hacia el cielo limpio.
En la ciudad no se puede vivir, yo no tengo remedio pero tú lo has conseguido.
Vivirás por fin el sueño que siempre tuve. Con ese acto altruista fue inmensamente feliz.
Escuché susurros y silencio, agua, trinos y berreos. Olí frescor y compañía. Toqué hojas y caricias: sentí ternura y libertad. Comí una mora. Vi hormigas moviendo un tesoro, y abetos vivos, sin regalos ni luces de colores; vi nubes cambiando de forma, coronando risas y paseos, acunando valles y despertando sombras. Disfruté de olores y colores, de verdes, azules,… rosas, violetas y amapolas. Contemplé tus ojos y descubrí un bosque. Miré el bosque y entendí la vida.
¿Estaba el bosque encantado?, siempre pensé que si, creía ver gnomos , hadas, troles y demás «fauna encantadora» por todas partes.
Por el sendero que regreso a casa cada día, veo el bosque, que descansando en el valle observa orgulloso el pico de aquella montaña siempre coronada de blanco, a veces hasta me parece que le dedica una canción, cuando un viento toca uno a uno cada arbol emitiendo distintos sonidos cada vez, un día parece poemas de enamorados y otros en cambio de amantes disgustados…
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