Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

37. Campeona en un pueblo perdido de Nebraska

Me invitaron a aquel concurso de muecas y creía que podía ganar, sabía que podía ganar. Primero las eliminatorias, el nivel era bajo; soy una actriz, soy una gran artista por dios que era verdad. Inexpresiva, me dijo aquel profesor, que sabrá él, pensé yo; mírame ahora, soy una actriz, en un concurso de un pueblo perdido de Nebraska pero una actriz famosa, al fin y al cabo.

Llegan las semifinales, dos muecas sencillas y el rival a la calle. Ejercito la cara, la copa ya es mía; de un pueblo perdido de Nebraska pero ya es mía. El rival aguanta, dos, tres, cuatro y hasta cinco muecas y se queda quieto, helado, yo igual. Pasan las horas, el hombre había muerto, había ganado pero mi cara se quedó rígida con el mismo rictus, adiós a mi carrera, adiós a aquel hombre. Al menos había ganado aquel concurso en un pueblo perdido de Nebraska.

36. ATRACCIÓN IRRESISTIBLE

No sé, tal vez me lo piense mejor y puede que acepte ese papel. Aunque la historia no me convence demasiado, Juan Antonio Bayona es un gran director. Quizás él pueda transformar un guión mediocre en una película magistral- pensó Cate- mientras fruncía el ceño y gesticulaba de una forma muy graciosa.
Le tendré que dar una vuelta más- se dijo- mientras encargaba un hermoso vestido para deslumbrar en la próxima gala de los Oscar.
Llevaba tiempo queriendo rodar a las ordenes de un director español. De hecho, sobre su mesa aguardaban dos guiones, uno que sería dirigido por Pedro Almodóvar, y otro, por Alejandro Amenabar.
La idea de hacer cine en España le atraía poderosamente. Por eso había contestado afirmativamente a los dos maestros, ambos magníficos, pero tan diferentes. Le apetecía tanto rodar en la piel de toro, que le diría a su equipo que estudiara la manera de compatibilizarlos.
Si es factible quiero actuar bajo las órdenes de estos brillantes directores- se dijo- y además, como el proyecto de Bayona se filmará dentro de dos años, también podré hacerlo.
-No, si al final acabaré convirtiéndome en la musa de los directores españoles….-pensó.

35. Los otros lenguajes

«Te odio», me repetía una y otra vez de forma compulsiva, pero era evidente que estaba mintiendo. Me lo dijeron sus ojos azules, sus brazos cruzados, sus manos ocultas y visibles solo de vez en cuando para acariciarse la nuca, cubrirse la garganta, taparse la boca o palparse las orejas y la nariz. Era tan evidente que mentía… Además, tragaba repetidamente saliva, miraba hacia arriba y hacia la derecha sin dejar de hablar y darme explicaciones que yo no le pedía, al mismo tiempo que me lanzaba miradas esquivas. Miré sus pies apuntando también a la salida… No podía tener pruebas más evidentes y no podía dejar que se saliera con la suya. Mentía, mentía con una crueldad exasperante, aunque aquellas lágrimas y aquellos pucheros me tenían confundido y estuvieron a punto de hacerme desfallecer en más de una ocasión. «Te odio, no quiero verte nunca más», repetía una y otra vez cuando le cerraba la puerta del sótano. Y así un día y otro, aunque cada vez con menos fuerza.

34. NADIE NOTA NADA (Sergi Cambrils)

Hay quien necesita encerrarse unas horas al día para llorar y vaciarse; ahogar sus gritos desesperados en el cojín donde yacen sus propias lágrimas y, a modo de terapia, cuando se extingue esa incómoda presión en el pecho, conversar con los geranios que aún sobreviven al entorno sombrío de su casa para vomitarles la bilis de su desdicha. Se recupera pronto, pero se asfixia y sale a la calle a respirar otro aire, a cortar con ese tormento del alma. Su fortaleza le cambia el rictus y la convierte en otra persona capaz de interpretar una pose dicharachera. Así nadie nota nada.

33. CATE, FOREVER (Purificación Rodríguez)

Tienes un cuerpo hermoso, pero ni siquiera lo necesitas. En “Blue Jasmine”, del mejor Allen, era sólo tu rostro el que nos robaba la pantalla. Contenido, sereno, elegante pero expresando a la perfección múltiples estados de ánimo, sutiles emociones, el cruel conformismo, la devastadora decepción del fracaso hasta la rebeldía final.

Eres grande. Allí donde apareces, deslumbras. Como una rara esmeralda entre tantos cristales mediocres, muy brillantes pero muy huecos.

Sigue así, Cate. Y, por favor, nunca seas una estrella.

32. La última elección

Una vez más, me enfrentaba a la burocracia cumplimentando un formulario.
Frente a mí, la funcionaria que me atendía, a falta de aclarar mis dudas, se limitaba a mirarme con esa cara de “Tú verás, a mí me da igual”.

No lograba decidirme entre las innumerables alternativas que se abrían ante mi libre y aún capacitada voluntad :

– el día del cumpleaños del solicitante
– el día del libro
– el día de año nuevo
– al despuntar el alba
– con la puesta de sol

Había tantas opciones como días y horas tenía el año y comencé a encontrarme algo mareada ante la indecisión. Se suponía que aquello era un trámite más para paliar ese momento tan trascendental que me iba a augurar la inminente muerte, pero no era nada fácil elegir. Me angustiaba desconocer en qué lugar, manera y fecha sería más conveniente dejar el mundo terrenal. No tenía datos empíricos en los que basarme para sellar mi destino de la forma más correcta, legal y llevadera.

Al ver que estaba montando cola detrás del “espere su turno”, decidí abandonarme a la suerte y marqué la casilla donde decía:

– en la hora que me toque .

31. Forastera (Alvaro Abad)

Apareció resplandeciente en medio de la calle una tibia mañana y los lugareños no daban crédito. El cabello tan rubio y un escultural y blanquecino cuerpo totalmente desnudo provocaron que a la hora del pan más de diez hombres y otras tantas mujeres la rodearan sin dejar de mirarla y de hacer cábalas.  Aquello no tenía ninguna explicación a su alcance.

Una vecina llegó para cubrir con una manta a la desconocida, lo que ocasionó que varios de los hombres perdieran el interés. Aunque seguía sin tener respuesta a la estrambótica situación, el grupo femenino había decidido que en la calle no la podían dejar. Pidieron voluntarios para acoger a la enigmática huésped y de entre los hombres levantaron las manos dos solterones y el cura, pero no fueron aceptados. Y, aunque se ofrecieron más anfitriones, finalmente,  previendo e inventando problemas por acoger a la extraña, todos fueron abandonando el lugar.

Durante días permaneció la joven bajo la manta mientras el vecindario, otra vez,  se dividía entre opiniones dispares.

Una noche alguien recogió a la solitaria aparecida y condujo hasta el siguiente pueblo. En una retirada calle, y a pesar de la extraña melancolía que reflejaba su rostro, la abandonó.

30. La caja tonta (Susana Revuelta)

Para cuando el ascensor llegó a su piso, él ya se había aflojado la corbata y soltado el cinturón y ella llevaba el sujetador de bandolera. Al apartamento entraron hechos un manojo de piernas, brazos y lenguas. Él la puso de cara a la pared, sujetándola por las muñecas, y empezó a lamerle la oreja. Ella gimió empujándole con el culo hacia la ventana, susurrándole «nos van a ver los vecinos», notando al mismo tiempo su erección. Él le quitó las bragas, ella le bajó la cremallera del pantalón. Él se dejó caer en el sofá, ella se sentó encima en cuclillas… hasta que uno de los dos se apoyó en el mando de la tele y ambos perdieron la concentración al oír la voz del presentador, que preguntaba cuál era el nombre del río más caudaloso de Australia. Seis letras.

29. FASCINACIÓN (Edita)

 

Desde que he descubierto tu fotografía, no puedo hacer otra cosa que mirarla. Abandono mis quehaceres para volver a ti; me acuesto a las tantas con disculpas peregrinas; engullo cualquier cosa comestible acuciada por el ansia de clavar mis ojos en los tuyos… La gente ha empezado a notar mis ausencias, las ojeras y esta inoportuna delgadez incipiente. Lo curioso es que no me importa: jamás me he sentido tan ilusionada. Cuento los minutos que nos separan, cada vez más escasos, como si fueran días de penitencia y, cuando tu expresión inunda por fin la pantalla del ordenador, cambio el aire que respiro por una paz desconocida; durante horas, permanezco inmóvil, sin poder pensar con lucidez.

En los ratos que logro desconectarte, busco la razón de semejante paranoia, trato de descubrir por qué los pucheros de tu rostro me subyugan hasta tal extremo. Anoche, en un duermevela, una especie de sueño o alucinación me ha dado pistas: esa imagen es la que yo quisiera ver en el espejo cada mañana. Para conseguirlo, tendré que cortarme las canas, quitar los pendientes, desandar unos treinta años y, lo más difícil, aprender a fruncir el ceño y la barbilla al mismo tiempo.

 

28. La mueca de Cate

 

—A Cate Blanchett —contesto.

Estoy en plena sesión de psicoterapia. Va de complejos y de esto ando bien servida.

—¿Y cómo cree que hubiese sido su vida pareciéndose a esta mujer? —me pregunta mi terapeuta.

—Pues, obviamente (me encanta esta palabra, la digo a menudo, incluso a destiempo), mucho más fácil, interesante. Y si no… ¡mírela!

En un segundo he buscado una foto de Cate en internet. Está haciendo lo que se podría llamar una fea mueca de «comme-ci comme -ça», contestando, tal vez, al mítico «¿te ha gustado?» post-revolcón. Pero en ella resulta encantador, irresistible.

Entonces mi terapeuta me suelta en plan farragoso eso que, gratis, obviamente, cualquier amiga podría haberme soltado: que no se es más feliz por ser más guapa, que las hay mucho peor que yo, que con los retoques del photoshop cualquiera… Y me voy animando, y me siento afortunada por tener la cara que tengo. Tanto es así que, terminada la sesión, me atrevo a gesticular a lo Cate cuando el hombre me recuerda que son ochenta euros. No parece apreciar. Coge el dinero sin apenas mirarme y no me devuelve mis buenas tardes. No soy Cate. Obviamente.

27. RETORNO

Le juré que volvería y aquí estoy. He brotado entre las calas y las gardenias. Soy la flor que corona la pequeña planta que ha nacido entre ellas. Intento llamar su atención con ese mohín que tanto le gustaba y agitando mis dos únicas hojas para que me vea, y por un momento creo haberlo conseguido. Falsa ilusión. Viene hacia aquí pero con la azada en alto, dispuesto a limpiar de hierbajos el lugar en el que sepultó mis cenizas.

26. La mejor

Siempre fuiste como una madre para mí, lo sabes bien. Me protegiste, me cuidaste, me guiaste, me allanaste el camino. Tú, siempre tan recta, tan formal, tan perfecta… Mas he de confesarte que si por ello alguna vez pudiera haber tenido la tentación de querer parecerme a ti, ese deseo hubiera desaparecido hoy de un plumazo.

Verás, podía pasarte que fueras tan maravillosa porque lo eras sin intentar sustituir a mamá en mi corazón, y eso me mantenía serena; pero lo de esta tarde…

No contabas con que estuviera en casa, claro; aceptarás que la profesora del taller de teatro tenga derecho a enfermar… Te decía que he vuelto a casa antes de que tú llegaras del trabajo. Me ha extrañado que no hicieras ruido alguno y he salido de mi habitación a ver: ensayabas frente al espejo y he comprobado con horror que lo has conseguido, que has superado a nuestra madre en esa mueca de burla que sacaba a pasear frente a mis debilidades; sí, esa que tanto me enfadaba y que yo nunca fui capaz ni de garabatear. A ti, hermanita, hoy te ha salido perfecta.

También en esto tenías que ser la mejor, ¿verdad?

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