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De los estudios llevados a cabo por el profesor Wigenstein von Wigenstein de la Universidad de la Baja Renania en los primeros años del siglo diecinueve, se pudo concluir que los cambios experimentados en las condiciones vitales de determinados seres de la naturaleza eran coincidentes con el máximo apogeo del astro lunar.
Algunos ratones de la especie “Colaerum ratonum” contrajeron un índice notable de locura, dándose el caso de convertirse en voladores. Se hallaron apuntes sobre primates “Risitorum” convertidos en expertos bailarines de ballet. Así como el hallazgo de ofidios trapecistas y marsupiales cantantes de ópera.
El profesor desapareció una noche de San Lorenzo, en plena luna de perigeo. Sus apuntes y estudios quedaron, aparentemente, inconclusos. Meses después fueron retomados por una alumna llamada Steinwigen von Steinwigen de la cual, hasta la fecha, no se tenía noticia.
Paseaban cogidos de la mano, despertando sentimientos adormecidos, respirando el frío relente, llenándose de libertad, iluminando su fantasía con luces de neón…Tendían puentes que cruzaban ríos de infinito asfalto.
Luego, en el balcón, la luz tenue de la luna llena se filtraba a través de la copa de vino que acompañaba sus promesas, su deseo, sus silencios…
Norah Jones, Michael Bubble, Nils Landgren…La delicadeza de sus notas y la suavidad de sus compases ponían la banda sonora perfecta a esos momentos más íntimos donde las palabras daban paso a los besos. Entre beso y beso se iban desprendiendo de la superflua ropa interpuesta entre piel y piel; y sus cuerpos armónicos daban el sí en cada nota de sus dedos dejando que la imaginación llegara allí donde la música ya no podía oírse.
Mucho más tarde, rendidos, se iban a la cama con sus respectivas parejas despertando por la mañana a un nuevo día, a una rutina aburrida, patética, asfixiante… llevadera tan sólo porque, cada noche, el clic del ordenador encendía entre ellos una nueva velada perfecta.
Siendo una niña la princesa se hizo una casita en el cuarto creciente de la luna donde vivía con un precioso búho gris que compartía su vida con ella y le acompañaba a todas partes. Por las noches, salían al porche y juntos se sentaban al fresco. Se quedaban embelesados mirando a la luna llena, con el corazón henchido de ilusiones, con la esperanza creciente en un mañana perfecto. Un mañana donde los árboles se vistieran con verdes ropajes, el dorado cubriera los sueños y la música sellara la felicidad de ese preciso instante entonando plegarias de nácar.
La pálida luz de la luna llena refleja en el rostro de Mahsati la frialdad de infinitas noches de soledad e interminables horas de angustia en que transcurren sus azarosos días. El dolor forma parte del breviario que acompaña a su miserable vida. La guerra ha elegido su alma para, bombardeo a bombardeo, ir poco a poco deshaciéndola. Mahsati no ríe, apenas habla y ante cualquier ruido, por mínimo que sea, horrorizada grita y hecha un ovillo, tiembla, en medio de la nada.
Hago balance de su primer año de vida y no puedo evitar que se me escape una lágrima. Recuerdo su primer llanto, justo al nacer; me la dieron envuelta en una manta y mi beso en su frente la calmó. Su primer ruidito de satisfacción tras dormir una noche entera. Su primera risa. Me acuerdo la primera vez que se dio cuenta de que tenía un papá y una mamá; nos miraba con una sonrisa de oreja a oreja, hasta que volvió a engancharse a tu pecho. Cuando dijo su primera palabra. Recuerdo también la primera vez que observó el cielo y vio pasar una nube blanca, redonda; la vi reflejada en sus ojos cristalinos. Han sido tantas cosas su primera vez… Aunque de lo más orgulloso que estoy es de su primera vez que miró a la luna llena; de su primer aullido.
De la luna llena como una torta de yeso cuelga desde hace días, puede que años, un cordel plateado. Tras la caída del sol aumenta su brillo, pero nadie parece advertirlo. Bandadas de alcatraces y vuelos transoceánicos pasan junto a él indiferentes. Los pájaros porque, como es lógico, les importa un bledo; los pasajeros, porque probablemente surcan el cielo inmersos en entrañables comedias románticas o complicados balances de ventas. Legiones de astrónomos y controladores aéreos han sido incapaces de detectarlo, y atribuyen sus destellos a interferencias atmosféricas, o a despistadas auroras boreales.
Tras la luna redonda como un crêpe, en su cara oculta, el náufrago de un zepelín extraviado teje día y noche un cordel con los restos de su nave, y lo deja caer con la esperanza de que, alguna noche, un loco enamorado lo atrape y baje la luna para su amada. O que un niño osado suba a una colina y tire de él, abriendo al fin la enorme piñata que cuelga sobre La Tierra.
Bebo. ¡Claro que bebo! ¿Sabes por qué? Porque, cuando bebo, olvido que necesito estar borracha. Porque solo a través de esta niebla turbia puedo sostenerte la mirada. Y aún así, ella sigue aquí. En el aroma de las sábanas. En sus discos de vinilo. En sus libros, abandonados en la estantería del salón. “Para mi Luna. En tu treinta y dos cumpleaños. Antes de ti no era nada.” ¿Y qué eres ahora? ¿Alguna vez me has escrito algo así, Alex? ¿Alguna vez has sentido algo que no fuera esa pena inmensa con la que me miras?
Luna.
Siempre Luna.
Tan presente que ahora resulta que el fantasma soy yo. Pero aguanto, Alex. Aguanto. Bebiendo. Y entre trago y trago imagino que reúno valor. Y tiro sus libros. Y te digo que las sábanas ya no olerán a jazmín. Y entonces sí. Ya no beberé. Quizá mañana, pienso, mientras vacío el vaso. Y como cada día, me recoges y me acuestas sobre nuestras sabanas perfumadas. Sólo veo tu espalda. Y esa pequeña luna llena tatuada en tu nuca.
Me arrastro hasta el baño.
Una vez más, mi vómito sabe a ginebra.
A lágrimas.
A soledad.
Buscaba objetos, en el parque, para reconocer los colores que aprendí ese día. Vi un contenedor de basura, azul, montado en un balancín. Me acerqué con la intención de mecerme; pero un bicho aterrizó en mi zapato. Abrió sus alas,se enredó en la agujeta y cayó al piso patas arriba. Corrí para decirle a mi mamá lo sucedido; pero escuché que decía a sus amigas: “hice que la despidieran de inmediato. Es una cucaracha insignificante; pero hay que aplastar a esos bichos porque hacen mucho daño con el tiempo”. Sus palabras me hicieron recordar el nombre del insecto. La cucaracha me agradó; sin embargo tenía que aplastarla. Levanté mi pie para matarla, ella seguía luchando para incorporarse, algo pegajoso le dificultaba la acción. La luna llena iluminó su cuerpito… Me detuve. No pude hacerlo. Recogí la cucaracha. Me acerqué a las mujeres, continuaban hablando de la cucaracha más ignorante, vulgar y mal vestida que despidieron del trabajo; interrumpí, le dije a mi madre: “no hace daño, no muerde”, abrí mi mano y la cucaracha voló hasta el pecho de mi madre quien se desplomó. La cucaracha reposó encima de ella por unos segundos e inició el vuelo.
Por aquel entonces, para mí su cara era redonda, como de caramelo y chocolate blanco. Venía en sus visitas adornada de ciervos con trineos, brujas viajeras y hadas como valkirias. Sin embargo, ese alarde de magia no dejaba de ser una luz sospechosa que yo y mis peluches tratábamos a toda costa de evitar cerrando la persiana.
Con el tiempo, ella se olvidó de mi risa de niño y a mí me enamoró su luz de trampa, como de roca y ángel. Testigo de mi primer cigarro en la ventana, compartíamos ambos nuestras caras ocultas en esas noches en que todo es herida. Noches de puerta con pestillo y deberes a medias, de emisoras perdidas en transistor barato e insomnios voluntarios desgastando su nombre enredado en un verso; noches de fuego y posters, besos de celuloide en una almohada muda. Torpes ensayos (….) Reina de todas las mareas, su luz efervescente rozaba con violencia los bordes de mi cama buscando más incendios (….) No fue mucho después cuando empecé a escuchar a Leonard Cohen.
La luz resplandeciente de la luna llena iluminaba la noche mientras la familia se preparaba para emprender juntos una excursión por la playa al anochecer.
El anuncio de una de las tres lunas grandiosas y sangrientas del verano era la excusa perfecta para » hacer familia».
Emprendieron la marcha mientras el padre les narraba historias de «hombres-lobo» o «lobishome» como se les llamaba por aquellos contornos.
La charla derivó hacia leyendas como la «Santa Compaña» y el ambiente se transformó en algo mágico.
Cuando caminaban por las dunas de la playa notaron que alguien, a escasa distancia, seguía sus pasos.
El padre, atemorizado pidió que se callaran para comprobar si les seguían, pero sólo le respondió el silencio.
Continuaron su paseo con aprensión primero, y al ver que no ocurría nada, se relajaron.
De regreso cuando los niños inventaban hipótesis descabelladas y sus progenitores hablaban de problemas mundanos se oyó a su espalda un largo gemido, que no parecía proceder de ningún humano.
Los padres corrieron abrazar a sus hijos en un inútil intento por protegerlos.
En ese instante un animal de grandes fauces y rasgos humanos transformó una apacible noche de luna llena en una trágica jornada.
Existe una Bella Pradera.
Un Lugar inaccesible a no ser Que Hayas Sido Convocado.
Un Lugar en el que Los Árboles Guardianes y La Orla Espinosa del Bosque sellan Su Acceso.
Este Lugar Sagrado se descubre hoy Para Aquellos Que Han Oído Su Llamada: Seres Elementales, Duendes, Hadas, Elfos, Entidades Angelicales y demás Espíritus del Bosque aguardan a que El Claro sea desvelado por La Luna.
La Dama De Salom Se Hace Presente.
Las primeras hebras de La Gran Luna se enroscan perfilando ondas plateadas en Su Pelo y tejen sobre Su Cuerpo un delicado vestido de Luz nacarada y ambarina.
Camina descalza rozando sutilmente La Pradera para captar, cuidadosamente, El Último Rayo de Luna Llena que entierra en El Suelo.
Cada Invitado tiene Un Don que entregar. Y con cada Ofrenda va germinando y desarrollándose Una Planta De La Que Brota Una Flor que, henchida de Amor, segrega Un Néctar Ambrosía.
La Dama Habla:
«Sioa Dare Sei Dam Sereueieyye Tahj Ham».
«Sortidei Seiram Naradei Deam Carav Thturat»
«Sza Gnorodei Diahj»
Dharát»
(El Sol Conducirá Esta Información Al Agua Del Cielo.
Es Tiempo De Que La Valentía Humana Alcance Su Vibración Más Elevada.
Al Fin Comprenderán Lo Infinito.
Así Sea)
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