¿Te falta alguno de nuestros recopilatorios?
PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
***
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas


— ¿Qué le pasa a mi princesa?
El «Princess of the Seas», navío mercante reconvertido en barco negrero, esperaba que un viento favorable le permitiese partir desde la ignota costa africana donde había recalado en su primer viaje. Hacinados en su bodega, más de un centenar de negros entonaban con monótona cadencia lo que parecía un canto fúnebre, pero que en realidad era una plegaria elevada a sus antepasados para solicitar ayuda contra los demonios blancos.
El sonido de las páginas al abrirse le irritó más que ninguna otra vez. Ya estaba cansada de miradas fugaces, sonrisas furtivas y demás tonterías lacrimógenas que su empalagoso creador creía necesarias en su historia. Ella era una mujer de acción: las lágrimas, después de caer por alguna ladera rocosa; las miradas y las sonrisas eran para aquel que consiguiera hacerle sentir algo entre las piernas y no para ese amanerado príncipe que le había tocado por condena. Vestía de azul, cómo todos, y sus rubios y sedosos cabellos ondeaban al viento a lomos de su noble corcel, nada que ver con el moreno hombretón de pelo en pecho y mirada lasciva que había dejado en su cama. Pero el lector la esperaba, así que se arreglo el pelo, se bajó el vestido y salió en la búsqueda de su amado príncipe; tenía trabajo que hacer.
– Gracias por venir esta noche. Han sido ustedes un público maravilloso. Me gustaría despedirme con un tema que lleva por nombre “La niña triste”. Va por ella.
Vámonos maestro…
“La llamaban niña triste
Princesita sólo en casa
Ella invocando la luz
La luna le da la espalda”
La voz rota y dolorida y el arpegio de guitarra iban susurrando al aire notas que duelen al alma. Dejan salir el lamento cristales en la garganta. Despacio el tiempo y la nada. Que no despierte la niña, que se quede adormilada.
“Buscaba que la quisieran
Nadie vino a rescatarla
Sola se queda la niña
Nadie dijo que la amaba”
Todas las sufridas-y-castigadas-princesas-niñas-tristes que presenciaban el concierto sintieron con la música la espina del dolor y la angustia, de lo vivido, de lo por vivir, el sufrimiento universal de la mujer en el mundo.
“Ella queriendo del sol
La luna le da la espalda
La llamaban niña triste
Princesita, sola en casa”
Amparada en ella misma, recogida en su miseria, la que nunca fue princesa llora océanos por dentro porque no puede por fuera.
-La princesa tiene una pequeña infección en el lagrimal, lo que le provoca esa irritación ocular. Yo mismo vendré la próxima semana a palacio para practicarle un sencillo drenaje que eliminará esa infección y por tanto ese continuo lagrimeo.
—Creí que no terminábamos. Apaga, anda.
Descalza, la princesa se sienta en la orilla y chapotea con los pies en el agua. Tiene que encontrar una rana. Y no una cualquiera. Una perfecta. Ha desechado a todos los príncipes del reino y solo le queda confiar en las leyendas. No entiende dónde se esconden. Estira el cuello. Mira hacia un lado. Hacia otro. Afina el oído, pero no escucha nada.
Mientras tanto, ocultas entre los juncos, las ranas esperan calladas a que la princesa se marche. En la charca también se cuentan historias. Hubo algunos batracios que se dejaron seducir por bellas damas y, tras un beso envenenado, desaparecieron para siempre convertidos en altivos caballeros que ya nunca volvieron a croar.
La princesa miró por la ventana de su habitación, que daba a un patio interior de un barrio de extrarradio.
“Princesa” Así era como la llamaba su padre desde que era pequeña, como la despertaba por las mañanas y le daba un beso antes de entrar en el colegio. Princesa fue cuando acabó el bachillerato y fue aceptada en la universidad. Cuando se graduó y cuando…¿ahora qué? Princesa sin castillo, princesa sin fortuna, y lo que es peor, princesa sin futuro.
Princesa sin posibilidades en su reino, porque no hay trabajo, porque no hay esperanza, porque el futuro se ve incierto. Esta princesa debe coger las maletas y partir. En esta ocasión las princesas no parten con su príncipe encantado, sino solas, con la única compañía de sus ilusiones y de un portátil conectado a skype para hablar con su familia.
Pero la princesa labrará su futuro fuera, matará al dragón de la desesperanza y un día volverá a su reino amado cargada de sueños nuevos, cargada de nuevas ilusiones y con sus triunfos como nueva bandera.
Porque ser princesa implica muchas cosas, y una de ellas es soñar con una pasión que solo puede ser sofocada cumpliendo los sueños.
Cuando, al año de mi desafortunada boda, abandoné al príncipe, visité a la reina Zyra, en las montañas de Altái. Con ella cabalgué por las estepas siberianas hasta los profundos desfiladeros donde, debido a la furiosa voluntad del viento, los bosques mueren tumbados, como los hombres. Allí transformé mis experiencias en diarios de viaje, mi angustia en poesía y encontré el latido de mi existencia. Entonces, con mi voz soleada y feliz, regresé.
Lejos del reino, en una aldea escondida tras un cerro, encontré un trabajo y una sencilla casita, sin soledad y con muebles. Y, aunque mis escritos fueron elogiados, no logré eclipsar esa parte de mi vida que aparece en el pegajoso cuento que un famoso escritor añadió a su antología. Entiendo que la contraposición entre mi insoportable familia y mi edulcorada boda es atractiva, pero me desconcierta que todos se encallen en ese excesivo final con inútil moraleja, y que nadie valore las palabras que tejieron las versiones particulares de mi vida, tan alejadas del otro relato y que deberían haber servido para que todos dejaran de llamarme con el horrible y humillante mote que inventó mi madrastra: Cenicienta.
Le ha costado mucho trabajito decidirse este mes, pero finalmente, Marta Calderón, desde su librería SANCHO PANZA en Cabezón de la Sal, mantiene su colaboración ofreciendo un libro como regalo (que se podrá elegir entre tres títulos cercanos a la obra homenajeada) a uno de los relatos del mes anterior que cumplan esa condición.
ABR81. DON QUIJOTE EN LA BIBLIOTECA, de Juana Mª I…
ABR24. ELOGIO DE LA LOCURA, de Ana de UráN
ABR44. NOMBRE DE CABALLERO, de Paz Alvar
ABR76. EN LONTANANZA, de Héctor Hernández
ABR78. QUE TRATA DEL DESCUIDO DE SANCHO Y DE SU PO…
ABR96. EPÍLOGO, de Beatriz Carilla Egido
ABR104. DUELOS Y QUEBRANTOS, de Mei Morán
ABR124. DON ANSELMO Y SANCHO, de María Sergia Mart…
ABR138. PERDIDO ENTRE HOJAS, de Antonia Garcia Lag…
Gracias a tod@s.
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas









