¿Te falta alguno de nuestros recopilatorios?
PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
***
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas


Adivinaba sus venas azules, aunque lo que realmente codiciaba era el líquido escarlata que contenían: bañarse en él era su deseo más ardiente. Olfateó su aroma a inocencia, percibió el latido tierno de su vida, sintió el calor de su
ingenuidad…
Reprimiendo a duras penas el frenesí, sonrió galante, prendió una roja rosa en su pelo de fuego, charló de trivialidades, soportó una ópera infame, brindó con champán en la cena, le prestó su capa al salir del restaurante y ocultando el cuchillo en la
manga, insistió en acompañarla a su casa dando un romántico paseo.
En su mente había trazado la ruta para poder pasar por su callejón favorito, el que jamás tenía luz.
Abres los ojos exaltado al escuchar a Carlos Herrera diciendo gilipolleces a voz en grito desde tu radio despertador.
Fui un hombre feliz. Cada día al levantarme, el espejo me devolvía una imagen distinta. Un vendedor de seguros, bien afeitado y con traje, o un payaso que realizaba piruetas imposibles. Un día me reflejé como un gran profesor, y hasta obispo fui una vez. Pero llegó la mañana en que encontré a un hombre con las manos y la ropa manchadas de sangre, de mucha, mucha sangre.
El espejo de la sala, luce espléndido en su marco de caoba, custodia los secretos y la historia familiar. Cuando niña me desvelaba pensar quién se escondía del otro lado.
La mañana que el espejo rompió a llorar al verle, supo que le esperaban siete años de mala suerte.
Me doy media vuelta extrañada: conozco esta mujer pero no me acuerdo quien es, algo me dice que la conocí bien, debe tener más o menos la edad mía… Pero: ¡Que mal lo lleva!, que mala cara, ¡Tan triste, tan cansada!.. Su rictus es tan amargo que me acerco indecisa: ¿Cómo ayudarla?…
Lo lanzó con furia y en medio de la calle se deshizo en mil pedazos. Los trozos reflejaban la luz del mediodía, irisando las hojas de los plátanos. En cada uno de ellos, un pedazo de su vida. Pacientemente, esperó a que pasara el primer coche y el segundo y el tercero. Se despojó luego del albornoz y entró en la ducha. Cuando volvió a la ventana, los fragmentos eran tan diminutos como las pecas de su espalda.
Al verse en el espejo, no se reconoce. Sus ojos se encuentran desencajados.
Tiemblan sus manos manchadas de sangre. En la pica, el agua se desliza sobre un cuchillo enrojecido. Su imagen desaparece entre la bruma del vapor caliente. Cuatro líneas cruzan el cristal, dejando ver un rostro que parece lejano, rasgado. Sonríe.
Llora. Grita. Silencia. Marcha. Se escucha el chapoteo del agua al rozar el suelo.
Al agitarse. Una cara inerte e irreconocible, limpia y enrojece el espejo. Él la maneja como si fuera una toalla de baño. Se miran. Son dos mundos opuestos que hace unos instantes formaban parte del mismo. La esposa descansa en paz y el asesino sonríe feliz.
Los espejos nos fascinan porque son el reflejo de la vida.
Existen infinidad de espejos.
Los más maravillosos son los naturales, porque en ellos se refleja la inconmensurable belleza de la naturaleza.
Hay espejos sinceros, mentirosos, malévolos, celosos, cotillas, burlones, terroríficos…
Existen espejos testigos de la historia, de espectaculares fiestas palaciegas, donde el lujo, la belleza y el placer se mezclaban con toda clase de bajezas humanas.
Hay espejos rotos, vestigios de terribles guerras y calamidades, hechos añicos como las vidas de los que se reflejaron en ellos.
Existen horribles lugares donde es mejor que no haya espejos.
Pero el más cruel e inexorable de todos es aquel al que debemos enfrentarnos todos los días: el del cuarto de baño. Ese, que nos gustaría traspasar y que no somos capaces de hacerlo.
Entre la espesa niebla londinense emerge la oscura silueta de un hombre. Levita, chistera y bastón. El rítmico caminar rompe el silencio de la noche hasta alcanzar WhiteChapel donde las prostitutas vocean. Él, inmune a sus ruegos, provocaciones e insultos prosigue su ruta hasta que un –cómeme toda por una chelín- le detiene en seco. La madame le ofrece una jovencita, Alice, apenas una niña. El caballero introduce la mano en su chaqueta y roza su amuleto de pata de conejo. -Es el destino- se dice extendiendo un billete de libra esterlina.
Saciado su instinto, coloca sobre las aún calientes vísceras un naipe Kent: la reina de corazones. Se encamina a su mansión, dejando atrás los silbatos y gritos de –¡Le han cortado la cabeza!-. Aprieta el paso, la humedad cala los huesos y necesitará un buen té.
En el aparador de la entrada cuelga su chistera y se detiene a contemplarse ante el espejo. Sonríe, atrás quedan sus tiempos de gatito ronroneante, ahora ya es todo un depredador.
– Espejito, espejito ¿quién es la más bella de este reino? – Preguntó la hermosa Blancanieves como solía hacer todos los días al levantarse.
Mi padre decía que conducir era lo que más le gustaba hacer. Ponerse al volante y mirar la carretera sinuosa que le llevaba a un lugar que sólo él conocía. El silencio, más allá del zumbido del motor gasoil, la mirada perdida en una situación que dominaba por placentera, y el brazo apoyado en la ventanilla, es una imagen que mi retina guarda en la memoria infantil.
más de 15000 relatos

más de 6 millones de visitas









