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PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
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Eladio abría el armario y se quedaba mirando el espejo de vestir. Más allá del azoque había un niño muy parecido a él, y más dentro aún una habitación como la suya, con la cama, la mesita, la lámpara y hasta aquel cuadro con la foto de boda de sus padres, donde lucían tristes, a pesar de los coloretes en los pómulos.
Por fin había convencido a su marido para hacer algunos cambios en casa. Pequeños cambios para dar otro aire, más fresco, a su vivienda.
RELATOS SELECCIONADOS (orden numérico)
Los relatos que tienen premio de finalistas, son candidatos al premio final y se aseguran aparecer en la publicación de la 3ª Edición son:
MAY101. LO SIENTO, NENA, de Nieves Martínez Menaya
MAY111. LA PRINCESA CALVA, de Jes Lavado
MAY119. POR VOLVER A PARÍS, de Javier Palanca
MAY127. LEYENDAS, de Mar González Mena
RELATOS MENCIONADOS (orden numérico)
Los relatos elegidos como «mencionados», que podrían ser incluidos en la edición final como finalistas mediante la repesca que realice el jurado de la final son:
MAY46. BAJOS FONDOS, de Mercedes Jiménez Rueda
MAY71. LA MAESTRITA, EL CARTERO Y LA BURRA PETRA, de Javier Ximens
MAY133. «PRINCESS OF THE SEAS», de Rafa Heredero
MAY159. FRACASADA, de Elisa de Armas
MAY160. ALCURNIA, de Mei Morán
MAY167. NO TODAS LAS PRINCESAS SON RUBIAS, de Carlos Díaz
MAY176. HOY HABRÍA CUMPLIDO DIEZ AÑOS, de Xavier Blanco
Invertido ante el espejo, procuro reflejar del modo más discreto posible esa tendencia natural que tengo de observar con comedida lujuria los ojos de otros reflejos que intentan decirme, con discreta concupiscencia, que un mar de apasionadas dudas navega por cada poro de una piel erosionada y llena de cicatrices producidas por los vaivenes de la vida y la sal que, día a día, se ha ido posando, hasta formar un gruesa capa, en cada rincón de mi alma. Solitario y desapercibido le susurro a un boceto de mi sombra verdades prohibidas que morirán ahogadas en el lado oscuro de un sueño que nunca verá la luz.
Los huesos quedarán solo del perro viejo. Pasar el tiempo verá el palo lanzado por Alicia, a su lado. Del espejo vacío los ojos sin apartar. Siempre despierto. Callado siempre. Se tumba. Se estira. Recula entonces. El reflejo se pierde. El vidrio el vaho empaña. A la pulida superficie el hocico arrima, muchas veces. Como si cercara una presa, a lado y lado camina. Se levanta a ratos. La prolongada espera alterar intenta. Ante el espejo el rabo meneando, sentado hay un cachorro.
Al atardecer, Luci vuelve a mirar el sobre que alguien ha deslizado esa mañana por debajo de su puerta. No tiene remitente, ni siquiera está segura de ser la destinataria pero una fuerza superior le impide deshacerse de él. Parece vacío y, sin embargo, siente una vibración cada vez que lo toca. Se mira las yemas de los dedos. Están manchadas de una sangre que no es suya. Las gotas resbalan creando un montículo en el suelo que, poco a poco, va tomando la forma de un hombre con la piel en llamas. Luci retrocede. El sobre cae y se abre. Y unas majestuosas alas negras alzan el vuelo y se posan en la espalda del hombre, que ahora la observa con expresión feroz.
Al roble le asusta la tormenta y araña los cristales. El vaso se desliza despacio, letra a letra. Un rayo ilumina el alarido que estalla en el salón.
Tiemblo. El vaso se detiene, analfabeto. Contengo el llanto.Un gorjeo arrastra pasos chorreantes, rojos. La muñeca del sofá se gira y sonríe a quien ya siento detrás, el aliento en mi nuca, su caricia podrida. Sabes que ni muerta te revelaré la clave del mueble bar, ¿olvidas que juré cuidarte, cariño?, sisea, y después ríe, escupiendo coágulos, reproches y telodijes. Convulso y sediento lloriqueo, resignado. ¿Cómo librarse de un espectro? Antes, tan sólo era mi esposa. Degollarla fue una imperdonable estupidez.
Abrí la puerta sin querer, buscando sorprender a mi madre en su habitación, más la sorprendida terminé siendo yo, ahí yacía mi madre gimiendo como un animal en los brazos de mi tío Jorge, cerré los ojos y tras de mi la puerta, pero ella me escuchó.
A la entrada de la cripta figura una extraña inscripción. Cientos de expertos en las más arcaicas lenguas que jamás hubieran podido imaginar, no son capaces de descifrar los símbolos que aparecen esculpidos en las colosales columnas de ónix, grabadas con aberrantes bajorrelieves, que custodian el acceso a esa especie de santuario donde se erige un ara en la que, por las reliquias halladas, debieron celebrarse cultos en honor a unos seres anteriores a cualquier edad. Un hedor de algo que lleva descompuesto en el aire evos y evos de eternidad penetra los sentidos de los presentes provocando una terrible nausea que preludia el advenimiento de un tiempo atroz.
A la tía le gusta tomar la siesta, a veces me recuesto a su lado para que me cuente algunas de sus historias. La que más me gusta es la de la cacería de venados. Comenzaba al atardecer, cuando el incipiente crepúsculo se mostraba tímido, proseguía entusiasmada al observarme muy atenta, acurrucada a su frío pecho.
Los animales corrían despavoridos, unos permanecían detrás de los cristales de los pubs y, otros se refugiaban en el metro, pero aún así pocos lograban escapar. Sigue tía, sigue.
Ella sonreía al ver mi carita blanca como el mármol, expectante. Antes de pudiera acabar, yo quedaba dormida sintiendo el putrefacto aliento de la bestia, entonces, la paz.
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