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PREMIO A CURUXA 2024
PREMIO SENDERO EL AGUA 2024
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Me dice que si no tengo pa comprarme un peine. Qué artilugio puede penetrar sin quedar atrapado en lo alto de mi cabeza. Desde chiquita mamá se afanaba en peinar mi pelo, pero al final se rendía. El encrespamiento era tal, que mis hermanos vaciaban un vaso de agua y actuaba como una capa impermeable. Ni una gota osaba penetrar en ese mundo enmarañado.
El día de Halowen bastaba con una capa; asustaba tanto que los vecinos accedían de inmediato para el intercambio.
Hasta los catorce años no supe que era adoptada. Mamá mi piel cada día está mas oscura. Ella me decía que era porque me empecinaba en coger demasiado sol en la playa.
Él se mofa de mí y cuando está borracho me recuerda lo de la adopción y el orfanato; me habla de mamá con desprecio. Me pone la diadema de brillantes que quedó en un baúl olvidada por los años, de cuando ella fue Miss Universo. Qué le pasa a la princesa que hoy no sonríe. Mientras me lavo para quitarme sus miasmas, pienso que mañana será el día que le de a probar mi poción.
Pómulos grabados a cincel, una cara de postal, unos años que pasaron, el rocanrol. Una caligrafía espigada y diagonal, unas piernas de pasarela, una voz que te desarma. Unos ojos que pedían aventura, una entrega sin condiciones, unos ojos que pedían protección. Una sonrisa infatigable, viajes sin billete de vuelta, mataron a John.
La gran ciudad, trabajos infieles, noches y risas, malas compañías, sustancias sospechosas, amores perros, poemas destructivos, amigos muertos, una guitarra huérfana. Todos los tópicos cebándose con la misma princesa, años que marcaron. Y al final, una sonrisa destronada, la boca sin dientes, una sangre contaminada, la última dosis.
La princesa está triste y nadie sabe por qué. Su madre, la reina, la colma de mimos. Sus damas inventan tocados de ensueño. Pero la princesa se queja, la princesa se deja, caen sus guedejas desconcertadas, mientras los grajos graznan y el sol se oculta con gesto feroz.
Se llama a los cómicos pero no le hacen gracia. Vienen bufones, enanos y deformes, que se dan de bofetadas y ruedan con estrépito, pero no logran aliviar la pena. Los músicos interpretan baladas románticas o ritmos de fox-trot, pero sólo consiguen entristecerla más. Vienen coros y danzas, saltimbanquis de más allá de los montes, gladiadores broncíneos luchando contra fieras e incluso se ajusticia a algún vil opositor, pero la princesa mantiene inerte su cara de acelga, fruncida su boca de soja.
A la desesperada, su dama de confianza, la más osada, organiza un tupperware de una boutique del sexo y, bingo, eso hace brillar sus ojos mortecinos. Qué guay, dice, y cómo palmotea ante la espléndida envergadura de las vergas de plexiglás. Pero cielos, qué trastorno, no está la llave y el rey está lejos, cazando bestias feroces por Oriente. ¿No la podría mandar por UPS?
RELATOS SELECCIONADOS (orden numérico)
Los relatos que tienen premio de finalistas, son candidatos al premio final y se aseguran aparecer en la publicación de la 3ª Edición son:
ABR63. FLORES PARA DULCINEA, de Arantza Portabales
ABR79. UN DÍA DE SUERTE, de Raúl Ariza
ABR98. ARBUSTOS, de Ana Fúster
ABR148. LA PROMESA, de Asun Gárate Iguarán
RELATOS MENCIONADOS (orden numérico)
Los relatos elegidos como «mencionados», que podrían ser incluidos en la edición final como finalistas mediante la repesca que realice el jurado de la final son:
ABR04. AEROGENERACIÓN, de Eva García Martín
ABR10. AMANECE, de Nieves Martínez Menaya
ABR28. LA ARMADURA, de Susana Revuelta
ABR44. NOMBRE DE CABALLERO, de Paz Alvar
ABR47. LO QUE CERVANTES NUNCA CONTÓ, de María Elena Sánchez
ABR59. EL PALADÍN, de Jesús Coronado
ABR87. LA DAMA Y LA MUERTE, de Dylan Martínez
ABR119. EL GUANTE, de Alfonso González Cachinero
ABR129. CAPITULACIÓN, de Alfonso Carabias Antúnez
ABR140. SEIS EUROS Y UN BOTÓN, de Érika González
– Diga su nombre completo.
– Mercedes Jiménez Rueda
– ¿Jura decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad?
– Por supuesto. Sinceridad siempre.
– Muy bien, Mercedes, ¿Podría usted decirnos qué ha estado haciendo durante las noches del mes de abril?
– Leer, pensar, comentar, valorar
– ¿Puede ser más explícita?
– Claro que sí. Verá, este mes pasado he formado parte del jurado de “Esta noche te cuento”, un blog de relatos breves. Cada noche, al llegar del trabajo, copiaba en un Word los relatos que se habían ido publicando ese día, eliminando el nombre de su autor. Dejaba sólo el número y el texto. Los textos deben hablar por si solos y es a su calidad a lo que nos hemos ceñido.
– ¿Y qué es lo que usted valora en un texto
– Para que se haga una idea le cito textualmente lo que le comenté a uno de mis compañeros de jurado:
<<Soy especialmente quisquillosa con la ortografía y la gramática. Me gustan los relatos bien documentados (por ejemplo, que no incurran en barbaridades geográficas e históricas flagrantes), adoro lo poético en un relato, pero sin que deje de ser un relato. Me gusta lo claro, que no lo simple; lo cómico, que no lo vulgar; lo dramático, que no lo lacrimógeno. Detesto especialmente la cursilería, valoro la elegancia y contención a la hora de tratar temas peliagudos: drogas, prostitución, maltrato, abusos sexuales…>>.
– Y finalmente… ¿Se siente usted satisfecha con el resultado final?
– Hombre, es inevitable que se queden atrás textos muy buenos, porque sólo hay sitio para unos pocos en el cuadro de honor, pero creo que, entre todos, hemos seleccionado una lista de excelentes relatos, de muy diferentes temas y estilos, que reflejan el nivel de calidad que, gracias a los autores que participan mes a mes, ha alcanzado “Esta noche te cuento”.
– ¿Desea añadir alguna cosa más?
– Ya que lo dice…me gustaría resaltar la estupenda labor que han realizado Rosa, Sergio, Antonio y Juan. Han sido todo un ejemplo de profesionalidad y entrega. Sus acertados comentarios me han ayudado en la siempre complicada tarea de elegir a los ganadores. Ha sido un placer compartir con ellos esta experiencia. Eso es todo.
– De acuerdo. Pues una vez tomada declaración a Doña Mercedes, no hay más preguntas por mi parte, Señoría.
“Un armiño te destruirá”.
Los labios de la princesa se curvaron dibujando una mueca grotesca, en la que se mezclaban la euforia y el desdén. Aquellas palabras ya no significaban nada. La boca que las pronunció se había consumido en la hoguera, y el único enemigo al que podían referirse había sido hecho desaparecer. En efecto, la expedición de castigo había regresado con buenas noticias: todos los miembros de la familia Versinia yacían asesinados. El único superviviente de la masacre se agitaba ahora, inquieto, en su regazo. Un armiño, el animal que presidía el escudo de armas de los Versinia.
La princesa acarició el lomo de su nueva mascota, intentando tranquilizarla. Después, dirigió la mirada hacia la ventana. El sol se estaba poniendo, transformando el horizonte en una fina y alargada pavesa. Imaginó entonces con deleite la aldea destruida, los campos sembrados de sal, el castillo arrasado por las llamas donde ardían las manos que habían jugado con aquel armiño. Y en ese preciso instante notó la picadura.
Pulgas. El maldito animal tenía pulgas, y parecían especialmente hambrientas. Un médico de nuestros días podría haberle explicado que suelen estarlo, cuando en sus entrañas anida la peste.
La novia no ha lanzado el ramo por los aires ni se ha despeinado el moño. Tampoco se ha mojado los labios en el brindis. Sonríe mostrando una dentadura blanquísima, como su vestido de organza y satén. Hoy es su gran día, se siente una auténtica princesa y muy complacida se deja acariciar por las miradas de los invitados. Su príncipe azul está muy elegante con el chaqué y aunque sus manos apenas si llegan a rozarse, solo tienen ojos el uno para el otro. Llevan así toda la noche hasta que el filo de un cuchillo se desliza entre sus rostros, desplaza el suelo y los hace caer en sendos platos de postre, cada uno con su porción de hojaldre.
¿Es la despedida? Eso parece cuando entran los camareros y empiezan a retirar el servicio, pero Noemí, la sobrina de ocho años, se les ha adelantado y con una risita traviesa envuelve a la pareja en una servilleta que esconde en el bolso de su madre.
Comienza la luna de miel.
Junto a la ribera de esta playita desierta esta joven contemplaba el mar con ojos tristes: su padre la había prohibido adentrarse en ella temeroso de que la pase algo…
¡¿Pero que la iba a pasar si hoy estaba el mar tan sereno?!… La gustaría tanto juntarse a las gaviotas que se dejaban mecer a lomo de estas olitas…
Así que decidió dar unos pocos pasos para que, por lo menos, la lamieran los pies…
Poco a poco se adentro un poquito más: sentía trenzarse manos invisibles alrededor de sus piernas y hasta algunas traviesas se elevaron para rozarla los senos tan pequeños ellos…
No sentía ningún miedo, al contrario presentía que una revelación la iba a ser acordada: fabulosas presencias habitaban estas aguas, y trémulos posibles oscilaban en la corriente…
Sintió que una ola se elevaba y que unos dedos invisibles acariciaban la concha dormida de su sexo virginal y, sin forzarla, la llevaron a gozar de estas caricias húmedas haciéndola desear ser para siempre: “la novia del mar”…
Siempre se preguntaron como pudo ahogarse, por calma chicha, esta jovencita a quien su padre llamaba cariñosamente: “la princesa del mar”…
La princesa está triste.¿Qué le pasa a la princesa? Que está esperando a su príncipe azul y está pensando en cómo le dirá que está embarazada.
En realidad, lo está de un amigo común.
Sin embargo, cuando el príncipe azul llega, la princesa le da un beso y, dulzemente,empieza a articular las palabras mágicas que cambiarán el destino de todo el mundo, excepto el de las perdices.
Siendo una niña la princesa se hizo una casita en el cuarto creciente de la luna donde vivía con un precioso búho gris que compartía su vida con ella y le acompañaba a todas partes. Por las noches, salían al porche y juntos se sentaban al fresco. Se quedaban embelesados mirando a la luna llena, con el corazón henchido de ilusiones, con la esperanza creciente en un mañana perfecto. Un mañana donde los árboles se vistieran con verdes ropajes, el dorado cubriera los sueños y la música sellara la felicidad de ese preciso instante entonando plegarias de nácar.
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