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(Boceto uno. Los espacios blancos también se leen. Ah, la blanche, la blanche!)
Escudriñaba con todos los apéndices de mi cuerpo capaces de ello en busca de alimento en un mundo de arco iris de cuatro colores azul-blanco-negro-ocre de distintas y nuevas tonalidades. Tan pronto me encontraba a punto de abandonar el vértice triangulado de un pezón como recorriendo uno a uno los casi dos mil novecientos centímetros cuadrados de un mar de olas afiladas y de aristas entre axilas borrachas de amor antes y después de traspasar la cortina. Alcanzo la orilla y a través de un rostro que se me antoja africano desciendo
desciendo desciendo para trepar a un monte misterioso cuya triangulidad abandono para meterme de lleno en un ocre bosque de tonos semianaranjados. Cuando creo que he alcanzado el borde imposible de mi finito mundo alzo el vuelo y recobro mi aspecto humano. Miro hacia atrás y me sorprende la mirada de los cinco pares de ojos más bellos y prolíficos que nunca supe haber imaginado. En ese momento comenzó la vida que merecía la pena ser vivida súbita y cubistamente hablando.
Hace unos meses, llegó a mis manos un retrato a lápiz sobre una cuartilla cuadriculada. Era una caricatura de mi abuelo Dionisio, sí, el maestro del que ya os he hablado en otras ocasiones. El dibujo estaba en la que fue casa de su hermano, Zenón Redondo, también maestro, en el fondo de una caja de zapatos, de esas en las que las abuelas guardan fotos, cartas y recetas de cocina.
Decía que podía pintarme sin alterar ni uno solo de mis rasgos. No me atrevía a retarle a que lo hiciera. Pero él siempre me adivinaba, tenía un sexto sentido que le permitía leer mis pensamientos. Un día vino en mi busca con un envoltorio de papel marrón bajo el cual se adivinaba un cuadro. Nunca olvidaré esa fecha: yo cumplía veinte años y ese fue su último regalo. Rasgué el tosco envoltorio con el corazón preso en la garganta. Ante mí apareció la imagen de una joven de mirada limpia y profunda, un seductor mohín dibujado en su boca delataba picardía e inteligencia. Me sorprendió reconocerme en la extraña belleza del retrato pese a no ajustarse a la realidad: su nariz no tenía el tamaño de la mía y, mi piel carecía de la luminosidad que exhibía la suya. Mi abuelo, esperando mi reacción hacia su obra, golpeaba de forma intermitente el suelo con su bastón de invidente.
Como en ENTC nos gusta haceros participar y siguiendo una idea que nos habéis hecho llegar os proponemos un juego. El jurado de la final ha tomado su decisión y los participantes de ENTC tienen la suya… ¿Coincidirá? En la columna de la derecha tenéis un formulario para votar a los relatos que más os gusten de los 10 finalistas (nos hubiera gustado hacerlo de los 39 pero habría sido demasiado lío…) Mantendremos la votación hasta el Sabado 23F que anunciaremos los ganadores… y a los otros dos ganadores del público, los elegidos por vosotr@s. Para estos dos relatos, el premio extra será ese codiciado y dulce premio… !la mermelada de arándanos del sendero¡
De madera de raíz con incrustaciones de roble y nácar.
Sin duda era más bonito el continente.
En el retrato se ve algo bello, pero en el espejo se percibe que dejo de serlo tiempo atrás.
Ya ni ese pelo, ni esa mirada, ni esa apostura, si algún día la tuve.
Recomiendo no pongáis el retrato frente al espejo, un día tras otro os arrepentiréis de vuestra mala vida.
Olvido la escena, suspirando.
Me voy a tomar un café ¿o una tila…?
…¡Mejor un carajillo!
En su altivo paseo, el marchante observaba despacio matices en las telas. De uno a otro lado de la estancia, el eco de sus pasos presagiaba un murmullo de adioses que iría a despertar su más secreta herida. Con el descaro del que ignora el sueño del silencio, dos mil maravedíes sobre la mesa retumbaron como el grito del hambre. “Las jovencitas venden”, le oyó decir riendo a aquella boca desdentada, al tiempo que apretaba el cuadro contra el pecho. Tras el sigilo de aquel dolor inútil, una lágrima escondió su reflejo en la gema que brillaba poderosa en el lienzo. Le vino a la memoria el delicado gesto en la barbilla; aquella tenue luz devolviendo la humedad a sus labios; el brillo austero de su triste destino en la mirada. Había aprendido a quererla. Se habían amado envueltos en colores y olor a trementina; en el silencio de las horas mudas, entre luces y sombras tejidas con secretos de las tardes de Delft. Con la imagen del viejo fundida entre la niebla, se le iba para siempre “La joven de la perla”. Era sólo el comienzo de un viaje por la Historia
El inesperado grito fue tan desgarrador, que la cámara con la que estaba grabando el parto se le escurrió de las manos estrellándose contra el suelo. Se acercó entonces apresuradamente hasta la cama y tomó la mano de su mujer entre las suyas.
—Estoy aquí amor mío —le susurró con dulzura—. Ya falta poco.
Ella le miró con ojos vidrios y la frente perlada de sudor, y de pronto, su cara se contrajo en un rictus de dolor, mientras todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo del último empujón.
El médico levantó un momento la vista de entre las piernas de su esposa, y el pudo leer en sus ojos que algo iba mal.
—Lo siento muchísimo —dijo envolviendo al niño con una sábana —. Su hijo ha nacido muerto, es mejor que no lo vean.
Cuando exigieron ver el bebé, los padres descubrieron que habían engendrado un horrible monstruo.
— ¡Es culpa mía, quería tanto darte un hijo!
—No es verdad—la consoló el abrazándola.
Algunos meses más tarde, organizando el altillo de su antigua casa Victoriana, la mujer descubrió un retrato cubierto de polvo. Fue lo último que vio antes de sentir el dolor lacerante en la garganta.
http://pensarenletra.blogspot.com.es/
RELATO FUERA DE CONCURSO PORQUE SU PARTICIPA ESTE MES COMO JURADO
Pensabas que eras demasiado mayor para volver a ilusionarte como un colegial y, sin embargo, aquí estás, deseando que regrese pronto, y te salude, y se interese por cómo has pasado el día, y te haga mil preguntas sin esperar respuestas, pues ella te irá contando, como un torbellino, todo lo que éste le ha deparado. Y tú la mirarás embobado, sonriente y orgulloso, sintiéndote cómplice una vez más de confidencias y secretos de los que, sin meditarlo demasido, te hace portador. Nunca hubieras imaginado que, a pesar de la diferencia de edad, podrías congeniar tanto con otra persona, que te haría reír y soñar. Ni que la vida pudiera volver a cobrar sentido cuando ya la espalda inicia una leve curva sobre sí misma, independientemente de tu voluntad y tus cabellos comienzan a clarear.
La mirarás orgulloso, como los más ancianos contemplan aquel árbol que sembraron hace ya mucho y que se levanta imbatible abriendo sus ramas hacia el cielo. Y ella te dirá ¡Abuelo! Y te estampará un sonoro beso, que te hará el hombre más feliz del universo.
Todavía no he dicho dónde estoy…De momento no te lo voy a contar. Te dije que me iría. Tengo ilusión por hacer algo distinto. No, no estoy solo, ya me acompañan. Y los colores grises se volverán tornasol sin tener que pintarlos de otra pátina. Así están bien. Cuando de nuevo la diana de tu mirada se pare entre el arco y la flecha, estaré atento. Observa todo lo que ocurre. Los días irán pasando hasta llegar el certero, será en una la fecha inmediata. Está escrita con tinta roja detrás, en el marco.
Érase una vez que una mujer bellísima, aunque extremadamente vanidosa, se miró al espejo como hacía todas las mañanas. La imagen que le devolvió, parecía el retrato de una madrastra de mirada siniestra sacada de un cuento de hadas, además, aquel espejo se había ajado y ese reflejo partía su mejilla izquierda con una cicatriz espeluznante. Malhumorada, llamó a una de sus hijas.
– ¡Cenicienta, vete a comprar otro espejo de inmediato!
http://susurrosbarquerenos.blogspot.com.es/search/label/ANGELES%20SANCHEZ%20GANDARILLA
Sobre la repisa de la chimenea he puesto tu retrato junto al mío. Quiero que al menos ellos permanezcan juntos, que cuando apague la luz se cuenten lo mucho que se extrañan, lo mucho que se aman. Quiero que ellos no vivan la ausencia, que se vean y sonrían con sus mejores galas. Quiero que en las noches de luna con rayos suaves y fríos se den calor con su compañía, que se seduzcan con tanta coquetería y que se cautiven con profundas miradas. Que en cada amanecer lo primero que vean sea sus rostros enamorados. Quiero que eternamente vivan en esa tarde en que fueron felices, en la que se detuvo el tiempo… Quiero que no vuelen las mariposas ,ni se marchiten las rosas, ni caigan las hojas, que no se ponga el sol… Quiero que sean y vivan todo lo que tú y yo no vivimos, que se digan todo los que nos faltó decirnos, que se inventen y lean poesía, que se disgusten también para que gocen del placer de reconciliarse… El tiempo a ellos no los envejece ,ni los enferma ,ni los mata ,ni los separa, si acaso, les pone luz que además les favorece.
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