Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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78. Pequeñas victorias

Un día, de niño, imaginé que tenía una bicicleta. Aquella misma tarde, el vecino llamó a la puerta y dejó la de su hijo. Dijo que ya no iba a necesitarla. No entendí por qué mis padres tardaron tanto en dejarme montarla, ni a qué venían los cuchicheos sobre la silla de ruedas del niño de al lado.
Después vino más. Fantaseé con ganar el concurso de dibujo y unas goteras arruinaron la cartulina de un compañero. Imaginé una tormenta para no ir a clase y el sótano donde vivía el conserje amaneció inundado. Hasta que pensé cómo sería si mi madre pasara más tiempo conmigo; volvió a casa con los ojos rojos y su planta de la oficina.
Desde entonces, me enseñaron a no soñar. No seas egoísta, repetían. Mi madre lo compensaba celebrando lo que ella llamaba pequeñas victorias: la habitación ordenada, las buenas notas, la cama bien hecha.
Ahora la miro en la cama, entre la mascarilla, los tubos y el pitido de la máquina. Mi padre me suplica; yo cierro los ojos con fuerza e imagino. Veo la cama vacía, hecha sin una arruga. Y siento que, por fin, hago algo bien.

14 Responses

  1. Pilar. C

    Me ha gustado mucho tu relato, Lluis. ¡Encierra tantas cosas! Que todo lo que el protagonista imagina o desea se cumpla, siempre a consta de alguna desgracia, tiene su peligro, desde luego. El final es magnífico: un padre que suplica que ahora si, que por favor, sueñe. Un deseo que se cumple haciendo, en este caso, el bien.
    Saludos

    1. Gracias, Pilar! Espero que no te guste menos si te digo que el final lo dejé bastante abierto y en una de las interpretaciones, confieso que por la que yo me inclino más, es que el niño dice que hace bien las cosas porque a) no salva a la madre, que es lo que le han enseñado todo ese tiempo, a no usar sus poderes en beneficio propio y b) lo que sí imagina bien son las pequeñas cosas, la cama hecha en este caso, que es la otra cosa que le han enseñado que compensa el negarse ilusiones. Gracias por la lectura, un abrazo.

    1. Pues esa era la idea, dejar el final abierto, aunque, como decía en otro comentario, yo personalmente me inclino porque muera. Porque así el tema del cuento no son los poderes sino como los padres le niegan a un niño sus ilusiones excepto cuando les toca de cerca y como el niño ha quedado tan tocado que no se puede permitir imaginar a la madre viva, solo la cama bien hecha. Gracias por la lectura, Edita, un abrazo.

  2. Ángel Saiz Mora

    Entiendo que la madre conjura el grave peligro, cumpliéndose el deseo desesperado del padre, cuando por fin lo que imagina se cumple, pero sin consecuencias desastrosas y daños colaterales sino todo lo contrario, con un milagroso benificio.
    La historia de una gran victoria y un gran poder dominado.
    Muy original, Lluís
    Un abrazo y suerte,

    1. Ángel, amigo, es que tú eres muy buena persona. Dejé el final abierto y es una posibilidad, pero si me conoces ya sabes que me voy a inclinar por otra menos feliz, en la que han enseñado al niño tan bien a no imaginar nada para sí mismo que se ve incapaz de salvar a la madre. Y también por lo que le han enseñado, siente que hace bien las cosas al imaginar la cama bien hecha. Una ironía muy negra. Un abrazo de vuelta y mucha suerte para ti también.

    1. Pues como he ido comentando te acercas más al final por el que yo me inclino. El final mal rollo sería el resultado de haber educado al niño en no imaginar nada para sí mismo, solo en disfrutar de las pequeñas victorias, en este caso, la cama sin una arruga que es de lo que se siente orgulloso. Gracias, Ana, un abrazo de vuelta.

  3. Gema Herráez

    Yo también he imaginado lo peor. Supongo que es lo más coherente y verosímil teniendo en cuenta el transcurrir del relato.
    Una idea imaginativamente macabra.
    Un abrazo

    1. Soy consciente de que dejé el final abierto y se podría interpretar un final feliz, pero sí, mi interpretación preferida es, como dices, la peor. No era tanto mi intención hacerlo macabro sino mostrar que el egoísmo que los padres atribuyen al niño era, en realidad suyo. No reaccionan hasta que el «don» del niño afecta a la madre, sacrifican completamente las ilusiones de su hijo y, finalmente, le piden que haga todo lo contrario de lo que le han enseñado cuando les vuelve a afectar a ellos. Pero entonces, en una paradoja oscura, el niño ya no es capaz de desear el bien para sí, solo de imaginar una cama sin arrugas y estar satisfecho por ello. Gracias por tu lectura y tu comentario, Gema. Un abrazo también para ti.

  4. Rosalía Guerrero

    Qué terrible don que tus sueños se cumplan al precio de perjudicar a otros.
    Yo también he entendido que muere, porque el padre se lo suplica para que la madre deje de sufrir: si imagina la cama vacía y hecha como le han enseñado, la contrapartida negativa es la muerte de la madre.
    Aunque claro, también puede interpretarse como que sana, pero en ese caso, ¿cuál es el precio a pagar?
    Creo que tengo que meditarlo un poco más.
    Un abrazo y suerte.

    1. Pues creo que has leído muy bien, Rosalía. Porque en la versión de que sana, efectivamente, el relato no habla del precio, y por eso pensé que la mayoría de los lectores interpretaría la otra versión. La idea por la que más me inclino yo es que el padre le suplica que la imagine curada, mostrando que los padres eran los egoístas, no el niño, al que le prohibieron soñar y que al fin y al cabo solo tenía deseos de niño. Pero tú me has hecho meditar también a mí sobre las posibilidades del relato. Gracias por tu lectura. Un abrazo y suerte para ti también.

  5. Yo también soy de las que se ha imaginado el final chungo. De hecho, he pensado que la muerte de la madre es el precio a pagar por conseguir una de las «pequeñas victorias» que han enseñado a valorar al niño.
    Un abrazo y suerte, Lluís.

    1. Tú es que me has leído demasiado y ya sabes que yo no tiendo a ser muy tierno en mis relatos, jaja. Esta interpretación de que la muerte de la madre fuera el precio se me había escapado hasta a mí. Yo pensé más bien en que él la imaginaba muerta porque imaginarla curada era egoísta y le habían insistido en que no lo fuera. La cama bien hecha sería así su pequeña victoria por no poder curar a la madre. Le estáis sacando mucho jugo. Un abrazo y suerte también para ti.

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