14. Recuerdos
Él le decía la verdad. Trató de convencerla de lo absurdo de sus sospechas, pero fue inútil. Ella nunca le creería, no podía hacerlo. El horóscopo la había puesto sobre aviso y la echadora de cartas se lo había confirmado.
Ciega de rabia, agarró unas tijeras del costurero, buscó en el altillo del armario y clavó sus celos en el trajeado pecho del muñeco de boda.
Como esperaba, Él cayó fulminado. Pero, para su sorpresa, Ella también se desplomó. Mientras la vida se le escapaba, sus recuerdos retrocedieron a la trastienda de aquella santera celestina que visitó poco después de conocer al hombre que ahora yace sin vida.
Recordó que no quería una cuenta más en su rosario de desengaños. Recordó que le pidió un gran amor con ese hombre. Pero, sobre todo, recordó las palabras de la santera al finalizar el ritual, tras tatuarle dos corazones entrelazados: “Ahora vivirás en su corazón».
«Tranquila, ya me pagarás». Fue su último recuerdo.


Madre mía con las creencias, budus, hechizos y surpercherias varias, pueden tener consecuencias imprevistas.
Rechazar el amor por el horóscopo, muy mal negocio.
Un texto muy curioso y entretenido, Antonio.
Mucha suerte
Todo tiene un precio, incluido lograr un gran amor. El demonio está en los detalles y siempre hay una letra peqieña que no vemos, no queremos ver o se nos olvida.
Siempre encantado de leerte Antonio.
Un abrazo y sierte
Antonio, qué bien contada esa historia de celos y amores brujos.
Me gusta el desarrollo, pero el final con los recuerdos de Ella es fantástico.
Un abrazo y suerte.
Estupendo relato impregnado de realismo mágico para describir ese amor fou que acaba trágicamente como no podía ser de otra manera.
Un abrazo