Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

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56. Sueño de amor (Alberto Jesús Vargas)

Cuando vinieron a vivir al chalé pareado contiguo al mío, me pareció que formaban una pareja imposible. Él calvo, esférico, cetrino y tosco. Ella alta, delgada, de piel blanquísima y grácil como una bailarina rusa. Era fácil deducir que el piano que al mudarse trajeron, estaba hecho para la caricia armoniosa de sus manos. En ellas pensaba cada día mientras extasiaba mi soledad con las piezas musicales que, junto a la luz del ocaso, se colaban en mi salón. Cuanto más me enamoraba de aquella mujer, menos comprendía qué la llevaba a vivir con un tipo tan vulgar.

Una tarde, cercana ya la hora del acostumbrado recital, me atreví por fin a abordarla. Regresaba del paseo con su perrito e iniciamos una amable conversación. Le hablé de mis habilidades como quiromante y la convencí para pasar a mi casa a tomar un té. Ya con sus manos adorables en las mías de pretendido adivino, no fue lo que vi lo que provocó mi desconcierto. Atravesando la pared, con la perfección acostumbrada, empezaron a envolvernos las delicadas notas del Sueño de amor de Liszt.

14 Respuestas

  1. Ángel Saiz Mora

    Quien asegura que el amor es ciego no le falta razón. Asentados en una sociedad en la que lo visual y la apariencia tienen demasiada importancia, damos por hecho detalles que no se corresponden con la realidad, ella es tozuda, además de caprichosa, no tiene porqué adaptarse a nuestros condicionamientos y prejuicios. Seguro que esta hermosa y estilizada mujer es un encanto, pero esa música sublime y delicada, capaz de enamorar, salía de las manos de quien menos podía esperarse. Lo que pueda ocurrir tras esa sorprendente revelación ya queda para la imaginación de cada uno, una continuación abierta y llena de posibilidades.
    Un relato con una paradoja final, llena de fina ironía, que con una parte cómica y otra de enseñanza, que recuerda que «el amor está en todas partes», como acertadamente ha aportado Rafa.
    Un abrazo, Alberto. Suerte

    1. Decía Jacques Lacan que amar es dar lo que no se tiene a quien no es y en este relato he querido jugar con el espejismo, con esa tendencia engañosa de atribuir la virtud a lo bello, lo que a veces nos hace caer en trampas nefastas. Gracias, Ángel por tu, como siempre, certero análisis y amable comentario.

  2. El momento de desconcierto que pone fin al relato plantea también una incógnita: ¿Cómo percibirá el protagonista a los otros dos personajes que intervienen en esta breve narración en lo sucesivo? ¿Seguirá sintiendo lo mismo por su bella vecina?
    Muchas gracias, Pablo, por el comentario.

    1. Ignacio Feito

      Y no olvides la opción Billy Wilder: «nadie es perfecto». O incluso la apuntada por el maestro Aute: «…o entre los tres nos organizamos, si puede ser».
      Abrazos.

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