Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

LA MÚSICA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el tema que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2020 En este momento podemos ofrecerte la posibilidad de participar con un relato que esté inspirado en LA MÚSICA... Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
24 DE SEPTIEMBRE

Relatos

11. Nuevos tiempos (Marisa Martínez Arce)

 

Mis primeros recuerdos se remontan a la melodía que tarareaba mi madre meciendo mi cuna, cuando lloraba sin consuelo. Desde entonces la vida me ha puesto muchas zancadillas, como una grave enfermedad que pude superar. A todos, antes o después nos sucede lo mismo, solo que con algunos, como fue mi caso, se cebó con ganas. En casa la música lo presidia todo. Hijo de una concertista de piano y de un director y compositor de prestigio como era mi padre, no podía ser de otra manera. Pese a todo, no fui un niño rebelde que harto de esta profesión decide hacerse profesor de matemáticas. No, seguí la tradición familiar, pues también lo era todo para mí. Había crecido con Brahms, Chopin, Rachmanínoff… Cursé el grado superior en el conservatorio y me gradué en percusión. A mis padres esta elección les molestó un poco, ellos eran más clásicos, pero me apoyaron. Acudieron emocionados a mi primer concierto. Salí al escenario y anunciaron: «Señoras, señores con ustedes RG el mejor beatboxing del país». Desde allí pude ver su cara de sorpresa, pero también, como aplaudían orgullosos tras mi actuación comentando con unos y otros «es nuestro hijo»

10 «Viejo Amigo del Ayer»

                                     

                                                                                                    Para Ellos, Indomeñables.

 

Soy Casto Ox, brigada COE Infantería, y voy a morir.

Mi binomio, el sargento Julio Par, ya dejó la piel al norte del bastión talibán.

Julio tocaba su armónica verde cuando avanzábamos por las cuevas de los precipicios abandonados. La discreción del prehistórico paraje lo permitía. Y nunca tocaba marchas castrenses, soplaba “País de Transvaal”. Su oído musical era desastroso -igual que el mío con mi armónica de color rojo-pero él había comprobado que cuanto peor era la incursión bélica, mejor ejecutaba la pieza mientras yo cantaba bajito:

“¡Quisiera volver a pisar Transvaal, Tierra de Luz y de Paz,

             Y allí volver a ver los reflejos de su luz, la noche de sus montañas…!”

Y aquella vez, lo último que dijo fue: “¡¡Qué perita me ha quedado!!”.

Un proyectil del 7,62 lo precipitó al abismo.

 

Dos meses después, plenilunio agosteño, estoy infiltrado en llanura afgana. Sin señales hostiles. Mi armónica carmesí lanza destellos ominosos con Selene -eso debería bastarme- cuando toco de puta madre “País de Transvaal”. Preocupante.

Sobre todo porque aunque no canto, escucho …

“…el bello amanecer, la salida de aquel sol, que a fuego mi alma grabó…”

…acompañando mi armónica, la nocharniega voz de Julio Par.

09. Don´t worry

Estoy cansada del sonido del despertador. Del tintineo de la cucharilla al remover el azúcar con el café. Del ruido que hacen las gotas de agua al caer en la ducha. De la sinfonía de bocinas y el runrún de motores en los atascos de tráfico. De los teléfonos sonando cuando entro en la oficina. Del estallido de voces de los compañeros. Incluso del susurro efervescente que hace el paracetamol al disolverse. Estoy harta del bullicio del bar a mediodía. Del silbido del hervidor para el té de las cinco. No soporto el crujido del ascensor cuando vuelvo a casa. Ni el chirrido de la puerta al abrirse. Pero disfruto con el retintín melódico que hacen los cubitos de hielo al agitar la ginebra con la tónica. Y no me canso de escuchar nuestra canción preferida. Tampoco de volver a leer la nota que me dejaste, donde decías ¨nos vemos en el otro lado, sé feliz¨.

08. ASESINATO EN DO BEMOL

Odiaba la música, odiaba la alegría y, por encima de todo, odiaba a sus alumnos.
“Hay tres cosas que jamás debéis olvidar”, les vociferaba. La música es el mayor veneno que existe, Beethoven era un sordo depravado y como oiga a alguien silbar lo expulso para siempre de la clase.
En secreto, los jóvenes se reunían con otros más mayores en una habitación escondida del colegio donde disfrutaban de las delicias del barroco, del contrapunto, de la ópera, cantatas y sinfonías.
Pero se enteró. Los pilló en plena reunión. Armó la de San Quintín. Los amenazó con el dedo enhiesto, la barba vibrante, gritos estentóreos.
Huyeron todos. Se quedó solo vociferando.
De pronto, de las partituras surgieron varios pentagramas que cerraron puerta y ventanas. Dos claves de sol se lanzaron sobre su cuello apretándolo. Innumerables corcheas, fusas y semifusas le sujetaron brazos y piernas, tumbándolo. Los silencios le taparon los ojos mientras un par de compases tres por cuatro y varios sostenidos le cortaban la respiración.
Cuando el do bemol se introdujo por su boca y rasgó sus cuerdas vocales surgió un fino alarido precursor de su último estertor.
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi envolvían la definitiva escena.

07. EFECTO DOPPLER(Mercedes Marín del Valle)

Pocos días antes había decidido que la televisión, mentirosa oficial, fuera silenciada para siempre. El movimiento desengrasado de las aspas del ventilador y el runrún extenuante del aparato de aire acondicionado, marcaron desde entonces el ritmo de los días. La mosca de diario, se vio envuelta en un sopor húmedo y espeso que cegó su vuelo, precipitándola hacia una muerte prematura.
A eso de las cinco, la mecedora de tela gastada, detuvo su vaivén coincidiendo con el momento en que un coro de ángeles irrumpía en la tarde de calima africana.
El pequeño trompetista, descalzo y con las alas sudorosas, insufló al instrumento todo el aire de sus pequeños pulmones, marcando de ese modo el comienzo del prodigio.
El perro de ojos azules, fue el primero en presentir que aquella melodía solo podía proceder del cielo y que, un fenómeno sobrenatural auguraba un cambio esperado, en el devenir de los tiempos. Corrió hacia la mecedora y de un salto conquistó el regazo de la mujer que, sonriendo, dio gracias a Dios por escuchar sus plegarias. Se levantó y olfateó el aire. Por cada nota ejecutada, se abrió una ventana. Por cada melodía concluida, una ciudad recuperó su vida.

06. Todo para él

No sabía que haría si le pasaba algo, era todo lo que tenía, eso sí que fue amor a primera vista. Aquella tarde la vio en la tienda y desde entonces no se habían separado. No podía imaginar no poder acariciarla más, ni oler su aroma o escucharla hasta en sus silencios…
Ahora estaba asustado, en esa espera que se le estaba haciendo eterna.
La puerta se abrió bruscamente y allí sonriente apareció el lutier con su amada en brazos.
– Tranquilo, la he podido reparar a tiempo, suena como siempre.
Dijo, depositándo la Viola en sus manos.
Pero se equivocaba , cuando allí mismo la cogió en sus brazos y tocó una melodía , todos se quedaron sin aliento, el Amor se hizo música.

 

05. ABAJO Y ARRIBA (Ángel Saiz Mora –EdH 2020-)

Estuve en el infierno. Fui uno de sus sicarios. No era un destino agradable, pero allí me encontraba seguro, alejado del frente. Solo debía esperar a que terminase la guerra para reincorporarme a mi pasión.
A pesar de su aspecto demacrado y el uniforme de rayas reconocí al gran David Berenstein. Empeñado en preservar su vida, pude convencer a mis superiores para organizar una pequeña orquesta de prisioneros, algo habitual en otros campos. Sus interpretaciones acompañaban a niños y ancianos, no aptos para trabajar, mientras les conducían a lo que pensaban que eran duchas. Aquel sonido divino casi hacía olvidar el olor que pronto inundaba todo. Personas capaces de crear tanta belleza no merecían ser aniquiladas.
Un impetuoso oficial de las SS recién llegado, para hacer méritos y en un golpe de autoridad, disparó sobre David con su arma corta. Horrorizado, puse la mía de inmediato sobre esa frente fanática. Aunque no llegué a apretar el gatillo, mi gesto se consideró alta traición.
Todo sucedió muy deprisa: las detonaciones de los fusiles, el dolor intenso. Cuando volví a escuchar el violín de Berenstein supe que aquello solo podía ser el cielo.

04. OCTABAJO

Se había quedado dormido con los sonidos que más amaba en el mundo. Los lamentos agudos del violín, las nostálgicas cadencias de la viola y los profundos tonos del violoncello. Hasta el bronco contrabajo, marcando toscamente los ‘tempos’, le gustaba.

La pequeña orquesta parecía ir alejándose mientras el sueño se apoderaba, lentamente, de su cerebro. Hasta que, al fin, se hizo el silencio.

Cuando se despertó y, aterido de frío dentro de su raída manta, echó a andar para salir de la abandonada nave que era su hogar, sólo retumbaba en su cabeza el tenebroso y grave sonido del octabajo, ese gigantesco y terrorífico hermano mayor de sus amados instrumentos de cuerda.

Atravesó la incipiente luz del día sin saber si alcanzaría a vivir otra noche tan bella.

03.Melocentrismo

Madre tenía el don familiar, pero tampoco le garantizó la felicidad.

A mí me surgió un atardecer, hablando con Marta: vi emanar de su cabeza todo lo que pensaba. Las frases  se formaban en el aire y las letras terminaban desmoronándose como arañitas negras. Así descubrí que se había acostado con mi novio. Desde entonces pude leer los secretos e intenciones de cualquier persona.

Hasta que conocí a Mateo. Él no tenía voces en la cabeza. Sus pensamientos eran imágenes con banda sonora y  alfombraban su alrededor con fusas y semicorcheas que se adherían a su ropa como caracolillos exangües. Me subyugó.

Necesité aprender solfeo para descifrarle. Me enamoré de sus incógnitas y su capacidad de confundirme. Sus estados de ánimo no siempre armonizaban con las melodías de su mente. Nunca sabía si el estribillo absurdo que le brotaba generaba la expresión tierna de sus ojos, o si el vals alegre que resonaba en su cerebro estaba relacionado con su ceño fruncido. Expuesta al engaño, pero encantada, me dejé embelesar.

Cuando comprendí que su música interior era  una terrible trampa, fue demasiado tarde: ya estaba enredada en un pentagrama sin clave de sol del que solo colgaba su enorme MI.

 

02. SOY PIANISTA (Diego Cano-Lasso Pintos)

Los músicos tenemos que ensayar muchas horas y eso provoca las comprensibles quejas del vecindario. Por eso fui a vivir a una urbanización en el campo. Estaba sola. Una gozada componer y tocar en silencio, inspirándome en el trino de los pájaros y sin presión coactiva. Pero duró poco. La expansión de la ciudad rodeó de grúas mi pequeña parcela y en unos años volví a tener vecinos alrededor, solo que ahora nuestras quejas eran mutuas. Ellos también daban sus conciertos a todas horas. No hubo más remedio que terminar en el juzgado. El Juez, con su sentencia de acotarnos el horario, me hizo cambiar de hábitos y modificar mi estilo musical. Ahora compongo conciertos en RRRRRRRRe Mayor para cinco instrumentos. Formamos un quinteto. Mi piano toca al unísono con la sopladora, la motosierra, el cortasetos y la desbrozadora de mis cuatro vecinos.

01. PARA TI

Cada vez que vuelvo a poner este disco no puedo evitar una pesadumbre que termina venciéndome. Escuchar los últimos temas que Jaime grabó antes de su accidente siempre me despierta la nostalgia natural, una tristeza que me abraza el alma por mucho que los ritmos se animen y el compás se acelere. Para mí, escuchar su guitarra es como oír su voz más interior, sus preocupaciones, sus miedos, sus ilusiones también. Creo que podría reconocer un atisbo de su alegría o su desánimo valorando tan solo como afronta cada nota.

El último álbum, que dejó inacabado con solo cinco composiciones, está concebido con una sensibilidad nueva, una energía en los riffs que nunca le habíamos escuchado, con pocos acordes, pero ligados por una intensidad viva, renovada. Tal vez, la culminación de ese nuevo estilo sea el tema que lo cierra, desconocido para todos, con una armonía ingeniosa, delicada, y un estribillo que se divierte en las notas más altas, como si los dedos corrieran por las cuerdas del instrumento queriendo amarrarse a ellas para no caer. Un suspiro. Y un abrazo también. Y la incógnita maldita de ese título que abre tantas esperanzas como temores.

103. A CONTRALUZ

Darlene es sudamericana, morena y gordita. Lleva la simpatía por bandera y por cierta cantidad de créditos – con cargo a tu tarjeta – le puedes pedir lo que quieras. Incluso visualizar el book de fotos con sus poses más… atrevidas.

Como ya habrás supuesto, Darlene trabaja en la web, e invierte sus escasos ingresos en maquillaje, lencería y la decoración del cuarto desde donde emite.

Y en juguetes. No olvidemos los juguetes.

Me sorprende, a veces, contándome la cantidad de hombres que sólo quieren hablar. O cuántas mujeres la contactan, aun no siendo bisex. En ocasiones, le piden que se toque; otras, buscan consejo.

Y es que también hay días en que sus ojos reflejan una profunda melancolía, y sólo quiere que la abracen. Tal vez porque entiende, mejor que nadie, que desde que es tan fácil conseguir sexo, es más difícil encontrar cariño.

 

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