Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

LA BELLEZA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el tema que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2020 En este momento podemos ofrecerte la posibilidad de participar con un relato que esté inspirado en el concepto de la belleza Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
20 de febrero

Relatos

38. Entre sus redes

«Quítate la ropa, así… despacito», escribe, y según lo hace siente de nuevo esa tibia mezcla de ternura y lujuria capaz de invadirle hasta la última cana. Se siente atrapado por ella, enredado. Su belleza conforma un tejido confeccionado a base de urgencia y adicción. «Venga, ahora desabróchate el sujetador. Eres preciosa», teclea, y en su pantalón comienza a percibir sensaciones casi olvidadas.

Sonrojada ante el halago, ella duda unos instantes y responde: «Espera un momento, por favor, no te vayas». Luego se aleja un poco del ordenador y calcula dónde colocarse para que él pueda disfrutarla, observar su cuerpo entero. Se siente tan bonita ante él. Solo ante él. Pero antes tiene que hacer algo. Debe ser cuidadosa. Ahora sonreirá, se desnudará, bailará al son de su melodía, continuará haciendo lo que propongan las palabras alocadas y dulces del chico misterioso, pero antes debe seguir unos pasos previos. Primero: subir la música. Segundo: bajar la persiana. Y tercero, y más importante: revisar el pestillo de la habitación.

«Ya está», escribe ella.

«Genial, cariño –responde él, mientras sus ávidos dedos se abalanzan sobre la tecla de grabación-, tus padres jamás nos entenderían».

37. Música para marionetas

Nunca aprendí a bailar. Ni para esquivar las ratas de la Chureca, ni para sortear las balas que disparaban desde los edificios abandonados de Sarajevo. Un palo, te mueves como un palo. Solía decirme mi tercera novia cuando salíamos a la verbena de un pueblo pequeño de la Carballeda. Tal vez por eso me vino la muerte a visitar tan a menudo. Es bonito morir. Al principio se hace raro, ¿por qué a mí? Te preguntas con cierta confusión. Hasta que acabas por cogerle el gusto al protocolo mortal de cada tarde. No es igual descomponerse en medio de un estercolero, que desangrarse poco a poco tirado en el asfalto. Ni quedarse seco por un cruce de navajas mientras se apaga la música de King África o Carlos Vives. Ni siquiera me gustaba aquella chica. Tuve otras, como tuve también bandas sonoras más agradecidas. Como en todo, con la práctica se obtiene el virtuosismo. Y luego, cuando llegan los aplausos, unos hilos invisibles, o no tanto, te levantan y mueven tus pies, tus caderas y tus brazos a ritmos imposibles. Entonces tú saludas y descubres la belleza en aquellos ojos asustados, antes de que el telón vuelva a caer.

36. LA VIDA BELLA (MARÍA CONSUELO GONZÁLEZ ORDÓÑEZ)

Cuando amaneciendo María abrió la ventana, todo le pareció bello: los árboles, el cielo, hasta los techos de las casas vecinas, que en efecto lo eran. En este barrio de “gente bien”, cómo no.

Recordó que hacía muy poco, nada le parecía lindo. ¿Y cómo pues? Las noticias sobre desvíos de fondos, jueces vendidos, masacres de los militares, desapariciones forzadas, gobernantes siempre corruptos, cómplices del crimen organizado y el narcotráfico, gente viviendo en atroz miseria, le retorcían el hígado y el alma, sin que pudiese evitarlo.

¡Cómo ha cambiado la vida! pensó María, mientras miraba pasar a domésticas, jardineros, choferes, por la banqueta. -Hasta caminan distinto- observó. -El futuro ahora les sonríe. Lo principal: sus servicios de salud gratuitos están garantizados, y la educación. Ya no habrá de que: mi amor, ya no puedes ir a la escuela porque no hay para el pasaje, los libros, ni las cuotas. Hay becas para todos. Hasta para los viejitos. ¡Qué tranquilidad!

¿Y… la delincuencia? Sigue desenfrenada, suspiró. Pero no, sin cómplices allá arriba… ya no le queda mucho, recordó contenta, caminando hacia su cama.

Rosario en mano, María se hincó a orar. -Diosito gracias, los liberales ateos, ateos, pero por fin triunfaron.

35. El halo que te envuelve (MVF)

Puede que en algún momento. En esos momentos de espejo y cámara, entonces tan secretos. Por aquel entonces, no había redes sociales y la belleza de un encuentro se guardaba en la retina y en la memoria. Nadie iba por la calle con una cámara ni con un localizador en el bolso. Bien pensado, si en alguna charla de sobremesa a algún iluminado se le hubiese ocurrido anticipar tal futuro sería el hazmerreír de la fiesta. Pero, retomando el hilo del tema, puede que en algún momento, casi siempre a escondidas (íntimo instante enfocado a un sentimiento vano, quizás buscando el juego del coqueteo) se recrease en aplicar la sombra con cuidado sobre los párpados, el colorete o el perfil a los labios entreabiertos. Solo un momento. Por lo demás, le molestaba ese prejuicio tan grande que volvía las cabezas locas. Odiaba los piropos. El escrutinio gratuito, la devoción por lo visible, lo perecedero. Por eso, la cara de la Gioconda es la más ambigua de todas las caras esbozadas en lienzos. Porque ella misma se lo había pedido a Leonardo como condición: No pintes lo que ven todos. Pinta el halo de mi rostro.

 

 

34. El nombre de la rusa

Era la primera vez que salía de San Vicente del Monte. Tenía dieciocho años y pensaba con inconsciente osadía que era muy mayor. Mientras esperaba para embarcar la vi. Era una chica con el pelo recogido en la nuca y apariencia frágil, que me miraba mientras ojeaba una revista. Se acercó con un paso elástico que parecía no necesitar del suelo. Con una sonrisa que podía derribar gobiernos, me dijo arrastrando las erres  que era rusa y que hacía ballet clásico. Su belleza anulaba voluntades, por ella habría asaltado el Palacio de Invierno y abrazado cualquier causa, aunque fuera justa. Le hablé de Tolstoi y de Pushkin; ella a mi de Tchaikosky y Stravinsky. Con un candor de Madonna de Chagall me dijo que su vuelo salía en diez minutos y me dio un beso eslavo que detuvo el tiempo en el aeropuerto y mantuvo a los aviones suspendidos en el aire unos segundos. Una voz despiadada anunció mi vuelo por megafonía y rompió el hechizo. Aturdido, la vi perderse entre la gente arrastrando su maleta. Lo que no supe, ni sabré nunca, fue su nombre.

33. Cuerpo de mujer (Edita)

 

Da, por fin, la última pincelada y se aleja del lienzo para admirarlo. Le encanta. Esta vez sí ha elegido la modelo y la postura perfectas. Aunque agotado, después de tantas horas trabajando intensamente, la excitación no lo abandona, y eso que intenta reprimirla. Ya habrá tiempo para disfrutar de su obra o hacer locuras; ahora urge deshacerse del cuerpo antes de que amanezca.

 

 

32. SFUMATO

La belleza es la disposición armónica de la materia en el espacio y en el tiempo, por eso allí reinaba la fealdad: pacientes moribundos, acompañantes ruidosos, máquinas atronadoras, dietas sin grasa y médicos despiadados. Sin embargo, presidiéndolo todo, resplandecía un retrato femenino cuya inescrutable mirada parecía alumbrar aquel mundo cansado. Llegué a pensar que desde la pared estaba mirándome con descaro, pero no era más que un sutil gesto de incitación, y decidí ponerme en pie y, con un leve escorzo, dejarle ver que no llevaba nada bajo la bata. Entonces noté que me seguía con la mirada sin enrojecer pese a que la sorprendí clavándome los ojos en las nalgas al descubierto. Por su parte, ella respiraba profundamente hinchando su firme busto y marcando un apetecible canal que se sumergía por debajo del vestido. Ambos sonreímos con complicidad y nos dimos cita en un claro del bosque, al fondo del camino que serpenteaba a sus espaldas. El resto queda difuminado.

No sé cómo ocurrió, pero al despertar me vi rodeado de máquinas ruidosas. Era otra habitación distinta y en lugar del cuadro había una atractiva enfermera que, en voz baja, me preguntaba si quería vomitar.

31. Sevilla, 2090 (Miguel Ibáñez. Fuera de concurso)

En esta ciudad te encontré para perderte después. Hace frío hoy. La escarcha la han comprado las multinacionales. Se asienta dejando en sus formas mensajes publicitarios en las lunas de los coches que aún no vuelan. Rasco. Tengo la sensación de llevar años arañando cristales helados. Se apoderaron de lo que era nuestro, ¿te acuerdas? Se formaba en la ventana del hotel al que te llevé, que a ti no te gustaba, pero que al final viniste y mirábamos los edificios de enfrente imaginando la vida de aquel hombre calvo que tenía un gato gris, o rellenábamos los ratos en los que no nos besábamos jugando a darnos palmadas. Tú siempre retirabas tarde las manos, que ahora están lejos, pero que vienen y son mías porque no hay un pintor que te pinte mejor que todos los días que son ya sin verte. El tiempo te embellece a diario en mi memoria. No te recuerdo defectos. Y alguno tenías.

30. VIAJE AL CENTRO DE MI ALMA

Me encanta viajar en tren. Precisamente esta tarde volviendo a casa, he disfrutado de uno de los viajes más hermosos. Ha sido un traqueteo especial, emotivo y diferente. Esta noche te cuento que he viajado a mis relatos y que cada parada era un título nuevo. He vuelto a leer esos textos de no más de 200 palabras inspirados cada uno en un lema y me han parecido tan bellos, originales y tan olvidados en mi memoria. Entonces me he prometido a mí misma que en este nuevo año retomaré el arte de escribir porque no es justo privar del placer de leer al resto del mundo, porque no es responsable desaprovechar el talento, porque no es inteligente abandonar lo que se te da bien. A veces me pregunto por qué lo dejé. Todo induce a pensar que pequé de pereza. Si ustedes me lo permiten queridos entecianos, con esta modestia que me caracteriza, quisiera volver a esta casa y revivir el reto de intentar construir un puente lleno de letras y signos de puntuación que consiga llevarme al centro de sus almas entecianas.

29. El lado cínico de la belleza

 “No te agobies, pimpollo, cualquier cosa es defendible. Mira, esto funciona como la belleza: nunca esperas encontrarla entre lo más sórdido y sin embargo ahí está, solo se trata de ponerse el filtro adecuado. ¿O acaso no existe una elegante plasticidad en la estocada mortal del torero, o en las manos de un trilero cuando danzan armoniosas ante los crédulos ojos de quienes desconocen sus límites? La belleza seduce a quien la busca y yo lo hago entre el hipnótico encanto del fuego. Sus llamas te pueden serenar desde la lumbre de una chimenea o aproximarte al éxtasis cuando sus puntas etéreas bailan a millares sobre los árboles de un bosque

 Esas palabras perseguían al joven abogado mientras caminaba entre la desolación del monte quemado por su cliente. Se preguntaba cómo enfocar su defensa, o peor, cómo conciliar su conciencia con la necesidad de aceptar el caso. Abrumado por sus pensamientos, a punto estuvo de pisar un pequeño brote que se abría paso con fuerza entre la vegetación calcinada. Sí, la belleza puede aparecer incluso entre la devastación. Quizá su autoestima también pueda renacer algún día al otro lado de la pobreza.

28. BELLEZA SOBRENATURAL (Carmen Cano)

La joven que pide en el metro no habla. Suplica con la mirada y con el gesto de la mano. Su presencia atrae de inmediato la atención de los pasajeros: la larga cabellera rubia coronada por una diadema azul, el vestido celeste que deja a la vista un hombro con una camiseta rosada.
A la mujer que aprieta el bolso le parece demasiado hermosa para ser mendiga. El hombre que interrumpe su lectura, en un acto instintivo, le baja el brazo al compañero de asiento para que no la fotografíe. El estudiante cree haberla visto en un viaje, quizá en Roma, Florencia o París.
Todos han sucumbido a su inexplicable belleza y nadie ha reparado en el bebé. Baja en la siguiente parada y lo estrecha con dulzura. «Vámonos, niño», le dice en arameo.

27. Belleza

Cae.

       Se deshace.

                          Se sumerge.

Rasga la calma del gélido océano y se convierte en mar.

Lo observa todo desde la tranquilidad que le proporcionan las paredes de su hogar. La calidez del sofá y del té caliente entre sus manos. El tiempo, como la imagen del televisor, pasa lentamente, sin querer avanzar.

Suena una vieja balada incluida en el final de un memorable último capítulo de la tercera temporada de una serie médica.

LLORA

SE SUMERGE EN SUS RECUERDOS

RECIENTES.

ROMPE LA CORAZA. Y SE TRANSFORMA EN TRISTEZA.

Más allá, una fotografía. Un recuerdo ahora lejano. Un beso. Una imagen en blanco y negro. Una vida que podía haber sido más longeva. Al lado, en una urna biodegradable, sus cenizas. Restos que le reflejan su mirada y una parte de la vida

Vivida.

“Fue hermoso”. Fragmentos de su historia compartida, acompañan sus lágrimas y su voz entrecortada.

Su sonrisa

Sus ojos turquesas,

Enormes y honestos.

Su largo pelo azabache.

Su cuerpo

Frágil

Ella

Su alegría y sinceridad.

Un llanto le hace levantarse, dirigiéndole a su habitación. Una cuna lo observa agitada. En su interior, ella lo reclama, esperando que la arrope entre sus brazos,

una vez más.

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