Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

VOORPRET

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el tema que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2024 Este año, la inspiración llega a través de conceptos curiosos de otras lenguas del mundo. El tema de esta cuarta propuesta es el concepto holandés VOORPRET. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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15 DE AGOSTO

Relatos

33 NOMINACIÓN (Fernando da Casa)

La academia ha seleccionado a los tres escritores vivos más importantes del momento. Dentro de un mes decidirá quién se lleva el premio.

Cuando me informaron de que me encontraba en esa terna, no me lo podía creer.

¡Por fin se reconoce mi valía!

Tantos años de esfuerzo, vocación indubitada, clases universitarias, admiración divina, lecturas apasionantes, cursos de escritura, preparación exhaustiva, proyectos faraónicos, ambición desmedida, fracasos editoriales, inspiraciones fallidas, trabajos alimenticios, lecturas interminables, envidias literarias, zancadillas epistolares, sonrisas hipócritas, codazos en ferias, fotos robadas, tertulias soporíferas, más lecturas forzadas, novelas de folletín, versos satánicos, rimas asonantes, ignorancia intelectual, bostezos clásicos, aplausos barrocos, firmas solitarias, premios corruptos, lecturas impuestas, textos sin sentido, ejercicios de muñeca, onanismo cultural, charlatanería hueca, alabanzas pagadas, relatos en cadena, ausencia de originalidad…

Yo ya he empezado mi campaña personal para lograr el éxito final.

Pero la sangre es demasiado escandalosa, no salta con facilidad. Me obliga a quemar la ropa.

Un empujón en un acantilado, sobredosis de pastillas, accidente con el coche… Revisaré, entre lecturas y escritos, cuál es el mejor método para que, esta vez sí, no haya dudas de quién es el mejor.

32. Así en la tierra como en el cielo (Francisco Javier Igarreta)

La hermana Imelda, postulante en el convento de las carmelitas de Villamaluenga, tortura sus torneadas rodillas postrada ante el altar, donde un exultante San Sebastián, asaeteado hasta la extenuación, sonríe entusiásticamente. Por más que Grijelmo, su joven confesor, trata de explicarle la peculiar idiosincrasia de los mártires, Imelda no acierta a despejar aquella patente contradicción tallada con saña en madera policromada. Le resulta difícil asociar la viva expresión de felicidad del rostro del santo, con el doloroso aspecto de sus sangrientas heridas. La verdad es que tampoco tiene muy clara la naturaleza de los gozos que, según Grigelmo, la esperan en la otra vida, como premio a las privaciones y sacrificios que tiene que soportar día a día en el convento. Aunque para Imelda, el mero hecho de dejarse acariciar los oídos por su melodiosa voz, ya es una bendición. Si, además, tiene ocasión de intuir tras la rejilla del confesionario el sensual aleteo de sus labios, miel sobre hojuelas. Más de una vez se ha sentido embargada en momentos así por un dulce arrebato. Incluso ha llegado a pensar si no será un atisbo del paraíso. Cuánto le gustaría saber qué diría Grijelmo.

31. El cuco (Susana Revuelta)

Se imaginaba el pollito recién salido del huevo que los gusanos que traía en el pico mamá debían estar deliciosos. Al menos eso le parecía cuando veía al otro pollo del nido alargar el cuello y atrapar vorazmente todo el condumio. Se estaba poniendo gordísimo, pero nunca quedaba saciado y lo hacía saber piando como un energúmeno, exigiendo más y más todo el tiempo. Así que la madre tenía que emprender varios vuelos al día para satisfacer su apetito.

En menos de una semana el pobre pollito, que no había logrado echarse al buche ni la triste pata de un grillo, terminó arrinconado en una esquina donde la madre, cuando regresaba con más comida, ya ni le veía. Pero él sí que la observaba con sus ojillos negros hundidos en el amasijo de huesos y plumas en que se había convertido, y se alegraba un montón cuando ella volvía con un ciempiés o una lagartija. «Qué menús más ricos», deliraba, cada vez más desfallecido.

Hasta que un día el otro pollo dio un estirón, ocupó todo el nido y le empujó fuera. Y mientras caía, y antes de espachurrarse contra unas rocas, soñó que se daba un festín de lombrices.

30. Habitación 307 (Miguel Á. Moreno)

Se desordenó el pelo con estudiada precisión, se humedeció los labios con la punta de la lengua y dejó caer el vestido estampado adquirido ese mismo día en la boutique de moda. El más atrevido de la colección. De pie frente al espejo, contempló su cuerpo desnudo. Se sintió hermosa. De repente, comenzó a ruborizarse al percibir el contacto de un miembro erecto que jugueteaba por su trasero. Notó unas manos suaves recorriendo su cuello, el aroma intenso de otro cuerpo presionando contra el suyo, el jadeo cada vez más frecuente de aquel ser desconocido cuyas intenciones quedaban claras.

Se dejó seducir hasta la frontera de la pasión, pero un escalofrío contuvo el instante esperado y hermoso. Un preámbulo del delirio, incontenible, que propició que aquel caudal amatorio regara su sexo y se elevaran al cielo en un gozo desenfrenado. Fundidos los dos cuerpos contra el suelo, permanecieron en silencio, sin mirarse, exhaustos, mientras la noche se despedía de los amantes para dar paso a un nuevo amanecer.

La mujer apuró el bourbon y escribió una nota para aquel hombre de la barra idéntico a su marido. “Te espero en la habitación 307”.

 

 

29 EL FALLO (A. BARCELÓ)

Está tan convencido de lo bueno que es su trabajo que imagina, como si las estuviese saboreando, las mieles del éxito: el reconocimiento de propios y extraños; el subidón de autoestima; las felicitaciones de aquellos que siempre le animan a intentarlo; el “mazazo en toda la boca” para los que sólo ponen zancadillas; la inyección económica; el empujón que supondrá para su carrera y para su vida en general… No necesita impulso para levantarse de la silla porque está prácticamente flotando. De repente, se desploma sobre el asiento del que, por fortuna, no ha llegado a levantarse. El nombre del ganador no es el suyo y siente el golpe que le devuelve a la realidad. Se acuerda del puto cántaro y se caga en la leche que le dieron al que escribió el cuento de la lechera, eso sí, con la sonrisa hipócrita del digno perdedor que le miente a su ego diciéndole que es la primera vez que le pasa y que éste es su primer gatillazo mental.

28. Expectativas

Carmela se levantó temprano. Los nervios la habían mantenido en vela buena parte de la noche y harta ya de dar vueltas en la cama se puso en marcha con una sonrisa entre los labios. «Vieja tonta», se burló de su emoción en el espejo mientras repasaba por enésima vez la lista de tareas de la mañana. Se aseó con rapidez y comenzó su labor. Aireó la casa, arregló su dormitorio y se encerró en la cocina dispuesta a preparar los platos favoritos de sus nietos. Alba y Manuel crecían deprisa pero aún les gustaba el pueblo y pasar unos días en casa de la abuela. La quincena que cada verano tenía a los niños solo para ella era su mejor regalo. Los mimaba, jugaba con ellos, consentía todos sus caprichos… Rejuvenecía con su vitalidad y su alegría.

Aún no era mediodía cuando terminó de cocinar. Se cambió de ropa, peinó con esmero sus ricitos rebeldes y se sentó a esperar en su mecedora favorita. Encendió la televisión y la apagó enseguida, cogió luego un libro y trató de leer pero… No, imposible concentrarse. Bumbum, golpeaba el corazón contra sus costillas, bumbum… «Vieja tonta», insistió con descaro su sonrisa.

27. IDEAL, IDEAL DE LA MUERTE (Jesús Alcañiz García)

¡De todas nosotras, quien más está disfrutando de este momento taaan esperado es mami!, ¿sabes? ¡Un gustazo verla ilusionada de nuevo después de todos estos años! ¡Venga a probarse vestidos y zapatos, como loca!, ¿sabes? Y dice que quiere peinarse y maquillarse, ¡hasta pestañas postizas y manicura! ¿Te la imaginas? ¡Por fin ha vuelto la mujer presumida y coqueta que siempre había sido!, ¿sabes? De las flores se ha encargado Tita, como en mi boda, ¡qué bonitas quedaron!, ¿te acuerdas?, y Mona ha contratado el cáterin más completo, sin reparar en gastos, ya nos conoces, con todos los que somos, qué menos que se vaya todo el mundo contento y satisfecho en un día tan especial. Es de agradecer, ¿no crees? Y eso sí, mira, para que acaben las cenizas tiradas en cualquier sitio, ¿sabes?, el ataúd más económico, que papá no se merece otra cosa, te lo puedo asegurar.

26 El poso que dejan los sueños (Luisa Hurtado)

Ella ya se ha levantado, la oigo trajinar en la cocina; y yo, me quedo unos minutos más en la cama, para soñarla, para recordarla, para traer a mi memoria el modo en que cierra un poco los ojos cuando come chocolate, la explosión de su risa fresca tras un chiste que no se merece tanto, el tacto de sus dedos enredándose en mi pelo o el olor de su colonia flotando en el aire. Después con el corazón henchido y una sonrisa en mi cara, salgo de la cama, voy a su encuentro y veo en sus ojos, como he visto todos los días desde hace ya cuarenta años, que ella también me sigue soñando.

25. Cada trece de abril y con tarjeta

Cuando se acercaba aquella fecha que llevaba tatuada en la piel, en todos los sentidos, se le mezclaban las emociones: nerviosismo, ilusión… Un alegría rara y el mismo cosquilleo de inquietud que nos acompaña a todas horas, en los días previos al encuentro con esa persona a la que nunca podremos olvidar. Como si el mundo adquiriera de pronto un nuevo lustre. Como si fuera posible obrar el milagro.

Cerró los ojos y trató de imaginar su sonrisa al verle llegar con el más precioso ramo de sus flores preferidas. Margaritas de colores que poco a poco se irían marchitando sobre la blanca, muda y fría lápida de mármol.

24. SECRETISMO (Mariángeles Abelli Bonardi)

Allí, tras los muros que lo protegen de críticos y curiosos, se recrea observando el bloque. Imagina la vena en la mano que sostiene la piedra, la honda en el hombro contrario, los músculos en tensión y el cuerpo girado en un ligero contrapposto, con la cabeza mirando a la izquierda y el ceño fruncido. Las pupilas, fijas en su objetivo, tendrán forma de corazón para generar el reflejo en la mirada y dar profundidad. La estatua, ideal de armonía, contemplada desde todos los ángulos, simbolizará la virtud, superioridad y belleza del héroe. Dirá Miguel Ángel de su David: «He visto un ángel en el mármol y lo esculpí hasta liberarlo».

23 Ese momento

No quería ser recordado como otro hombre que murió de pie, ese pensamiento le aterrorizaba, corría el riesgo de que lo atenazara. Lo enjauló en el fondo de su mente y se reconfortó pensando que era su deber. La adrenalina volaba por todo su cuerpo ante la posibilidad de hacer feliz a tanta gente. A su familiares, amigos, a todo un país. La ilusión de miles de personas se centraban en él. Tenía la oportunidad de pasar a la historia, de ser recordado toda la eternidad, de que su nombre pasara de boca en boca hasta el fin de los tiempos. Podía ser la gloria.

Por contra, era una obligación mayúscula y el inevitable miedo a errar le estrechó las paredes de su corazón. Podía ser el infierno.

Por delante de él pasó toda su vida, como si estuviera a punto de fallecer, pero no, aún estaba vivo, y lo iba a conseguir. Percibió el inquebrantable apoyo de su padre que le había acompañado desde el primer momento, y eso le inundó de confianza.

Miró al cielo buscando aprobación, recuperó la serenidad, corrió los cuatro metros que le separaban de la pelota y la pateó al fondo de las redes.

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