Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

Anagrama (Francisco Javier Igarreta)

Aurelio no salió excesivamente mal parado de sus travesuras infantiles. Apenas le quedaba el recuerdo de algunos chichones y restos de alguna que otra cicatriz. Eso sí, arrastraba una cojera,  producto de una de tantas caídas sufridas durante sus correrías por los accidentados andurriales de aquel poblado  perdido de la mano de Dios. La escasa atención médica y una absoluta confianza en los remedios caseros hicieron que algo en principio de relativa importancia fuera a más, hasta el punto de acarrearle cierta incapacidad. Lejos de suponerle un hándicap, Aurelio echó mano de su talante animoso y ocurrente y sacando coraje de su cojera la convirtió en su seña de identidad. Era todo un espectáculo verlo caminar con aquel ademán, un tanto forzado pero sin embargo no exento de gracia. Tal vez solamente era una manera de disimular algo que seguro que le hacía sufrir.  Pese a todo había algo que no olvidaba hacer cada día. Sabedor de la hora en que la tía Ramona salía de su partida de cartas, se acercaba cada tarde presto a empujarle la silla de ruedas por la pequeña rampa que conducía a casa. Después se retiraba ya cansado a la suya.

Cónclave

—Mamá, estoy embarazada.

—¡Dios del cielo! —exclamó la madre de Ana— No habría esperado esto de tu novio, hija, le tenía por un chico responsable.

—Es que no ha sido Ramón, mamá. Fue un repartidor de Amazon que no he vuelto a ver ni supe cómo se llamaba.

—Pero hija ¿cómo has podido…? Dirás a Ramón que la criatura es suya, por supuesto, ¡y os casaréis de inmediato!

—Mamá, ya sabes que Ramón es muy católico. Se ha empeñado en respetarme hasta el matrimonio. ¡No le puedo atribuir la paternidad!

 

La familia de Ana, que también era muy católica, se reunió en cónclave. La niña iría a estudiar a Inglaterra y, en el momento oportuno, abortaría. Volvería a final de curso con un diploma bajo el brazo y la barriga lisa.

 

 

Han pasado dos años. Ramón está prometido con una estudiante de último de magisterio que conoció al salir de misa. Aquel chico tan simpático que vino a entregar un paquete cuando los padres de Ana estaban fuera de casa, ahora reparte para Glovo en otra ciudad. Ana trabaja de dependienta en una céntrica zapatería de Nottingham y vive en un pequeño apartamento con su hijita Eva.

26. El nudo de Merlín

Pasábamos los veranos en un pueblo cercano a Barcelona, nos gustaba llamarlo Camelot. Antes de salir a jugar, siempre nos reuníamos en el salón de casa, en torno a una mesa redonda y carcomida por el tiempo. Allí sentados, con la merienda en una mano y el tirachinas en la otra, trazábamos el plan de la tarde. Por fortuna, el sabio Merlín, que solía ir un paso por delante, nos libró de alguna que otra catástrofe; excepto de la última, la del árbol, donde él mismo anudó la cuerda de cáñamo a la rama más alta. Desde entonces, a los caballeros nos une un juramento. Y, aunque cada vez nos cuesta más volver al jardín, nuestro mago nunca nos pierde de vista. Nosotros fingimos que jugamos mientras él nos observa, en silencio, de pie en una esquina, con la mandíbula rígida de quien custodia un secreto y los nudillos blancos, aferrado a la silla de Lancelot.

25. Pasatiempo

Buenos días, jefe. Ponme lo de siempre. Y «lo de siempre» era un café con leche del tiempo y un churro para pasar la pastilla de la tensión ¿O era la del colesterol? Después se abalanzaba sobre el periódico que descansaba en la barra para su duelo diario con el crucigrama. Acostumbraba a terminarlo antes de que sirvieran los almuerzos, pero aquella mañana, una definición le hizo sudar tinta: «Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor». Seis letras. Acabó la jornada con aquellas casillas vacías. Al día siguiente, unos profundos surcos malva delataron su noche de insomnio dándole vueltas a la dichosa palabrita. Despreciando por vez primera la prensa del día, retomó la del anterior con idéntico resultado. Así transcurrieron las semanas y los meses, sumergido en la manoseada página amarillenta. Los que se acercaban a preguntarle por qué no abandonaba de una vez, les respondía que no imaginan el coraje que le daba dejarlo sin completar.

24. LO QUE CABE EN DOS BOLSAS

Dos bolsas blancas de plástico, de esas que se rompen si las llenas demasiado. Pienso en qué llevaría dentro; quizás la compra de un lunes cualquiera de junio que también había amanecido con olor a pólvora.

Aquel desconocido despertó esa mañana sin saber que aquel día iba a ser el único que no estaría dirigido. Se plantó en mitad de la avenida, demasiado ancha para un solo hombre, y la columna de tanques tuvo que frenar. Cuando la mole de hierro que iba en cabeza intentó sortearlo él se interpuso en su camino, y las bolsas se tensaron como si fueran a romperse. No hubo ira en sus movimientos. Solo el cansancio de quien lleva demasiado tiempo acatando lo que otros imponen y que a veces se confunde con la valentía.

Cuando lo apartaron de allí la columna siguió su camino, y él desapareció. Prefiero creer que siguió con su vida gris y que al llegar a casa alguien le preguntó por qué había tardado tanto en volver.

Desconozco si pesa más el miedo o el coraje. Sí sé que caben en dos bolsas de plástico.

23. Visillos

Estoy mirándolo desde mi sofá, las cortinas corridas, olor de verano y las golondrinas como locas de un lugar a otro, creando sombras en mi salón y dando movimiento al polvo… Esas partículas fantasma, estancas a su manera, reverberando la luz filtrada: mi compañía. Las páginas del libro dobladas, me arrepentiré luego.

Siento que la soledad se esparce y que hoy es el día. Sólo muevo los ojos unos 10 grados y enfrento ese pasillo inabarcable.

Los ruidos del parque no tienen clemencia, pero él avanza lento. Se detiene junto a la farola y alza sus ojos. Me estremezco, pero no me muevo. El cuerpo tiembla a su manera. La súplica de ese rostro es un descampado urbano.

Sigue avanzando y ya puedo respirar. La habitación pega un vuelco, las cortinas se inflaman y me rozan. Una arcada engorda dentro. Entierro la cara entre mis manos y lloro de nuevo sin lágrimas ni espasmos. El túnel del pasillo se expande más allá del universo, no hay barreras en el paso.

El libro hace un ruido sordo al caer, se desprende el marcapáginas, y yo divago con horror sobre mi capacidad de encontrarme de nuevo.

22. MAMERTA LA ZAHORÍ (Miguel Ángel Jiménez)

Emeterio había encontrado un manuscrito excavando el pozo para mi padre en un secarral mirando a la sierra.

A pesar de que no sabía leer, a ver el pergamino cuidadosamente envuelto y adornado, se asustó. Instintivamente tuvo la sensación de que era importante.

El terreno lo había heredado mi padre de la tía Mamerta. Soltera y sin descendencia y con una historia personal con más oscuros que claros.

Emeterio dejo la excavación y se dirigió nervioso a casa para entregarlo a padre. Solo me encontró a mí en casa y nervioso me pidió que se lo hiciera llegar a padre.

Mi curiosidad me pudo. No pude esperar a la llegada de padre para abrir el pergamino. Mi mano temblaba.

El hijo al que llamas Federico debería haberse llamado Emeterio, como su padre. A pesar de todo le criarás como tuyo y heredará todas mis tierras cuando se transformen de secano a regadío”

Me faltó coraje para entregarle el pergamino a mi padre. Lo tiré al fuego de la chimenea. Yo adoraba a mi madre y a mi padre. Y a Emeterio y a la tía Mamerta. Y a mis hermanas y hermanos también.

 

21. CIENCIA AFLICCIÓN

Sí, cariño, lo sé. Hoy, la inteligencia artificial y el metaverso han puesto la soledad en peligro de extinción. Todo está al alcance: compañía, experiencias y recuerdos diseñados a medida. Me hace gracia que me llames nostálgico cuando hablo de relaciones de hace siglos, de cuando sentir no era opcional.
Tú lo sabes, he compartido vida con seres de todo tipo. He perfeccionado paisajes y ajustado pantones de atardeceres. He modulado el sonido de las olas al romper. He decidido cuánto tarda en caer la lluvia para optimizar el petricor. He viajado a galaxias lejanas, aprendido lenguas en segundos y modificado mi cuerpo para adaptarme a cada avance.
Incluso esquivé la última actualización que pretendía eliminar cualquier fallo, cualquier incomodidad… cualquier emoción imprevisible.
Y aun así, hay algo que no he podido recrear. Ni programar. Ni simular.
Echo de menos el vértigo de no controlar lo que siento. El temblor, la duda, la espera.
Sí, tú me ajustas a la perfección el pH del sistema digestivo. Pero echo de menos que me duela el estómago de tantas mariposas. Y tener el valor de decir que ya no siento nada por ti.

20. Una réplica inesperada

Aquel no fue un terremoto más. Los vehículos se precipitaban a las enfurecidas aguas del Bósforo desde los puentes colgantes. Torres y minaretes se desplomaban, y la gente perdía el equilibrio sobre una tierra que de súbito dejó de ser firme. El potente seísmo consiguió lo que sus predecesores sólo intentaron: colapsar la cúpula central de la basílica de Santa Sofía.

Cuando regresó la calma, el polvo aún filtraba un paisaje neblinoso en las calles. A pesar de la conmoción, las personas próximas a la basílica, de diversas procedencias y credos, se apresuraron a socorrer a desconocidos de distintas creencias y religiones atrapados entre los restos del derrumbe, aun a riesgo de que posibles réplicas pudieran desprender nuevos cascotes.

Los medallones islámicos y mosaicos cristianos que rodeaban la cúpula se mantuvieron milagrosamente en pie. Ambos símbolos se regocijaban de su buena suerte y coincidieron en la prioridad de reconstruir la vieja bóveda que los coronaba. Sin embargo, su divina altivez pronto se convirtió en inquietud al reparar en los seres de abajo que, centrados en retirar escombros, de nuevo parecían más humanos cuanto menos miraban a los cielos.

19. Valium

Cierras los ojos. Abres los ojos. Enciendes la luz de la mesilla de noche. Lees diecisiete páginas más. Cierras el libro. Apagas la luz . Cierras los ojos de nuevo. Aumentan las pulsaciones. Ruido. Mucho ruido en la cabeza. Abres los ojos. Sacas a tientas el casco de su cajetilla y lo insertas en la oreja izquierda. Le das al play. Bajas el volumen del auricular. Bajas un poco más el volumen. Subes el volumen. Un bostezo. Dos. Te quedas adormilado escuchando un episodio cualquiera de un podcast cualquiera. Un grito, un aplauso, una sintonía. Te despiertas. Te quitas el casco. Le das la vuelta a la almohada. Son las dos de la mañana. En cinco horas hay que levantarse. Tienes que descansar; pero no puedes. Hay que tener mucho coraje para quedarse a solas con tus pensamientos. Mejor te tomas otro Valium.

17. Hogar

Iba a decirle a Flori que si quería entrar, que había hecho galletas de canela, agradecida por subirle hasta la buhardilla lo de la farmacia y sacarle la basura. Pero al verla tan derrotada y triste no se ha atrevido.

Flori regresa a la portería. Vive ahí, en ese cuartucho. Hay un hueco con inodoro y lavabo, una camita plegable, unas baldas con bayetas, botellas de amoníaco y algo de ropa. Junto a la fregona, unos paquetes de Amazon para el del cuarto izquierda, que nunca está. Llena un cubo con agua y jabón y lo vierte en los meados de la fachada.

Después entra y corre el cerrojo. Enciende el hornillo, pone leche a calentar, se sienta en la banqueta. Relee la carta certificada que llegó hace unas semanas. Está arrugada, de tanto manosearla. Habla de la instalación del ascensor, del hueco de la escalera, del plazo para irse. Machaca uno a uno los treinta ansiolíticos que cogió a la vecina. Los echa al tazón.

Da un sorbo, arruga la nariz, añade azúcar. Las manos no dejan de temblarle mientras remueve con la cucharilla.

Solloza en silencio, se traga las lágrimas, ahoga los hipidos.

Se queda fría la bebida.

 

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