Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

2019 ENTCOLORES

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color BLANCO

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Este mes te ofrecemos nuestro concurso habitual y la posibilidad extra de participar en el ENTCerrado... Dos "paginas en blanco" a tu disposición...
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Esta convocatoria finalizará el próximo
5 de mayo

Relatos

27. Sábanas

Un escalofrío avanza por sus muslos, en diez minutos saldrá de su despacho y le dirá a su asistente que esa tarde, como cada jueves, no estará localizable. Recorrerá con su coche los escasos cinco quilómetros de distancia hasta el hotel de siempre. Ella le estará esperando, con su correspondiente escalofrío, él le arrancará la ropa interior, no podrá aguantar más, ella se lo recriminará. Acariciará su cuerpo y notará cómo se le eriza cada poro de su piel con la excitación de saberse deseado, follarán. Apoyará su cabeza extenuado en la almohada de hotel, con olor a lavandería profesional y falso perfume de hogar. Llegará a casa, el olor allí será el de cena recién hecha, niños bañados, ropa planchada. Se encontrará a su mujer ataviada con su ropa más vieja y cómoda, le sonreirá, pero no le mirará. Cenarán en silencio, tras un breve cómo te ha ido el día y un aún más breve, bien. Algo le extrañará. La sonrisa de su mujer será diferente, llevará el pelo suelto, estará guapa, y lo que él no sabrá es que ella también evocará el olor de unas sábanas, de otra habitación, de otro hotel, igual de blancas.

26-Teclas blancas

Ahí estaba el instrumento; tal como lo había dejado hace unos meses, las teclas blancas habían permitido que se posase una fina capa de polvo que no se dignaba a quitar de encima. Cerca del instrumento estaba el joven músico, tumbado en la cama y con la cabeza colgando por el borde del colchón en dirección a lo que hace poco era un escape del agobio que le producía el día a día.
El joven se quedó mirando una vez más, parecía que estaba esperando que el ahora inmóvil objeto le diese una respuesta a la pregunta que nunca se había hecho. Había tomado la decisión de apartarse de la música tras los malos tiempos que había vivido; pensaba que para lo poco que le reportaba la actividad, no valía la pena todo el dolor y el malestar por el que había pasado. O puede que hubiese perdido su confianza en sí mismo.
Decidido; se levantó de la cama, caminó los pocos metros hasta el instrumento, lo cerró… pensando si algún día volvería a tocarlo.

25. CONFESIÓN. (J.A. Iglesias)

Lo confieso, todos mis poemas de amor son un plagio. Una copia exacta, letra a letra, palabras, comas y puntos. Te confieso que son solo tuyos.

Tu transformas por la noche una caricia en verso, cada beso en soneto. La prosa de tu aliento en mi cuello e insinuante en mi oído. El nervioso revolotear de pestañas como rojizas mariposas sobre tus ojos caramelo.

La rima de mis silencios con la sinfonía de tus gemidos. Estrofas marcadas sobre el pliego de mi cuerpo con la pluma de tus nerviosos dedos. Acaso también temblorosos los míos, exploran sinuosamente las curvas de tu talle.

El excelso ritmo de tus movimientos, tal que fuera el pasar armónico del tiempo. Afín la excelencia métrica de posturas estéticas. Sobre mis inmerecidos deseos tu física cósmica.

En tu imagen dormida, con una inconsciente sonrisa, recreándome insomne al fin me duermo. Cada mañana al despertar, todos tus versos transcritos en mi piel traduzco al punto; Una copia exacta, letra a letra, palabras, comas y puntos, plagio negro sobre blanco.

24. Cuando lo blanco no es blanco

Allí donde la luz brilla más la sombra es más negra

                       (Goethe)

 

Decía mamá que la verdad era blanca, pero no siempre, porque en cualquier momento podían venir los señorones a cambiar el color. Los señorones y sus parientes eran los amos de las mentiras y de las verdades en Machala. Su madre lo sabía y, desde muy pronto, la animó a buscar una tierra en la que nadie fuese el amo de sus miserias. Con ese fin había escapado María Fernanda de su país para arribar a España, la tierra de la camisa blanca y de la esperanza. La joven ecuatoriana encontró pronto una nueva vida y trabajo.  En esos primeros y felices años noventa España lucía bien, con todas sus camisas blancas en las ventanas. Pero las palabras de mamá se cumplían en todas partes. Los señorones, aunque ocultos bajo mil disfraces, estaban siempre al acecho para fundar su imperio sobre el sudor del pobre y convertir  en negras todas las verdades.

23. Recuerdos en blanco y negro (Javier Igarreta)

“No intentes ordenar el caos que bulle en tu mente, déjala en blanco y después que fluya libre. Si embridas firmemente a tu caballo, quizás consigas que trote al compás de la lógica, pero a costa del vértigo de lo inesperado”. Fueron las enigmáticas palabras que deslizó “El Orejas” debajo mi puerta, antes de largarse. Después, un fundido en negro de cincuenta años. Nunca supe nada de él. Apenas algún rumor. Hasta ayer. Una llamada anónima me comunicó su fallecimiento.  Por más que lo intenté, no conseguí identificar la llamada. Me subyugó el misterioso matiz de aquella voz, incolora, casi blanca. Y, no sin cierto repelús, me remonté a los años sesenta. Éramos jóvenes y compensábamos los días sin blanca con noches de blanco satén. Entonces nadie  hablaba del bullying, pero siempre encontrábamos alguien propicio para blanco de nuestras “bromas”. Y al “Orejas” le tocó. Un poco por lo evidente de su mote y un mucho por envidia. Nunca pudimos soportar que, pese a su peculiar aspecto, “El Orejas” conquistara a la dulce Jane. Todavía recuerdo aquellos ojos azules y su blanca palidez.

22. TIEMPO DE VERANO

Contemplo el espectáculo de los aspersores regando el jardín. Escucho su ritmo y sus variaciones. Sigo la trayectoria de uno de los chorros que pasa scherzando sobre el césped, luego golpetea sincopado la corteza de los pinos, se transforma en barrido de escobillas sobre la piscina y termina en un crescendo de timbales sobre las grandes hojas de bananos para después retomar d’accapo mientras los otros regadores le hacen contrapunto, cada cual con su propia partitura.

Es un atardecer veraniego, ese momento ideal para disfrutar de una paz sin atenuantes, siendo protagonista de un relato en el que no sucede nada.

Más tarde llegarán el champagne casi helado y una pizza sublime de bordes crocantes, mientras del equipo de audio emergerá eufórico Queen  invadiéndolo todo con su arrolladora potencia.

Sé que después, una vez más, quedaré en penumbras con los ojos cautivos de las oscilantes barras del ecualizador, navegando entre neblinas de alcohol, sin que nada ni nadie ose perturbarme.

Y me sentiré bien, sin trabajos que hacer ni obligaciones que cumplir, porque lo que había que hacer está hecho, porque mi mujer se encuentra, por fin, silenciosa y marmórea en el congelador.  Casi tan blanca como el aparato.

21. CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

Los esquimales son capaces de diferenciar más de treinta tonalidades de blanco. Lo he leído en un artículo sobre los inuit. Esta habilidad es vital para ellos; les ayuda a distinguir las placas de hielo demasiado fino, a encontrar el camino de regreso y a divisar una tormenta de nieve a kilómetros.

Tiene sentido, a mí me está empezando a pasar. He aprendido a interpretar el grado de blancura de tus camisas. Da igual lo que digas, pero yo sé perfectamente si vienes del trabajo o si no has dormido en casa.

A veces saco fuerzas para levantarme y me examino en el espejo del baño en busca de alguna cana, intrigada por comprobar si es verdad que no se caen cuando se pierde el resto del cabello.

No te rías, pero esta mañana he adivinado la cifra exacta de leucocitos de la analítica estudiando el color de mi piel, comparándolo con las sábanas y con el líquido lechoso que me meten por el brazo. El médico tampoco daba crédito.

20. Compostura

COMPOSTURA
Abandónate, le dijo. Déjate.
Que te inunde la desidia, que te gane la indiferencia.
Olvida quien eres, lo que eres. Olvida tu nombre.
Permite que el conocimiento de tu propia existencia deje su reino vacante.
No te opongas.
Abandónate, le dijo.
Que la brisa limpie el polvo que te cubre. No sientas la brisa.
Cierra los ojos. Apaga la luz de la casa. Apaga la luz del día.
Ignora también la oscuridad. Que no haya día ni noche.
Prescinde del tiempo, de las rotaciones.
Abandónate, le dijo.
No escuches, no atiendas.
Que no te contaminen sonidos ni silencios.
No te resistas, tampoco te rindas.
Solo existe. Vive.
Abandónate, le dijo.

Y lo hizo. Se desprendió de su arquitectura.
Se sacudió el cuerpo. Se quitó la piel.
Paso a paso fue creando su camino.
Abandóname, le dijo, mientras vestía de besos su blanca desnudez.

19. Setenta y tres segundos

Setenta y tres segundos fue el tiempo que tardó en desintegrarse el transbordador espacial Challenger el veintiocho de enero del ochenta y seis. La culpable fue una junta tórica en su cohete acelerador que permitió que el gas del motor saliera al exterior.

Fue el tiempo que tardé en poner la lavadora, descuidando la vigilancia de nuestro pequeño, ese día.

Pienso qué sentirían los técnicos del Challenger, incapaces de prever la catástrofe que se cobró siete vidas.

Me gustaría poder volver a ese momento. Retroceder esos setenta y tres segundos. Aplazar la colada. Verte salir con el coche del garaje mientras espero con la mano de nuestro hijo bien sujeta a la mía y, puestos a pedir, que los responsables del despegue del cohete suspendieran la operación.

Me pregunto si desde ese día también ellos pasan las noches en blanco.

18. ENCERRADOS

Poner los ojos en blanco era nuestro juego favorito. Cada vez que nuestro padre nos reñía, los tres lo hacíamos.  Rebeldía y desprecio eran, a partes iguales, nuestras principales motivaciones. Padre, harto ya de tantas tonterías, había optado por darnos un cachete a cada uno cada vez que lo hacíamos. Aquel día la bofetada había sido más fuerte de lo habitual y nos dejó encerrados en la habitación. Me abracé a Luis temblando y miré a Juan que permanecía inmóvil con los ojos en blanco. Empezamos a zarandearle diciéndole que dejara de jugar Estábamos convencidos de que nos quería tomar el pelo, y decidimos esperar a ver quién aguantaba más. Sabíamos que volvería. Nos equivocamos.

17. ANGEL (Cani Vidal)

Era el blanco de todas las burlas en su escuela.

Pensó en su madre antes de tirarse.

Tan joven era, tan inocente, que su final no fue un fundido en negro, fue en el más luminoso y brillante de todos los blancos.

16. MIGRANTES (Carmen Cano)

Se había desatado una guerra en las ciudades que ahora estaban destruyendo.

Por suerte, fueron rescatados y huían en busca de nuevas tierras. Pero la desgracia persiguió al padre de familia: su esposa quedó petrificada al ver arrasada su ciudad, sus dos hijas lo embriagaron para yacer con él y encima la comida estaba sosa. Edith se había quedado con toda la sal.

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