Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

34. MAÑANITA

Las calles amanecieron rellenas de algodón. Nos aventuramos en aquella espesura con pasos ciegos, expuestos a obstáculos desconocidos. Mis bastones actuaban de vanguardia; vacilaba, al menos no tropezaba. Los vehículos circulaban despacio, pero sin referencias chocaban entre sí. Se oían voces, amenazas, golpes. Muy cerca, un coche invadió la acera. Después, un grito. Quedé paralizada en medio del desastre, la nada era mi apoyo. No recuerdo si el tiempo existió o lo imaginé. Cuando poco a poco se adivinaron formas y colores, el caos había tomado las calles. Aún así, nos quedó una tarde de paseo la mar de bonita. 

33. Caótico patrón

No encuentro las llaves, siempre las dejo en la caja del correo donde las cartas, propaganda, cuentas de la compra, lapiceros y clips las abrigan.

Durante un buen rato revuelvo por toda la casa sin encontrarlas. Voy a la silla donde tengo toda la ropa amontonada a medio uso, miro en los bolsillos de los pantalones, nada. Voy a la lavadora, metí la sudadera manchada; tampoco están en las faltriqueras.

Camino hacia el garaje, tengo el coche preparado para salir, pero nada. El último sitio donde las recuerdo es sobre la encimera de las herramientas, cuando limpié el martillo, junto a la cuerda y el cuchillo. Suena el timbre de la puerta. Es la vecina, esa vieja chismosa, será la siguiente en mi lista improvisada de candidatos.

—¡Buenos días! Creo que alguien se ha dejado las llaves en el buzón —expone poniendo el llavín frente a mi cara

—Gracias ¡Qué cabeza la mía! Luego me pasaré con un dulce para compensarla.

Cierro la puerta con apremio, voy al coche y salgo a toda prisa. Me dirijo a mi lugar favorito, recóndito, donde descansar en paz.

Allí, me bajo, abro el maletero, me rasco la cabeza y pienso en dónde enterrar a mi última víctima. No sé en que lugar está la anterior. Comienzo a hacer el agujero y, en efecto, está ocupado, creo que fue el ejecutivo que apuñalé en mayo. Tengo que idear un patrón para recordar donde inhumano a mis ejecutados o buscar otro lugar escondido, aquí ya empiezan a faltar hoyos.

32. Tonina y Mina

Mina busca desesperadamente las gafas debajo de los cojines cuando una montaña de ropa, que juró doblar hace días, se precipita al suelo. Aparta con un pie las cajas de pizzas a la vez que intenta ponerse las deportivas, revisa el móvil y busca las llaves debajo de la mesa.

—¡Tonina! —grita muy nerviosa— que llegamos tarde a clase de burpees.

—Cariño, ¿qué estás buscando? —le pregunta su compañera de piso que aparece en pijama llevando una taza de té humeante entre sus manos—, porque las gafas están en tu cabeza, las llaves las tienes en la mano y la clase es mañana.

—¿En serio? ¿Vas a quedarte ahí existiendo como un mueble más de la casa? —contesta Mina con las pupilas dilatadas por el estrés.

Esa tranquilidad de su amiga es lo que la pone en modo: ¡Alerta Máxima!

Tonina sentándose en el único rincón del sofá que está libre de trastos, desplaza un poco sus pies para dejarle un hueco a su inquieta compañera de piso. La invita a sentarse.

Sabe que no durará más de unos segundos. No tardará en llamar a su primo Cortisol, Corti para los amigos. Entre los dos pueden liarla parda.

31. LOS TRASTOLILLOS

Virtudes siempre ha sido amante del orden y así lo dispone en su casa. Cuando sale, tiene la costumbre de volver sobre sus pasos para comprobar que no quede ninguna luz encendida o que haya desenchufado la plancha o apagado los fuegos de la cocina, así puede marchar tranquila. Pero, a pesar de su esmero por tener cada cosa en su sitio, los trastolillos esconden sus gafas de leer, sacan libros de la estantería o guardan su labor de ganchillo en la nevera -le cuenta al doctor, que la escucha con una sonrisa. Virtudes se pregunta de qué forma las pastillas que le ha recetado consiguen hacer desaparecer a los trastolillos ¿Quién comprende los misterios de la ciencia? El caso es que se había acostumbrado a esos pícaros duendes que parecían querer jugar con ella, a ese desorden mínimo que la obligaba a buscar por los rincones como cuando era niña. Así que ha decidido dejar la medicación y colocar a la vista una caja de bombones para atraerlos de nuevo. Ya se han comido tres.

30. Antropía

Cansado de cabalgar la noche de garito en garito, destrozando mi vida entre copas y peleas, decidí dar el paso de la rectitud y la introspección ingresando en una orden monacal de lo más reputada.

Allí el caos me atacó de nuevo, descubriendo que la mayor parte de los hermanos dudaban de la existencia de un dios vigilante y organizador. Solo estaban metidos en aquello como modus vivendi, esquivando cuando podían las estrictas normas de la orden.

Comprendí así que el propio desorden es el motor de todo lo humano, agradecí la acogida de los monjes y me despedí de ellos para montar un puticlub en Barcelona y dedicarme al menudeo de drogas.

Desde entonces, mi vida va como la seda. Voy y vengo sin plan, tomo decisiones según el humor con el que me levante y meto mierda en todas las relaciones que puedo.

Gracias a esto recibo grandes halagos y soy fruto de admiración y respeto, lo cual me anima cada vez más a meterme en política.

29. AQUÍ, EL (DES)ORDEN ES LA NORMA (Mariángeles Abelli Bonardi)

Como armario que soy, (des)espero. Un (des)concierto textil me domina. Puertas (entre)abiertas, cajones (des)armados, destilo (des)confianza. (Des)lucida, así se ve mi madera. Miles de medias, ropa (des)cosida… (Des)mitificar el (des)orden (no) es fácil. (Des)motivado, (des)atendido, (in)útil, me siento (in)completo. La (des)gracia se apodera de mí. Desmedida, obsesiva acumuladora, seré siempre tuyo.

28. DESORDEN (Fuera de concurso)

Te afeitas, te levantas y, solo después, despiertas. Te peinas y apagas el despertador. Sales hacia el trabajo, luego te vistes, pones la tostadora y te duchas.
Caes en lo desordenado que ha amanecido el día cuando, al bajar al garaje por la rampa, eres atropellado por tu propio coche, mientras tú vas conduciendo.

27. DAME UN RESPIRO (Ana María Abad)

Una gorra de béisbol, restos de comida, ropas tiradas por el suelo y un chicle pegado en el borde de la mesita de café eran los únicos indicios que me había dejado de su presencia.

Con un mohín de resignación, procedí a limpiar y ordenar aquel desaguisado hasta que el apartamento volvió a tener una apariencia de normalidad, y me fui a la cama. Pero sabía de sobra que, a la mañana siguiente, todo volvería a estar exactamente igual: la misma gorra dejada al descuido en el taburete de la entrada, la caja de pizza a medio comer y los vasos de cerveza sin terminar sobre la mesa de la cocina, su traje y mi vestido formando hilera entre la puerta del salón y el sofá, y aquel chicle de menta que se sacó de la boca justo antes del infarto.

Llevamos así dos meses largos y ya no puedo más: mañana mismo me compro una ouija, a ver si le convenzo de que pase una temporada alborotándole la casa a su madre, que siempre anda protestando de que le echa mucho de menos.

26. Teoría

Siempre me había parecido fascinante la caja de la costura, sus bobinas deshechas y embrolladas, los recortes de puntillas de encaje, botones de todos los tamaños y colores, el acerico lleno de alfileres… hasta que un día caí dentro… no preguntéis cómo, pero sucedió, y entonces me vi en una situación terrible y complicada. Aquella maraña de texturas se convirtió en una trampa, en una jungla espesa y agobiante de la que no podía salir, era yo sola ante semejante embrollo. No me paré a pensar, no quise saber cómo había llegado hasta allí, busqué la cinta métrica, que era lo que necesitaba, tiré de ella, como quien extiende una hermosa alfombra, la agarré con fuerza y salí. Cerré los ojos, cerré la caja y al día siguiente me enfrenté a lo que era inevitable si no quería sucumbir al desastre, volqué todo el contenido sobre la mesa, recorté nudos, enrollé los hilos en cada bobina, metí los botones en bolsitas… vamos, que lo que era selva lo convertí en oasis… y en ese instante descubrí, con mucho gusto, que era absolutamente posible poner en orden el caos.

25. YO PRÓFUGO (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Un taxi de Tremp me dejó ante la barrera del campamento militar del Talarn. Eran las tres de la madrugada, miércoles 4 de agosto de 1971. No lo sabía, pero había sido declarado prófugo.

Sí, claro que me presenté el sábado, según norma, a la guardia civil en la Salve de Bilbao para dar pruebas del fallecimiento de mi padre. No me atendieron. Los tres asesinatos, atribuidos a ETA hasta esa fecha, ocupaban la atención de la benemérita.

El jueves anterior los altavoces del campamento me reclamaron. El telegrama era escueto: “TU PADRE MAL, VEN”. Al día siguiente tomé el descacharrado autobús que llevaba directamente a Bilbao a los reclutas para el fin de semana.

Un fulminante ictus había terminado con la vida de mi padre a sus 49 años. Lo enterramos en Orejo.

Un camión de gallinas al matadero se ofreció a llevarme el martes hasta Mollerusa. La policía nacional hurgó pruebas en casa de mi asustada madre.

El jueves, mil reclutas en ropa de gimnasia formábamos en la esplanada cuando desde el altavoz escuché mi nombre. Me presenté. No pasó nada. El rompan filas desencadenó un desorden en el que sentí profunda soledad. Mi capitán dejó de hablarme.

24. El mensaje de mamá

Y llegó un momento en el que ya no pude más, así que, sin dramas, busqué el lugar adecuado para despedirme.

Escarbé en mi enloquecida mente y comencé una labor de desbrozo entre los recuerdos de mi padre matando a mi madre, de las casas de acogida, de las detenciones, de los abusos… No fue tarea fácil, para qué engañarte, pero de pronto algo se asomó tenue y frágil como una rara flor y, en consecuencia, me agarré a ello. Tan sólo fue una estancia fugaz en un enmarañado bosque, pero muy real. Te cuento: imagina el esqueleto de un gigantesco árbol. Yo sentado delante. Bebiendo, tal vez durmiendo… Cuando desperté, un millar de luces navegaban ante mí creando universos oníricos. Pensé que alucinaba, pero Pablo rio y exclamó divertido que eran luciérnagas.

Por eso estoy aquí. Para volver a verlas y llevarme esa imagen al ultramundo.

La noche cae y los mágicos insectos comienzan su danza. La pistola pesa, enfría mi mano, y yo sonrío.

Los bichos siguen con su espectáculo lumínico. Se encienden y apagan sin patrón aparente. Hasta que algo sucede de pronto. Se están coordinando. Rompen el desorden configurando una única y luminosa frase: continúa, hijo.

23. Infidelidad

Hoy se cumplen dos meses de la fatídica noche en la que Dedos reunieron el valor para desbloquear el maldito móvil. En un abrir y cerrar nuestro, la pequeña grieta que había nacido en Confianza se extendió a toda velocidad y terminó de resquebrajarla, reduciéndola a un triste y vacío montón de añicos. Corazón se declaró en huelga y desde entonces solo bombea en piloto automático, aunque se activa ligeramente cuando Cerebro, estresado por ser el único al mando, localiza una peli romántica en la tele. Pulmones tienen agujetas de suspirar a todas horas y nosotros sufrimos repentinas inundaciones que opacan nuestro habitual brillo. Oídos nos repiten una y otra vez que es cuestión de tiempo, que todos volveremos a funcionar a la perfección, pero nos cuesta creerles. Y menos hoy, que acabamos de detectar un nuevo estropicio: el causado por Estómago a Abdomen y Glúteos debido a los intempestivos atracones de chocolate y helado.

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