Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

2019 ENTCOLORES

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color rosa

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Este verano te ofrecemos la posibilidad de participar con un "relato rosa" y el reto de encontrar una propuesta para el ENTCerrado...
días
2
6
horas
2
3
minutos
0
9
Segundos
0
2
Esta convocatoria finalizará el próximo
17 de septiembre

Relatos

51. Rosa ajado (Edita)

 

He crecido, y el rosa bebé de mi piel, que tanto le gustaba, desapareció. Por eso debe acariciarme o darme palmaditas y pellizcos; para recuperar el color perdido, según dice. A veces me desnuda a ver si mejoro. No creo que sirvan de nada sus experimentos, pero callo por no disgustarlo.

Hace una semana o así, me hizo chupar una cosa con los ojos cerrados. Era el remedio definitivo, por lo visto. Aquello no me gustó y se lo conté a mamá cuando volvió del trabajo. La cara que puso asustaba mucho. Después de abrazarme con fuerza, se fue pasillo adelante llamando a gritos al abuelo.

Desde entonces, no vive con nosotros ni he vuelto a verlo. Si pregunto por él, se ponen todos tristes y dicen que lo olvide. Yo pienso que le ha pasado algo al pobre, y me lo ocultan porque soy pequeña.

 

50 Niños libres

Mis padres presumían de educarme en la igualdad y en la libertad. Es por eso que, a pesar de ser niña, no quisieron imponerme el color rosa en la ropa, en las mochilas, en los juguetes y en todo lo demás. Fruncían el ceño si pedía algo rosa. «¿No te gusta el azul?», preguntaban. Si respondía afirmativamente, sonreían. Este color se convirtió en mi color: ropa, mochilas, juguetes y todo lo demás. «Recuerda que eres libre: puedes elegir el color que quieras», repetían una y otra vez. En el colegio, me conocían como «la Pitufa»

Ahora tengo un hijo, un niño. Quiero que sea libre, ajeno a la dictadura de los estereotipos. Por eso, le digo que no tiene la obligación de elegir el color azul para sus cosas. «¿Y no te gusta el rosa?», le pregunto. Si responde que sí, sonrío.

49 Del ocaso al amanecer (Juana Mª Igarreta)

Hoy han vuelto a la casita de la playa. Las horas han pasado y, como olas en el mar del tiempo, han ido lamiendo las heridas y redondeando las cortantes aristas de la tristeza.

Mientras Nicolás se encarga del equipaje, Julia abre cortinas y ventanas, dando paso a la tenue luz del atardecer. Al contemplar el rosado horizonte, una sensación agridulce se adueña de ella; sabe que el día más luminoso puede ser absorbido por el vértigo de un aciago instante.

A la mañana siguiente, mientras el columpio mece su vacío, Nicolás contempla la piscina; para disipar la sombra que ha anidado en su fondo, necesitará mucha pintura y la luz de muchos soles.
Bajo el frondoso sauce, testigo callado de péndulas hojas, Julia teje con hebras de renovada esperanza una chaquetita de suave perlé rosa.

48. Balancines rosas

Balancines rosas

Julia se apoltronó en su sofá francés y lanzó los zapatos de marca al aire, que fueron a estrellarse contra la pared.
Nunca se aburría y era feliz, aunque a veces, tenía pequeños remordimientos y creía que alguna enfermedad acabaría con su bienestar.
Una vez a la semana se sentaba en un banco del parque a charlar con los abuelos, que cuidaban de sus nietos. Necesitaba dosis de realidad y de conocimiento de otros mundos alejados del suyo, para no perderse entre paredes de color rosa.
Agradecía, a diario, este regalo de la vida e intentaba comprender a las personas que sufrían.
Colocó la taza de café sobre el mantel de lino (amaba los objetos bonitos) y abrió el periódico por las páginas internacionales.
“El muro entre Estados Unidos y México seguía su curso”. Niños separados de sus padres.
En medio de tanto dolor, un respiro.
Una empresa privada americana había construido varios columpios, color rosa, que colocó en medio del muro. Un lado del balancín se sustentaba en ciudad Juárez( México) y el otro, en tierra americana. Padres y niños olvidaban su tragedia y, por unos instantes, sonreían.
.-Capacidad del ser humano para sobrevivir en  circunstancias difíciles.

47.- El chicle (Adrián Pérez Avendaño)

De su boca ha comenzado a salir una pequeña pompa rosa que, sin embargo, a cada soplido, va haciéndose más grande y traslúcida. Sopla como quien respira y, aunque apenas puede verlo, la elástica esfera rosada va atrapando todo lo que tiene delante: su móvil casi sin batería, la bicicleta de su hermana, el cerezo en flor, la casa con corral de sus abuelos, la piscina del pueblo atestada de niños, la iglesia románica, kilómetros y kilómetros de vías de tren abandonadas… Y todo por puro aburrimiento, por no tirar el chicle, que, desde hace un rato, ya no sabe a nada.

 

 

46 El laboratorio de color

Los Reyes le habían traído un ” Laboratorio del color” . Ángel estaba radiante, quería experimentar y obtener  “todos los colores del mundo” . Cuando mamá entró en la cocina, casi se desmaya!

Ángel vas a llevarlo a casa de los abuelos, así, como la abuela tiene pinturas podrá darte las que quieras.

Ángel aceptó entusiasmado, pensó que a la abuela le encantaría. Enseguida cogió la enorme caja y dijo:

-Vamos!

Allí la instaló encima de la lavadora, era el sitio ideal, tenía un grifo al lado.

La abuela observó la alegría que irradiaba, pero a la vez  veía horrorizada lo que se le venía encima!

– Mira, voy a hacer todas las mezclas utilizando el rosa magenta como base,  si quiero aclararlo le echo un poquito blanco, y … si quiero echarle amarillo…. Ya está: rosa salmón!

– Cuánto sabes Ángel!

– Es que he leído las instrucciones!

– Y para qué los vas a usar?

Ángel, se quedó quieto…..no lo había pensado….-

-Voy a hacer arena de colores!, Y plasti de colores! Y haré una selva con animales y plantas!

-Eres un fenómeno Ángel! Me puedes enseñar?

– Claro abuela! Es muy fácil!

Pero, ay! Cómo estaba quedando la cocina, miró horrorizada la abuela.

 

 

45. ESTACIONES PREMATURAS ( BELÉN MATEOS)

Ella se vestía de rosa, se revestía de un tono sonrosado para no desentonar con su piel abierta a la herida.

Ella era todo, ella era nada, ella era esa ofrenda al pecado, una alfombra salpicada de tropiezo, caída, axioma en la hondura de su vientre.

El último invierno recogió la cosecha descosida de sexo. En la primavera despertó el agua del manantial habitado en su pecho. En el verano arrastró su deseo húmedo de arena. Al llegar el otoño se adentró en los asustadizos pájaros que se escapaban en la arista de su abdomen.

Así era ella, excitación en sus andares, rocío prematuro, labios excéntricos, pálpito en su espasmo.Una estación para cada uno de nuestros sentidos. Una espera a la vida.

Ayer hizo tres años de su gestación vomitada en llanto, de un parto de nueve minutos, de una oscuridad teñida de sangre.

Hoy el color rosa lo ponen nuestras flores. Ellas habitan en un jarrón al lado de su nombre.

 

44. Un man de pura ley (María Rojas)

Un hombre, bajito él, se encasquetó el sombrero y se dispuso a realizar un viaje a su pueblo. En cuanto el sombrero tocó su cabeza, el encéfalo del hombre bajito se vistió de rosa y puso al hombre bajito a pensar incongruencias rosáceas.
Al final de la tarde, el hombre bajito, entrapado de incongruencias, se desencasquetó el sombrero recuperando su discreción y color.
Sin embargo, el encéfalo del hombre bajito, lo obligó a encasquetarse de nuevo el sombrero y salir a la calle, a luchar por su identidad rosácea como un man de pura ley.

43 La plaga

Una mañana el río apareció de color rosa. Las orillas se llenaron de curiosos que querían ver el extraño fenómeno; peces de vivos colores nadaban indiferentes al inusitado interés. Un científico llegado de la capital dijo que la coloración rosa del agua se debía a unas bacterias desconocidas. Pronto algunos prohombres locales pensaron en explotar el hecho insólito. Se construyó un gran hotel, tiendas de recuerdos, cantinas, y se levantaron en las márgenes del río unas casitas con techo de zinc para los trabajadores. En el trajín de la prosperidad casi nadie se dio cuenta de que apenas se veían peces. Algunos líderes ambientalistas protestaban, pero morían en extrañas circunstancias o en balaceras de madrugada. El rumor de la prosperidad a orillas del río rosa se extendió por todo el país y atrajo a toda clase de forasteros, buscadores de fortuna, parranderos, tullidos en busca de sanación, mercachifles; una fiebre del oro que se instalaba en barrios improvisados de los que surgían pestilentes afluentes de mierda hacia el río. El agua se volvió gris, ya sin rastro de vida, pero a nadie pareció importarle, porque el pueblo había dejado atrás su atraso de siglos y había alcanzado el progreso.

42 Ayer y hoy de una página en rosa

En verano las revistas suelen  ir acompañadas de “souvenirs” propios de la estación; hoy he comprado una , y esta vez el complemento era un libro, una novela romántica que se deja leer fácilmente al rumor de las olas, mientras sentada en mi hamaca me mojo los pies en la orilla.

Recuerdo que hace muchos años, siendo una niña mi madre me enviaba al quiosco a intercambiar (por un módico precio)  novelitas de Corin Tellado. Ella que no sabía escribir correctamente y se definía a sí misma como analfabeta porque no tuvo la oportunidad de aprender,  solía leer en la cama  y se bebía los títulos de esta prolífica autora de género rosa.

Con apenas cuatro años  empecé a interpretar las letras y desde entonces leía todo lo que pillaba; un verano de mi pre-adolescencia , también yo devoré esas novelitas con fruición, identificándome con la mujer protagonista  y anhelando a ese “atractivo pero enigmático hombre” que iba a ser el amor de mi vida.

Muchos años después, inmersa en la lectura de esta novela rosa, mi imaginación vuela en busca de ese amor que  despierta mariposas en la barriga…. y está sentado en una hamaca a mi lado.

41. DOS CORAZONES

El último tsunami que asoló el pueblo dejó la plaza sembrada de caracolas, un tridente oxidado y un viejo lobo de mar con un parche en el ojo y un corazón tatuado a la altura del suyo. Pronto nos hicimos adictos a sus historias de batallas sangrientas, piratería y abordajes imposibles. Pero el viejo, que aseguraba tener cientos de amaneceres, se apagaba día a día al tiempo que sus historias trepidantes y cargadas de aventuras se iban edulcorando hasta convertirse en anodinos cuentos rosas. La última que nos contó hablaba de un amor imposible y le llenó los ojos de lágrimas, igualándolo con los demás viejos que lloran sus recuerdos. Perdió nuestro interés y desapareció. En su lugar hallamos un corazón viejo y descolorido, casi rosa.

40 Fluido rosa (Pablo Núñez)

Siempre que lee las esquelas del periódico y reconoce un nombre, atisba de soslayo en el calendario que el último capítulo de su vida, o la última página, está cada vez más cerca. Le embarga entonces una zozobra similar a la que surge a la vuelta de unas vacaciones. Desearía rebobinar el tiempo, volver a su infancia, cuando la vejez era algo abstracto, incierto. Sin embargo, a pesar de los nubarrones que flotan en su cabeza, todo lo sigue viendo de color de rosa; tan rosa como el humo que salía del crematorio en el momento en que el cuerpo de Sara se transformaba en ceniza. Sus amigos se sorprendieron de tal circunstancia, pero él no. Había metido en el ataúd los discos de su grupo favorito para que los pudiera escuchar en su nuevo hogar, sin duda en el lado oscuro de la luna. 
Nota que sus ojos se humedecen, señal de que debe arrinconar los desvaríos que lo llenan de angustia. Espanta sus pensamientos sacudiendo la cabeza, pone un vinilo en el tocadiscos, se asoma a la ventana y mira al infinito con los ojos cerrados, mientras comienzan a envolverle los primeros acordes de Wish You Were Here.
1 2 3 808