Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

EL VESTIDO Y LA MODA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el tema que te proponemos

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Bienvenid@s a ENTC 2020 En este momento podemos ofrecerte la posibilidad de participar con un relato que esté inspirado en "EL VESTIDO Y LA MODA" ... Bienvenid@
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5 DE JUNIO

Relatos

70. DESNUDA (Concha García Ros)

No sé cuándo soy menos yo:  si al ponerme esos vestidos imposibles que aprietan por todos lados y resultan ridículos hasta en la pasarela o al dejármelos quitar por el baboso de turno que me promete llevarme a lo más alto.

Pero ahora, desnuda frente al espejo, no puedo esconderme más. Mañana vuelvo a casa.

69. Mujer florero (Alberto Jesús Vargas)

Era una Venus surgida de las aguas de un barrio obrero. Antes de ser capaz de reconocerse en el espejo, todos le alababan su carita de ángel, sus ojos de cielo y la dorada gracia de su pelito ondulado. Pensó pues que ejercer de guapa podría abrirle más puertas que los libros de texto.  Amante de la moda y sus brillos, aspirante a modelo y creyéndose actriz, se instaló en la capital del reino. Pronto comprendió que para ser mera figurante en un anuncio de lencería o azafata de concurso mañanero, debía bucear bajo demasiadas mesas de despacho. Por eso, cuando aquel hombre opaco de turbios negocios le ofreció ser la guinda de su ostentosa vida, aceptó el papel de mujer florero que finge ignorar la ciénaga sobre la que se alza su torre de marfil. Pero al descubrir que lujo y felicidad no son sinónimos, quiso tapar el abismo maltratando su figura con bombones y bourbon. Así llegó al momento que hizo temblar su lugar en el mundo, aquel en que su marido, al verla estrenar el vestido amarillo y carísimo elegido para su cena de aniversario, le espetó, con gesto de desaprobación, que estaba empezando a engordar.

68. COMITÉ DE CUENTAS PENDIENTES (Virtudes Torres)

Los comunitarios van aproximándose. Es una especie de desfile en una improvisada pasarela, sin presentador, sin orquesta, sin el glamour que precede los grandes acontecimientos.

Cada vecino tiene una petición, queja o reclamo y muy pocos expresan agradecimientos.

Tras la lectura del acta toman la palabra los que llevan más tiempo en la comunidad. Un anciano exige su pipa pues no cree que el tabaco pueda afectar a sus pulmones ya que lleva mucho tiempo sin toser.

Una mujer que ha perdido algún kilo reclama su ropa vaquera y las minifaldas que sus hijos y esposo han donado al ropero solidario. Elvis, un motero que llegó hace poco, no entiende cómo le han negado la posibilidad de lucir sus chaquetas de flecos.

Es el turno de la chica vestida de novia, su cara es una gama de morados y rojos. Se queja de ir vestida así, pues esa fue la peor decisión que tomó en su vida.

Acaba la reunión con el propósito de fastidiar a los que tomaron esas resoluciones.

La luna se esconde entre las nubes, las sombras de los cipreses se alargan reptando por las paredes, quieren escapar del recinto.

Esta noche algunas almas saldrán con ellas.

67. Amor de madre

Dame, amor, besos sin cuento

Cristóbal de Castillejo

 

Pese a sus gruñidos de protesta y del abrazo con el que él trata de retenerla, la mujer se zafa de los besos y las sábanas en las que están enredados cuando oye llorar desde su cuarto a su hijo recién acostado. Le pide por favor que espere un minuto, que no diga ni haga nada para que el niño se quede tranquilo, y le jura que enseguida volverá a estar entre sus brazos.

El pequeño, en su habitación, le cuenta que ha tenido la misma pesadilla que lo despierta casi todas las noches; ella lo consuela, le acaricia las mejillas y le dice que no se preocupe ni se ponga nervioso, que no le va a pasar nada, que haría cualquier cosa, cualquier cosa, para protegerlo. Antes de irse lo besa, y entonces al niño, por un instante, le parece advertir, en el aliento de su madre, e impregnado en el camisón de encaje que ella siempre utiliza cuando él tiene miedo, el mismo olor fétido que también esa noche ha sentido debajo de la cama.

66. Belladona

Se levantó más temprano de lo habitual. Era su aniversario de boda y siempre le gustaba celebrarlo. Se cambió la bata de franela por un vestido de seda negro, el algodón por encaje, y las zapatillas de casa por tacones. Con un toque de maquillaje disimuló todo el despecho acumulado. Se sentía bien. Y, mientras él se iba despertando, le preparó su último café. Expreso y con doble azucarillo, tal y como se lo preparaba la nueva vecina.

65. Cuestión de gustos (Javier Puchades)

Mi negocio ha cambiado, pero he sabido adaptarme a los tiempos. Todo se reduce a una atención personalizada con cada cliente. Debo decidir cómo estará más elegante, si con una camisa oscura o clara. Qué traje será el correcto, si el pantalón le irá bien y hará juego con la chaqueta. Qué zapatos serán los más adecuados, marrones o negros. O si la corbata debe ser azul o fucsia. Saber escoger bien cada detalle es muy importante.

En ocasiones, surgen problemas, como por ejemplo hoy, que ha ocurrido algo inusual. Acompañando a D. Mariano, estaban presentes su mujer y su amante. Ambas querían imponer su criterio. Se han vivido momentos de tensión. Faltándose al respeto, casi han llegado a las manos.  Al final, han logrado un acuerdo. Para que no hubiese lugar a dudas, lo han plasmado por escrito. Luego, han dejado el documento sobre mi mesa. Para cumplir lo pactado me he dirigido al almacén a recoger la indumentaria elegida. A continuación, he entrado en el vestidor donde me esperaba D. Mariano. Entonces, lo he ataviado con pulcritud y esmero. Al acabar, he cerrado con cuidado, de nuevo, la tapa de su ataúd.

64. NO ME CORTO (Fernando Antolín Morales)

Solo era un descosido. Apenas un pespunte en falso. Nada más que un par de hilos sueltos, pero la costura cedía ligeramente a la altura de la cadera y podría dar lugar a alguna indeseada sorpresa durante la noche. Quedaban escasamente tres horas para la fiesta de graduación y la niña no podía llegar así. Tenía que cambiarse, aunque no fuese tan elegante. No existía otra opción.

Kristína entró deslumbrante por la puerta de la carpa con su traje de chaqueta. Se le notaba cómoda. Era ella misma, en su propia piel. Durante sus cinco años de estudio en aquel instituto centroeuropeo había visualizado ese momento con frecuencia. Exactamente así. «¿No ibas a venir con vestido?». «Cambio de planes». Se hizo un selfie con Paula y metió la mano en el bolsillo de la americana para guardar el móvil con sumo cuidado. No quería cortarse con el cúter que escondía dentro.

63. Agitar la miseria- Calamanda Nevado

Intento añadir tul rosa y  rojo al escote, pero dudo.  Quito el hilván,  los hilos flojos, plancho las costuras y antes de llegar a un callejón sin salida dejo  la prenda como está. Vuelvo a probármelo; puede  pasar por nuevo. Con este vestido rojo en otros tiempos   llamaba la atención paseando de esquina en esquina; unos parpadeos, apenas imperceptibles, me  creaban clientes. Sabía  que    mi juventud no era inagotable, “intolerantemente breve”, decía  mi madre con infinita picardía, y me dejé   amar de muchas formas, y a la vez.  Me contaron las historias de cada casa. Cerraba la mente y miraba al techo; incluso  toqué la armónica para no sentir el peso de otro ni sus aullidos de lobo apurando hasta el fondo.

A veces   las amigas   actualizábamos el vestuario pasado de moda intercambiando ideas.  Así  comencé a bocetar  en tela muñecotes y caligrafías y   estamparlas en   la ropa. Idee  caras de animales para zapatos  y zapatillas  de niños y  llegaron los primeros encargos, y más y más pedidos. Encordé paquetes y envié infinidad de bultos por el mundo. Ahora que  empiezo a levantar cabeza   un antiguo cliente me denuncia. Quiere arrastrarnos a mi hijo y a mí  a la penuria.

 

 

62. La Novia (Marisa Martínez Arce)

 

«¡No pienso ponerme ese vestido!» La maldita frase que llevaba repitiendo desde niña volvió a sonar haciendo eco por toda la habitación. Esto sucedía cada vez que le compraban uno nuevo. Lo hacía de manera sistemática, aunque en el fondo le gustara. Su madre decía que era por llamar la atención. Su padre que lo hacía para llevar la contraria. La familia porque estaba muy mimada, pues era hija única y se lo consentían todo. Sus amigas que tenía muchos complejos. El psicólogo que su problema era de autoestima. Por otro lado, la psiquiatra le insistía en que no hiciera caso a nadie, que todo era debido a un trastorno obsesivo compulsivo y a un exceso de egocentrismo. Ella no obstante y pese a todo procuraba ir a la última moda. Pero, lo de hoy… Lo de hoy superaba  todo lo anterior. Estaba en su habitación, de pie delante del espejo, llevaba su vestido de novia. Con la misma cara enfurruñada que ponía de niña y estirándolo, repetía: «No, no y no. ¡Me hace gorda!» «¡Pues lo has elegido tú! –gritaba su madre desesperada-. Además ¿cómo no va ha hacerte gorda? ¡Estás embarazada!»

61. Actor de método (Pablo Núñez)

El clima, el trabajo y los días son nuestros asesores de imagen. Los festivos cepillamos algo más nuestras chaquetas raídas, mientras los laborables nos las ponemos tal como salen del ropero. A pesar de todo, sabemos apreciar como el mejor crítico un dobladillo generoso en las faldas de las mozas que pasean su lozanía al llegar la primavera y el verano. La moda de la falda corta la trajo Carmencita, la costurera, después de asistir a unos cursillos en la capital. Ella quería ser modista de alta costura y se enamoró de las hechuras de un actor ambulante que iba a debutar en la gran pantalla. Imaginó entonces un sinfín de posibilidades en las que desplegar su arte y comenzó a diseñar trajes de galanes y aventureros en su mente. Al poco de casarse, a Sebastián le salieron algunos papeles, pero Carmencita no tuvo qué coser. Él nunca le había especificado el género de cine en el que se movía y cuando ella lo supo el anillo de boda ya estaba en su dedo. Aun así, no se la ve triste y, desde que pasaron una de sus películas por el canal local, es la más envidiada de la comarca.

60. Contorno de cadera: 77 centímetros

Todas las niñas del barrio se apuntaban a clases de corte y confección. Mi madre insistía en que yo también debía aprender, que me iba a resultar muy útil en un futuro. Accedí, aunque en realidad lo hacía por Susana. Mi madre me compró un costurero nuevo completo. Jamás la vi tan contenta, como si fuera ella la que estrenara el abrigo por el que llevaba ahorrando dos temporadas. Susana era tímida, pero pronto nos hicimos amigas. Quedábamos por las tardes para practicar y crear nuestros propios diseños y patrones. Soñábamos con ser Carolina Herrera o la mismísima Coco Chanel. Recorría sus curvas con mi cinta métrica y me abstraía de nuestro pequeño mundo, para alcanzar aquel otro en el que no tuviera que disimular tomándole las medidas.

59. Escarba más adentro

Vapuleo los botones del mando a distancia la enésima vez, buscando algo interesante que ver hoy en televisión y recalo en una serie de criminólogos. Siempre me han parecido entretenidas estas ficciones por lo que tienen de aprendizaje de la conducta humana.

En el cine suelen ganar los buenos…pero me asaltan dudas cuando retratan personalidades basándose en detalles como la indumentaria, tan trivial a veces aunque tan interesante otras.

De verdad, ¿alguien piensa que puede conocerme por mi forma de vestir? Siento defraudarles porque pueden intuir que soy una persona preocupada por la estética en tanto en cuanto elijo lo que creo favorecedor, el vestidito recto y pelín holgado con el que me siento cómoda; sin embargo, mi yo más íntimo se muere por ponerse unos tacones altos y unos vaqueros superajustados  a los que se oponen mis castigados pies con juanetes y mis kilitos de más…

Sonrío imaginando uno de esos viajes astrales  viendo mi cuerpo estudiado por una cohorte de científicos forenses que dibujan un perfil de ama de casa rechonchita cuando lo que tienen delante es una estilizada mujer joven con unos tacones color nude y un precioso vestido corto estampado que acabó perdiéndose en el tiempo.

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