Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

LA PASIÓN Y EL DESEO

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en cualquiera de los temas que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2020 En este momento podemos ofrecerte la posibilidad de participar con un relato en cuya historia se muestre LA PASIÓN y EL DESEO Bienvenid@
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31 DE MARZO

Relatos

52 Lo perfecto de lo imperfecto (María Inclán)

En la casa de la cumbre de Camaleño, la cual poseía un espléndido mirador con un banco de madera tallado desde donde se podía divisar toda la magnitud y belleza del paisaje agreste, desde hacía tres años volvía a tener vida por momentos, suspiros, jadeos, susurros…   

Cada vez que se citaban, Maríen llegaba con tiempo de antelación para sentarse un buen rato en el banco.

Las ausencias cada vez pesaban más.

Sabía que la encontraría sentada en el banco. Deseaba tanto tenerla en sus brazos. Se besaron con ansia, la tomó en sus brazos y la llevo hasta la puerta de entrada. Sus manos le despojaron de toda prenda que la cubría. La recorrió una y otra vez, le encantaba ver en su rostro el éxtasis que le proporcionaba, no aguanto más y la tomó.

Quedaron exhaustos el uno al lado del otro.

Sonó el teléfono móvil le hizo señal con el dedo sobre el labio de silencio. 

  • Tardaré tres cuarto de hora. De acuerdo, algo más que te apetezca para cenar. 

Marien se fue directa a la ducha y allí lo esperó. Se besaron. Volverían a pasar muchos días, semanas hasta la próxima vez que se pudieran ver. 

51 ADOLESCENCIA ESTELAR (Belén Sáenz)

La estrellita Albanza titila tímidamente cada vez que el rubio Saturno se pasea por la Vía Láctea con su séquito de satélites. Le ama y, rendida al poderoso influjo de la gravitación, se está quedando afónica de luz propia. Hoy ha intentado espolvorearse con brillantina para colarse en su órbita, pero Titán la ha expulsado de un soplo fugaz. Su nodriza la luna, vieja consejera en amores contrariados y emparejamientos provechosos, la cubre con besos de chispas fugaces y canta nanas con voz de plata para adormecer su pena. Pero Albanza se apaga a causa de un anhelo palpitante que no comprende, doloroso como el vértigo de una implosión. No le queda otro remedio a Selene que conjurar en su cuerpo celeste un revuelo de las mareas, la esencia de todas las mujeres. Recurre a su cara oculta y, en fase menguante, se deshila en espejos de hielo para amamantar a su lucero. Antes de diluirse como una gota de leche en el firmamento pronuncia el vaticinio: Será tuyo esta misma noche. Pero ten mucho cuidado, perla mía —le previene con un guiño—. No será fácil lograr que ese truhan deje caer alguno de sus anillos.

50. Tormenta de otoño

Aquella lluvia del otoño, deslizando por el cristal sus gotitas grises como lágrimas de la tarde puede que les ablandara el corazón. Puede que encender la chimenea para ahuyentar los escalofríos que marcaban el final de su verano contribuyera también a crear ese momento mágico. Lo cierto es que algo que creían irrecuperable se despertó entre ellos. Una tormenta repentina de manos y lenguas, piel y deseo les convirtió en un único animal que ciego de lujuria reptó por la rampa ascendente de un placer ajeno a toda cordura.

Cuando el chaparrón cesó dejando su olor a tierra mojada, un hueco entre las nubes puso en la cristalera un tardío rayo de sol. Su luz agonizante les recordó el ocaso en el que hacía tiempo vivían instalados. Los pétalos rojos de la rosa que con vehemencia quisieron deshojar resultaron no ser más que prendas esparcidas por el suelo con las que ahora, vaciados, volvían a vestirse para regresar al hastío de seguir juntos.

49 Haced el amor y no la guerra (Begoña Heredia)

Septiembre. Cumplías dieciocho años, comenzaba una guerra. Las calles alborotadas, tu pelo libre sobre los hombros. Mi padre escondía sus documentos, yo mis manos bajo tu falda. Mi abuela junto al fuego lloraba, yo sentía el calor de tus muslos. Mi hermano mayor intentaba calmar los ánimos, yo tembloroso ponía en práctica sus enseñanzas. El ruido de las bombas resonaba en el pueblo, tus gemidos excitaban mis labios. Mi familia en casa, yo descubriendo tu cuerpo en la caseta del molino. Salimos con las manos entrelazadas. Fuera un hombre nos apuntaba con un fusil. Ruborizada te colocaste bien la blusa ,y el vio la estrella que asomaba entre tus senos. Sin embargo sonrió, bajó el arma y nos dejó marchar.

48. Despertares

La clase se dividía entre los que contábamos los minutos para que llegara el recreo y los que querían seguir haciendo ecuaciones. Dos caras de una misma moneda en perfecto equilibrio. Todo iba bien hasta que el castillo de naipes se vino abajo cuando entró la sustituta, con su melena ondeando a cámara lenta, falda de tubo y una blusa blanca a medio abrochar. Mientras explicaba la lección, sus labios se movían despacio y el sentido de la vista se imponía al resto, junto al olfato, que diseccionaba sus embriagadores perfumes.

Aún recuerdo esos meses de felicidad plena donde el sonido del despertador era música celestial y el camino al colegio, el de la gloria.

Por desgracia, el padre Félix volvió de sus misiones, y como si el mundo se pusiera en marcha de nuevo, cada uno volvió a su desanimado rol.

Todavía hoy, seguimos recordándoles por hacer que creciéramos por encima de nuestras posibilidades, y aunque tenemos trabajo y familia, ninguno puede decir que haya cumplido su verdadero sueño. Don Félix ya lo ha hecho por nosotros, de vez en cuando se besan a escondidas. Ella aún está de buen ver.

 

47 Amor a primera vista

El primer día que la vio en el jardín , sintió como las flechas de cupido le dieron de lleno en su corazón desde lejos, la miró pero sin poner de manifiesto su desbordado interés. Se percató que era el centro de muchas miradas y eso le incomodó ,mientras ella impasible se dejaba ver sin demostrar interés hacia nadie.

Siempre desde la distancia sentía como una inyección de placer recorría todo su cuerpo ,hasta provocarle un orgasmo como nunca antes había tenido. De regreso a su casa se deleitaba recordando su espectacular figura .Deseaba estar a su lado y hablarle con hermosas palabras , no era un capricho pasajero como lo había sido con las otras, ella era diferente. Algo en su interior le decía que era la mujer que lleva esperando desde hace años ,esa con la que pasar horas y días sin aburrirse , esa a la que besar su boca sea como besar el cielo , y a la que tocar su cuerpo sea como tocar una estrella.

Una mañana fue a su encuentro y cuando vio que estaba sola le dijo todo lo que sentía, pero ella no le respondió  porque su cuerpo había sido esculpido en mármol.

46 Pasión volcánica

Al otro lado del espejo, mientras cepillaba su peinado nido de avispa, Domitia, de diecisiete años, vio reflejada perfectamente la explosión del Vesuvio por la ventana de su habitación nueve días después de los idus de agosto del 832, ab urbe condita.
Las vísceras del volcán consumieron la ladera rápidamente, llegaron hasta la domus, horadaron su puerta, disolvieron al canem y al pater familias que pretendía oponerse y no se detuvieron hasta inundar con minuciosa lentitud el cuerpo de la joven que, de temeroso e implorante, se hallaba inmóvil. De ese modo, ella fue perdiendo la sustancia, la esencia de la que todos estamos formados y se consumió hasta abandonar el espacio que venía ocupando, convirtiéndose en un simple hueco que, una vez inyectado de arcilla mil novecientos cuarenta años después, está reputado en la literatura arqueológica como un caso único de combinación de sonrisa arcaica, turbador alzamiento de pelvis y ojos entornados.
Todo ello, unido a la insólita presencia de los puños apretados, ha motivado que parte de la comunidad erudita haya querido ver ciertas reminiscencias de griego profundo.

45. Pasión de invierno

Ella aparta la mirada de la tele y le guiña un ojo desde el otro lado de la sala. Él levanta la mano y gira la cabeza en dirección a la puerta. Paso a paso, salen por separado y cogen ascensores diferentes. Casi a la vez, suenan dos timbres y se les oye avanzar por el pasillo desierto; es buena hora para el disimulo. No se dirigen la palabra hasta que la tarjeta, que siempre falla al menos un par de veces, admite al fin la apertura de la habitación. Ella avanza hasta la cama y se sienta despacio, mientras le mira con los ojos empañados . Él le acaricia el pelo, la cara, el cuello, los pechos. Ella le desabrocha con torpeza la camisa y aspira el olor a su colonia mientras siente sus manos bajando por la falda. Se alegra de que no lleve cinturón mientras explora al tacto qué hay detrás de la bragueta. Él respira agitado, ella cierra los ojos, ninguno oye la puerta abrirse y volver a cerrarse. La enfermera de la residencia baja a recepción e informa a sus familias de que hoy no bajarán a recibir visitas.

44. CEREBRO ENAMORADO (Rosalía Guerrero Jordán)

Ahora que ya no me perteneces es cuando más te deseo.

Tantas veces esquivé tus abrazos, tantas te aparté de mí… Pero ahora quiero que me arrincones como al principio, cuando estrenábamos noches de pasión compartida. Cuando el tiempo parecía detenerse y el día nos alcanzaba, exhaustos.

Te veo con ella al final de la barra. Me miras, lascivo, mientras la besas. Yo cierro los ojos e imagino el sabor de tus labios en los míos.

Mi hipotálamo dispara una sobredosis de dopamina.

Te alejas de la barra y te diriges hacia la salida. Yo voy detrás. Me estas esperando, agazapado en la oscuridad. Me acorralas. Nos escondemos en un portal y dejamos que la lujuria se apodere de nosotros.

Mi cerebro se convierte en un carrusel de adrenalina y serotonina. Fuegos artificiales en mi sistema límbico.

Pero hoy tampoco nos sorprenderá el día. Vuelves dentro y me quedo a solas, mascullando la manera de superar esta adicción.

Y una vez más me prometo que no volveré a buscarte, aunque presiento que esta vez tampoco lo voy a poder cumplir.

 

43 CÓPULA SALVAJE (Rafa Olivares)

Tan promiscua como creyente practicante, con su estilizada figura, su aroma silvestre y su sensual voz, es capaz de seducir a cuantos vanidosos galanes pasan por su vera. Prendados de sus encantos, quedan atrapados por un torrente de deseo que les predispone a dar hasta la vida por un momento de pasión con ella. 

Venciendo timideces tan absurdas como inútiles, los más audaces la abordan con cierta discreción que muta en arrebatada lujuria en cuanto perciben su complaciente receptividad y ansia. No es momento de plegarias. En los apresurados embates hacia el éxtasis, o justo después, ella une su cabeza a la del primerizo amante y, como si de un sacramento se tratara, empieza a deglutir con gula su cuerpo y su sangre. Literalmente. Es lo que tiene haber nacido mantis y religiosa.

42 El fruto de la pasión

Llevamos toda la vida preparándonos para este momento. Es nuestra única oportunidad. Somos millones, pero solo uno pasará a la historia. Empieza la acción, un suave vaivén in crescendo. Procuro abrirme paso a cabezazos hacia las posiciones delanteras, la torre de lanzamiento se ha activado y ya se nota ese delicioso ambiente tórrido del exterior. De repente todo se estremece y salimos disparados.

¡Allá vamos! Por suerte viajo en la primera oleada. Comienza la carrera. Muchos compañeros sucumben a los ataques del enemigo o quedan varados en el camino. Hay que saber usar la cabeza, trabajar en equipo y avanzar impelidos por nuestro motor de cola, nadando contracorriente. Tan solo unos pocos elegidos conseguimos alcanzar el túnel que conduce al paraíso. Una vez dentro un irresistible olor nos guía hacia una gran esfera que viaja a nuestro encuentro. La rodeamos, necesitamos aunar nuestras fuerzas para romper las barreras que la protegen. Parece que por fin ceden. ¡Estoy dentro! ¡He conseguido ser el primero en meter la cabeza!

Ahí está, esperándome. Nos fusionamos e intercambiamos equis e yes, somos uno. Hemos decidido echar raíces y multiplicarnos, permanecer juntos el resto de nuestra nueva vida.

41 A DOMICILIO

Aquella gota colmaba el vaso, y no solo eso, hacía rebosar una palangana con la que, como si de un reloj se tratase, había escuchado pasar la noche segundo a segundo hasta que el insomnio la llevó a la cocina a vaciar también su desesperación gota a gota al comprobar su desaliñada imagen en bata, rebuscando en una caja de herramientas tan caótica como su propia existencia. Ante la duda de empuñar un alicate o descolgar el teléfono, optó por lo más sensato, y no tardó en presentarse un señor tan mal aliñado como ella, poco aseado igualmente y no menos desencantado de tener que emplear una mañana dominical apañando una gotera.

Desde la mesa de la cocina, ella lo miraba trabajar sin la habitual indiferencia, y él se sentía observado, tal vez deseado, y no queriendo verse sorprendido con los ojos puestos en aquellas piernas cruzadas que tenía frente a sí, cambiaba de postura y se secaba la frente de modo sugestivo, lo que ponía en alerta a su espía, que también descuidaba el escote sin el menor pudor.

Tras reparar la fuga del desagüe, ahora eran ellos los que sudaban gota a gota.

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