Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

LA CULPA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA CULPA

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA CULPA. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 DE NOVIEMBRE

Relatos

(In)cívica

Los botes de cristal de las verduras, los pimientos y los espárragos, al de la tapa verde. Cartones y papel, al azul. Los briks y el resto de envases, al amarillo.

La única bolsa que no deposita es la de la basura orgánica. Esa la deja siempre sobre la acera, a los pies del contenedor.

Han pasado dos meses y sigue siendo incapaz de levantar esa tapa. Sabe que, de hacerlo, volverá a ver la bolsa, y junto a ella la toquilla y el sonajero.

Aún es muy joven, pero ya sabe que para el dolor, la culpa y el arrepentimiento no hay contenedor de reciclaje.

ADIOS, CARIÑO

Se fue sin pedir permiso, sin siquiera despedirse, y nos dejó con el corazón seco, sin sístoles ni diástoles, y revoloteando por la mente bandadas de pájaros negros que, de manera machacona, nos hablaban de la posibilidad de no haberlo hecho feliz. Recordamos aquellas veces que le gritamos, que le reñimos o que le aplicamos un correctivo por alguna tontería, creyendo que eso era educar. Ahora, al reflexionar, no logramos encontrar el más mínimo desliz que él cometiera y que mereciera, siquiera, una mirada de reproche. Cuántas cosas deseábamos para él que ya no serán posibles. Cuántas imágenes nos martillean el alma. Esa dolorosa sonrisa aparece entre la bruma y nos dice, con su voz: «¿Vaya que yo tenía razón y no era para tanto?» Y nosotros, agachando la cabeza, respondemos al unísono: «Sí, hijo, tenías toda la razón». Deseamos otra oportunidad para enmendar nuestros errores; la pedimos a gritos, entre lágrimas, pero el silencio nos responde que hemos llegado demasiado tarde. Solo había una oportunidad y lo sabíamos. Hemos fracasado.

ERROR DE CÁCULO (Ángel Saiz Mora)

Es imposible escapar de semejante atractivo, no sentir su personalidad seductora como lanzador de cuchillos.

El primero se clava a escasos centímetros de mi pierna de ayudante.

Todo el circo conoce sus saltos mortales entre sábanas con Carlota, la trapecista.

La madera blanda absorbe el impacto del segundo estilete junto a mi cadera.

Es sonada la buena coordinación que mantiene con la contorsionista Johanna.

El tercer acero retumba cerca de mi cintura, a la distancia que tiene tan bien estudiada.

Comparte sensuales juegos de manos con Gertrudis, colaboradora del mago.

La cuarta daga casi roza mi brazo extendido.

Ni siquiera escatima visitas a la mujer barbuda.

La quinta punta se hunde con precisión entre mis dedos abiertos.

No puedo dejar de esperarlo cada amanecer en nuestra caravana. Acostumbrado a no equivocarse nunca, da por hecho que estaré siempre, que sus revoloteos no me taladran.

Con el último puñal, más difícil todavía, aumenta el riesgo, aunque nada sucedería si me atravesase el corazón, seco de quererlo demasiado.

No sospecha y nadie nota cómo desplazo un poco el cuello en el último momento.

El público grita.

Mi arteria carótida se vacía.

Su carrera termina.

Mi vida concluye.

Su remordimiento empieza.

Mea culpa

Dejé pasar la vida de largo. Elegí la sombra.

No me atreví a realizar el viaje contigo. Tuve miedo a equivocarme de camino.

Vi correr gente desde mi ventana. Les pilló la tormenta sin paraguas.

Preferí el refugio a las trincheras.

Tuve prejuicios al mirar con desconfianza al extraño.

Fui cobarde

Por no alzar la voz en favor de los oprimidos.

Por haber callado. No te defendí.

Miré para otro lado. No di la cara por ti.

Me culpo por no darte abrazos.

Por las charlas que nunca tuvimos.

Por no apoyarte en la lucha, en tus ideales.

Por no coger tu mano.

Por no contestar a tus llamadas.

Te dejé allí, llorando en la estación, cuando me subí al tren.

Huía de tu valentía.

Di tu afecto por sentado. Te descuide.

Me culpo de que pesara más el orgullo a un te quiero.

 

Metí el papel muy doblado dentro de una botella. Sellé el corcho con cera.

Mecida por la marea, la vi alejarse. El pasado se marchaba mar adentro.

Por primera vez en mucho tiempo las manos me pesaban poco. Estaban listas para escribir la segunda parte de mi vida.

09. Cosas que no cuento

No le digo a nadie que la cama es más cómoda cuando duermo sola. Que el silencio de las mañanas, ese que antes me asfixiaba, ahora lo dejo pasar por la ventana, sin apurarme a cerrarla.

No le digo a mi hermana que río más. Que el otro día un vecino me soltó una gracia en el ascensor y me reí de verdad, con el estómago, y luego tuve que apoyarme en la pared un momento, no por el dolor de siempre, sino por el susto de haberme reído tan fácil.

Ella pregunta cómo lo llevo. Yo digo que mal, que le echo de menos, que hay días que no puedo. Y no miento del todo.

Pero no le cuento que ayer planté tomates en el balcón, a las siete de la mañana, todavía en pijama. Algo que él desaprobaría. «Porque atraen bichos», decía. Que los planté con una alegría tan limpia que me dio vergüenza, ahí sola, con las manos en la tierra.

No sé si esto es duelo. Sé que cada vez que soy feliz, miro hacia la puerta, como si alguien pudiera entrar y verme.

8. Perdóname (Edita)

Te busqué, tan ilusionada como decidida. Antes de conocerte, ya descubrí lo que sería un amor vitalicio. Luego, abandoné el universo habitual para instalarme en el tuyo. Asumí con naturalidad los sacrificios y desvelos precisos. Tus logros son mi dicha. Pero, cuando sufres, me arrepiento profundamente de haberte parido por egoísmo; de arrojarte a este mundo despiadado sin que tuvieras la mínima opción de impedirlo.

 

07. Quizá el otoño fue el culpable

Octubre ya es un mes de pleno otoño, la estación que más me gusta, el olor a hierba mojada, las hojas caídas…

La cita en salud mental se ha retrasado, por lo visto uno de los médicos se ha dado de baja y no hay suficiente personal, aunque si lo pienso bien no tengo claro que estas visitas me hayan ayudado demasiado.

20 de octubre, jueves,

llevaba todo el día luchando por desprenderme de la oscuridad de mi mente, pero me alcanzó la noche y ya no tuve escapatoria. Sobre la mesilla el inútil remedio a mis pesadillas, quizá vaciando el bote….

Por primera vez en mucho tiempo sonrío, voy en busca de mis sueños de campos de flores, bajo el balcón una alfombra de girasoles y amapolas iluminados por una farola.

Lo siento Ángel, te quiero, tal vez yo haya perdido la guerra, pero tú siempre ganaste todas las batallas.

06. ¡Te lo imploro, ven a mí!

Miro al sol con odio cada vez que me atrevo a enfrentar su luz. Ahora vivo en la oscuridad de la noche, expiando mi culpa, lejos de la mirada de mi hija, desviando avergonzado la de mi mujer, humillando la mía en el espejo.

Busco el libro que estoy leyendo; un día lo dejé en la nevera. Le preguntaría a mi mujer, pero no recuerdo su nombre, y no es la primera vez. Un destello de esperanza atraviesa mi mente, y acojo esa visión como una bendición.

Ahora lo sé: fue el alzhéimer, no fue mi culpa. Lo dejo entrar en mi vida. Con alivio, lo arropo en mi corazón como a un amigo que me hará olvidar la imagen de mi nieta inerte en el coche. Por fin dejaré de imaginar a mi pequeña llamando a su abuelo, olvidada y asustada, sola.

Sí, sin duda fue él.

05. Sin remordimiento

Para complacer a su hija adoptada y aconsejados por psicólogos, la familia decidió adoptar un gato en la protectora local. Sin embargo, el felino padecía problemas gástricos causados por el estrés, una complicación que la madre rechazó de inmediato. Demasiados contratiempos e inconvenientes para una primera experiencia con una mascota. Sin dudarlo, devolvieron al felino al refugio.

Poco después iniciaron la búsqueda de un perro, pero ninguna opción de adopción encajaba con sus exigentes expectativas. Cansados de buscar, abandonaron la idea de adoptar. Compraron una cachorra blanca de Pomerania. Durante las primeras semanas todo parecía perfecto, pero pasados unos meses, la perrita comenzó a reclamar atención constante mediante insistentes ladridos.

Aunque todo cachorro debe ser educado, aquella conducta marcó un antes y un después en el hogar. De nuevo, la familia rechazó al animal por no adaptarse a sus comodidades y decidió ponerlo a la venta sin ningún remordimiento.

Por suerte para la pequeña Pomerania, una amiga amante de los animales se enteró del destino que le esperaba. Sin dudarlo, decidió hacerse cargo de la perrita de inmediato, abriéndole las puertas de su hogar para darle la paciencia, el afecto verdadero y la morada que merecía.

04. KINTSUGI

Ezequiel se escondía en su cuarto. Odiaba las discusiones y temía acostumbrarse a los gritos. Llegó a la conclusión de que sus padres serían felices sin él. No era consciente de que aquella fractura existía desde antes de su nacimiento.

Él solo deseaba que lo abrazaran, sentirse querido.

Una noche, a los gritos se sumó el estruendo de una jarra estrellándose contra el suelo. Ezequiel esperó a que todos durmieran. Después rescató los fragmentos de la basura, uno a uno. Al amanecer, armado de paciencia y determinación, había reconstruido la jarra donde cada día se servía el agua de la familia.

A partir de ese día, decidió esforzarse más. Sacó mejores notas, ayudó en casa y evitó conflictos. Intentó conseguir una mayor armonía, que todos asimilaran el difícil arte de la convivencia.

Con los años, logró que, aunque imperfecta, parecieran una familia: una hermosa pieza recompuesta por delicados hilos de oro. Unida. Útil.

Pocos advirtieron que el oro era Ezequiel.

03. Siete visiones capitales del Paraíso (o del Infierno)

Puerta

Un hombre, al intentar atravesar la puerta del Paraíso, quedó encajado en el estrecho umbral debido al tamaño de su voluminoso abdomen.

Escalera

Cuando se estropeó el ascensor, a un hombre le ofrecieron subir por una escalera para alcanzar el Paraíso, pero él sigue esperando a que lo reparen.

Carmesí

Un hombre sofocado, con la respiración agitada y una vena del cuello a punto de reventar, no escuchó la llamada por megafonía para entrar en el Paraíso, ahogada entre sus propios gritos e insultos.

Arder

Otro hombre fue condenado al Paraíso para que se consumiese en el Infierno al descubrir que los ángeles no tenían sexo.

Dineros

En el abultado monedero que atesoraba un hombre, no encontró ninguna moneda de curso legal que le permitiese pagar el impuesto de acceso al Paraíso.

Obturador

Al hacerse una foto de su vida, necesaria para el carnet de admisión al Paraíso, un hombre comprobó cómo se velaba por el brillo de las de otros hombres que no podía ocultar.

Sombra

El escáner que mide la pureza de las almas, instalado en el vestíbulo del Paraíso, detectó una mancha indetectable en la de un hombre que se consideraba mucho mejor que sus semejantes.

 

02. CHA CHA CHÁ

Baile, desmadre, locura infinita. Todo estalla y llegan las autoridades. Preguntan qué ha pasado y alguien contesta, la culpa fue del…

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