Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el lema que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2023 Este año, la inspiración llega de frases y lemas cuyo origen es el mundo clásico. En esta primera propuesta será del lema LAS APARIENCIAS ENGAÑAN. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

22. Tácito acuerdo

Ella se recoge el pelo mientras hierven los espaguetis. No quiere estropearse el peinado ni que huela a comida que hoy ha ido a la peluquería.

Él, sentado en el despacho, abre el ordenador para entrar en su página de citas habitual.

Ella, en la cocina, sonríe pensando en la lencería, el vestido y los zapatos que se pondrá esta tarde para acudir a la cita.

Los dos comentan la carta que ha llegado de la Comunidad de vecinos y las noticias de la radio mientras comen. Al terminar, la cocina queda perfectamente limpia.

Cuando ella se acaba de arreglar le dice un «adiós querido» desde el pasillo; no quiere que la vea maquillada y se dirige a la puerta de la casa de puntillas, para no hacer ruido con los tacones.

Él le contesta alzando la voz mientras cambia de página por si decidiera entrar en el despacho o se le olvidara algo:¡Pásalo bien con tus amigas y recuerda que esta tarde iré al gimnasio!

21. MALO

Nació malo, malísimo.

En cuanto llegó al mundo odió a la comadrona, al médico, a las luces, al cordón umbilical y a su madre.

Pero en ese mismo instante decidió engañar a todo el mundo y se disfrazó de bueno.

Aprendió a sonreír, a ser simpático, a hacer el bien.

Nadie se daría cuenta nunca de cuánto los aborrecía.

Triunfó en los estudios y en los negocios. Creó empresas. Sus trabajadores jamás hicieron una huelga. Disfrutaban de las mejores condiciones. No podía verlos.

Fundó varias organizaciones benéficas para ayudar a los inútiles desamparados.

No tuvo pareja sentimental. Era ya demasiado teatro.

Se hizo muy mayor repleto de asco y de acciones magníficas.

A su funeral asistió lo más granado de la sociedad, además de una multitud de almas agradecidas.

En el tanatorio, cuando la caja descendía hacia el fuego eterno de la incineración, se oyó un descomunal exabrupto.
“A LA MIERDA” gritó con todas sus fuerzas.

Y por fin sonrió con su auténtica sonrisa, con ese infinito rictus de maldad, la mayor que haya existido.

20. Casa encantada

Cuando entré por primera vez en la casa me llamó la atención el buen gusto con el que parecía estar decorada. Ahora sé que el aspecto no es lo más importante. Tampoco la simpatía del agente inmobiliario. Ni siquiera la ubicación. Nuestros sentidos con frecuencia nos engañan. Me sorprendió, eso sí, la gran cantidad de gatos callejeros que merodeaban por el lugar, atraídos, ahora lo sé, por el olor del descampado de la parte de atrás.  Al poco de mudarme comencé a encontrar objetos personales que parecían ser de inquilinos anteriores, pero cuando se lo comenté a la agencia siempre decían no saber nada de ellos. Al parecer, todos habían abandonado el lugar inesperadamente al finalizar el contrato. Lo peor vino cuando comenzaron a aparecer los cuerpos, menos mal que para entonces, los gritos desesperados de los fantasmas ya habían conseguido ahuyentarme.

19. CUENTOS DE AMOR (A. BARCELÓ)

Dijeron que se querían muchísimo, pero problemas de toda índole habían ido erosionando su relación.

Cuando todo empezó a desmoronarse, intentaron no hacerse daño respetando lo mucho que tenían en común. Los buenos propósitos no tardaron en desaparecer: los halagos se convirtieron en insultos; las buenas palabras se tornaron reproches, acusaciones y amenazas. Comenzó una escalada de odio que parecía no tener fin.

Dicen que lo peor llega cuando deja de importar, cuando aparece la indiferencia y ya no se siente ni frío ni calor. En su caso, eso también estaba previsto, había llegado el momento de la reconciliación para poder seguir haciendo caja. Claro que, si no funcionaba, pasar página también podía resultar rentable.

18. Ante todo hay que ser educado (La Marca Amarilla)

Cuando Angelines vio que amablemente se ofrecía para subir su compra a casa, supo que el nuevo vecino no era de fiar. Nunca le pareció guapo, menos aún con esas pintas y esos ridículos tirantes que siempre llevaba para sujetar los pantalones, pero sí que era muy atento y educado, lo cual era sospechoso según ella; “¡Pero si tiene cara de terrorista!” comentaba siempre en la peluquería, en la panadería y en la verdulería del barrio. Las vecinas empezaron a tomarse en broma a Angelines, un día les dijo que había comprobado que el nuevo vecino vivía solo, que no trabajaba y que recibía alguna visita “extraña”, entonces se obsesionó en afirmar que era una persona retorcida y, seguramente, un delincuente en potencia.

La mañana del fatal atentado, los clientes del bar del barrio se atragantaron con el café al ver la foto del principal sospechoso en la televisión, era clavado al nuevo vecino, pero con otro nombre. Todos se acordaron de Angelines en ese momento, incluidos los policías que fueron a investigar la vivienda del presunto terrorista y se la encontraron asfixiada con unos tirantes alrededor de su cuello, en lo que -en apariencia- parecía un asesinato.

17. INVESTIGACIÓN PRIVADA

Sus labios se entendían sin palabras mientras sus besos desnudaban el amor que se escondían. Ella le cogió la mano y la acompaño hasta encontrar la redondez de su blusa. Siempre me gustó esa blusa. Él temblaba, y la inocencia de sus movimientos hacía sonrojar a la mujer, que con los ojos a oscuras, tiraba de la hebilla de su cinturón mientras la intensidad perdía la vergüenza en la entretela del pantalón. La ternura dio paso a unas respiraciones entrecortadas, cómplices de un movimiento mecánico.

Mi cámara seguía grabándoles. Apague el cigarro. El trabajo estaba hecho. Abrí la puerta del coche desde el que observaba. Me incliné sobre la vida para no ahogarme con aquellas arcadas del corazón; mientras, la cabeza replicaba. Ojalá el trabajo fuese para otro.

16. POSTMORTEN – EPI

Hace ya 25 años que entré como aprendiz en una tienda de daguerrotipos de la Plaza Mayor. El dueño era muy alto, magro de carnes y antipático, parecía salido de la cárcel. Vestía un blusón como de tendero.
Nuestro trabajo consistía en acudir a los domicilios donde se había producido alguna muerte, representar alguna escena diaria y hacer unas imágenes de ese momento.
Había que desnudar al muerto. Costaba mucho liberar las articulaciones y el sonido que se producía al abrir los dedos de las manos no se te va ni cuando duermes.
Teníamos muchos artilugios para colocar al cadáver y cuando lo conseguíamos avisábamos a los familiares y realizábamos una exposición, que tardaba unos cuántos minutos.
El que salía más nítido era el cadáver, los familiares acababan moviéndose.
Desde hace un mes estoy solo y me estoy volviendo loco.
El otro día, un niño, se escapó y se escondió detrás de unas cortinas.
Otro, un hombre fuerte, al separarle los dedos de las manos, me agarró y tuve que darle con el martillo para que me soltara.
Ayer, una joven cuando estaba desnuda me abrazó. Grité y entró la familia y ahora estoy en la cárcel.

15. Dulzura

Recoge el pelo alborotado de la niña en una trenza, acaricia la mejilla húmeda de la anciana, abre la puerta a la vecina cargada de bolsas, sonríe a cada persona que se cruza, se arremanga en el comedor social, ilumina rostros, enciende miradas, suaviza golpes, escucha historias, susurra palabras bonitas, diluye pesares, contagia alegría. Todo el mundo admira su fuerza. Todos anhelan el bienestar que prodiga.

Pero llegar a casa, Lidia se frota la cara con un paño de intimidad que borra su sonrisa, que desvela sus ojeras, que enjuga el brillo de sus ojos, que le hace pequeñita. Y cuando se pincha, expectante, el dedo con una aguja, los niveles  invariables le hacen llorar sin consuelo lágrimas almibaradas.

14. Trastorno imprevisto

Reconozco que me gusta mi trabajo, porque cada operación  es  un reto. Cierto que exige viajar y codearse con la muerte. Pero son gajes del oficio y cuando te acostumbras, no es tan duro. Por otro lado, estoy muy bien valorado en la profesión y aún mejor pagado.

Supe desde niño que tenía un don. Lo descubrió mi padre que, tras reparar en mi buen pulso, decidió introducirme en este mundillo. Dada su experiencia, me estimuló y me enseñó a manejar el instrumental con mano firme. Luego, a base de años de estudio y mucha práctica, perfeccioné mi propia técnica, ya que esta carrera demanda, además de intensa preparación, control emocional, precisión y prudencia.

Me suelen requerir en  casos  arriesgadas, aunque, actualmente, me falla algo la vista y, por temor a errar, acepto menos encargos.  Confiaba en que mi hijo siguiera mis pasos. Siempre ha revelado aptitudes: es disciplinado y resolutivo y también  da muestras de buen tino. Sin embargo, recientemente, me ha descolocado al confesar que quiere ser cirujano… Ahora no sé qué hacer con el arsenal de armas y explosivos que escondo en el sótano  ni con el sofisticado rifle que había previsto regalarle al empezar su entrenamiento

13. EL MUNDO, EL DEMONIO Y LA CARNE (Paloma C.)

¡El demonio se está comiendo al padre Casto! Gritaba desaforada Maripi corriendo por la nave de la iglesia.

Sucedió el día anterior a nuestra primera comunión. Habíamos acudido allí desde el colegio para el ensayo general y en un momento dado, la profesora que nos acompañaba desapareció dejándonos solas. Nos quedamos esperando al cura modositas y cuchicheando por lo bajo, ya que además de encontrarnos en lugar sagrado, el padre Casto tenía malas pulgas. Era un hombre serio, alto y enjuto que iba a ser el encargado de darnos nuestra primera hostia. De repente, la cortinilla de un confesionario comenzó a agitarse a la vez que de él salían gemidos que parecían procedentes del inframundo. Todas callamos asustadas hasta que Maripi, siempre tan temeraria, se aproximó a husmear. Al levantar la cortinilla, encontró a un demonio con aspecto de mujer sentado a horcajadas sobre el cura y con la cabeza sobre su cuello mientras él gemía derrotado por el mal.

Nos levantamos con un revuelo gallináceo y salimos de estampida para buscar a nuestra profesora. Cuando regresamos, el diablo había desaparecido y el padre vino a recibirnos recomponiéndose las vestiduras e imponiéndonos silencio con el índice en los labios.

 

12. Realidad (El Moli)

Hola Flaca, yo soy el Lui sabes, y te quería invitar, dale vamo un rato pal pastito y lo pasamo bien ¿te parece?
He, che, no es para que te enojes, me gusta cómo te queda esa pollerita corta y ajustada, ademá de lo buena que estás.
Uhhh, pará, no es para que te chives, solo te invitaba pa´ pasar un rato.
¡Para flaca, no es pa que te enojes! Si no querés ya está, bueno, no pasa nada…
¡No, no! Si eso te jode, está bien, pero así no, si queré pelear hacélo como un hombre che…

11. Unidos por la madrugada

Elevo la vista de los controles y miro el cielo de luna nueva donde lucen las estrellas, mi imaginación vuela a playas y parques que, aún a altas horas de la noche, han de continuar muy concurridos. Es como si los estuviese viendo: parejas retenidas por el encanto nocturno postergan el momento de volver a casa, grupos de adolescentes celebran sus botellones charlando animadamente sin apenas mirar al cielo, y gentes de todo tipo, entre las que, de seguro, habrá personas sin hogar, gozan de un clima plácido que procura hacerse perdonar por los pasados meses de lluvias y frío.

Y todos ellos, unidos por la madrugada, pronto serán testigos de un espectáculo que los sorprenderá y entusiasmará, que levantará exclamaciones de admiración y tendrá el poder de provocar que manos muy jóvenes se rocen por primera vez y que primeros besos sean robados. Y mientras en algunos florece el amor, otros se apresurarán a pedir un deseo, uno de esos que, según dicen, las estrellas fugaces conceden y, admirados y absortos, ninguno de los espectadores llegará a sospechar que la maravillosa estela que, fascinándolos, recorrerá el firmamento, solo será…¡Ay!…solo seremos, carne y acero desintegrándonos en la atmósfera.

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