Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

SE ACABÓ LA FUNCIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el lema que te proponemos

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2023 Este año, la inspiración llega de frases y lemas cuyo origen es el mundo clásico. La de este verano es la frase de Plauto "SE ACABÓ LA FUNCIÓN" Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
2
4
horas
0
8
minutos
0
9
Segundos
2
9
Esta convocatoria finalizará el próximo
31 DE DICIEMBRE

Relatos

27. VIDAS PARALELAS (Fernando da Casa)

“Cómo puede ser que una libélula común solo disponga de veinticuatro horas para crecer, amar, reproducirse, envejecer y morir… La Dolania Americana apenas goza de cinco minutos de vida útil, por lo que los treinta días de vuelo de una mosca le pueden parecer una eternidad, qué desperdicio de tiempo, ¿qué haría una Dolania Americana con una existencia cuarenta y tres mil doscientas veces mayor que la de cualquiera de sus iguales?

Una tortuga de Galápagos puede vivir doscientos cincuenta años; una esponja de mar, mil quinientos.

¿Es larga o corta nuestra vida?

¿Quién mide el tiempo?”

Rachid andaba en disquisiciones de este tipo mientras observaba el vuelo de una paloma, asustada por el ruido ensordecedor de un misil al caer sobre su casa.

Sonrió amargamente antes de que el impacto alterara el curso natural de la vida de las abejas, las polillas y las musarañas de la zona.

Su último pensamiento agradeció la tregua temporal, ahora rota, que había permitido la vida pacífica a varias generaciones de libélulas.

26. El fin de los tiempos

El fin del mundo se acercaba. Todos los informativos pregonaban la noticia. La humanidad había alcanzado su mayor momento de esplendor. La inteligencia artificial exploraba el espacio, daba respuesta a problemas insolubles y era punto de inflexión tecnológico. Sin embargo… Muy pronto solo quedaría un negro abismo de nada.

Un error de cálculo era la causa. Un fallo en las complejas ecuaciones de un experimento afectó al tejido mismo de la realidad. Las leyes de la Física se tornaron inestables, el desequilibrio creció sin tregua y la existencia alteró su naturaleza.

Los primeros signos del fin aparecieron despacio. Los fenómenos naturales devinieron caóticos: tormentas, terremotos, volcanes… Y pronto la urdimbre del planeta comenzó a desmoronarse. Las leyes de la Ciencia no servían. La gravedad fluctuaba, el tiempo se distorsionaba y todo era caos y anarquía. El mundo conocido se desvanecía.

A medida que el momento se acercaba, el ser humano tomó conciencia de su destino. Lejos de la desesperación, se armó de valor para celebrar entonces la vida y el amor compartido. Unidos en silencio, los hombres miraron al Cielo. Última esperanza, eterno consuelo.

25. Vodevil ( Paz Monserrat)

Estuve tanto tiempo al otro lado que ahora soy incapaz de disfrutar del momento. Todo me recuerda a cuando era yo quien actuaba en estos lugares de postín. El predecible guion: uno propicia un diálogo trivial, otra sonríe mientras acaricia una botella, alguien quiere aclarar algo con voz cantarina. Entran y salen sin descanso. Vocalizan. Se contonean. Y vuelta a empezar.

Reconozco que son grandes profesionales en el arte de embelesar y obtener nuestra atención. Pero yo sé lo que ocurre entre bambalinas. Cómo se les desmorona la sonrisa y chasquean la boca al salir de escena, cómo intercambian gestos en cuanto dan la espalda a la audiencia, y sobre todo con qué cinismo critican nuestro aspecto nada más terminar el espectáculo.

Porque, realmente es un auténtico espectáculo para los sentidos el menú de catorce platos que ofrece este restaurante de cuatro estrellas. Y aunque les comprendo ─fueron muchos años currando de camarera─ no puedo soportar que nos vean como otra pareja de pringaos capaces de pagar semejante pastizal por un menú degustación. Y menos aún que, por culpa de sus constantes interrupciones, no tengamos ni un minuto de intimidad para disfrutarlo.

24. Un precio altísimo

Ella lloraba, a veces lo hacía, mas no como en esta ocasión. No era la única, así digan que los hombres no lo hacen, mis lágrimas también brotaban. Me suplicaba que no me fuera, o que al menos permaneciera cerca y le diera un tiempo, que pensara en darle otra oportunidad. Sin embargo, desde mi punto de vista la historia había acabado para nosotros. Marcharía lo más lejos posible, donde no pudiera verla más, en un lugar en el que no la encontrara en las calles, en el parque, en la librería, en el supermercado…

La casa y las otras posesiones que teníamos ya no me importaban, podía quedarse con todo. Solo deseaba irme, no mirar más los paisajes que observé con ella, los caminos que transitamos juntos, los museos que visitamos ni los zoológicos en los que íbamos de la mano. La despedida fue complicada: di media vuelta, corrió y me sujetó, besó mi espalda y pidió que no me fuera. Con dolor, avancé a la fuerza y llegué hasta el coche sin voltear. Era el precio de su infidelidad y, al final, los dos pagaríamos por ella.

23. NOCHE DE TERCIOPELO

Anochece tras los cristales. Matilde se levanta, enciende la luz y se acerca al viejo aparador cuyos goznes chirrían. Para ellos es la señal, como lo sería la sombra del gavilán en cielo abierto. Se encogen, asustados, a pesar del cuidado con el que la mujer despliega ahora la tela que acaba de sacar del mueble —un género bueno que ribeteó con una cadeneta hecha a ganchillo— y de la ráfaga de besitos que les envía tras los barrotillos. «Hasta mañana», les dice, antes de cubrir la jaula para apagarles el día y, por unas horas, cerrarles el pico.

22. UNA HISTORIA IRLANDESA (Paloma Casado)

W.G. practicaba un humor negro con el que no conseguía llenar los pubs en donde actuaba. Sus honorarios consistían en las “pintas” gratuitas por parte de los propietarios y en las escasas propinas del público. Unas y otras (el exceso de alcohol y la escasez de dinero) mermaron su salud. Antes de un previsible y fatal desenlace, encargó su pequeño monumento funerario a un escultor compañero de borracheras. Ambos disfrutaron imaginando la mano de bronce que emergería de la tumba y las palabras: ESTOY VIVO escritas en la lápida. El cementerio escogido fue el de Glasnevin donde descansan irlandeses ilustres. Como habían previsto, no fueron pocas las personas que corrieron despavoridas al avistar su sepultura entre la niebla. Sin embargo, gracias a las guías turísticas, curiosos de todo el mundo -bien por su pasión hacia lo gótico, bien por celebrar la broma macabra- acuden a visitarlo y depositar unas monedas para su mantenimiento.

Pero hay quien, al visitar el camposanto en alguna noche etílica, asegura haber visto al fantasma de W.G. recoger el dinero y celebrar con una reverencia el éxito de su último espectáculo.

 

 

21. Romper la cuarta pared por primera vez o la que podría haber sido la última representación de Konstantín Stanislavski

En cuanto se retira el telón que da paso al tercer acto, los espectadores de la platea se remueven inquietos. En el palco, algunos se incorporan para comprobar que no es una ilusión. Y en el anfiteatro, los anteojos se suceden en un gesto sorprendentemente coordinado. ¿Dónde están los cerezos?, grita el más obsceno haciendo referencia al título de la obra. Porque lo único que ven es una enorme pared blanca que invade el proscenio de lado a lado. ¿Escucháis eso?, pregunta otro acallando el murmullo. En efecto son las voces de los actores, que siguen declamando como si nada ocurriera. Se incrementan entonces los silbidos, los abucheos, el lanzamiento de objetos que chocan contra el muro. Pero unos golpes secos que resuenan en todo el teatro silencian al encolerizado público. Instantes después la pared es derribada y tras ella, el elenco al completo, con mazas en las manos y cubiertos de cal hasta las cejas, se plantan frente al respetable. De la oscuridad, vestido de chaqué y pajarita negra, aparece Konstantín Stanislavski, sabedor de su butaca reservada en el olimpo de la Historia. Eso sí, a su revolucionaria técnica todavía hay que darle una vuelta.

20 La risa tonta

A mi hermano siempre le gustó mi amiga Nicole. Sí, él nunca me lo dijo, pero yo lo sabía. Lo vi en cuanto se conocieron, bueno en cuanto los presenté. Claro que yo tampoco le dije nada. Oye, se nota que estás por Nicole, ¿a ti qué te pasa? Si eres un mocoso. No. Esas cosas no se dicen, se ven y se callan. Y se intentan olvidar. Un hermano mayor lo ve. Y yo lo veía, sobre todo, en la risa tonta que le daba a mi hermano con tan solo oír el nombre de Nicole. Era una risa delatora. Pegajosa, se te metía en los oídos y reptaba por el tímpano hasta llegar al cerebro. Era una risa descontrolada. Absurda. Ñoña. Una risa muy tonta. Una risa que molestaba, que me ponía de mal humor. Por eso decidí que lo mejor era no invitar a Nicole a casa. Mi hermano no volvería a verla y yo no volvería a escuchar su risa tonta. Y funcionó. Se acabó la risa tonta. Hasta la otra tarde cuando paseando con Nicole nos encontramos a mi hermano. Fue insoportable escuchar la risa tonta de Nicole al saludar a hermano.

 

19 LAS CUOTAS DE LA LECHE (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

─Aquí se lo traigo de nuevo doctor, nos tiene desesperados, ha perdido más de 8 kilos y se pasa todo el día sentado a la puerta de la cuadra con esa penosa cara. Ahora le ha dado por lo de las cuotas de la leche. Dice que nos van a arruinar, que qué va a ser de sus hijos.

─Miguel, ─el doctor mirándolo─, a sus setenta años usted ha pasado por muchas crisis, como las que ha sufrido todo el sector ganadero y de todas ellas ha salido adelante. Mire, acompáñeme. Le voy a explicar lo que le pasa.

El médico cogió por el brazo a Miguel, le ayudó a levantarse de la silla y lo llevó hasta el secreter donde guardaba ordenadas alfabéticamente las fichas de sus pacientes.

─Vea lo que a usted le pasa, mire las de la letra “L”. Todas estas ─el siquiatra señaló un buen trozo de cartulinas abriendo en palmo sus dedos─, corresponden a su apellido. Ustedes los pasiegos son muy proclives a la depresión.

─Vamos a cambiarle el tratamiento. A partir de ahora, señora, que tome una pastilla de Prozac diaria.

─No olvide su medicación y no se preocupe del futuro. “Carpe diem”, señor Lavín.

18. Riesgos laborales (Susana Revuelta)

No olvida la primera vez que un espectador, arrellanado en su butaca, se puso a vocear y lanzarle tomates y él, como un profesional, continuó representando imperturbable su papel hasta que por fin terminó la función.

Han pasado los años y cada vez detesta más a ese personaje que interpreta. Sale cada día al escenario con una sonrisa pintarrajeada e inicia su actuación, siempre con la misma frase, «buenos días, mi nombre es Edgar, dígame…». Con tanto texto que tiene que decir enseguida se le seca la garganta, y de aguantar las peroratas de los demás le arden las orejas. A veces, por el cansancio, tropieza con el decorado, cae de bruces ante la primera fila de asientos y se da buenos tortazos.

Es entonces cuando el público se viene arriba, le insulta y abuchea, y él se imagina escondido tras el telón, acurrucado donde nadie le vea; quisiera desaparecer, que se lo tragara la tierra, pero sabe que tiene que aguantar las ocho horas, las facturas no se pagan solas, y a su edad, dónde van a contratarlo. Así que se recompone rápidamente, se coloca bien los auriculares, pulsa la tecla de contestar, resopla y atiende la siguiente queja.

17. La posteridad

El concierto comenzó.

Había luchado tanto por llegar hasta ahí, que un estremecimiento angustioso le recorría el esófago inquietante como un áspid… El aforo completo, las autoridades, la prensa, todo aquel barullo de pensamientos se arremolinaban batallando por su atención. No obstante, los años de entrenamiento y conservatorio, los múltiples sacrificios, dedos y espalda agarrotados, los miles de recitales, su profesionalidad al fin y al cabo, actuaban de catalizador de todo aquel marasmo de sensaciones. Además, el pianista, tenía un talismán en el bolsillo que acariciaba distraído mientras los vientos iban terminando y preparando su gran, única y esperada entrada.

Y así daría la vuelta al mundo con ese endiablado solo al que muy pocos osaban enfrentar.

Y todo aquello habría valido la pena.

Inspiró profundamente y soltó el aire despacio. Algunas toses salpicaron el teatro, pero de pronto se formó un pesado silencio de apenas dos corcheas precediendo el subsiguiente apogeo.

Justo en ese instante la insidiosa melodía de un móvil llenó de estupor la sala.

La orquesta contuvo el aliento cuando el músico se levantó y apuntó con matemática precisión, (perfecta coordinación viso-motriz), su arma contra aquel zafio.

El intérprete obtuvo entonces los ansiados titulares.

16. Hasta el apuntador (Montesinadas)

Cuando los vemos acercarse posamos panza arriba o bostezamos con las fauces muy abiertas. Nos esforzamos en parecer sumisos, indefensos. Algo sobreactuados lanzamos algún que otro rugido para que puedan hacerse una ligera idea de la fiereza de la manada o agitamos las melenas bajo el sol abrasador de la sabana con la elegancia de los reyes. Llegado el momento, ellos comparten sus imágenes, sus videos. Es cuando aprovechamos para rodearlos y cubrir las posibles rutas de fuga. Localizamos a las criaturas más débiles. Simulamos que nos gustan los trozos de carne que nos lanzan, que peleamos por esa ración de carne putrefacta y sin darse cuenta, ya nos tienen encima. Sólo nos queda esperar a que el guía eche a correr con las llaves del Jeep entre las manos. Esa es la señal acordada.

Nuestras publicaciones

?>
slot toto toto slot slot toto gacor situs slot toto slot gacor hari ini situs slot gacor slot terupdate situs slot toto terbaru