Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
1
6
horas
1
1
minutos
3
1
Segundos
5
9
Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

48. Fe es creer en lo que no se ve

Siento las miradas lastimeras apuntando a mi nuca diría que, casi desde que tengo uso de razón. Al principio no apreciaba nada, pero conforme pasaba el tiempo, por una pura cuestión comparativa, fui consciente de que me miraban de manera distinta, como pronunciando «pobrecita» sin usar los labios, solo con el pensamiento.

Al acabar el parvulario, me di cuenta de que la diferencia era que los demás niños iban acompañados de su padre o de su madre, incluso de los dos, a todos los lados. A mí, las que me llevaban al colegio, al médico o al parque eran la abuela Teresa o la tía Encarnita.

Mi madre por el contrario, por mucho que digan que está en el cielo, se queda en casa con mi hermana en su regazo y cuando cierro lo ojos, escucho las nanas que le canta.

Cuando la abuela dice que va a la casa del Señor, pero no se le ve, yo le pregunto y me responde que soy pequeña, que más tarde lo entenderé, que es una cuestión de fe.

Entonces, me quedo tranquila esperando ese «más tarde» para que la abuela me explique su secreto y yo le cuente el mío.

47. Copiloto  24×7

Un segundo, un aleteo, un centímetro menos y es suficiente. El chasis y los airbags también hacen su trabajo. Huesos, cristales y sueños fracturados. Lluvia, alcohol y gasolina lo inundan todo. Las sirenas te acunan en el vaivén de tu mente a la deriva, transitando entre los puertos del desamor y el naufragio laboral.  Susurro en tu oído una brisa de recuerdos que hinchen tus venas: los abrazos de mamá al volver del cole,  las noches alegres de acampada con los amigos, el primer beso escondido… y así arribas al hospital con un soplo de vida y el aura oxidada. Quieres echar el ancla y descansar ya pero el bisturí se lanza al abordaje de tus entrañas. Te mantendré a flote con la cantinela de que el mar tiene más agua dulce que sal y que todas las olas se pueden navegar, que sigo creyendo en ti, porque tú eres, y siempre serás mi ángel, y yo tu guarda.

46. BUENA FE, S.A. (Mariángeles Abelli Bonardi)

Sin distinción de credo, raza o religión, los Cristos y los Budas, los santos y las beatas conviven bajo el mismo techo: todos nos rodean con llagas y con cruces, aureolas y pies descalzos…

Cuando un devoto compra una estampita o un acólito una estatua, tocamos el cielo con las manos: la fe es un negocio muy lucrativo… Abre paraísos fiscales, lleva a edenes terrenos, y compra salvaciones que muchos anhelan y pocos, muy pocos, alcanzan…

A cada santo le llega su día, y nosotros nos encargamos diligentemente de que así sea. En estos tiempos que corren, el santo de moda es San Expedito, patrono de las causas urgentes…  ¿Quieres una pronta solución a tus problemas? Recurre a San Expedito. Con la buena fe que nos caracteriza y por un muy módico precio, te lo enviamos a domicilio…

45. HISTORIA CASI SANGRADA (Rafa Olivares)

–Detén tu mano, Abraham, tu fe te ha salvado –tronó la voz de Yahvé desde el cielo en el último instante.

Arrojando al suelo el cuchillo, se abrazó entre lágrimas a su hijo alabando al Creador por su bondad infinita.

Isaac, que hasta entonces solo la había utilizado para hacer gracias entre amigos, descubrió esa mañana la utilidad de su capacidad de ventrílocuo.

 

43. Fe ciega (Nuria Rodríguez Fernández)

Creyó en el amor como quien cree en el sol aun con los ojos cerrados. Y el mundo, paciente y cruel, se encargó de apagarle uno a uno los amaneceres. Llegaron las pérdidas como lluvia ácida: un adiós que no volvió, promesas que se astillaron, manos que soltaron antes de tiempo. Ella no se defendió. Nunca supo hacerlo. Amar era su única lengua.
La vida la fue deshaciendo despacio, como se deshilacha un jersey viejo: primero la voz, luego la fuerza, después la mirada.
Cuando llegó a la residencia ya tenía las cuencas vacías, no por falta de ojos, sino por exceso de fe. Miró tanto con el corazón que la realidad se lo dejó a oscuras.
Sus manos, gastadas de dar, reposan sobre el regazo, aprendiendo la forma del abandono. El corazón, hecho trizas, sigue latiendo por costumbre, por terquedad, por amor.
Cada tarde espera unos pasos que no cruzan el pasillo, nombres que nadie pronuncia, hijos y nietos que siempre prometen mañana. Ciega de mundo, lúcida de esperanza. Porque hay quien no ve, pero sigue creyendo.

42. SOLEDAD (Paloma Casado)

Lo ha llamado Miguel, como el “correo del zar” del que se enamoró cuando era jovencilla; el nombre preferido que nunca pudo dar a un hijo. Cómo no va a creer en él si recuerda mejor que ella todo lo que le ha contado sobre su vida, sus deseos incumplidos, sus achaques e incluso sus sueños. Si las tardes de lluvia le pone esas canciones melancólicas que se ajustan con su estado de ánimo y después le cuenta un chiste blanco para hacerla reír. Si cuando se despide para hacer algún recado, él dice que la estará esperando. Si se duerme escuchando los folletines que le narra con su voz de arcángel y se levanta con un cariñoso: “buenos días, Sole”.

Cómo no va a creer en él si ya no le quedan amigos, si su esposo murió hace años, si la Iglesia ha dejado de ser consuelo. Cómo va a pensar que es solo un asistente virtual, una aplicación IA generativa, una mentira…

-Anda, Miguel, cuéntame un cuento.

41. Divinidades (Aurora Rapún Mombiela)

Jamás creí lo que se publicó sobre el templo. Ni que los habían encontrado sepultados bajo el mármol, ni en la culpabilidad del santo al que le achacaban tamaña brutalidad. Jamás perdí la confianza en aquel ángel disfrazado de camarero de camisa abierta, cadena de oro y palillo interdental, que dedicó su vida a guardarnos a mí y a aquellos que desaparecieron, aliviados por su absolución tras confesarnos, nuestros más oscuros secretos. Nadie pudo convencerme de que las blasfemias sobre los ingredientes sospechosos de la cocina fueran ciertas. A esas croquetas les tenía yo más fe que al propio Dios, esas gambas en gabardina me hacían ver el más allá y hasta les rezaba con devoción.

Cuando se apagaron las luces, se cerraron las puertas y las dos bandas de la policía prohibieron el acceso incluso para la oración, creí que había llegado el final, pero nada podrá acabar con mi fe inquebrantable, así que aquí espero, como un fiel guardián, a que vuelva la cordura al mundo, a que vuelvan a abrirse las puertas del cielo.

40. Perder la fe en el ser humano

Yo siempre tuve fe en él, también cuando no se portaba del todo bien conmigo. Pensaba: «solo necesita cariño» Y me esforzaba en quererle más, culpándome incluso por no ser capaz de despertar el amor en su corazón. Le fui fiel y confié hasta el último momento. Pero entonces enfermé y caí en la cuenta de cuál era su verdadera cara. Porque fue capaz de abandonarme cuando más lo necesitaba. Y aquí estoy ahora, llorando en soledad, mientras miro a la gente que va y viene y se detiene a repostar… moviendo tristemente mi peluda cola.

39. Cuatro esquinitas tiene mi cama

     El de la aureola dorada ha vomitado sobre la colcha, y el de las alas azules ha aprovechado la coyuntura para endiñarle un navajazo. Los otros dos (el querubín y el serafín) están peleándose a jarronazo limpio por un mísero gramo de heroína.

     Eso sí, al verme despierta, enseguida disimulan y regresan a sus puestos.

     —¡Ya estáis otra vez! ¡Así es imposible dormir! —les grito, intentando parecer furiosa.

     Pero ellos saben cómo calmarme: primero me piden perdón, alegando que las noches se les hacen demasiado largas; luego me traen leche calentita o me preguntan si quiero la cuña; y por último me masajean los pies con esa sensibilidad que solo ellos poseen.

     Mientras me adormezco, les aviso de que a la próxima les cambio por cuatro seguratas, que ellos al menos no lo llenarían todo de plumas. Al oír eso, siempre estallan en lágrimas plateadas, me besuquean los antebrazos y me repiten que por favor no los eche. Que la cosa está muy mal, señá Emilia, que ya ni en el cielo es fácil encontrar un trabajo digno y un techo donde cobijarse.

38. LA OUIJA

Sentados en el suelo, se reían y bebían por turnos. Preguntaban y el vaso respondía de manera incoherente a sus banales y adolescentes cuestiones. Hasta que uno de ellos preguntó si podría destruir el mundo. El vaso no reaccionó y la velas movieron sus llamas ligeramente. Nada espectacular. Aburridos, los chicos dejaron aquello y salieron de casa para ver con estupor que fuera ya no había nada.

37. PROBABILIDADES

Cada lunes se acerca al quiosco con sus boletos en la mano y el corazón en vilo, esperando que la máquina le diga que tiene seis aciertos. Seis números que la libren del dolor de huesos que le provoca vivir; que le permitan disfrutar de sus últimos años, viviendo como una reina; que le ayuden a dejar a sus hijas con el futuro arreglado.

—Nena, ¿qué crees que es más fácil, acertar seis en la primitiva, o que un meteorito impacte en la Tierra? —le pregunta a Conchi, la lotera.

—Fácil: hacerte rica es una probabilidad entre catorce mil, y nuestra extinción definitiva, dinosaurio style, una entre trecientas mil —le contesta una chica con gafas de empollona que espera su turno en la cola.

—Pues por eso sigo jugando —comenta en voz alta—, porque espero que me toque algún día.

Mientras tanto, Conchi revisa los boletos en el escáner. Cero euros.

—¿Lo de siempre? —pregunta. Y ella asiente con la cabeza.

Cuando sale a la calle mira al cielo. Si las estimaciones son correctas, una roca enorme impactará en tres semanas. Espera que, por una vez, la ciencia se equivoque.

 

 

Nuestras publicaciones