Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

49. «Atormentada» (María José Escudero)

Además, el humo del aceite me afecta severamente a los ojos -concluyó la abuela a voz en grito desde la cocina. Primero había declarado que estaba harta. Harta de teñirse las canas en casa.Harta de cuidar a los nietos. Harta de cocinar los domingos para nueras y yernos…Que necesitaba tiempo. Tiempo y atención.Expresado esto, su pulso se aceleró, se dejó arrastrar por un arranque emocional y explotó como un globo. Se dolía de aquel trabajo gris que nadie valoraba, y terminó diciendo cosas difíciles de olvidar.

Ni mis padres ni mis tíos se dieron por aludidos hasta que, pasados treinta segundos de aquel comunicado urgente, un ruido de cacharros se escuchó como un trueno. El cielo estaba despejado y la predicción meteorológica local descartaba perturbaciones, sin embargo, hubo un momento que, incluso, nos faltó laluz.

En el comedor se vivieron momentos de desconcierto. El abuelo, alarmado, sólo quería saber por qué lagrimeaba, pero ella necesitaba desenredar abiertamente las verdadeas razones de aquel repentino llanto.

Pasada la tormenta, nos sentamos a la mesa y comimos, y callamos. No fuimos capaces de cantar  «el cumpleaños feliz», tampoco de entregarle el paraguas y la plancha que le habíamos comprado.

48. Algo inservible (Jerónimo Hernández de Castro)

Como cada noche, Jonathan Andrews se sentó junto a su esposa. La mujer respiraba con dificultad, ahogada por la enfermedad que seguía su curso.
– Jonathan …
– No te fatigues. Descansa…
– Antes de que me vaya de tu lado debo decirte algo. Sabes cómo te amo, pero no quiero ocultarte más unas cartas que encontrarás en la arqueta de arce. Toma esta llave, te lo ruego. Deberás abrirla y perdonarme.
– Lo haré querida, sé fuerte. Ahora debo ayudar al señor Franklin. Volveré pronto.
El hombre salió al galope bajo la tormenta, hacia la pradera de Filadelfia donde el padre de los Estados Unidos realizaba sus experimentos.
– ¡Jonathan! ¿Cómo sigue su esposa?
– Estable señor. Quizá tarde un tiempo en reunirse con nuestro pequeño. Pero no se preocupe, es mi deber ayudarle. ¿Ha traído la cometa?
– Sí, agradezco tu sacrificio y más hoy en que todos los rayos del cielo parecen a punto de caer sobre nosotros. Si la naturaleza de esos fenómenos es como intuyo, quizá algo metálico e inservible podría atraerlos a la cometa.
– Descuide señor Franklin, tengo lo que necesita.

47. Brainstorming en Lucro S.A (María Elejoste -Mel-)

–Bienvenidos, mi nombre es Jou Kert y estoy aquí por petición  del director general. Tomen  asiento y abran las carpetas azules. Encontrarán  información financiera, balance y previsiones económicas.

Transcurrido un minuto de susurros y exclamaciones. El asesor se atusa el cabello y prosigue.

–Están ustedes a punto de quebrar, a menos –espera un instante deleitándose  –que hagamos algo. Necesitamos ideas revolucionarias  para recortar gastos o aumentar márgenes.

El director de producción propone, con un hilillo de voz, incrementar las horas de trabajo. Todos le miran con miedo pero Kert aplaude con energía. Envalentonado, el director de calidad, sugiere flexibilizar los controles.

–Perfecto –sonríe Kert –especialmente en los productos que se exportan.

El responsable financiero habla de bajar sueldos a los operarios y el de organización propone despedir a las mujeres embarazadas.  Y así, en una media hora ya han calculado un ahorro de un millón de euros. Palmotean emocionados.

–Han hecho ustedes un trabajo excelente para salvar a la empresa, se merecen una gratificación, digamos unos cincuenta mil cada uno, y así siguen ahorrando medio millón.

Todos aplauden ajenos a la lucecita roja que desde hace algo más de una hora retransmite imagen y sonido a “caza corruptos sin fronteras”.

46. BRAINSTORMING

Mientras desciende por el sendero de la Ermita no puede dejar de mirar el cielo. Los nubarrones que asoman detrás del Serantes anuncian tormenta y de la buena.  Se apresura, intentando no resbalar con las piedras sueltas. ¡Sólo falta que se rompa  un tobillo o algo y le pille la lluvia en medio del monte!

Ahora se arrepiente de no haber avisado en casa de que iba a subir a San Telmo, pero es que no quería que le encasquetasen al chucho. Lo que quería era pasearse tranquilo y no tener luego que andar eliminando garrapatas, ¡que ese bicho las  pilla todas!

El retumbar del trueno le hace retomar esa idea que le ronda la cabeza desde que empezó ingeniería: ¿habrá alguna forma de inventar un teléfono inalámbrico que se pueda llevar al monte por si ocurre un contratiempo o que te avise del tiempo que va a hacer? ¡Imagínate! ¡Un teléfono en el bolsillo!

–“Naaaaaa, ¿quién iba a querer un trasto así? – piensa, mientras en las aguas del Abra se hunden los primeros relámpagos.

45. Rata

Abandonó el barco como una rata. Sabía que nos íbamos a pique. Evitaba el naufragio. El agua. La lluvia de mis lágrimas. No me di cuenta hasta que se fue, él era quien nos hundía porque hemos vuelto a navegar en paz.

44. A veces el tiempo. Nunca Dios.

Su conciencia no podría soportarlo, pero continuaría con la ceremonia. El sacerdote miró fijamente los ojos tristes de la novia. Después al viejo cacique sonriente, vestido de frac. Prosiguió:
– Quien tenga alguna objeción que hable ahora o calle para siempre.
Esperó unos segundos, aunque la anciana madre del novio, tampoco el médico, los guardias civiles ni el tendero, se atrevieron a protestar.
En la calle aguardaban los familiares de la prometida. Las nubes ocultaron el sol. El cura concluía las nupcias cuando comenzó la tormenta. El primer rayo cayó sobre la espadaña.
El segundo destrozó la iglesia por completo.

43. Escondite (Blanca Oteiza)

La noche se hizo fría. Las estrellas se escondieron detrás de las nubes mientras contaba hasta diez. -Ya voy-dije a la vez que salia por el pasillo a oscuras como un explorador buscando su recompensa. El primer trueno sonó aún lejano cuando escuché unas risas debajo de mi cama. Me agaché y las risas se volvieron carcajadas; había encontrado el tesoro. Ahora me tocaba esconderme a mi. Los truenos acechaban la ciudad que resistía al asedio de los relámpagos. El cielo se encendía como si en las nubes hubiera una fiesta con luces de colores. Sin respirar casi y con la tripa metida aguantaba detrás de la puerta de la cocina. -Estás aquí mama- sonó la voz dulce que pronto calló con el trueno ensordecedor que se escuchó. La tormenta había llegado, la ciudad quedó atrapada en las redes luminosas y sonoras. Era el momento de acurrucarnos bajo las sabanas con dibujos de soles amarillos.

42. Seísmo

Cuando empiezan a caer las primeras gotas, a mi hermano y a mí nos gusta ver cómo les nacen caracoles a los muros. Mientras suben por los jaramagos los vamos contando en voz baja hasta que desaparecen entre las grietas. Entonces nos metemos también en la casa y continuamos persiguiéndolos a través de los escombros.  Al llegar a nuestra antigua habitación nos tumbamos en la maleza a esperar entre risas a que los caracoles nos trepen por todas partes.  Su blando correteo sobre nuestra piel nos recuerda siempre a mamá, a cómo le divertía despertarnos haciéndonos cosquillas cada mañana.

41. Cuentos de miedo

Sentado en una esquina de la cocina, el niño escucha aterrorizado los truenos, con los ojos muy abiertos. Los rayos lanzan destellos azulados que empujados por ráfagas de viento, atraviesan los cristales. Iluminan los rostros de los tertulianos, que a la lumbre del fuego se le antojan demonios. Recuerdan leyendas de difuntos o historias de extrañas desapariciones y de orfanatos abandonados. Agitan con risotadas las calvas,  las enormes narices y las cejas pobladas en rostros enjutos.

Con lágrimas y el corazón encogido, a punto está de romper a llorar cuando unos dedos enredan su pelo, templando el sudor frío de su cuerpo. Sesgando como hoja de acero afilada las sombras oscuras del infierno.

40. Día de lluvia

Descansó la sobarba sobre la boca del cañón y no vaciló; la escopeta, tampoco. Unos minutos antes, una llamada suya a la Policía les puso al corriente de lo que allí se encontrarían.

Aunque llevaba tiempo con las cartas guardadas, no había sido hasta esta mañana, con los primeros truenos avanzando el peligro que traía el día, cuando se había decidido a acercarse a Correos. Con aquellas hojas, preñadas de letras dolidas que no ocultaban reproches a unos hijos demasiado ocupados y siempre ausentes, no solicitaba perdón. Se conformaba con espantar el odio que pudiera aflorar en ellos hacia un padre viejo, que rebasado por aquella enfermedad desbocada que había dejado a Matilde, primero sin recuerdos y más tarde sin fuerzas; que vencido por aquella muerte en vida que le torturaba hasta el punto de no soportar verla ni un día más postrada en la cama de aquella habitación estéril, donde la única visita era la del sol, los días claros; que él, en plenas facultades mentales y en un acto de humana compasión, había tomado la determinación de escapar con ella de este mundo falible en busca de algo mejor.

Amaneció el día apuntando agua y llovió a mares.

39. Bajo la tormenta

Ella apretó su dedo y se quedó dormida, él pasó toda la noche con los ojos abiertos, se le oprimía el pecho cuando imaginaba su vida sin ella, no podía salir de la jaula de sus pensamientos y ella no podía franquerla, la puerta estaba cerrada.

Él se imaginó libre sin los miedos que lo ataban. Ella se imaginó caminando junto a él. Él sintió que tropezaba. Ella siguió caminando. Él no pudo levantarse. Ella sintió que debía dejarlo ir, “camina a tu paso” le dijo, yo te espero en la estación.Él se sintió temeroso pero se levantó. Ella ya no estaba. Él sintió temor, en cada paso el miedo se hacía más intenso. Ella pensó que él no llegaba, él pensó lo mismo. Ella miró el horizonte con ojos de agua. Él se abandonó. Ella nunca lo perdonó.

38. Palabras abstractas

 

Como una oruga dentro de una hoja verde  bajo la tormenta: Era uno de los símiles preferidos de Inés.  Así se refería al miedo. Si hablaba de esperanza, narraba como  la tortuga luchaba por  alcanzar el mar tras dejar sus huevos en la arena. Inés daba a todas las emociones y situaciones abstractas de la vida una explicación natural. –Los veterinarios, somos así.- decía. – Todo lo llevamos a nuestro terreno. No hablaba de ocio, sino de que el ser humano debe jugar como lo hacen los animales cuando han comido y procreado.  Yo podía pasar horas escuchando como conectaba los  pedos de las vacas con el calentamiento global.  No entendía absolutamente nada de lo que me contaba  pero me gustaba como sonaban sus palabras.  Era el primer síntoma de que me estaba enamorando  profundamente de Inés.

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