Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

OCT26. INVOCACIÓN, de María Estévez

Sonrió ante el espejo. Se veía bonita, su pelo recién lavado, y una nariz respingona. Veinte pecas adornaban su cara igual que unos topitos bordados en fieltro. Llevaba puesta una camisa tres tallas más grandes cubriéndoles los dedos de las manos, un vaquero roído y unas bambas azules. Volvió a sonreír, ésta vez atusando la larga melena negra; alzándola para recoger en un moño la mitad, la otra, caería en cascada hacia el lado izquierdo del cuello. Había aceptado el reto en el instituto el día anterior: Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary, Bloody Mary. El cristal estalló en mil pedazos diseminando por toda la habitación los topitos.

OCT25. LA CENA DE MAMÁ, de Rakel Ugarriza Lacalle

La noche del jueves Belinda y su amante decidieron escaparse juntos. Una hora antes de la huida, limpió el pescado y lo metió en el horno. Tras fregar lo que había manchado, agarró el cuchillo más largo que encontró en la cocina, y propinó doce puñaladas a su marido, mientras este dormitaba en el sofá; ese de cuero blanco que ella tanto odiaba por ser tan frío en invierno y tan pegajoso en verano, el mismo que su suegra se había empeñado en regalarles por su décimo aniversario y que ahora permanecía cubierto de sangre. Tras el crimen, descolgó el auricular del teléfono, marcó el número de su hijo y cuando contestó, Belinda acertó a decir: “Cariño, la cena te espera. No tardes, tu padre se enfría”.

OCT24. ACTO DE FE, de Salvador Esteve

Los pasajeros del boeing 787 tenían pánico, el desastre se presumía inminente. El avión se tambaleaba de un lado a otro, en cualquier momento su vuelo sería en picado. Joseph Sleiter tambien tenia miedo. A su lado, un sacerdote rezaba. Sleiter no era católico pero creía en las señales, iba a morir y su alma estaba en pecado mortal. Cuando el avión se inclino hacia delante se apresuró a pedir al padre en confesión. Había asesinado a su mujer, todo el mundo la creía desaparecida, pero en realidad estaba enterrada en el bosque Cookson, al pie de una enorme encina. El avión, ya en frenetico descenso, hizo un movimiento brusco y retornó a su trayectoria normal. Debajo de la sotana el teniente de homicidios Robert Bogar sonreía satisfecho, la operación «Acto de fe» había sido un éxito.

OCT23. ENSAYO DE UN SUICIDIO, de Héctor Hernández

Hoy es el día esperado. Altura: 3,500 pies y en ascenso; clima inmejorable: el sol corona desde el cenit al inmenso tapiz azul decorado con ramilletes límpidos. Ayer realizó su último salto
obligatorio con instructor. Pero ahora, por primera vez, lo hará él solo, tal y como lo había deseado. Mientras se abre la puerta del aeroplano, concentra todo su ser para el lance triunfal que ejecutará enseguida: experimentará la sacudida de adrenalina que brinda una caída libre, luego le seguirá la sensación inigualable de vaciedad y, entonces, dará inicio su interpretación. ¡Ah, si tan solo los demás pudieran apreciar la belleza de sus actos! A medida que caiga, los rostros que alguna vez tuvo entre sus manos serán emulados por el suyo propio con una maestría atroz: rostros de desesperación, de agonía, rostros descompuestos por el terror de saber que en cuestión de segundos terminará todo. Pero, sabedor de su arte, dejará para el final, para cuando consiga cortar la última correa y su cuerpo esté a punto de despedazarse en tierra, el mejor de todos: la calma y benignidad en los ojos de su última víctima serán dignos de un colofón apoteósico como el que siempre imaginó.

OCT22. CAZADO, de Susana Revuelta

El pequeño antílope se agita convulsionado sobre la tierra polvorienta, es lanzado por los aires como un pelele y cae preso en las fauces de la leona, que lo sujeta con fuerza.
—Ramírez, ¿está usted sordo o qué? Deje de mirar a las musarañas y salga de una vez al encerado a resolver la ecuación.
En un intento de huida se marca un instintivo zigzag, pero no consigue ponerse a salvo junto al resto de la manada. Su verdugo le oprime el cuello y comienza a sentir que no le llega el oxigeno. En un estertor de muerte trata un escape a la desesperada.
—Señorita, es que me he torcido la muñeca saltando el potro en clase de gimnasia.
La mandíbula de la felina da un giro a su pescuezo y se oye un fuerte craaack que retumba en su cabeza y en toda la meseta del Serengueti. El cielo azul se oscurece y el sol deja de brillar para él, para siempre.
—Recoja sus bártulos y abandone el aula. Esta tarde tendré unas palabras con sus padres. Y no me mire con esa cara de cordero degollado, que todavía no me he comido a nadie, aunque nunca se sabe…

OCT21. A LAS CINCO DE LA TARDE, de Nuria Casado Marco

Con la mochila al hombro cargada de recuerdos, emprende el viaje. Mientras sube la escarpada colina entre violentos espasmos sanguinolentos, va despojándose de los momentos y vivencias que han marcado su dilatada vida. Ve con claridad la miseria de sus primeros años de maletilla, el arrojo en las plazas cuyo reflejo quedó en su cuerpo marcado de cicatrices, y las heridas que no se ven, las heridas del alma. Recuerda como los escasos momentos de gloria fueron catapultados por el alcohol y los excesos. Una nube cruza su rostro al ver nítidamente la imagen de la mujer que amaba, la que tanto le cuidó y a la que dejó marchar, el desencadenante que propició el vertiginoso descenso a los infiernos.
Por fin llega a su destino, puntual a la cita. De pronto, el aullido del viento se transforma en vítores, el graznido de las aves en aplausos. Con gesto concentrado se ajusta la montera, separa las piernas, adelanta el mentón desafiante, despliega su capote con garbo torero dispuesto a ejecutar una verónica y a enfrentarse a Ella con honor, a una muerte segura, el último lance. A las cinco de la tarde.

OCT20. VOLUTAS DE HUMO, de Mari Carmen Brun Martín

Apoyada sobre la mesa del despacho, le esperaba ocultando la belleza de su figura entre sinuosas volutas de humo. La noche anterior se habían conocido en un club de alterne. Era hermosa y deseable como no había conocido mujer alguna.

Todo ocurrió deprisa, en una llamarada de orgía y de pasión…

Le rogó, le suplicó, que dejara aquella absurda rutina que era su vida: familia, trabajo, amigos; que vivirían intensamente, que ella le enseñaría la verdadera felicidad…

Por más que insistió, el no quiso escucharla.

Acostumbrada como estaba a que nadie se resistiera a sus deseos, le aseguró que volvería.

Una noche se sintió indispuesto, dio las buenas noches a su esposa y se fue a descansar. Sentada al borde de la cama, estaba esperándole aquella extraña mujer, que ocultaba su figura avejentada y decrépita entre sinuosas volutas de humo…

OCT19. LA SIGUIENTE, de Virtudes Torres

Debéis creerme cuando os digo que amo a la vida más que a nada en este mundo.
Debéis creerme si os digo que la amo tanto como a mi madre, pues por ella soy.
Debéis creerme si os digo que daría mi vida si de ella dependiera la de mi madre.
Pero deseo tanto vivir…
Por favor mamá: ¡anula tu cita con la Clínica!

OCT18. TU COMIENZO SIN FINAL, de Ana Belén Rodríguez Piqueras

Introduje la llave y no estabas. Últimamente salías más tarde de trabajar. Decidí esperarte tumbada en el sofá. Recuerdo que estaba cabreada porque siempre llegabas de noche a casa. Tan poco puntual como de costumbre, pensaba.
Me quedé dormida. Al cabo de varias horas desperté y te llamé sin respuesta, subí al segundo piso y allí me sorprendió tu muerte entre las sábanas.
Te fuiste como llegaste, de hurtadillas, sin temor a nada. Te fuiste valiente y directo. Sin rodeos, en una semana, sorprendiste al calendario y exprimiste los meses que nos dijeron que te quedaban. Te bastó un largo sueño para dejarme tu adiós.
Esta quizás sea la historia más triste de todos los tiempos, porque no tiene final. Final tienen los cuentos, los derroteros, el mar. Final tiene el principio y hasta la mitad. Final tiene quien lucha y quien espera en el hogar. Final tiene el que sueña porque sabe que tiene final. Final tiene la espera y el rocío al despertar. Sin final solo está la muerte, porque en ella todo es comenzar. Comenzar de nuevo a andar solos, comenzar a despertar, comenzar a vivir sin ti que para mí ya es suficiente final.

OCT17. CARTA DE UNA MADRE, de Fernando da Casa de Cantos

Esta es mi última carta. Me despido de este mundo dedicando unas líneas a quienes más quiero, mis verdaderos hijos.

Todos vosotros me sobreviviréis muchos años. Alguno casi se convertirá en inmortal. Os deseo lo mejor, espero haberme comportado como una buena madre. No quisiera el mal para ninguno de vosotros, por pérfidos o rufianes que seáis. A ojos de la mayoría rezumáis desprecio, pero no para mí. Una madre siempre ama a sus hijos.

Ochenta y tres hijos, qué barbaridad. No sé cómo pude aguantarlo. Mi amiga Margaret solo tuvo uno y casi muere en el intento. Otras se pasan la vida intentando engendrar y nunca llegan. Le echan la culpa a las circunstancias, a terceras personas, a la búsqueda infructuosa de su pareja ideal… Se creen las mejores y más fértiles. Infelices, tal vez solo sirven para crear pequeños cuentos que les publicará algún amigo a cambio de un tarro de mermelada.

Tras el trajín, el sueño
tras los mares tormentosos, el puerto
tras la guerra, la paz
tras la vida, la muerte: ese es mi deseo

Recordad siempre estas palabras, me acompañarán hasta la eternidad. Nadie escapa de su destino.

Con amor,

Ágatha

OCT16. A MI QUERIDO AMIGO JAVIER, de Jesús Alfonso Redondo Lavín

—No tengo ninguna duda, señor juez, es su letra y es su firma.
Era una letra agradable, regular, de claro trazo en azul grueso, hecha con su inseparable pluma estilográfica. Yo, en la oficina, la había visto muchas veces.
Cuando se jubiló, Javier, nos advirtió que si le regalábamos, como a otros, la bandejita de plata con la firma de los compañeros, ésta acabaría en el cuarto de baño de su casa como posa-jabonetas. Buscamos y dimos con algo más acorde a sus aficiones: una buena pluma estilográfica.
Su cita con la muerte llegó tras cuatro meses de posoperatorio. Los antibióticos luchaban contra las infecciones y le proporcionaban algunos días lúcidos; escribía en tinta azul su testamento, ahora entre mis manos. Pero las recidivas se sucedían hasta que los medicamentos y su cuerpo perdieron la batalla.
—…esposa, si muero, cuando muera, cúbreme el rostro; de niño me obligaron a besar la fría mejilla de mi padre; es un horror en mis recuerdos….
—…si muero, cuando muera, incinera mi cuerpo y esparce las cenizas en las Hoces del Duratón, donde vuelan los abantos, frente a la ermita de San Frutos, en el acantilado….
—Señor juez: definitivamente, sí, sí es su letra.

OCT15. UNA VEZ EN UN LUGAR UNA JUSTICIA, de Marcos Santander

Buena parte de los habitantes de aquella ciudad conocían día y hora en que con toda seguridad iban a asesinarlo. Sinesio Restrepo del Moral, un floreciente y conocido empresario con conexiones financieras en los grandes centros de la cosa en el país. La ciudadanía sabía de su falta de escrúpulos y mano de soplete acetilénico con la que saneaba, cambiaba, vendía, compraba cualquier bien y vida sin tener en cuenta nada más que su huérfano interés. Era un hijodeputa inmenso como un ochomil, por eso a la gente tampoco importaba demasiado que lo fueran a asesinar. «Comunico a la opinión pública que el día tal a las tal voy a ser asesinado», había dicho en más de una ocasión en medios de prensa, y muchos oyentes y televidentes exclamaban al unísono, «Que te jodan cabrón» Finalmente, llegaron tanto el día como la hora y, después de los adecuados preparativos, aquel collar de metal alrededor de su cuello y las tres o cuatro vueltas de aquella barra roscada de paso ancho hicieron su cometido. Hacía pocos meses que se habían endurecido las penas para todos los delitos económicos que fueran contra los intereses de la mayoría de los ciudadanos.

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