Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

PERTENENCIA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA PERTENENCIA

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA PERTENENCIA en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 DE AGOSTO

Relatos

35. EL BESO MÁS LARGO

Salí de la fiesta un rato. Te veía tan entretenida con el resto que no pensé que me pensaras. Me di una vuelta, escapé a respirar la noche y a fumarme un cigarro que me supo agridulce. Cuando volví, tú estabas fuera, me buscabas, y me contaste una historia que te había puesto triste. En tus ojos, los ojos más bonitos de todos los universos, un lago verde rebosaba lágrimas. Vi en tu cara la cara más triste del mundo y sentí unas ganas tan tremendas de besarte que sólo fui capaz de no decir ni una palabra, de no mover ni un solo músculo, de no escuchar absolutamente nada que no fuera aquel silencio negro de la noche iluminado sólo por la luz de tus pupilas. El brillo de tus ojos abría puertas, mi deseo cobarde las cerraba.
Pasó el momento y no hice nada, y aún hoy – años después-  me atormenta la torpeza de no haberme tropezado con tus labios. El beso más dulce de mi vida es ese beso que no fue, y es el más largo.

34. Castaño claro casi azul

Hace tiempo que evitamos mirarnos a los ojos. De forma tácita hemos elaborado una minuciosa estrategia, para evitar esa colisión visual. Durante el día, la maniobra evasiva es muy sencilla. Los niños, la tele, la comida… Pero la verdadera pericia esquiva sucede en el silencio de la noche, cuando compartiendo aún la misma cama y, por educación, nos decimos un “buenas noches” aprovechando el último click mirando a la lamparita.

Hay veces que sucede. Es algo inevitable. Sólo entonces, cuando tu azul edén  impacta en mi marrón miel, los cristales de nuestras ventanas se llenan de vaho, aunque fuera el sol se muestre especialmente radiante.

33. Amores que matan

Se bebían la vida. Les quemaban las horas en las manos y no querían perderse ni tan solo un segundo. Siempre juntos y siempre dispuestos a la aventura. A lomos del vértigo, el riesgo y la velocidad. Y los cuatro tenían, en secreto, un amor en común. Enamorados de la más misteriosa y seductora. Pero aquella noche que estrenaron con la misma ilusión que las anteriores, los ojos de Jesús, el benjamín del grupo, se encontraron por fin con los de ella, temblones y grises como un cielo de lluvia. Surgiendo así un flechazo fulminante.

Del accidente, sus tres amigos salieron con heridas leves.

32. CAFETERÍA CUPIDO

CAFETERÍA CUPIDO

 

Daniel estaba sirviendo los cafés a aquellas mujeres que solían merendar allí todos los viernes. Ese día había una nueva incorporación, era difícil no clavar los ojos en sus preciosos ojos azules, mentalmente Daniel recordó la rima de Bécquer y se sonrió. Luego supo que esa sonrisa tampoco pasó desapercibida para Malena.

Entre churros y chocolates charlaban animadamente sobre amor y sexo. ¡Cómo no!, se lamentaban de lo complicado que era coincidir en tiempo y vida con la persona ideal.

Malena se levantó y al pasar por su lado, Daniel pensó que entraba de sopetón en un estado de limerencia absoluta, necesitaba que esa diosa pelirroja se enamorara perdidamente de él.

De todas las amigas fue ella quien pidió la cuenta y cuando el apuesto camarero, todas se habían percatado de ello, fijó su mirada en Malena no hizo falta más, un roce de sus manos y un “mañana te espero para desayunar”.

Daniel despertó temprano envuelto en un aroma a petricor que lo sacó de la cama apresuradamente, se bebió las calles hasta la cafetería temiendo que la lluvia arruinara su cita y entonces la vio cruzar la avenida bajo el paraguas.

Daniel tomó su mano, ella le sonrió.

31. SOSPECHA

Adela siempre estuvo enferma por eso tomaba tantas pastillas. No fue difícil hacer el cambio y el desenlace fue más rápido de lo esperado. Muerte natural, dijo el médico. ¿Quién va a ponerlo en duda?

Con estos pensamientos Ignacio, el viudo, termina de recibir los últimos apretones de mano, los pésames y los abrazos. El de su cuñada Elvira, la hermana de Adela, le pareció distante, eso le atormenta. Tampoco ahora, enfrente junto a la tumba, puede mantenerle la mirada que siente acusadora.

El incómodo silencio lo rompe el rascar de la paleta del operario que cierra la tumba. Es un sonido áspero y frío, como la mañana que viste de luto.

30. FACTORES

El sonido del timbre baja las escaleras, repta por los pasillos, se mete en las taquillas y sale al patio en busca de aquellos que se retrasan vencidos por el peso que cargan a su espalda y que no está dentro de sus mochilas.

Al cerrar la puerta tras de sí, con el timbre ya dormido, Iván tropieza con los ojos del de mates chispeando un reproche. Pero no es esa la mirada que logra traspasar su piel hasta hacer nido en sus entrañas. Esa es la que viene del pupitre situado detrás de él, la que cargada de veneno va alfombrando sus pasos hasta llegar a su asiento.

Después vendrán los mensajes de WhatsApp, las macabras instrucciones, los insultos y humillaciones. Quién sabe lo que le tocará hoy… Aún tiene dentro las huellas del asco después de haber lamido las zapatillas de los tres gallitos de la clase. Mientras, en la pizarra, el profesor proclama como verdad incuestionable, que el orden de factores no altera el producto.

 

29. NI UNA PALABRA

Aquella mirada fría, casi estéril, no significaba que estaba despedido, que a partir de mañana tendría que buscar trabajo, que tenía un mes de ahorros, que mi familia ya no tendría vacaciones ni yo ese coche; aquella mirada era la de quien ha esperado mucho tiempo para cobrarse una deuda de juventud, una novia arrebatada y alguna burla más. A él le gustaría sonreír y a mí partirle la cara.
Mientras firmo el despido, lo odio en un silencio que ningún diccionario podría explicar, pero me atrevo a mirarlo fijamente y, sin decir ni una palabra que resumiera mi rabia y mi derrota, compruebo que él me odia también porque aún sigue enamorado de aquella chica que me besó en el baile de graduación.

28. LA EXPRESIÓN QUE LO DIJO TODO (Mariángeles Abelli Bonardi)

A Soledad se le hacen pesadas las clases de Sintaxis Inglesa, pero se esfuerza en prestar atención. Materia troncal del traductorado, si la aprueba podrá cursar la correlativa que le sigue…

De diez de la mañana a una de la tarde, son tres horas reloj de oraciones simples, complejas y compuestas, frases nominales y verbales, diagramas que las desglosan y le hacen la vivisección a esas palabras que tanto le gusta pronunciar… y entonces, mientras toma frenéticos apuntes, Justo, el chico de los ojos verdes, le convida un mate: sus miradas encuentran la misma expresión de «embole» y se sonríen, para luego quedar en verse más tarde, en el bar de la «facu», así comparan apuntes y empiezan a estudiar para el parcial…

Soledad se esmera; repasa sus notas con un marcador amarillo… No sabe a qué se debe, pero de un tiempo a esta parte, las clases de Sintaxis Inglesa le disgustan menos.

27. La Cosa Nostra

Cuando le destapan la cabeza, casi se le escapa un grito. La sala —probablemente un sótano— está iluminada con velas. Y en las mesas, sentados frente a cada uno de los mafiosos, hay más niños.

—Tranquilo, chaval —le dice el tipo—. Recuerda que has venido de forma voluntaria. Venga, siéntate y comencemos.

Josemi obedece. Siente atracción y al tiempo desea regresar para pedir perdón a sus padres. Ayer, por videollamada, se enfadó con ellos. Y hoy ha roto el móvil, ha empujado al robot que le cuida y ha salido del área restringida de la ciudad hasta conseguir llegar al callejón, en busca de su primera dosis.

—Venga, elige color.

La voz del mafioso es lenta, rasgada (también la de la mujer de la mesa de al lado, que habla de números, de sumar siete más ocho, o nueve más seis). Solo había visto seres humanos así en imágenes. Esa mirada limpia, profunda, transmite paz, pero sin duda son gente peligrosa. Deben serlo. Si no, no estarían allí, apartados, escondidos.

—Lanza —dice el viejo, ofreciéndole un extraño vasito—. Si sale la cara con cinco puntos negros, podrás sacar tu primera ficha.

26. YO TAMBIÉN

Cuando decidió tener pareja lo publicitó.

Acudieron a la llamada centenares de todo tipo y lugar. Mujeres, hombres, de diferentes razas y religiones, pobres, ricos, mayores, jóvenes…

Les dejó hablar.

* “Nik zu zoriontsu betirako egingo zaitut”
* “Potomy uto ecron ur caenaio teba cictmenblem”
* “Je t´aime, moi non plus”
* “Te haré feliz por siempre”
* “Ti amarè, arrivederci Roma”
* “Ich werde dich für immer glücklich machen”
* “Eu te amarei”
* “I will make you happy forever”

Y así en muchos idiomas más.

Nada le convencía.

Miró con curiosidad a la siguiente persona.
• … (silencio)
• ¿Cómo dices?
• … (silencio)
• … (silencio)

Le atrajo su mirada pícara. No lo dudó. Fue la elegida.

Así transcurrieron décadas de felicidad. No intercambiaron palabra alguna.

Hacia el ocaso de sus días creyó que había pronunciado algo.

Su rostro dibujó una interrogación.
• ¿¿¿???
• … (silencio)
• ¿?
• … (silencio)

En los más que nunca pícaros e inteligentes ojos de su igual percibió alegría, emoción, cariño, ternura, amor.
• … (silencio)

Sonriendo le dedicó sus primeras dos palabras.

Y últimas:

• “Yo también”

25. Armonía

Hacía tiempo que la miraba con recelo, y ella le devolvía la mirada con indiferencia. Él la quería pero no soportaba sus manías. Ella se había habituado a su compañía. La relación no iba ni bien ni mal, ka dominaba una aburrida monotonía, y llamaron a un consultor sentimental. Les aconsejó que tuvieran paciencia, que intentaran sobrellevar las costumbres del otro y fueran más positivos. Ellos lo escucharon indiferentes, aprendieron a disimular y nunca más hubo un desplante ni una mala palabra o un mal gesto. Desde entonces las miradas de ambos atraviesan un ambiente en el que solo se oye el silencio.

24. Lazos

Mi abuela dejó la fuente de croquetas en la mesa del salón y volvió a la cocina.

—Chicos, enseguida termino de preparar la ensalada y comemos —dijo mientras se alejaba por el pasillo.

Entonces mi primo me miró y los dos nos levantamos del sofá al mismo tiempo. O fue al revés, primero nos desasentamos a la par y, luego, yo lo miré. O, quizás, nuestras miradas se cruzaron de repente y, sin decir nada, nos pusimos en pie a la vez. Ahora no lo recuerdo con exactitud.

Lo que tengo claro es que cuando mi abuela regresó con la ensaladera, mi primo y yo seguíamos en el sofá. Igual de callados y viendo la televisión. La única diferencia era que teníamos la lengua insensibilizada y los ojos vidriosos por lo que quemaban las croquetas.

 

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