Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

32. El Quijote según Gabo (Alberto Benito Fernández)

Muchos años después, frente al pelotón de molinos de viento, el ingenioso hidalgo Don Quijote había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a degustar el queso.

La Mancha era entonces una región de casas humildes, hechas de barro y cañabrava a orillas del Guadiana, cuyas aguas se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y pequeñas como huevos de codorniz. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con la lanza.

 

El día que lo iban a matar, Sancho se levantó a las cinco y media de la mañana para esperar el carro en que llegaba el sacristán. Había soñado que atravesaba un bosque de encinas donde caía un refrescante aguacero, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagadas de gorriones.

 

Aureliano Buendía y Santiago Nasar les esperaban esa tarde en los batanes, aguardando su fusilamiento. Los cuatro sabían que había llegado su hora, porque las estirpes de caballeros andantes no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Aunque, quién sabe, tal vez el bálsamo de fierabrás sí que pudiera dársela.

31. ¿LOCO?

Nunca tuve yo mal coco,

aunque siempre lo aproveche muy poco.

Llegué a volverme medio loco…

Despegué los pies del suelo,

¡y casi el cielo toco!

 

Pero aprendí a motivarme

y para incentivarme, me provoco.

Mis metas fijo, visualizo, enfoco

y las persigo…

hasta que las alcanzo y muerdo

¡Así es como logro mantenerme cuerdo!

 

Y es que esta composición,

que es casi una canción,

es la recreación

de la ilusión

de la metáfora del sueño de un recuerdo.

 

Sé que una frase así

bien podría ser el título de una obra de Dalí.

Admiro al artista surrealista,

pero sin perder la realidad de vista.

Mantengo el equilibrio

como un funambulista

y le echo más cara

si voy por una arista.

 

Si son cuadriculados,

yo me vuelvo cubista

estilo Picasso…

A sus opiniones

no les hago caso,

pero si se empeñan,

¡con mis lecciones

les doy un buen repaso!

 

Muchas veces salvaje,

otras pocas manso,

de tener razón

yo nunca me canso.

Una vez me equivoqué

pero corregí.

De esa ya aprendí,

¡no se vuelve a repetir!

 

No sé si por loco

o solo medio cuerdo,

pero no lo olvidéis:

yo no soy ladrador,

siempre que hace falta, ¡muerdo!

30. Primera parte, Capítulo LIII: “Del impredecible encuentro de don Quijote con una bestia plateada” (A. Parada)

Encontrábase Alonso frente a una bestia plateada que olfateaba el suelo con minuciosidad. Sus movimientos parecieran antinaturales, ladeándose con precisión para cubrir toda la superficie. Alonso alzó su arma de punta descompensada, mal afilada y dispúsose a pelear, adoptando con gracia una pose defensiva. Quieto esperó, paciente como témpano, ante el acecho de aquel ser. Un tambor resonaba en el pecho suyo, amenazando perder el delicado equilibrio de su postura, pero peleó en adentro dél contra el miedo y mantúvose sereno. De pronto, los ojos de la bestia brillaron en verde intenso y aceleró. El cuerpo de Alonso se tensó en un latido e, instantes después, extrañose al ver a la criatura girar sobre de sí, sin apartar el hocico del terreno. Terminado aquel misterioso ritual marchó, alejándose de allí para volver a su escondrijo mientras el caballero, extrañado, seguíalo manteniendo las distancias. Una vez llegado a su destino, aquel animal se acurrucó lentamente y emitió una melodía afinada ante la atónita mirada de Alonso que sorprendióse aún más cuando oyó a la bestia hablar y decir: “Roomba is now charging”.

29. #cruzadadigital #soloscontraelmundo #molinosdeciudad

Aquella noche ardieron los radares de la M-30 y dos sombras cruzaron la ciudad como una profecía. Uno iba a lomos de una bici eléctrica tuneada con luces de neón, la llamaba Rocinante. El otro, en un patinete chirriante, cargaba una mochila llena de sueños reciclados. Se hacían llamar @Quijote69 y @untalSancho.

Huyeron de un centro de acogida con olor a lejía y derrota. Narraban sus cruzadas en TikTok, entre filtros de unicornio y frases proféticas. Los likes caían como migas de pan: bastaban para seguir, no para cenar.

Confundían grúas con dragones devoradores de coches y a los drones de Google maps, con centinelas invisibles. Su mundo era un castillo de cristal oscuro, y ellos, caballeros de hojalata oxidada, luchaban por un rincón de cielo. Con wifi, claro.

Decían que las sombras les hablaban y que las frecuencias del móvil zumbaban con la voz de una madre ausente.

Una madrugada, dejaron de emitir. En su último vídeo, Rocinante se apagaba. De fondo, un susurro: «Los gigantes existen… y cobran alquiler».

Desde entonces, en los túneles del metro, entre Lavapiés y Sol, a veces se oyen risas desquiciadas. O quizá solo sea el eco de la libertad mal entendida.

28. Caballero andante, a la fuerza. (A. Barceló)

Alonso, señor mayor, flaco y de apariencia pintoresca, sube al bus línea E ayudado de su bastón. Nada más entrar, se encabrona. El transporte va lleno, un niñato en la edad del pavo escucha reguetón cómodamente sentado en la butaca que debería haber cedido a una pobre anciana que casi no puede tenerse en pie y que sortea a duras penas los vaivenes del autobús, evitando milagrosamente romperse una cadera. Sin disimulo alguno, Alonso le clava la punta de su bastón en el tobillo con toda la fuerza de su indignación. El imberbe insolidario lanza un alarido de dolor. Una chica, que lo ha visto todo, denuncia la agresión. Se inicia una acalorada discusión entre todos los pasajeros que termina con la expulsión de Alonso por decisión del conductor. El niñato se burla del expulsado con gesto triunfal haciéndole una peineta desde la ventanilla, apalancado en el asiento que, por supuesto, sigue ocupando. Alonso se baja los pantalones y le dedica un teatral calvo de su huesudo culo simulando bailar twerking. En su carrillo izquierdo lleva tatuado un Quijote. Un señor barrigón, que le había defendido, le lanza besos desde del autobús mientras éste se va alejando calle abajo.

27. DIEZ AÑOS, DIEZ SEGUNDOS

Para conmemorar el cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes, un viejo catedrático de la Complutense se propone escribir una novela ejemplar que imite de manera exacta prosa, ritmo y mundo imaginario del “Manco de Lepanto”.

Comienza su empresa leyéndose pilas de bibliografía sobre la cultura del Siglo de Oro, la novela renacentista y el contexto socio-político en Europa del siglo XVII. Seguidamente, se sumerge en la biografía cervantina sin escatimar esfuerzos en devorar sus obras completas, incluyendo meditaciones, poesías, correspondencias y manuscritos inconclusos, hasta casi saber más del autor de lo que el propio Cervantes sabía sobre sí mismo.

Diez años invierte hasta agarrar plumilla y pliegues de pergamino para, a la luz de candelas de sebo, redactar una novela ejemplar tan rigurosa, que ni el mayor erudito del mundo podría apenas distinguirla de las originales.

Paralelamente, en un instituto cualquiera de La Mancha, una joven desganada invoca desde su I-Phone a las deidades de la IA para finiquitar un trabajo de lengua, con el prompt de “redactar en castellano antiguo una breve novela picaresca, estilo similar a Rinconete y Cortadillo”.

El resultado, diez segundos después, es tragicómicamente idéntico al conseguido por el viejo catedrático de la Complutense.

26. Despierta, papá

Hola, papá. Sí, soy yo. Sé que es pronto. Bueno, muy pronto. Vale, aún no ha amanecido. Me gusta madrugar, ya sabes. Escúchame, papá, estoy con Jota y necesitamos un favor. Sí, mi amiga Jota. La alta. Y delgada. ¿Pálida de no comer? No, ella es así. ¿Su nariz? Sin comentarios, papá. ¿Extraterrestre? ¿Qué dices, papá? Que no, no estamos obsesionadas con Bradbury. Tampoco Orwell, pronúncialo bien. Yo qué sé si el Quijote estaba abducido por novelas de caballerías, no cambies el tema y despierta, papá, que estamos en el siglo veintiuno. Te llamo porque hemos tenido un problemilla con el coche. Nosotras bien, aunque Jota parece algo conmocionada por la sacudida. Sí, es un coche muy viejo. Claro que he avisado a la grúa, pero hasta la tarde no puede venir. Impresentables. Papá, ¿tú podrías recogernos ahora? Gracias, estamos en el parque eólico. No, papá, no estamos locas. Luego te explico.

—Arreglado, Jota, mi padre llegará enseguida. Así que, por favor, déjalo y estate quieta. Mira, que no son ovnis, sino molinos de viento y lo que parecen luces de aterrizaje son las iluminaciones de las aspas, que, volteadas por el viento, hacen andar el rotor de la turbina.

25. 002

“Gigantes, non fuyades pardiez de este ilustre caballero al que valor le sobra para enfrentar vuesas descomunales fuerzas. Os ataco y venzo en nombre de mi dulce señora, la Dulcinea, origen y fin de la gloria y el honor. Arremete rápido fiel Rocinante contra tal colosal enemigo. Afrontemos nuestro destino”.

En medio del monumental atasco que acaba de crear en la Gran Vía, rodeado del estruendo de los cláxones, los guardias lo detienen justo antes de golpear con su lanza de goma el Bus 002 ante los perplejos ojos del conductor. El patinete eléctrico queda requisado.

24. VELANDO ARMAS (Toribios)

Suena el despertador y me levanto. Camino del baño tropiezo con una greba. Me aseo, peino mis barbas, me coloco el peto.  Al ir a dar un beso a Dulce, hago ruido sin querer con la rodela. Bajo al garaje. Iría en moto, pero la última vez un municipal me multó por llevar la lanza en ristre. Que si contravenía no se qué ordenanza… Todo son pegas. Cogeré el coche.

Llego a la oficina y coloco el yelmo en el perchero. Ya ni hay estante para los sombreros. Qué tiempos. A Media mañana bajo a tomar un tentempié; lo de los duelos y quebrantos ni les suena. Pido un triste sándwich.

Los clientes apenas ya se asombran. Los compañeros me requieren cuando hay alguna pendencia en que mediar. Cuando acabo la jornada vuelvo a casa. Dulce me ayuda con el peto y las hombreras. Hace tiempo que no me dice nada, pero entiendo que esté molesta. No es normal que estemos en septiembre y siga así desde carnestolendas. Pero no puedo, algo me impide despojarme de este hábito de caballero. Una fuerza me impulsa a seguir vigilante. Al menos mientras seres viles y desaforados se empeñen en echarlo todo abajo.

23. La fotografía

Viajar quince mil kilómetros con el único objetivo de fotografiar un ocaso, puede parecer un acto de extrema excentricidad. Y más si sabes que tu fotografía, por buena que sea, no resultará diferente de las que ya se han hecho. “Pero será la mía, yo habré estado allí, detrás de la cámara”, le decía a la parte más racional de mi consciencia.

 

Al llegar, reconocí el paisaje que tantas veces había contemplado en Internet: aquel minúsculo templo hinduista en lo alto de unas rocas a la orilla del mar. A sus pies, en una playa de losas cubiertas de musgo marino, se hallaba congregada una multitud cosmopolita. Esperaban el instante único en que el sol se sumergiría en el horizonte del Índico y la silueta oscura de Tanah Lot, al contraluz, se asemejaría a la de un bajel antiguo y misterioso. Todos miraban en la misma dirección. Casi nadie hablaba. Las olas rompían mansas y se diluían entre las grietas. Los rostros, bañados por el último sol, reflejaban una paz profunda y la plenitud que solo se alcanza cuando el tiempo se desprende de la dimensión de las cosas.

Y yo, tan absorto en esta liturgia, olvidé hacer la fotografía.

22. Visiones de ultramar

Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes. Vieron cómo los rascacielos, mayores que los gigantes de antaño, aunque sin brazos, se erguían majestuosos en espaciosísimas avenidas. Y multitud de almas ‒de rostros, ropajes y aderezos abigarrados‒ transitaban entregadas a su afán diario. Cruzaron un puente, de cuyo nombre el orbe entero se hacía eco, para visitar la librería predilecta del austero escritor local y adquirir algunos de sus tomos. También fueron halagados por una nueva edición impresa de sus andanzas, expuesta en aquellas vitrinas tan lejos de su patria.

Desoyendo las voces que advertían del disparatado proceder del gobernador del territorio, se encaminaron al palacio blanco a presentarle sus respetos. Amanecieron rodeados por presencias simiescas que gesticulaban eufóricas, vigilaban amenazantes a los atemorizados humanos o emitían gruñidos disuasorios indistintamente. Entonces dieron por cierta la fantasía del célebre y malhadado retablo que mostraba el mundo al revés y cuyo recuerdo los apesadumbraba. Se encomendaron a los cielos para que la realidad tornase a su ser y que ese despropósito fuese solo una trama maquinada por los sabios encantadores que porfiaban en negarles, haciendo mudanza de las cosas, el honor y la gloria de su presente empresa.

21. ANHELOS EN EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL

Mañana podrá comprarle sus malditos cuadernos y la dichosa tinta a su señor. A regañadientes obedece esa tarea y se lamenta en silencio por no contar con la suerte de servir a un gran duque o a un cardenal, como ya lo hizo su padre. ¿De qué forma podría él satisfacer a su amo siendo solo un criado analfabeto, al que las letras se le antojaban garabatos? Su pena y su gloria serían pasarse la vida siendo el lacayo de un dramaturgo con la cabeza llena de molinos y al que, para colmo, apodaban ‘El manco de Lepanto’.

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