Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

IMAGINACIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA IMAGINACIÓN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA IMAGINACIÓN en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 de JUNIO

Relatos

18. El pescador de sueños (Blanca Oteiza)

La luna aún podía verse en el horizonte confundiéndose con las farolas cuando salió de su casa. Llevaba una vara y una madeja de lana en una bolsa. Bajó hasta el puerto donde subió a su barca de papel y se echó a la mar.
Se cuenta que cada noche atraca en un puerto diferente y se pasea por las calles mientras los habitantes descansan, recorre cada rincón buscando los sueños de los que duermen. Con la lana atada en un extremo del palo pesca los miedos, los anhelos y los delirios de la gente.
Una vez llegó a una aldea, en una casa a las afueras encontró una mujer que no tenía sueños. Los había perdido de niña cuando le abrazó la soledad perdiendo así la esperanza. El pescador curioso se acomodó a su lado. Sintió su aliento desgastado de utopías ya olvidadas, de proyectos desechados, de deseos incumplidos. El hombre sacó del bolsillo de su chaqueta un saquito del que salieron ilusiones, alegrías y emociones. Después extrajo un reloj cuyas manecillas estaban detenidas y con sus dedos suavemente las hizo girar. Dejando a la mujer detrás de sí salió a la noche estrellada y volvió a su mar.

17. EL PESO DE LA AMISTAD (Salvador Esteve)

Cuatro amigos, cuatro columnas que aguantaban una estructura sólida de amistad sin fisuras, cuatro aventureros.  Pero un viaje en globo sin experiencia era toda una osadía.  El viento, aliado de la muerte, nos arrastraba hacia el vasto océano.  La aeronave descendía metro a metro, la espesa niebla nublaba la cercanía del impacto.  Habíamos tirado todo el lastre posible sin éxito.  Pablo comentó, medio en broma, que uno de nosotros tendría que saltar, sacrificarse para salvar al grupo.  Cada minuto que pasaba la broma se convertía en certeza.  Intentaba vislumbrar algún claro, cuando al volver la cabeza vi a mis tres mejores amigos mirándome fijamente y avanzando hacia mí; el sentimiento de amistad se precipitó al vacío para jamás regresar.  Pero mi mente apaciguó mi corazón, no me habían escogido por falta de afinidad o aprecio, la culpa la tenían mis 130 kilos de peso, y por tanto había sido una elección física, matemática, y no afectiva.  El golpe contra la cubierta fue brutal, oí crujir mis costillas.

 

Mientras el carguero ecuatoriano “Pishco Pipón” surcaba los mares con 130 kilos más de carga, pude ver cómo el globo se alejaba y seguía descendiendo.  Pensé en mi amigo Segundo, pesaba 110 kilos.

16. BAJO EL AGUA (Purificación Rodríguez)

El partido ya empezó mal. Orcas contra tiburones y un pulpo novato como árbitro no auguraban nada bueno.

El público jaleaba a su equipo con todo tipo de sonidos estridentes en un pandemónium insoportable. Entre los corales rojos, erizos, caracolas, medusas, arañas de mar y tortugas bobas increpaban a los peces payaso, rayas, caballitos de mar y jibias situados en el coral verde. Hasta las inocentes algas se llevaban broncas por moverse tanto y distraer a la peña.

En el descanso iban 5 a 4 a favor de las orcas. Los tiburones se adelantaron 9 a 8 casi al final del encuentro y, en el último minuto, ellas se impusieron definitivamente con su envergadura y su fuerza bruta a las fauces de los escualos.

La solitaria orca ganadora alzó orgullosa el tridente de nácar, los asistentes merendaron de lujo y Neptuno se llevó la recaudación, como de costumbre.

15. La vie est belle (Susana Revuelta)

Había logrado encandilar a los duques d´Artagnac aquella primavera, cuando limpiaba su piscina de hojarasca y bichos. Siempre a escondidas del uno o la otra, Olivier o estaba engarzando una flor en el bikini de ella o manoseando bajo el agua al anciano mientras le enseñaba a bucear. Así, consiguió ese verano el puesto de patrón en su yate.

Esa tarde de agosto, mientras el duque sesteaba en una tumbona, Olivier se acuclilló junto a la esposa para masajear con bronceador el interior de sus muslos. «¡¡¡Ooohh, merci, merci!!!», jadeaba la mujer, sin apartar la mirada del ceñidísimo bañador del haitiano.

Para aplacar el calentón, la duquesa se quitó su collar de diamantes y saltó al mar, agarrada a un salvavidas. Olivier aprovechó el momento para hurgarle la entrepierna al duque. Subyugado por el patrón haitiano, al hombre se le nubló la mente, estiró un brazo y desató la cuerda que sujetaba el flotador de la duquesa. Una ola repentina la hizo desaparecer en cuestión de segundos.

«C´est la vieee, mon chériii…», canturreaba el mulato con una mano al timón, alzando victorioso con la otra el collar, mientras el duque exhalaba su último aliento atragantado con su miembro viril.

14. REGRESO A MUNDAKA (GINETTE GILART)

No fue por casualidad que le gustara tanto el mar; a su madre le encantaba pasear por la playa y bañarse en las aguas frescas del Cantábrico. Nadie se extrañó el día que dio a luz sobre la arena.
El chaval aprendió a nadar a la vez que a caminar y al poco tiempo se mantenía erguido en una tabla de surf. Ese pedazo de madera le iba a acompañar gran parte de su vida en su periplo alrededor del mundo, buscando olas gigantes y compitiendo en distintos torneos, desde Hawái, pasando por California, Australia y Sudáfrica donde el Atlántico planta cara al océano Índico.
Su sueño era no llegar a viejo y, a poder ser, que una supertubo fuera su sepultura. Pero no siempre los sueños se hacen realidad; allí le tenéis detrás de la barra del chiringuito, pelo cano y barba blanca, rostro curtido de viejo marino.
No fue una ola que le aparto del surf, un simple accidente de coche le dejó fuera de circuito.

13 – OCEANO…

Ja, me dice que como no tengo vacaciones se va al Océano…, el muy cabrón, ¿a dónde me ha dicho?, ¿Pacífico?, ¿Ártico?, ¿Indonesio?, para colmo me suelta que se va solo, sí, él solo, llevamos 2 años viviendo juntos y no sé cuántas veces se ha escapado, siempre con excusas ingeniosas, únicamente me pica la curiosidad por saber con quién es esta vez: ¿será Reve, la de la voz sensual?, ¿quizás Mar, la de las tetas enormes?, ¿Patricia, la que suda con él en el gym?, o, casi seguro, Anna, la que le envía guasaps a la 1 de la madrugada, hasta aquí hemos llegado, a la vuelta no me encuentra, en cuanto salga de casa, recojo las cosas y adiós, yo ya tengo mi Océano, con él tengo todo lo que quiero, es adorable, tierno, simpático, irónico, dulce, atento, incansable, aquí está en la cama a mi lado, dormido, agotado de toda una noche de sudores eternos, su negra piel brilla como aurora boreal, mi Océano, que así se llama este imponente ejemplar esculpido por los dioses, todo para mí, ahora lo despertaré de nuevo susurrándole, “Océano, Océano, házmelo otra vez, Océano…”.

12 – PALABRAS ENTRE EL PLANCTON (Modes Lobato Marcos)

-Cada tarde, al caer el sol, mi padre se sienta sobre la toalla y lee un periódico deportivo. A su lado, mamá contempla el cielo mostaza y suspira resignada.

Hoy, yo muero ahogado en el mar para romper su rutina.

 

-Dijo que salía a comprar una cajetilla de algas.

Meses después, su mujer, sus suegros y siete pequeños delfines siguen buscándolo en el océano Pacífico.

 

-La patera llega a la orilla y mi hija está a salvo. Yo doy gracias a Dios y sonrío feliz desde el fondo del mar.

 

-«No quería irme de este mundo sin escuchar tu canto», susurra un anciano y moribundo Ulises, en brazos de la hermosa sirena.

 

Y así, tumbados sobre un lecho de posidonias, dos piratas berberiscos, la hija de un contramaestre francés, un vikingo y el timonel del Titanic, entretejen historias que alegran la penumbra de sus noches eternas.

11 – Atracción

Como ballenas que nadan en el inmenso mar, con ese equilibrio ingrávido de globo, así se comporta ella cuando nos acostamos. Primero nos deshacemos de los aparatosos trajes y apartamos la compleja instrumentación. Solo entonces sucumbimos a la pasión, nos sorprendemos flotando de amor por la estancia. Tras el orgasmo final vemos juntos las estrellas, al fondo, justo detrás de la majestuosa vista del planeta Tierra que tenemos desde la estación espacial.

10. Monstruo abisal (Eva García)

Debió ocurrir un día que buceaba cuando me lo tragué. Sería aún pequeñito, porque ni me enteré ni nada. Fue mucho después de salir de aquel océano en el que había estado disfrutando de la sal de la vida cuando lo supe.

Empezó a hacerme cosquillas en la barriga y, a veces, hasta me daba pellizcos. Muchas noches no me dejaba dormir: me calentaba los pies y la nariz para que me levantara de la cama.

Un día me cansé, porque me chupaba demasiada energía y me daba mucha lata, y  fui al médico a ver si me lo podía sacar, para meterlo en un acuario o algo así. Pero después de hacerle una foto con una cámara de esas que lo ven todo por dentro, negó pesaroso con la cabeza:

―Es mejor que te hagas su amigo para siempre ―me dijo.

El bicho, que parecía un pulpo, salía sonriente aferrado a mi hígado saludando con una pata: estaba claro que no iba a dejar que lo desalojaran por las buenas.

Desde entonces le llevo de excursión al mar y, mientras me empapo de salitre azul, le cuento historias alegres esperando que se vaya, harto de mí, por donde vino.

09. EL ORIGEN DE LAS ESTRELLAS

Los antiguos dioses dictaron que su unión incombustible no podía darse lugar jamás. Es por ello,  que fueron separados hasta el fin de los tiempos.

Eunice fue congelada entre  bloques de hielo del Ártico,  mientras  Draco,  quedó encarcelado en el interior  de un volcán dormido en la Antártida.

Durante milenios, mantuvieron viva la esperanza enviándose mensajes de amor con las ballenas que cruzaban el mundo,  de quienes,  obligadamente, aprendieron su extraño lenguaje.  Estas,  les contaron de guerras  y ocaso de civilizaciones enteras.

El tiempo pasó inexorable hasta que Eunice, con el corazón en el pecho, descubrió que el hielo se derretía y  podía mover los dedos.  Las ballenas culparon al hombre.

Una vez liberada, voló para encontrarse con su amor, quién también había escapado haciendo estallar el volcán.

Unieron al fin sus cuerpos y el fuego resultante  de su pasión lo arrasó todo.

Eunice contempló entonces la devastación del mundo y no pudo soportarlo.  Cayó de rodillas levantando una nube de cenizas.  Lloró,  y de sus ojos brotaron nuevos océanos.

Draco, conmovido por su sufrimiento, levanto los brazos tirando de los astros del cielo y estos, al precipitarse incandescentes  sobre las renovadas  aguas,  se convirtieron en estrellas de mar.

 

08. CONQUISTADOR (Ángel Saiz Mora)

El reposo es quimera cuando la noche abre cicatrices. Las sábanas insomnes guardaban memoria de las punzadas del día anterior a su partida, cuando él permaneció sordo a sus protestas al tomar a la fuerza un cuerpo que creía suyo por derecho. Las velas de su galeón se ensancharon camino del Nuevo Mundo. En tierra dejó a una joven empequeñecida bajo el estigma de la deshonra.

Él labró su gloria con disparos de mosquete y golpes de espada en nombre del rey, de Dios y de la promesa de riquezas. Ella sobrevivió como costurera, incapaz de hilvanar su corazón anegado de resentimiento, aliviada porque entre ellos se interpusieran inmensas masas de agua.

El temporal se cobró varias almas durante la arriesgada travesía de regreso, no así la del expedicionario, cuya natural falta de escrúpulos había hecho de él un superviviente allende los mares. Con el rostro curtido de brisa y salitre volvió a irrumpir en la misma casa. Un oleaje furioso encrespó carne y sábanas, pero esta vez la mujer no presentó resistencia. Aguardó a que al dominador saciado le rindiese el sueño. Una aguja afilada en el cuello hizo lo que no consiguieron el océano ni las flechas.

07. DIARIO DE A BORDO (Paloma Casado)

El último de mis compañeros acaba de morir. Dejaré que su cadáver encuentre reposo en el fondo marino y así también acortaré mi vida. Estoy solo, ya nada importa.

Ignoro el tiempo que habrá pasado desde que nos embarcamos; aquí los días son iguales a las noches y los relojes dejaron de tener sentido. Quién podía sospechar que los tripulantes del nuevo submarino seríamos los únicos supervivientes de la guerra. Cuando quisimos emerger, tras la agitación producida por la onda expansiva, nadie atendió nuestra llamada. Pronto comprendimos que nuestro mundo se había convertido en un lugar contaminado, en un cementerio sin lápidas.

Desde entonces, viajamos entre cadáveres de peces y restos de algas descompuestas con la esperanza de encontrar algún rastro de vida

El primero fue Iván, el débil Iván de cuyo oportuno suicidio todos fuimos responsables. Del resto se fue ocupando el azar o quizá el diablo que cargaba el arma de la ruleta rusa con la que nos jugamos la subsistencia.

Soy el último hombre o quizás el último fantasma expiando su culpa. Este lugar silencioso, solitario y oscuro se parece demasiado a la muerte.

 

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