Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

IMAGINACIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA IMAGINACIÓN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA IMAGINACIÓN en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 de JUNIO

Relatos

06 – VAIVÉN

El otro día nos preguntó el profesor por el océano. Si nos parecía misterioso con tantos tesoros. O tan inmenso que llegaba a separar, aunque acercaba a las personas también  permitiendo que espléndidos barcos surcasen sus aguas a toda máquina. Me ayudó con la silla de ruedas a colocarme frente a la pizarra y dijo: «¿Querrás dibujarnos el océano?». Nerviosa, tracé una línea azul, recta sin embargo como si el océano no tuviera olas.

Al día siguiente, un día muy soleado, dijo mi padre: «Princesita, voy a rescatarte sí o sí. Hoy el viento sopla favorable y quisiera que sintieses el contacto con la tabla de surf. Que nos divirtiésemos de lo lindo con las olas». Pensábamos que los tiburones iban a ser buenos chicos porque los delfines los mantendrían a distancia. El profe es un gran hombre, pero solo en brazos de mi padre consigo olvidarme de esas piernas que me hacen cosquillas y le digo: «Papi, me parece fantástico». Y mientras me despeino y respiro el olor a sal del aire, me doy cuenta de que la silla ha rodado hasta la orilla. Mis piernas ortopédicas, en un ir y venir, flotan como si estuvieran caminando hacia nosotros.

05 – DEMASIADAS TRAGEDIAS

La barcaza esperaba vacía en la orilla a aquellas trescientas almas que habían gastado todos sus ahorros para poder cruzar a la otra orilla.

Querían escapar de aquel océano de bombas y artillería, pero nadie se presentó para guiarlos en la travesía como les habían prometido.

Uno de los más robustos del grupo al oír el llanto de los más pequeños, se erigió líder  y comenzó a embarcar a mujeres y niños primero.

Sabía que no había espacio para todos y que la barca no aguantaría, pero no podía quedar allí a sus primos, a su familia, a sus vecinos de toda vida, por lo que les dijo que embarcaran los hombres también.

El océano inmenso de estrellas y planetas vigilaba la embarcación en aquella inusual noche oscura en calma, que parecía presagiar lo peor.

A unos pocos kilómetros de la costa, los nervios afloraron entre algunos de los hombres y se enzarzaron en una pelea que el líder del grupo no pudo controlar haciendo que la barcaza volcase, cayendo todos al mar.

Con la luz del día, los guardacostas se percataron de la tragedia. Una tragedia que se repetirá lamentablemente sin que nadie haya hecho nada aún para evitarlo.

 

04 – ATRACCIÓN FATAL

A Jorgito le habían hablado del mar, de los océanos, de las profundidades marinas… Pero esos temas no le interesaban en absoluto. Intentaron convencerlo para que fuese a clases de natación, sin éxito. Hasta ducharse le desagradaba: que el agua corriera por su cuerpo le provocaba mal humor.

Ahora, a Jorge le apasiona surcar los mares con su pequeño yate. Invita a sus amigos a fiestas en la cubierta, nada durante horas en el mar y practica deportes acuáticos como el surfing, el buceo… y es un apasionado del esquí acuático.

¿A qué es debido este cambio radical? –se preguntaba su madre−.  Un día logra averiguarlo. Entra en su piso de soltero, en su ausencia, y curiosea. Pablo tiene revistas de ciencias marinas manoseadas y hasta una Enciclopedia del  Mar totalmente  subrayada, en una edición muy antigua. Es precisamente este último hallazgo el que despeja todas las dudas: su ex marido había venido con esa enciclopedia de 25 tomos, años atrás, con objeto de que su hijo aprendiese a amar el mar como él. Es marino mercante.

Finalmente, el  viejo lobo de mar ha logrado su objetivo –pensó la madre, resignada.

03 – ¡Huelga!

Desde la entrada en vigor del nuevo plan de ahorro energético, la situación en las profundidades se ha vuelto insostenible. Tal medida, aun contando con el beneplácito de la mayoría, ha generado reticencias en algunos sectores que, viendo desestimados todos y cada uno de los escritos presentados ante la Comisión Oceánica y amparándose en el Real Decreto Legislativo 256/12, de 26 de mayo, por el que se regula el uso de las energías renovables en la franja abisal, no dudarán en llevar sus reivindicaciones hasta el extremo y cesar, si fuera necesario, en el cumplimiento de sus obligaciones.
Digan lo que digan, los Melanocetus johnsonii están convencidos de que las bombillas LFC que deben incorporar obligatoriamente a sus antenas antes del veinticinco del corriente no alumbran con la misma intensidad que la bioluminiscencia bacteriana que utilizaron hasta la fecha.
Y eso que todavía nadie les ha comunicado que Neptuno acaba de adherirse a la “Hora del Planeta”.

02 – Omaha

 

“Qué alegría me dais. Si es  niño, le llamaréis como a tu padre,  ¿verdad, Robert?  ¡Deseaba tanto un nieto!”

“Cógelo, hijo, era de tu abuelo.  Ya eres un hombre y necesitas un reloj,  ahora es tuyo. Prométeme que cuidarás  de tu madre hasta que yo regrese.”

“Tenías razón,  Joan, la temperatura del agua es perfecta. ¿No estás cansada de nadar?  Regresemos, cariño.  Mira que  pequeños se ven todos en la arena. Cuando lleguemos a la playa, pediremos unos cócteles y nos los tomaremos tumbados  bajo una sombrilla. Sí, será como estar en el Paraíso.”

−¡Basta de ensoñaciones, soldados! Cuando se abran las compuertas, todos al agua. Al saltar, tened cuidado con el equipamiento. No os paréis al alcanzar la playa. Seguid corriendo. Hay que tomar la cima del acantilado, como sea. Y pensad en los que dejáis en casa.

 

 

01 – LOS TESOROS DEL «REVANGE» (JAMS)

El propio capitán Teach se reservó un turno de guardia como solía hacer cuando las dificultades abrumaban a la tripulación. Sus hombres le adoraban más aún en los momentos difíciles.

Después de cinco semanas sin tocar tierra las provisiones escaseaban. Terminadas las legumbres y tras tirar media carga de galletas de pan, infectadas de gorgojos, hasta las ratas habían desaparecido. El agua de uno de los depósitos se había podrido, y en el otro era turbia y salobre. La última idea en las perolas había sido ablandar pedazos de cinturón y cinchas de cuero cociéndolos durante horas con pescado.

Fue su travesía más larga. Salían al encuentro de The Rose, una corbeta inglesa que jamás les esperaría tan lejos de destino. Esa era su ventaja esta vez. Transportaba un cargamento de plata, pero, sobre todo, esperaban que tuviera los víveres y alcohol suficientes para regresar felizmente a Bahamas.

Las nubes de la última tormenta se difuminaban. Barbanegra ocupó su puesto de vigilancia en una poltrona del castillete de proa. Improvisaba interpretaciones de su destino en el cielo estrellado porque desconocía el significado de sus signos. Miraba el horizonte plateado del oceáno con la única seguridad de que aquella luna llena planeaba algo.

142. Vale por un día de la madre

¡Siempre estás en la luna, hijo! Lo que mi madre no sabe es que donde estoy yo es en Saturno. No le dije lo del vuelo porque sabía que se iba a llevar un disgusto. Ella vive feliz creyendo que estoy en la Costa del Sol haciendo un máster en coctelería. Es que lo de astronauta, desde un principio, no le hizo ninguna gracia. Pensaba que si me embarcaba en un viaje tan largo iba a estar mucho tiempo sin verme. Sin embargo, lo de no visitarme en Benalmádena es porque el trayecto se le hace pesado. Y yo, con la excusa de lo carísimo que es el curso y las prácticas que supuestamente tengo que hacer después, en todo el año no tengo que volver a casa. Así que le llamo vía satélite una vez al mes y siempre le digo que estoy esperando que me visite para llevarla a Puerto Banús. −Cómo voy a ir hasta ahí, hijo, con lo lejísimos que está; ya vendrás tú en Navidad…− me dice tan contenta. Ella sí que está en la luna, sí.

141. «Edén»

Venid conmigo.
En los confines de la creación hay una dimensión en la que todo acontece, bueno, o tiene la posibilidad de acontecer. Yo lo llamo El Jardín de Juegos.
Es un lugar privilegiado ya que tiene infinitas ventanas con la cualidad de ser observadas y atravesadas.
Mirando pierdo la noción de eternidad.
Sin embargo, ocurre algo contradictorio que me saca de mi abstracción, hay una ventana cerrada que representa una incertidumbre en el sistema.
Viajo a través de la entropía y mi ser sufre, se transforma hasta que consigue adaptarse. Vivir la pureza y el orden es muy sencillo, una felicidad amable se instala en la conciencia mientras sincronizo las mismas experiencias una y otra vez, como en un bucle.
Hasta aquí, hasta ahora.

Soy una parte de la perturbación y mi comprensión es mayor.
Vuelvo al Edén a experimentar y todas las ventanas están abiertas.
Mi movimiento está iluminado cuando atravieso ese vacío que me conduce a un espacio donde el caos es permanente, ya conocido.

Elijo ser bruma.
Venid conmigo…

140. Navegante de las estrellas (Elysa Brioa)

Cuando era un niño se pasaba horas mirando las estrellas, siempre que podía se escapaba al prado que había detrás de su casa y tumbado sobre la hierba soñaba con viajar en naves espaciales tan veloces como el pensamiento. Explorar otros mundos, asomarse a un agujero de gusano o asistir a la muerte de una gigante roja eran los sueños que lo mantenían cuerdo. Fue la certeza de que algún día surcaría el espacio lo que salvaguardó su esperanza, esa que lo blindaba cuando todos se reían del él. Nada ni nadie consiguió nunca que dejara de soñar con navegar entre las estrellas. La realidad, con su lógica aplastante, fue la única capaz de intentar devolverlo a La Tierra, resultó un esfuerzo inútil.
Ahora viaja entre nebulosas sin fin, persiguiendo la hipnótica estela de su desbordante imaginación. Mientras intenta sin éxito escapar de la camisa de fuerza.

139. REENCUENTRO

Desde la cápsula espacial contempló el universo acunándolo, y casi a su alcance ella.

La reconoció. Brillaba solo para él. Como entonces.

Avanzaba paso a paso hacia ella. Unas manos fuertes lo extrajeron con cuidado del artefacto con el que se movía y lo elevaron al vacío. De la emoción cayó de su boca el chupete  y su mano acarició la estrella plateada que coronaba el árbol de Navidad.

138. C.I. 181

Yo querría haber sido futbolista. O bombero, que también me gustaba. Pero en la escuela ya nos elegían a los mejores, a los más dotados, desde muy pequeños. Estar un punto por encima de ciento ochenta en cuanto a coeficiente intelectual, te llevaba repentinamente a la élite de los alumnos. Resolvíamos ecuaciones nucleares y prefigurábamos los capullos para poder viajar entre los atajos de gusanos. Pero todo eso no me dará tiempo a explicarlo aquí.

De nuestra clase solo quedamos tres compañeros. Carlota, Raúl y yo. Ella organizó la infraestructura de redes interestelares. Él prefiguró las conexiones y nodos alternativos para ahorrar tiempo en los transportes. Los dos se quedaron ciegos y sordos por el sobreesfuerzo intelectual que supusieron sus descubrimientos. Y yo fui el piloto en esos saltos temporales. Mi primer viaje en años luz lo hice a los quince, aunque con tanto lanzamiento temporal, adelante y atrás, ahora tengo doce otra vez. A ver si llego con tiempo de avisarlos para que cuiden su salud.

Total, ahí fuera en el espacio todo está muy oscuro.

137. La misión (Juancho)

Muchas noches salíamos a ver las estrellas y me señalaba una, pequeña y oscura, de la que decía que provenía. Me contaba cosas de allí: que el agua era de colores; que había aires de diferentes sabores, pero que él prefería el de sabor a regaliz porque era dulce e intenso, como el beso de una hembra enamorada. Entonces se enredaban nuestras lenguas de aquella manera tan especial, que hasta entonces yo nunca había conocido, paladeaba con los ojos cerrados y decía:

—¡Uhm! Justo así.

Pronunciaba su nombre impronunciable con dulzura. Se le llenaba la boca de aquellas sílabas imposibles cargadas de añoranza.

—¡Xhzk7akw66ox!

Yo también intentaba pronunciarlas sin conseguir darles el tono majestuoso de su dicción.

—¡Satxous!

Y él se reía de mí con la complacencia del triunfador.

—En Xhzk7akw66ox no existe la traición ni la mentira —seguía contándome— ni las guerras ni el hambre. Solo el amor se levanta poderoso por encima de todos los valores.

Y en amor, no podía negarse, era un experto.

Por eso me lo contaba todo y, cuando partía a otras ciudades a seguir difundiendo su embajada, yo fingía la alegría de quien se sabe parte de una gran cruzada.

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