Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

DESORDEN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL DESORDEN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto DESORDEN en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
31 de MARZO

Relatos

30. Flashback

Maquillaje, flores, peluquería… Qué fue de la «ceremonia sencilla», piensa espantada. Lo que peor lleva es el fotógrafo que está haciéndole fotos desde que se ha levantado, al grito de » tú, como si yo no estuviera». Pese a todo está feliz de ver junta a toda la gente que ahora es su familia y que la ayudó a reconstruir su vida cuando tuvo que salir de su país siendo una niña. Cuando la voz profesional de la peluquera le dice que cierre los ojos, imágenes que creía olvidadas la visitan de nuevo. Ve su remota aldea en Kandahar. Ve a su hermana pequeña jugando con su muñeca de trapo. Ve a sus padres que la repudiaron y al terrateniente local 30 años mayor que ella con el que la iban a casar. Nunca podrá olvidar aquel bigote poblado y aquéllos ojos como brasas que la miraban fijamente mientras discutía con sus padres los términos del acuerdo. La voz del fotógrafo la devuelve a la realidad, «tú, como si yo no estuviera».

29. Despeinada (Blanca Oteiza)

Esta tarde quizás vaya al cine a ver esa película que lleva semanas en cartelera. Sentarme en mitad de la sala rodeada de gente y concentrarme en las palomitas. Seguramente termine con el rostro lleno de lágrimas y se me acabe el paquete de pañuelos de papel. Después caminaré por las calles adoquinadas del centro hasta la cafetería donde mis sueños duermen. Escogeré la mesa del rincón frente al ventanal que da a la plaza y contemplaré el ir y venir de la gente. Puede que vea a los novios felices cogidos de la mano, mientras las mías acaricien la taza vacía de una vida solitaria.
Esta noche, vencida por el cansancio de la espera y del día marcharé a mi casa. Me tumbaré en la fría cama y contaré las estrellas que asomen por la ventana. Y seguiré por las mañanas peinando novias mientras mi melena se arruga como la piel que no se riega.
Termino ya”, le digo a la novia que se cubre el rostro. Termino de divagar en mares que me llevan a la deriva, mientras el peine y el secador se cobijan en mis manos.

28. ¡ABRE LOS OJOS, QUERIDA! (Petra Acero)

Madre trata de convencerme con voz empalagosa, pero ni una mosca cojonera se dejaría atrapar por miel pulverizada: sin brillos dorados, sin untuosidad ni sabor, sin olor a primavera ni calidez otoñal. El insecto se cubriría los ojos con su media docena de patas y recordaría, con nostalgia, a la madrasta de Blancanieves. ¡Esa bruja sí sabía engañar a su hijastra con métodos apetecibles! Debajo de mis manos, aprieto los labios y cierro los ojos. No quiero un alma. Me conformo con comer, beber, dormir y copular; seguir caminando bajo atmósferas azules o vespertinas; sentir la luz y el calor de todos los soles en mi superficie veteada; moverme libremente entre caliente y frío, suave o áspero, seco y húmedo, blando o duro, sin porqués ni responsabilidades… ¡Quiero mi madera!

—Hijita, si no abres los ojos, no funciona —insiste Gepetta, a cada bocanada mágica.

Pinocha separa las manos a modo de ventana. Sus ojos analizan una nariz prominente que, sintiéndose observada, se frunce incómoda. Luego, tras enjuiciar cada oreja, llega a la conclusión de que la derecha, todavía, no parece humana.

27. Lo que bien empieza

El día comenzó perfecto. Hacer el amor en ese dulce estado entre el sueño y el despertar… y una buena ducha. Bienvenido, sábado. Música mientras preparamos el desayuno, un baile matinal aún descalzos, un beso apasionado. Resbala de sus manos la mermelada, risas cómplices mientras recogemos los cristales, todos, menos el que acaba perforando mi talón. Sangro, y no tenemos botiquín. Corre a la farmacia. Suena mi móvil: “¡Cerrada, cojo el coche,  la de guardia cae lejos!”.  Intento levantarme pero caigo al resbalar con la toalla, roja, empapada. Otra vez el móvil: “La policía no me deja pasar, una multitudinaria carrera solidaria. Tardaré.” Me mareo, salgo a suplicar a algún vecino,  pero nadie contesta. Corriente de aire, portazo: me quedo en el rellano en pijama, descalza, sin móvil y sin llaves. Bajo con esfuerzo a la calle, pasa rápido un coche de policía, los llamo y persigo. Se van. Mi pie deja huellas rojas. Decido entrar en un bar. Asombro y bromas de los clientes hasta que alguien se ofrece para llevarme al hospital, pero continúa la eterna carrera…  Acaba, y atasco monumental. Llegamos a urgencias, saturadas…

– Vaya día…

– Angustioso. ¿Aún te queda espray del olvido? Pues dale…

26. La niebla (Manuela Balastegui)

«98, 99 y 100, ahí voy». Su grito reverberó en el parque. Como si se tratara de un libro abierto apartó las manos de su cara. Le gritó al aire:¿dónde estáis escondidos?. Entre risas empezó a buscar en los sitios habituales. Nada. Buscó de forma más concienzuda: debajo de los bancos, detrás de las hojas tristes del sauce, por los alrededores del kiosco y en medio del seto de rosas. Nada. Su voz pasó de la risa al nerviosismo, y a los minutos a una angustia atroz «Juan, Lara ya está bien de bromas». Se echó a llorar y llamó a la policía. Se hizo noche, los faros del coche patrulla empezaron a pixelar la niebla como laca de peluquera. Al amanecer era un hecho, sus hijos se habían disipado como la niebla.

 

25. EL ESPEJO (Paloma Casado)

Es el día de su boda. Se contempla satisfecha con el peinado y el maquillaje que enmascara su pequeña cicatriz, antes de que una nube de laca la obligue a protegerse la cara. Así ensimismada, con los ojos tapados, imagina cómo será su futuro. Ve una casa pequeña pero sumergida en luz, una mesa con dos cubiertos y una cama con sábanas revueltas que huelen a él, a los dos.

Sonriendo, aparta las manos y encuentra en el espejo un rostro que se parece al de su madre, pero sin ser ella, con esa cicatriz que se hizo cuando era niña. Su sonrisa es ahora el rictus de unos labios vencidos. Pero el reflejo ignora que lo es y reclama su autenticidad. Sabe de silencios enfrentados, de rutinas por las que se filtra el deseo hasta la última gota, de excusas que ni se creen ni se replican, de llamadas telefónicas a las que nadie contesta y por fin del abandono y la soledad.

Entonces se pregunta qué fue de aquellos años gloriosos y entiende que el tiempo, al igual que el amor, es un dios con alas.

24. DÉJAME GUAPA, LUISA

¡Déjame guapa, Luisa. Tengo que dejarlo noqueado al contemplar mi belleza mientras estemos rodeados de lo más granado de la ciudad!
Por favor, ¡ponme mucha laca. Así mi pelo parecerá el de una Reina!
Quiero lucir lo máximo posible. Necesito que todos los invitados aseguren, que sin duda, soy la más guapa de la fiesta.
¡Quizás sea la primera vez en la que esté orgulloso de mí! Tal vez deje de plantearse si han valido la pena todos sus desvelos y crea que ha servido todo lo que lleva invertido en mí!
Si se siente envidiado por los empresarios de la comarca, puede que llegue a pensar que le ha compensado desembolsar los cinco mil euros que pagó al traficante.
Así podré sentirme segura. Sabré que se quedará conmigo, y que, entonces, no me venderá al dueño del club que me ha echado el ojo.

23. PÁJAROS EN LA CABEZA (Nani Canovaca)

Por el momento les dejo hacer, me tapo y ensayo para cuando tenga que ponerme la venda. Dicen que tengo pájaros, que soy soñadora y eso no gusta. Me censuran porque soy diferente y no consiento que me impongan. Por eso me rocían la cabeza con un elixir que dicen apartan los sueños (me hubieran metido fuego). No quiero ser princesa, señora, prometida o azafata. Solo quiero seguir siendo mujer.  No tener que andar sometida por el poder y el patriarcado. Quiero vivir tranquila cuando camino por la calle. No soporto que se haga el distraído y me roce, cuando voy a recoger los documentos o el director me acorrale cuando le llevo las nóminas. Creo haberlo dejado bien claro. Ha sido suficiente con mirarles. Una daga les ha atravesado y saben que puedo hundirla en sus entrañas con más fuerza, sin necesidad de armas. Quiero terminar mis estudios. Nadie impedirá que llegue a ser la juez que recupere la dignidad y la verdad. Quiero que los ancianos tengan paga, vivienda y comida digna, que los niños jueguen y sus padres vivan libres. Quiero decir con mis actos que se trata de sensibilidad y justicia, nada más. Alguien debe empezar.

22. La boda de Ella

Años de “¿tienes ya novio?”, “se te va a pasar el arroz” y “a ver cuándo sientas la cabeza” más tarde, por fin llega el gran momento: el día de su boda. Se emociona. Se acuerda de Pedro, el niño de la guardería que fue su primer amor. Sonríe. Piensa en David: su pareja en el instituto. Se sonroja. Recuerda a Antonio, su primer amor verdadero; al que siguieron un par de amores definitivos más. Ahora que se ha encontrado a sí misma sabe lo que quiere y, hoy, toca disfrutar. Tras los últimos retoques saldrá a disfrutar del evento, rodeada de familiares y amigos. Mientras la peinan ante el espejo ha de taparse la cara, da mala suerte ver con quién se va a casar una antes del enlace.

 

21. Por fin no cierro los ojos

Cerrar los ojos para no ver, hay cosas que es mejor no ver.

Maria entró en la peluquería.

Buenos días, me gustaría aclarar mi pelo”.

La peluquera la empezó a acomodar y fue enseñándole tonalidades.

Creo que esta, esta es la que quiero” 

Pero es muy radical, ¿no?” preguntó la peluquera.

Si” contestó Maria, “pero es lo que busco”

Esta bien, empecemos».

Cuando Maria retiró las manos de su cara, con las que se había protegido de las nubes de laca, comprobó como había cambiado y se gustó.

Al salir de la peluquería se dirigió a la consigna de la estación de autobuses, la abrió, cogió su maleta y sonrió.

Maria, ¿Está la comida?” gritó su marido al llegar a casa.

Silencio. Nadie contestó.

Paco empezó a impacientarse, de pronto vio en la mesa la alianza de Maria y una nota con un:

«Adiós».

Paco no cerró los ojos, al contrario, sus ojos se abrieron enormemente.

En el autobús que Maria cogió a la libertad, una música sonaba en su cabeza.

Maria no estará sola”

Maria no estará triste”

El sol le daba en la cara.

20. ALT CONTROL SUPR ( Paloma Hidalgo)

Ni de cinco lobitos, ni de aserrín aserrán, ella siempre fue una niña de cucú tras. Que papá chillaba a mamá, cucú tras. Que los niños se reían en el colegio de su dislexia, aunque entonces no sabía aún que su problema se llamaba así, cucú tras. Cucú tras cuando aquel amigo de papá, tan sobón, se empeñaba en cogerla en brazos. Siempre funcionaba. Al abrir los ojos, parecía que la vida se reiniciaba más amable. Sin embargo, hoy, que tanto lo necesitaba, le iba a fallar. La primera vez, en la peluquería. Cuando retiró las manos de su rostro, en el espejo seguía su yo más triste, envuelto todavía en laca. La segunda en su casa, ya vestida de novia, y la tercera, al responder un no alto y claro y echar a correr hasta la calle, donde al abrir las manos, solo vio durante un segundo el parabrisas de un autobús interurbano.

19. Conversación con mi peluquera (Javier Ximens)

 

Cuando se murió mi marido lo tuve claro, nada de llevar sus restos al cementerio de la Almudena y tener que ir los fines de semana a llevarle flores, novedades y reproches. Como además de mi pensión me quedó la de viudedad, decidí que esta me la gastaría en arreglarme. Así pues, lo incineraron y sin que nadie lo supiera tiré sus cenizas en el cine París. Entonces sí, cada vez que había estreno, compraba un clavel y me iba a visitarlo en mi butaca preferida. Nunca pensé que el cine cerrase, me disgusté cuando abrieron los Salones Reina, pero me vino bien. Empecé a venir a tu peluquería, me aviaba con mis mejores vestidos, me presentaba por parte del novio y me sentaba en la tercera mesa de la izquierda, donde aproximadamente reposaba mi marido. Hice buenas amistades. Si había promociones comerciales, allí estaba yo, no compraba nada y me traía el regalo. Sin embargo, como sabes, con la crisis el salón cerró y abrieron el  Mercadona. Mi marido queda justo en la sección de charcutería, estará contento con lo que nos gustaban las gallinejas, pero ahora sí, chica, me remuerde la conciencia y me he hecho vegetariana.

 

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