Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

IMAGINACIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA IMAGINACIÓN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA IMAGINACIÓN en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 de JUNIO

Relatos

100. DEVASTACIÓN (Yolanda Nava)

Hay veces que  el cielo se junta con la tierra y –créanme- mejor no estar en medio. Yo viví uno de esos momentos. Era una noche estrellada. Hermosa. De esas que inspiran a los poetas y cautivan a los enamorados. El suelo empezó a moverse y un fuerte estruendo silenció el pitido de la cafetera y el sonido del galope del miedo por mis venas. Todo se oscureció al principio para iluminarse después con el fulgor de una estrella de cinco puntas que se clavó en el jardín, en el punto exacto en el que florecieron los pensamientos que planté cuando te fuiste. El ordenador cayó al suelo, pero en el monitor seguía –nítido- el mensaje de la clínica. Entonces pensé que quizá habías vuelto para ayudarme. Salí fuera y miré hacía arriba buscando tu nave, pero no había cielo, yacía desordenado en el tejado, en la carretera secundaria que conduce al pueblo, en nuestra casa, impregnado de olor a café. Sorteé cuerpos celestes, asteroides y masa espacial durante horas, hasta que, con las manos sucias y los pies sangrando, comprendí que de nada sirve remover cielos y tierra en busca de quien no quiere ser hallado.

 

99. Viaje a la nada.

Diario estelar del Apolo XXV. Fecha estelar: 27 de marzo de 2187.

Esta será mi última transmisión; aunque desconozco si alguien las ha escuchado en algún momento.

La nave sigue a la deriva desde hace 12 días, 10 horas y 27 minutos. Soy el único superviviente a bordo; tras el incidente en el campo de asteroides.

Mi primera opción tras lo ocurrido fue buscar la manera de reconducir la situación. En nuestro exhaustivo entrenamiento aprendemos que siempre debe haber una solución a cualquier problema; y si la hay, entonces el problema se convierte en trámite.

El fracaso en mi búsqueda me condujo a un estado de rabia e impotencia que no pude acabar conteniendo, y que derivó en una tercera fase de mi estadio, en la que intenté inútilmente acabar con todo por la vía rápida. Pero para ello hay que ser o muy valiente o demasiado cobarde, y yo nunca fui un hombre de extremos.

Ahora, en esta última fase de mi estadio, la calma ha llegado a mi conciencia, y no espero más que lo que me depare el devenir de los acontecimientos. Entre tanto, el tiempo pasa, mientras experimento la languidez de la nada.

98. Todo es posible Calamanda Nevado

Me angustiaba considerarme  un objeto extinto en el negruzco universo  ingrávido. Esta oscuridad rocosa de desierto sin destino la   gobierna El Señor del Polvo Estelar. Iba a darme por vencida cuando albergué en mis entrañas un sistema complejo.     Sospechó lo  que    mi matriz contenía, y me exige “ese ser de otra magnitud”, así lo llama,  para desarrollar sus planes.

Observo la materia inhóspita de  mi planeta y me pregunto si él sobreviviría en   este espacio.

El Señor del Polvo Estelar    quiere saber. Inquiere. “Si llevas un ser luminoso  inexorablemente  mostrará su luz y lo conseguiré.  Si es perecedero   y extinto como tú,  morirá en tí  o será un fósil  errante. No viene  para darte amor,  sino dolor”.  No  contesto que “eso”  se comunica en  mi  lenguaje, emite  nuevas sensaciones y    murmullos orbitales, haciéndome   inmensamente feliz.

Todo parece indicarme que El Polvo Estelar detecta el  próximo nacimiento de   mi fruto. Él me  gobierna, hará  igual con esta vida aún sin sombra. Temo.  No cejan  sus amenazas.  Se hará con mi liviano descendiente sin remedio.

Decidí marcharme un   anochecer.    Jirones de nebulosas    me trasportaron hacia estrellas cómplices.    Cuando el Tirano Estelar   quiso darse cuenta la alianza de meteoritos iniciamos  una nueva era.

 

 

 

97. JUGANDO CON EL MAÑANA

– Nunca serás famoso si pretendes llegar con esa arcaica nave espacial que has diseñado al planeta lejano Tauris.

– Pues mira niña, si crees que con esa pinta te llevarás el premio Star de Medicina Astral estás lista.

Así jugaban menospreciándose los dos hermanos, sin considerar bondad o habilidad alguna el uno al otro, viviendo en la gran nave espacial que simula una ciudad protegida por un enorme caparazón que la aísla del exterior.

Yo, su viejo abuelo, postrado en mi destartalada cama, lo único que había podido salvar antes del cataclismo que dejó la Tierra como un desierto y contaminada, los escuchaba recordando cuando era niño pensando en qué quería ser de mayor.

96. Luno (Asunción Buendía)

Había nacido una noche de luna llena. Su madre fascinada como estaba por ese blanco farolillo celeste, siguió su poderoso influjo y le vino a llamar Luno. Desde ese día le leyó todas las noches cuántos libros y publicaciones caían en sus manos que tuvieran que ver con ese satélite.

El día 22 de julio de 1969 Luno cumplía 8 años, como regalo acompañó a su padre a la capital con motivo de una feria ganadera en la que las ovejas de su comarca estaban representadas y ninguna como las suyas ofrecían tan rico pelaje lanudo.

Luno observaba el bullicio de granjeros y bestias.

Desentonando entre todos ellos, unos señores trajeados con grandes aparatos al hombro, se anunciaron como periodistas del NODO.

Pensando que el chaval, como buen paleto ignorante, haría las delicias del público televisivo con su angelical “gañanería” un reportero le acercó al morro algo parecido a una alcachofa de buen tamaño preguntándole si sabía que ciertos astronautas americanos habían llegado a la luna.

—Naturalmente— respondió Luno con total seguridad—El Apolo 11, impulsado por el cohete Saturno V, alunizó ayer en el mar de la Tranquilidad, su comandante Neil Armstrong fue el primero en pisar su superficie.

 

95. La abuela Paula

Hay noches que la abuela Paula, cuando cree que no la miro, remanga los puños de la bata hasta los codos y extiende al frente sus dedos arrugados como si acariciase el aire. Luego suspira y cuando me pone el pijama con sus manos ciegas me dice que la luna es una chiquilla caprichosa. Cuenta que es obstinada y poderosa, la luna. Y, que a pesar de no ser maga, su luz es capaz de hechizar a quien la contempla.
Algunas tardes cabecea con tristeza y me confiesa que la nuestra es una familia de navegantes con alma de croupier. Dice que la única culpable no es la luna aunque sea capaz de cualquier cosa con tal de ganar una partida a aquellos incautos que deciden apostar con ella.
Y los días en que el aire se vuelve tan pesado que se me atasca en la garganta, la abuela Paula me cuenta un secreto para hacerme sonreír. Hoy me ha dicho que el firmamento es un mensaje en clave escrito en Braille y que algún día, cuando lo descifre, ella también viajará al espacio para rescatar a papá y traerlo de vuelta.

94. Lágrimas de San Lorenzo (Luisa Rodríguez)

Recorre la constelación de Perseo con el mismo alborozo infantil que le henchía cuando chapoteaba en cualquier charco diseñado por el aguacero. Pierde la noción del tiempo y del espacio, y se aferra al deseo que ha conseguido colgarse de la cola del cometa. Su anhelo se cumple al convertirla en una de esas estrellas que cruza el firmamento sin que nadie le indique la trayectoria que debe seguir, ni cuándo aparecer o en qué lugar apagarse. Hermosa, pero fugaz.

Una ligera presión en la mano la trae de regreso a la Tierra, al descampado donde están tumbados con la única compañía de una orquesta de grillos. Es un gesto tierno y cómplice. Intuye que la está mirando, pero no vuelve la cabeza. Siente el calor húmedo de una lágrima que resbala por su sien. Pero cómo explicarle que no es de felicidad, que lo que fue, ya no es.

93. Encuentro (El Moli)

Perdí la conciencia del tiempo transcurrido, no me interesa, ya que mi destino es incierto. Vagaré por el espacio hasta el fin de mis días sin llegar a ningún destino.

Lo había perdido todo, por eso acepté la misión; mi futuro era el mismo que aquí en el espacio. Soledad física y afectiva. Nada me ataba para quedarme. El silencio es atronador, solo el siseo de los equipos y alguna transmisión desde el control; preguntan que veo desde la escotilla. La tierra sólo es un punto azul que pronto dejaré de ver y ese enorme cometa que cada vez está más cerca y coincide con mi órbita.

Eso nadie me lo dijo…

92. EN TRÁNSITO POR JÚPITER.

El espacio es frío. El espacio es infinito y está vacío.

Viajar por el espacio es muy aburrido.

Siempre la obscuridad y la rutina. Siempre revisar las comunicaciones, ejecutar comandos, comprobar el funcionamiento de los procesos, transmitir situación, seguir esquemas, cumplir protocolos, rellenar informes, realizar test, hacer ejercicio, cuidar el aseo y naturalmente, siempre mirar si hay alguna comunicación personal.

En el espacio se está muy sola.

Actividad no planificada:

Leo en la pantalla el mensaje de correo 07/450 de siete de abril, verificado por el responsable de recursos humanos de la compañía propietaria de la nave (compruebo que es el aséptico modelo 33).

Salta el doble “check” azul.

Resumen de la acción prescrita:

En el diario de abordo escribo “haciendo uso de lo contemplado en la ley, el armador dice verse en la obligación de prescindir de mis servicios. Se me da un plazo de 72 horas para abandonar las instalaciones de la compañía”.

Análisis del entorno:

Quedan seiscientos días para que la nave llegue a destino.

En muy pocas ocasiones vale la pena mirar fuera. Ahora es uno de esos momentos. Ver un gigante gaseoso es un espectáculo formidable que quita el aliento.

El vacío es muerte.

91. Nacimiento

A punto de explotar. Encerrado en mí mismo. Como una pelota. Como una piedra sin vida.

Mis fluidos se desbordan y agrietan mi rocosa piel que ya no puede contenerlos más.

Siento el quebrantarse de los diferentes pliegues que me componen. Si pudiera, gritaría. Pero no sé. No tengo voz. No tengo más fuerza que la de ceder. Esperar a que todo fluya.

Todo arde en mi interior. Como los ríos de lava que descienden por la falda del volcán.

Ardo con el temor de no saber qué pasará. Que ocurrirá conmigo. Con todo lo que soy.

EXPLOSIÓN

Dibujo cuerpos celestes sin vida en la penumbra oscuridad que resta tras mi dolor. Escribo formas con sus distancias. Líneas que serán recordadas que permanecerán en el tiempo. Y en el espacio.

Recreo con mi fragmentado cuerpo caminos que dan vueltas sobre si mismos. Como autopistas que dan hogar a mis pedregosos pedazos que las recorren sin sentido. Sin saber.

Construyo focos de calor. Los mismos que me convirtieron en lo que ahora soy. Los mismos que me destruyeron pero que permiten ver la belleza de lo que soy ahora. Su luz. Su vida.

El universo que guardaba en mi interior.

90. ORBITAS DIVERGENTES

Viajábamos sobre la curva espacio tiempo y girábamos alrededor de nuestro eje imaginario. Yo era simple, un asteroide de órbita única; ella era una estrella enana. Tenía la facultad de poder cambiar de órbita voluntariamente. A veces las elegía cerradas, circulares o elípticas, pero cuando se le antojaba, las cambiaba por otras abiertas con trayectorias hiperbólicas o parabólicas.

Muchas veces los caprichos gravitacionales nos aproximaban. Entonces reíamos a carcajadas, lo pasábamos genial, nos insultábamos mirándonos a la corteza: ¡¡asteripollas!!, ¡¡mameluco cósmico!!, ¡¡mentecato orbital!!!!, pero era sin malicia, solo para desorbitarnos de risa.

Un día las leyes cósmicas dieron un giro inesperado y se descabalaron las órbitas. A mí me sentó fatal, porque pensé que lo había hecho voluntariamente, que ya no quería coincidir en el espacio ni en el tiempo conmigo. Le mandé un mensaje en un meteoroide recriminador y ella me respondió lanzándome un manojo de estrellas fugaces cabreadas.

No sé el tiempo que llevamos sin coincidir, aquí todo es relativo. Solo sé que ella cambió de trayectoria y ahora explora nuevos mundos. En mi tristeza, solo espero que alguna vez pase lo suficientemente cerca como para poder gritarle de nuevo: ¡¡mameluca cósmica!!, ¡¡Asteripollas!!, Estrellita Castro!!!!

89. ¡FAREWELL, VIEJA ESFERA!

«Lo compartiremos todo, compañera. El amor, nuestras pieles y nuestros corazones, el viento solar que nos propulse, las adiabáticas e ingrávidas relaciones sexuales y personales que nos proponga tanto Houston como nuestra libido rampante, las liberadas pequeñas esferas de nuestra saliva cuando al salir, tú de la bodega, yo de control, nuestras lenguas recuerden que los besos se comen, como a dulces cucharadas, los trajes, nuestros miasmas, nuestro afán suicida y aventurero que nos ha hecho embarcar en esta misión, los recuerdos terrestres de un pasado que poco a poco acelerará nuestro futuro hecho de sucesivos, relativos e inmaculados presentes, nuestra mutua resolución de viajar hacia lo incierto sin posibilidad de retorno, nuestra evolución en un entorno desconocido donde tendremos que ir descubriendo nuevas y fascinantes condiciones físicas y químicas, incluso compartiremos la muerte en el preciso mismo segundo en el que ya esté completa nuestra iniciática y extensa misión, todo, lo compartiremos todo. ¡Farewell, vieja esfera!»

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