Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

42. lo que esconde su mirada

Veinte años desde las vacaciones en la playa con sus tíos y lo recuerda como si fuera ayer. Su regalo de Comunión.
En su mente está su marcha dando saltos con sus zapatos de charol y portando su inseparable muñeca peinada con trenzas, al igual que ella.
Ël, hermano de su padre y militar de profesión, estaba casado con una mujer que sufría por no tener hijos. Desde el principio fueron muy cariñosos, especialmente su tío quien la achuchaba con gran fuerza. Una tarde, mientras miraba por la ventana el baño de unos niños, la sorprendió por detrás. Sus manos empezaron a manosearla mientras se restregaba por su espalda. Angustiada le propinó un fuerte mordisco en la mano. A su mujer no le contó nada, pero cuando su padre vino a buscarla, mientras le mostraba la herida, le hizo saber que su hija era una salvaje, un auténtico monstruo, que le había mordido por el mero hecho de acariciar su pelo.
Recibió una fuerte reprimenda por parte de sus padres. Desde entonces, no soporta que la miren fijamente.

41. Tranquila, mamá. (Asunción Buendía)

Toses en la habitación de su madre la sacaron de su duermevela. Aguardó unos minutos calibrando el grado de ahogo y la frecuencia de los ataques. Un acceso, un suspiro hondo y otro aún más profundo que el anterior.

Mecánicamente se levantó, se calzó las zapatillas. La temperatura se había desplomado, aunque, camino de la habitación, no era eso lo que la hacía temblar.

Su madre seguía en la misma posición en que la había dejado al acostarla, excepto por la mano que caía descuidadamente fuera de la cama, como sin vida.

Al encender la lamparita le descubrió un mohín, un puchero infantil, pero que resultaba grotesco en su arrugado rostro. Le acomodó la almohada y le retiró un mechón blanquecino, rebelde. Metió de nuevo su mano bajo el edredón y le secó un hilillo de saliva que se escapaba por la comisura de su torcida boca. Finalmente depositó un beso dulce y breve en la frente al tiempo que susurraba, acunándola con ternura, “tranquila mamá, estoy aquí, yo siempre te protegeré”.

Luego regresó a su habitación luchando con los monstruos que la acechaban en el pasillo, apremiándola con susurros envolventes, para que hiciera “descansar” por fin a su madre.

40. Maquillaje de noche

Tan sólo necesitaba que finalizara aquella consabida canción, que cada noche musitaba y danzaba haciendo frente a ajenos espectros trazados por las proyecciones de las luces que guarnecían el local.

En la turbia madrugada, se sentía como un nudibranquio, aprovechándose del vestuario y maquillaje para camuflarse en un mar cálido y hostil, al resguardo de numerosos depredadores que acechaban desde las butacas con sus ardientes miradas regeneradas en fauces, hostigando a su presa expuesta en el escenario. Sufría sus miradas como crueles latigazos, en el escaparate que aquel transparente vestido manifestaba de forma intencionada.

Cuando la música dejó de sonar, se inclinó tratando de no caer desde aquellos agudos tacones, desplazó ligeramente atrás la pierna izquierda, comprimida por el ajustado vestido, y saludó como una afamada artista, despidiendo a un público dominado por el fervor.

En el camerino, cuando el maquillaje abandonó su rostro, se sintió como un monstruo. Desconsoladas lágrimas caracterizaron de nuevo un semblante triste que la luna iluminó hasta llegar a su apartamento. Abrió la puerta con cautela, pero su mujer le esperaba despierta. -¿Cómo te ha ido, Paco? -.

39. Cuentos

 

La niña rezaba sus oraciones tapada con las mantas hasta la cabeza. Hacía muchas noches que su amigo imaginario venía a visitarla cuando estaba en la cama. Cada vez era más grande. Tenía las manos más grandes, los ojos más grandes y la boca con los dientes más grandes. La niña se acordaba del cuento de Caperucita Roja, pero ella no era Caperucita, ni aquello era un cuento con final feliz. Por mucho que rezase y se dijese que ya era mayor para creer en cuentos, cada noche el ser se empeñaba en volver y cada noche el maldito se parecía más a su tío Andrés.

38. Amores kafkianos

Se estremeció de gozo al ser acariciado por una minúscula insecta.

Cuatro horas más tarde, un zumbido enloquecedor le charlaba amores en el oído interno.

Catorce días después, lo despidieron del mundo de los mortales. Su fantástica monstruita ya volaba lejos.

 

37. Conversión

Había cambiado tanto que ya no se reconocía.
Los trágicos acontecimientos la habían transformado de tal manera, que se sentía completamente diferente.
El paro, su divorcio, el desahucio, la muerte de su hija… le habían trastornado de tal modo, que ya no se reconocía en su piel.
¿Dónde estaba aquella mujer apacible, tranquila, equilibrada y amable? ¿Cuándo había aparecido en su vida aquel despojo? ¿Cómo se había arrastrado hacia la lujuria, la ludopatía y la drogadicción?
Ya no podía caer más bajo, había tocado fondo.¿Podría redimirse?
Sus familiares se habían alejado, desesperados al ver como se lanzaba hacia un precipicio sin fin. Para salir de ese pozo sin fondo necesitaba ayuda.
Esperaba que Luís y María, los únicos amigos que conservaba de su vida anterior, que le habían dicho que contara con ellos cuando decidiera regresar, mantuvieran su oferta y se convirtieran en su tabla de salvación.

36. «La fierecilla domada»

Mi animalillo camina siempre a mi lado.
Si me descuido, me pega un mordisco que me hace ver las estrellas. Soy descuidada.
Mi animalillo es como un oso furioso, un monstruo enorme que me persigue sin tregua donde yo vaya.
Cuando le miro, el pánico me paraliza.
Si intento darle esquinazo, su presencia se hace evidente.
Sigo escapando.
Me doy cuenta de que, por mucho que corra, por mucho que pretenda huir, camina siempre a mi lado.
He aprendido a observarle, así parece manso, casi humano representando la vida como un actor en un club. A veces le salen ramas donde debiera tener alas, es el paso previo a su metamorfosis.
El último día, yo estaba agazapada en una cabina de teléfono y, para disimular, me concentré en el cantar de un pajarillo. Esa vez no me vio.
Mi animalillo se da cuenta de que le reconozco y que, si controlo mi mente, pierde fuerza. Cada vez está más débil y yo soy más fuerte.

Mi animalillo se está yendo y yo me preocupo por él. Me despido con gratitud. ¿Dónde irá ahora si yo he elegido no alimentarle?
Pobre, sólo era una fierecilla sin domar.

35. Es lo que hay

Cada mañana amanecía con dos o tres escamitas más. Sabía que en cuanto fueran más visibles no iba a poder salir a la calle, como mis padres que vivían encerrados hasta las noches en las que salían a ganarse el sustento.

Cuando trajeron a Helena, mi amor platónico, no pude convencerlos de que la dejaran ir, y tuve que cometer el gran parricidio.

Ella entendió lo que había hecho y se abalanzó sobre mi como si de Superman se tratara. La cosa fue a más y fuimos desprendiéndonos de la ropa.

Ni que decir la cara de asco que se le dibujó, en ese anterior lienzo de amor y deseo, cuando vio la extraña morfología de mi piel.

Voy a reconocer que me la comí, y que echo de menos a mis padres, y el que quiera juzgarme, que me juzgue, a mi ya me la pela.

34. Organización

En poco tiempo el número y la variedad de monstruos había ido creciendo de tal manera que se decidió agruparlos a todos y, para su mejor conocimiento y control, enviarlos a lugares preparados para ese fin y clasificarlos por afinidad o según sus características. Así, poco a poco, se recuperaría la armonía necesaria.

Como primera medida se dividieron en dos grandes grupos según su tamaño y a partir de ahí, siguieron las divisiones, según su color, lugar de origen, disponibilidad de armas, movilidad y fiereza, y a cada grupo se le asigno un espacio, como un compartimento estanco, y una marca, que transformó el caos inicial en un perfecto orden.

Para terminar el trabajo, los identificaron por su nombre, y con ello consiguieron que todos los monstruos estuvieran bien localizados y disponibles en cualquier momento. Solo faltaban dos semanas para los Reyes Magos y había que abastecer a infinidad de niños.

33. FLAMINGO (Mariángeles Abelli Bonardi)

La rosada levedad de la pluma contrasta con sus motas de pelo.
—Será de la boa de una de las tantas chicas que me piden tragos en la barra —, supone al tiempo que la desprende y tira en el tacho del baño para luego terminar de arreglarse, y no vuelve a pensar en ella hasta la noche siguiente, mientras sirve piñas coladas, cuando le observan, de forma bastante jocosa, que es obvio que sigue enfiestado.
—¡Como para no estarlo! — asegura, con estudiada complicidad, pero apenas puede pide que lo releven, y mirando su reflejo constata que otra pluma igual de rosa le nace del cuero cabelludo, que su armónica nariz se ve súbitamente ganchuda, y que al negro de sus ojos lo rodea un vibrante amarillo.
—Gajes del oficio —, vuelve a suponer, sin advertir que ha encogido una pierna y se yergue equilibrado en la otra.
Retoma su puesto en la barra y esa misma madrugada, en alas del impulso, pide traslado a Las Vegas: lo espera el magnífico casino que brilla en el afiche en la pared.

32. K. y B.

K. observa triste su reflejo. Lo mira con atención y se sorprende al no reconocerse en él.

¿Qué te ocurrió anoche?

¿Por qué tuvo que pasar en la noche y no al abrir los ojos en esta habitación desconocida? Se pregunta.

Anoche, saliste de casa y aún no has regresado.

Su tristeza se derrite en marcas desmaquilladas que surgen de sus ojos hacia sus labios cansados, secos y necesitados de hidratación. Su oscuridad se torna gris.

¿Dónde estás?

Su reflejo le arroja el humo extraño de la hierba mezclado con tabaco que no posee pero sí reconoce.

¿Qué está ocurriendo?

B. mira su reflejo con una sonrisa y un cigarrillo en sus labios. Examina la perfección de su nueva obra. Le sonríe orgulloso.

Te transformas en quién realmente eres.

Observa la piel que ha reseguido con sus labios, con sus dedos. La que ha envenenado y venerado con su hedor esta noche.

En tinieblas

B. le da la espalda a su nuevo reflejo. Su sonrisa es triste. Es lo que resta tras abrazar la oscuridad e iluminarse un nuevo día.

¿Qué está pasando?

K. toca el espejo ante la huida de su reflejo. Y decide atravesarlo, aunque eso signifique

Desaparecer

 

31. ¡Slurpp!

 

 

 Él

era un monstruo hueco. \\\ /// Lo supe en cuanto le vi.

Le brotaban borbotones                ⃝ ♦     ⃝ ♦                    de florida palabrería

 dejando un rastro empalagoso      ҉        de resbaladizos sinsentidos.

      Alimentándose de ilusiones ajenas    ˅V˅V˅  camuflaba la resonancia de su vacío.

         Bebiendo halagos ponzoñosos                           mantenía su tersura insustancial.

     Pero no era perfecto.                     No… o sí:                    sus ojitos eran tiernos.
Y me miró.                   Y me atrapó.
Y me absorbió.

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