Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

18. TEMOR EN EL BOSQUE

Habíamos vuelto a cambiar nuestra residencia y aunque yo aún no entendía el motivo, observaba que tanto mis padres como los nuevos vecinos, tenían un halo de preocupación que trataban de disimular cuando se encontraban ante los niños.

Intrigado por aquel temor que como bruma, envolvía todo el ambiente, le pregunté a mi madre por aquello de los monstruos que le había oído en una sigilosa conversación con mi padre.

Con rostro de resignación y sin saber cómo empezar, me contó que últimamente estábamos perseguidos por unos seres malignos, de aspecto similar al nuestro, pero cuatro o cinco veces más grandes que nosotros, más feos que nuestra especie y que emitían fuertes sonidos guturales y extraños.

Nuestra nueva residencia estaba en pleno bosque y alejada de la ciudad, pero se temía por la visita de estos monstruos, que  generalmente cada siete días y  en grupos de individuos, se acercaban a nuestras viviendas y con gran estruendo de voces y armados de palos destrozaban cuanto veían a su paso y si lograban capturar a uno de nosotros, la algarabía crecía, se lo llevaban y jamás se volvería a saber de él.

Los monstruos nos llaman gnomos, nosotros les llamamos humanos.

 

IsidroMoreno

17. Ángel de la Guarda (Juan Antonio Vázquez)

El tipo se apostó en la barra con cara de pocos amigos. Cantaba como una mosca en un vaso de leche: gabán largo, sombrero incrustado hasta el entrecejo y una escopeta en la mano. El camarero se le acercó con la excusa de pasar el trapo.

—¿Qué va a ser?

Aprovechó para mirarlo de arriba abajo. Debía medir, por lo menos, metro noventa.

—Morid o marchaos –contestó.

A sus palabras la cantina calló de golpe. Se fueron levantando uno por uno, muy despacio, hasta que el corro de infames criaturas lo rodeó esgrimiendo las mejores galas del bestiario: miradas denostadas, hercúleos brazos, zarpas ensangrentadas y dientes afilados.

El primer disparo es el único que has de elucubrar, porque empuja al siguiente y anticipa el final. El cazador de monstruos amartilló el arma y disparó al techo. Sumido en la oscuridad que emanó de la bombilla quebrada se sucedieron gritos, fogonazos y lamentos.

Minutos más tarde, el hombre salía del armario. Arrastraba una cuerda, y del otro extremo, como si se tratara de un petate, los cuerpos sin vida de todos ellos.

Se acercó a la cama, le dio un beso al pequeño, y le aseguró sonriente que tendría felices sueños.

16. Preparativos

Puntilloso, retiró las cortinas azules del dormitorio, sustituyéndolas por otras confeccionadas con lino rosa. Retornó al fondo de la caja de cartón el avión teledirigido plateado y la colección de coches metálicos, ocupando el lugar disponible en la estantería con una casa de muñecas y el osito de peluche parlanchín. Arrancó el póster del equipo campeón de liga, y sobre las señales profundas, dejadas por el fixo en la pared de la habitación infantil, pegó la foto de una jovencísima cantante de moda.

Con una sonrisa despuntando desde sus labios, desinfectó y perfumó a fondo, escrupuloso. Antes de asomarse apresurado por la ventana, sospechando que hacía el día perfecto para salir en busca de una niña.

 

 

14. Día de la madre Virtudes Torres

 

La vieron acercarse con las tijeras en la mano. Al principio creyeron que era otra de sus atenciones de estética que tanto les gustaba. Después, los gritos de sus hermanas, primas o amigas les llegaron claros y supieron que, esta vez, no iba a cortarles las puntas.

Hasta ayer las había cuidado con esmero, les decía cosas bonitas, las alimentaba, les regalaba cócteles vitaminados, les ponía música y hasta cantaba para ellas.

Hoy, hoy  parecía otra. ¿Qué le había pasado a esa mujer, ayer tan dulce, tan atenta?

Aunque sacaron su genio y le arrebataron alguna gota de sangre, una tras otra, fueron víctimas de su mano ejecutora.

Después, casi exangüe, fueron introducidas en un líquido. Eso las reanimó, se vieron hasta más bonitas que antes.

Fueron colocadas junto a la ventana, al lado de la foto de una anciana.

La mujer las acarició y ellas, exhalaron suspiros de emoción.

13. La maleta de la señora Tillmore

— Todavía no están preparados—ha dicho la señora Tillmore bajando la tapa y echando el cierre.

Y eso que fue tajante en ese sentido, advirtiendo a los empleados de la empresa de mudanzas:

— Bajo ningún concepto, repito, bajo ningún concepto debéis abrir esta maleta, y mucho menos mirar su contenido.

Pero eso aquí, en pleno corazón del condado de Kildare, y casi en cualquier lugar del mundo, es una provocación, una incitación, un órdago al niño desobediente que el ser humano lleva dentro.

Así que, ahora, la señora Tillmore arrastra pesadamente sus cadáveres por el suelo hacia la bañera, donde ha preparado una mezcla de hidróxido de potasio y agua que los hará desaparecer en unos días. Y, como en otras ocasiones, tiene que darse discretamente a la fuga.

Pero la suerte, esta vez, no la ha acompañado. Ha acabado con el cuello partido al caer escaleras abajo. A pocos centímetros ha quedado su maleta, semiabierta tras el accidente.

Abstraído por el delicado haz de luz que entra desde el exterior me debato entre intentar escapar y esconderme o esperar a que alguien me encuentre.

“Todavía no están preparados”, decía la señora Tillmore.

12. EL VIOLADOR DEL PICO (Edita N.T.)

Andan diciendo las malas lenguas que en el Pico Sacro, desde hace unos meses, habita un mal bicho, un monstruo que roba muchachas jóvenes en los alrededores de las discotecas de la zona. Después de abusar de ellas en una cueva de dicho monte, por lo visto, las deja abandonadas en cualquier lugar. ¡No hay cosa que más me reviente que las habladurías! Sí, es cierto que las llevo a la entrada de una gruta porque allí tengo resguardado todo el material necesario; también para que puedan gritar a gusto sin tener que amordazarlas. Pero no las fuerzo, no les hago daño alguno, si hasta uso guantes de quirófano y todo… Tampoco es verdad que las deje tiradas por ahí; buen trabajo me da acercarlas lo más posible a sus casas, arriesgándome en exceso. Porque la gente es muy mal pensada; si me descubrieran, no entenderían mis explicaciones. Yo soy un hombre serio, sólo me mueve un interés estrictamente profesional: debo preservar mi dilatada fama de cirujano destacado. Por eso necesito con urgencia un himen intacto, para un trasplante. Tan pronto como lo consiga, se acabó la historia.

10. Un día menos (Ángel Saiz Mora)

Aún no ha vuelto. Incapaz de conciliar el sueño, le esperará en ese hábitat caótico que es su cuarto, a sabiendas de que si la encuentra allí recibirá su rechazo. Toma asiento sobre el desordenado lecho, antes retira diversas prendas amontonadas, aparte de una pantalla estrecha, ventana a un mundo que ella no comprende, como tampoco a los sujetos melenudos, vagamente humanos, que pueblan las paredes. Le sobrevienen recuerdos de haberlo tenido en el vientre, de los primeros pasos de un ser adorable, tan opuesto a ese pequeño monstruo que la trata con incomprensible desdén.

Repite como un mantra que es una etapa inevitable. Rememora el día de su Primera Comunión, frente a ese rostro actual cuajado de acné y alfileres. Está a punto de echarse a llorar cuando aparece por la puerta. Esta vez no llueven insultos, aunque sí recibe su mirada de desagrado, a través de unos ojos enrojecidos que pronto la ignoran. Al poco, ya duerme profundamente. Aprovecha que no puede verla para cubrirle con la sábana. Ha leído que estos años rebeldes se terminan, que probablemente ambos recuperarán entonces una vía hacia el afecto. Sonríe, piensa que le queda un día menos.

 

9. BABEL III (Bestiario)

Ahí yacía Porfirio Iglesias, clavado en una mesa.

Cuando la Guardia Civil lo encontró estaba agonizante. Arrestaron inmediatamente a una artista que lo dibujaba con la indiferencia y la precisión decimonónica de un botánico, y a dos individuos que discutían complejidades taxonómicas.

Esto ocurrió hace un par de años, en los momentos más duros de la crisis económica. Sin embargo en el Gabinete nos sobraba el trabajo y tuvimos que subcontratar a una pequeña empresa para sacar adelante el encargo de actualizar el Catálogo de Monstruos Modernos.

Revisaron las ediciones anteriores, recopilaron artículos en revistas y ponencias en congresos, contrastaron y actualizaron información, corrigieron taxones y desarrollaron árboles filogenéticos…  Además se realizó una encuesta que completaron reconocidos doctores de siete universidades.

Y cuando parecía todo acabado nos aseguraron que habían localizado un nuevo sujeto que debían incorporar al catálogo y que necesitaban una semana más.

El tiempo pasaba y es que los especialistas no se ponían de acuerdo sobre cómo nombrar al espécimen. Nos llegaban correos, que sin dar más explicaciones, reclamaban vehementemente nuestra mediación en el conflicto.

Fue el cabo Almendros quién zanjó la cuestión cuando recogió la filiación de la víctima. Escribió en el impreso: Consejero Delegado.

7. Simposio anual de las criaturas únicas

El pabellón añil alberga a los invitados. Decenas de lacayos escrutan ademanes y mohines en busca de sus deseos agazapados. Doblegados, sin voluntad propia, colman los caprichos de la exquisita grey. Así, el sirviente del cíclope recolecta sin pausa las lágrimas de cristal que desprende el ojo del gigante. Una ondina humedece a intervalos, con agua salina, las escamas del tritón de dos colas, rescatado de una almadraba en el mar de los Sargazos. El amolador de navajas afila el asta despuntada del último unicornio conocido. Los siervos afanosos detienen por unos momentos su labor de filigranas. Dejan paso a la concertista, que se adentra vestida de nácar en la bóveda de los instrumentos de cuerda. Detrás, sosteniendo la larga cauda del vestido de coral de arrecife, camina una esclava que la escolta hasta la silla ambarina. Una vez sentada, la doncella, con movimientos rápidos pero certeros le hará la manicura, con urgencia, de una uña malograda. La clepsidra indica entonces el instante esperado. La pianista, frente al clavicordio, posará sus palmas hexadáctiles en el teclado y ofrecerá con brillantez prodigiosa, el Concierto malabar para tres manos y un meñique.

 

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