Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

ESCRIBIMOS EN BLANCO Y NEGRO 2018

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en esta foto de Víctor Lax. 

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC. Ya tenemos en marcha nuestra octava propuesta del concurso de relatos en blanco y negro... en menos de 200 palabras...
days
3
2
hours
0
1
minutes
0
6
Segundos
0
2
Esta convocatoria finalizará el próximo
18 de Noviembre

Relatos

Mis(s) Cicatrices

Aún recuerdo el repulsivo olor a laca, aquel spray que se te metía por las fosas nasales y no te abandonaba hasta que, al día siguiente, te lavabas el pelo. Varias veces. Con un champú de aroma casi balsámico y relajante que jamás he vuelto a encontrar.

Y es que los olores te marcan para siempre. Como las cicatrices que hieren la piel.

Y desde entonces, cuando asistía a aquellos concursos de misses infantiles, ese olor me recuerda a ella.

ELLA. Mi Madre. Que sí quiso triunfar en la pasarela pero no pudo. No la dejaron. Mi abuela era demasiado estricta, demasiado tradicional como para que una hija suya enseñara más allá de la rodilla en público. Y volcó su sueño. En su retoño.

YO. Su Único Hijo.

Que vivió una infancia ambigua. Entre purpurinas y sueños imposibles e insultos y palizas continuas en el colegio. Por ser el Niño-Niña. El Raro.

Ahora, años después, cuando paso delante de una peluquería y huelo el rastro de la laca cierro los ojos. Y vuelvo a convertirme en aquella pequeña y extraña miss a la que su madre ahuecaba y lacaba el peinado.

Esa cicatriz me acompaña de por vida.

En la peluquería (Luisa Hurtado)

Del peinado de la Tere (la mosquita muerta) me encargo yo, no os preocupéis. La voy a dejar guapísima (hecha un cuadro, eso es lo que me gustaría). El moño que quiere llevar el día de su boda a mí me sale de fábula (mucho cuento tiene la niña) y se lo haré bien tirante (todo lo que pueda) para que se le vea bien la cara (esa cara dura que lleva) y esa sonrisa de dientes blancos que tiene (que no ha dejado de lucir desde que mi Antonio se fue con ella) tan perfecta (y de mentira, dicho sea de paso). Le sujetaré el pelo con muchísimas horquillas perfectamente ocultas (como sus intenciones) y lo remataré con un poco de gomina (¿por qué no pegamento?) o de laca (sí, esa que viene en un bote como el de los insecticidas); y acabará llorando de emoción (o de lo que sea, pero llorará fijo).
No os preocupéis, chicas, estoy bien; yo me encargo, no hay problema. Será como tiene que ser, un día inolvidable (y es que me voy a encargar personalmente de que no se nos olvide nunca).

EL EFECTO MARIPOSA (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Poca lectura había, para mí, un niño, en aquel cuarto de costura de mis primas en las Callejas de Rubayo; solo la revista “AMA”, el “HOLA” de los años cincuenta. La cerrada España se asomaba al exterior por aquellas páginas. La divina soprano María Callas, la bella Soraya, sustituida por infértil por la Farah Diva y sobre todo Paola de Bélgica. A esa rubia la peinaban con la forma de un algodón de azúcar, dulce que por aquellos años, por la película Pollyanna, empezó a popularizarse por ferias y romerías. La chicas, aún las recién púberes, pedían peinarse a “lo Paola”. No, no se fumigaban la cabeza con un “fliss”, aquel trasto en forma de bote pegado a una bomba de bicicleta, sino con un invento, que con solo un dedo propulsaba chorros de laca micronizados por la presión de escape de los gases clorofluorocarbonados, los CFC.

Así, Beatriz Anna Cabot Lodge, la hija del embajador americano John Davis Lodge, se paseaba en un descapotable por la Gran Vía madrileña sin despeinarse.

Y en la cordillera de Los Andes, vicuñas, llamas y guanacos empezaron a despeñarse ciegos de cataratas. Y los melanomas de los tanoréxicos se multiplicaban año tras año.

14. Complementarios (Carmen Cano)

Me cubro los ojos con las manos porque me he puesto en las de una especialista de la belleza. Ha realzado mis rasgos, que dices amar, con las tonalidades de sus pinceles. Una neblina de vapor desciende sobre mi nuevo peinado.
Hoy quiero que tus ojos, que serán los míos para siempre, me vean hermosa. Yo caminaré lenta, sin errar. Los síes disolverán nuestras dos soledades y seremos uno, en carne y hueso.
Por tus ojos miraré el mundo, sus colores, las flores, las estrellas del cielo y su reflejo en el mar. Yo te subiré a la cima del beso, a la delicia del tacto, a la dicha de la carne entregada.
Con mis pies, como alas, andaré -andaremos- alejándonos del pasado. Te conduciré, a través de primaveras y otoños, hacia el futuro.
Tu voz densa y cálida me guiará en la oscuridad y yo empujaré con mi fuerza, bien medida, tu silla de ruedas.

13. LACA NO, POR FAVOR (Mercedes Marín del Valle)

Mi poder adivinatorio se manifiesta en mis sueños.
La mañana del lunes, de camino al colegio, nos cruzamos con la peluquera de mi madre, mi padre la saludó y ella lo entretuvo. Mientras le hablaba acariciaba una horquilla azul de extraño brillo que sujetaba su pelo. No me gustó la luz que despedía.
Aquella noche soñé:
Mi madre le decía que le hiciera un peinado especial para su aniversario de boda. La peluquera con sonrisa ladina, prometió llenarle la cabeza de rizos, a mi madre, que tenía el pelo más liso que una japonesa. El truco está en esta laca, prosiguió en un susurro misterioso, es importada, una maravilla, lleva esencia de ciervo almizclero siberiano. Tu cabello quedará ligero, perfumado, maravilloso.
Mi madre entusiasmada cerró los ojos y… ya no los abrió más, su cara había desaparecido.
Después de mi sueño, mi madre, muy a su pesar, canceló la cita con su peluquera.
El periódico local abrió con la noticia:
“Una peluquera es detenida por asesinato. En el lugar de los hechos se halló un envase de laca que previamente había sido manipulado y que contenía un gas tóxico. La víctima murió asfixiada, envuelta en una nube glamurosa de rinfinidio”.

12. Princesa (María José Escudero)

Era la chica más linda del barrio. Aunque también la más inaccesible. Si te acercabas para charlar o para invitarla a bailar, te echaba con cajas destempladas y te espetaba aquello de: “No se hizo la miel para la boca del asno”. Si insistías, te soltaba con altanería y desprecio:”Hasta los gatos quieren zapatos”. Me tenía muy puesto, pero me cansé de batirme el cobre por ella y tiré la toalla.

Ella siguió viviendo en su trono imaginario esperando un príncipe azul a la altura de sus encantos. Al final, se quedó a palo seco.

Desde niña despuntaba maneras. En el colegio no daba ni  clavo, sin embargo, en el recreo siempre era el centro. Presumía de sus vestidos nuevos, de su colección de autógrafos, de sus peinados. Pasados los años, sus pretensiones dieron al traste. Desapareció el brillo de sus ojos y la frescura intensa de sus labios. Dejó de dar el pego. Ahora suele pasear más sola que la una, y no la dora la píldora ni la brisa del atardecer. Me da pena y cuando paso por su lado, me hago el sueco. Temo que lea en mi mirada: “Princesa, te quedaste para vestir santos”.

11. LA MALDICIÓN DEL SILENCIO

Mientras la peluquera fija el peinado de Sara con laca, ésta se tapa el rostro desolada ante el inminente desenlace que cambiará su vida sin remedio.

Ella que siempre ha sido una soñadora, se ve empujada por las circunstancias, a dar el famoso “sí quiero” a un hombre que le dobla la edad y al que ni siquiera ama, sabiendo que será guiada hasta el altar cogida del brazo del gran amor de su vida. Ese hombre que ha permanecido siempre a su lado en los buenos y los malos momentos, y que la juró amor eterno con una amapola recién cogida, hacía ya tantos años, cuando tan sólo eran unos críos.

¡Qué lejos quedan esos recuerdos infantiles!, cuando ella llegó a aquella casa como una extraña. Y él ejerció de amigo y hermano desde el primer instante. ¡Qué complicado y qué hermoso fue todo, cuando, ya de adolescentes la pasión estrelló los labios de uno contra los del otro! ¡Qué doloroso tener que callarlo por inapropiado!

10. EL DÍA MÁS DURO DE DANNA

Había llegado uno de los días más tristes en la vida de Elenne.

Todo estaba preparado; la catedral adornada, más de 350 invitados para la ocasión. El vestido era el secreto mejor guardado y se encontraba bajo llave en uno de los armarios del S.XVI de su abuela. El ramo lo habían elaborado con doce rosas negras escogidas de los jardines de su futura suegra y la peluquería elegida para embellecerla, la de toda la vida de la familia.

Habían ensayado una docena de peinados, pero solo el último le convenció, liso y suelto.

– ¿De verdad estás segura? – Preguntó Danna, su peluquera.

– No tengo otra opción. Sabes que todo esto es por nuestro bien.

– Aún estamos a tiempo de huir, Elenne. – Parecía casi suplicarle.

– Sabes que tengo un deber y sé que algún día me perdonarás pero hoy mi familia ya ha elegido por mi, quieren un heredero para el país.

Elenne se levantó, la besó apasionadamente y despidiéndose de ella con lágrimas en los ojos se dirigió al coche oficial para ir hasta el Palacio Real y proseguir con lo que su familia había decidido para ella sin contar con ella.

09. C´est fini! (María José Viz)

 

La Puri se ha pasado siete pueblos. Somos muchas las afectadas, por eso nos hemos asociado: la “Asociación Española de Estropeadas por la Puri” cada vez tiene más afiliadas. Se lo contaré, con pelos y señales, no se preocupe. La susodicha me puso tinte rubio platino cuando le pedí un caoba oscuro. Reme, que quería cortar solo las puntas de su hermosa melena, salió con la cabeza a lo Kojak, pero sin el chupa-chups. María deseaba un alisado japonés y… ¿adivina cómo salió de la peluquería? Pues sí, con la cabeza a lo afro. Pero la guinda del pastel fue el “arreglo” de Marta, el día de su boda. Una experiencia dantesca.

No solo nuestras cabezas sufren por los desatinos de la peluquera, también la ropa y los zapatos se transforman en un cuadro de Miró, con colores imposibles de eliminar.

¿Comprende, ahora, la desesperación que nos embarga? No podemos permitir que la tipa nos siga tomando el pelo. Va a saber lo que vale un peine; es tan cierto esto que digo como que me llamo Preciosa Peinado Claro. Aquí dejo estas palabras para que puedan servir de testimonio de las atrocidades de la interfecta.

08. Concesiones contradictorias (Aurora Rapún Mombiela)

Ahora que me he escondido me siento mucho mejor. Creo que no voy a ser capaz de quitarme las manos de delante de la cara. Al final voy a pasar por el aro. Es que no me puedo creer que haya sido tan blanda. Toda una vida de rebeldía vistiéndome de negro y cortándome el pelo a trasquilones para acabar metida en este circo blanco que huele a laca y a canapé. Pero si lo que yo quería era una boda íntima con mi novio heavy de toda la vida. Solos él y yo en el juzgado con los guitarristas del grupo como únicos testigos de nuestro amor.

A ver cómo salgo yo allí, delante de todo el mundo vestida de tarta de nata y con estos pelos, que ni me reconozco.

No me quiero ni imaginar cómo debe estar el pobre “Púas” en estos momentos. Con traje de chaqueta y corbata, ¡nada menos!

La enfermedad de mi madre y la muerte de su abuela nos han ablandado el corazón y nos hemos prestado al bodorrio para dar un poco de alegría a la familia.

Por fortuna, la orquesta la he elegido yo. 

¡Van a flipar!

07. Abre los ojos

Tu novio tiene la mirada más bonita del mundo y su boca, su boca es para comérsela, sobre todo cuando sonríe al mirarte. Te tiemblan las piernas bajando la cuesta desde tu portal hasta la esquina donde te espera cada tarde. No sube a recogerte a casa porque tu padre y tus hermanos no lo quieren y a ti te lo explican cada vez que te ven con él. Es un hombre malo, de malas costumbres, te dicen, hijo de un maltratador que pegaba a su madre, que fue denunciado por su primera novia. Pero tú no les crees, ellos no lo conocen, no saben que es cariñoso y dulce y que está enamorado de ti con toda su alma. Sueñas con que llegue el día de tu boda, el que será el día más feliz de tu vida como te cuentan tus amigas. Llevarás un vestido blanco, discreto, sin mucho escote, zapatos de tacón mediano, no vayas a ir provocando, el pelo recogido, maquillaje suave, como a él le gusta, un toque de laca, las uñas sin pintar. Le quieres, le quieres, porque el amor es ciego y tú, tú aún no te has dado cuenta.

1 2 3 750