Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

PERTENENCIA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA PERTENENCIA

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA PERTENENCIA en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 DE AGOSTO

Relatos

16. Nada es lo que parece. (Montesinadas)

La misma noche que con una quijada de burro destrozó a los filisteos, la bella Dalila se presentó en su tienda para salvar a su pueblo. Con los excesos del vino y la tensión de la batalla, Sansón se durmió profundamente en los brazos de Dalila que no llegó a sentir, entre sus piernas, la descomunal fuerza del héroe. En el silencio de la madrugada, según el plan, sacó el cuchillo oculto entre sus velos dispuesta a cortar, mechón a mechón, aquella larga y hermosa cabellera que, según la leyenda, encerraba la fuerza de los dioses. Cuál fue su sorpresa cuando, con sólo tirar, toda aquella pelambrera quedaba en su mano y la cabeza de Sansón lisa como un canto rodado del río Jordán. Perturbada acercó la daga a otra parte del cuerpo dispuesta a cortarla e imaginando que, como cualquier hombre, ahí escondería su vigor.

15. Alicia

Regresé a la casa de mi infancia y se me antojó más pequeña que en mis recuerdos. Aquel pasillo interminable donde correteábamos apenas ocupa un puñado de baldosas. La litera que compartía con mi hermano desde cuya altura oteaba el mundo, se me presenta ahora irrisoria. Todo ha menguado como en aquel país de las Maravillas. Aunque hay algo que mantiene el tamaño aterrador de entonces, el cinturón con hebilla de papá.

14. La espera

Cuando te mueves poso el ovillo de lana en mi regazo, para sentirte. Juego a imaginar tu risa y tu llanto, ahora rosa, luego azul.

Y te digo que:

Cuando la soledad llame a tu ventana, invita a la luna a tu cama. Con su sombra seréis tres.

Sentirás el dolor de la caída, correrás a mis brazos suplicante, estas líneas de Gloria te leeré: «Dediqué mi libro a una niña de un año, y le gustó tanto que se lo comió»

Sin cosquillas te reirás, tragando lagrimas de sal.

Si a la oscuridad tienes miedo piensa que gracias a ella se pueden ver las estrellas.

A la injusticia no le hagas caricias.

Por la paz has de ser muy tenaz.

En el amor, como es cosa de dos, nunca hay un ganador.

Dale la espalda a la envidia. Esta si que me fastidia.

Al fracaso hazle frente, sé valiente.

Sacúdete la pereza que a la larga trae tristeza.

Al trabajo no le busques un atajo.

Y a la muerte, ahí si que tendrás que joderte.

Poso el ovillo en mi regazo buscando el beso del que llega. Coloco su mano grande sobre mi vientre.

13. DESIGNIOS (Sara Lew)

La caída desde lo más recóndito del infierno hasta el idílico cielo se me hizo interminable: me vi obligado a sortear un laberinto en llamas para no ser arrastrado por el magma, con las manos desolladas llegué a la boca de un volcán que me expulsó junto a gases y cenizas, atravesé tormentas eléctricas, me sumergí en nubarrones colmados de aguaceros… Logré seguir adelante porque la idea de un destino mejor reconfortaba mi alma.  Sin embargo, a poco de llegar a aquel paraíso celestial, cuando recién comenzaba a disfrutar de su calma y de su cándida levedad, una mano gigante y poderosa volteó otra vez el gran reloj de arena de la existencia.

12. EL FORENSE (Paloma Casado)

Con el tiempo ha aprendido a disfrutar de la soledad, del silencio a veces interrumpido por la música de Radio Clásica, a encontrar en la palidez belleza. Nadie entiende que le guste su trabajo y prefiere no contestar a los curiosos que muestran un interés escabroso u obsceno. También ha aprendido a respetar esos cuerpos que poco antes respiraban, reían, se dolían, amaban…aunque ya no se pregunta por el hálito misterioso de la vida. Por eso, antes de proceder a la coreografía de la disección, pide perdón al cadáver.

Así es que le hablan los muertos. Tendidos bajo la luz cenital reclaman atención sobre el color de su lengua, los rastros bajo sus uñas o ese pinchazo tan minúsculo como la picadura de un mosquito. Solo los niños y las muchachas muy jóvenes callan. Sienten vergüenza o incomprensión por lo que les han hecho. En esos casos, un dolor amargo aprieta su garganta porque la muerte aquí es un asunto inasumible. Entonces acaricia la pequeña cabeza y con misericordia y esmero busca rastros del agresor en el cuerpo inocente. Es la manera que ha elegido de combatir a los monstruos.

 

11. EL MUNDO A LOS PIES DE UN BESO

Justo cuando sus labios se acercaron para darle forma al primer beso, el sol había empezado a ponerse en el cuenco rojizo del más hermoso horizonte. Era tan intenso el fulgor en los ojos de ella que, deslumbrado por completo, no fue capaz de advertir lo que escondía en tan esperado abrazo. Ni aquel filo traicionero que, al amanecer de un día gris, sería capaz de clavarle en el corazón.

10. Juani, la peluquera

He recorrido ya medio mundo, y jamás me faltan clientes. Saben que por un mínimo precio tienen corte, lavado y masaje capilar. Ese es el momento culmen para ellos. También para mí. Les pido que cierren los ojos. Que callen, respiren, se olviden de todo. Entonces mis dedos surcan el cuero cabelludo en zigzags, jugando con la presión. Atravieso auroras boreales, diseño eléctricos nudos, y cabalgo sobre estrellas fugaces. El cerebro humano es fascinante. Después me encanta verles marchar, tan despacio, como flotando. Aunque enseguida llega otro, y se sienta. Sería maravilloso poder hacer esto con calma, disfrutando de cada paso.

Pero no puedo detenerme. Como cada día, mañana tendré que cambiar de barrio, de ciudad… Es triste, pero mi misión pronto habrá concluido.

09. MARGARITA

TOCTOC TOCOTOC TOC

El rítmico sonar de los cascos llega a su fin pues el señor del rocín ve el anhelo cumplido atisbando la ilusión.

• ¡Escudero, rescata de entre tus enseres el tesoro que destino a esta expiración!

El ilustre caballero con gran alarde inicia el descenso del jamelgo percherón ejercitando con ostentación puesta a tierra digna de noble e infanzón.

La desértica estepa es testigo de la escena de afección.

El hidalgo, contemplando a su frente el deseo de su esperanza, postra la rodilla componiendo ensayada reverencia surgida del corazón.

• “Amada Dulcinea, aquí ha llegado quien por vos ha batallado contra gigantes enemigos. Aceptad mis presentes como muestra de adoración”
• ¡Fiel ayudante, deposita el contenido del zurrón!

El sirviente esparce en el suelo sayo de lino de Sacedón, baratijas de supuesta plata toledana y cachivaches mercadeados sin ton ni son.

La mula, propósito definitivo de tamaña adulación, apodada Margarita por su dueño labrador, observa atenta masticando tierna manutención.

• “Ahora os abandono, excelsa bella universal, que debo lidiar con Micomicona, Trifaldi, Blanca Luna y Carrasco Sansón”

Sancho atiende con la tranquilidad que da la repetición, aunque sufre alteración al percibir que Margarita le guiña un ojo resoplando rebuzno burlón.

08. MI ABUELA LOLA (Jesús Alfonso Redondo Lavín)

Mi abuela Lola, Doña Lola, así tratada en los pueblos en los que su marido, Don Dionisio Restituto Redondo Muñoz ejerció de maestro, poseía una labia envidiable. Las vecinas, cuando las animaba a ir al cine a ver algún estreno, le respondían:

─ Vaya usted, Doña Lola, y luego nos la cuenta que es mejor oírla de sus labios que verla.

De nombre completo Dolores Botas Blanco, vallisoletana de padre maragato y madre de Torrelavega, entrenó sus charlataneo, en el corro de alfayatas que, aguja en mano, hilvanaban en el taller de costura de Simona Muñoz, quien acabaría siendo su suegra.

Incluso mi suegro escuchaba embobado las descripciones de casas, ropas y cosas que mi abuela pintaba en el aire. También, al estilo Castelar, encendía su discurso recordando a su hermano asesinado en un “paseíllo” por masón, a los trece años de castigo a su represaliado marido, al hambre de posguerra o al refugio en Francia de sus hijos durante la guerra.

Pero el tema que nos ocupa, la kalopsía, me ha recordado un comentario de mi mujer:

─ No me he dado cuenta, pero tu abuela me ha estado hablando durante media hora de las maravillas de un orinal.

07 La crianza

_ ¡Usted no lo conoce en absoluto! No voy a tolerar, ni un minuto más, sus insultos, sus malas maneras, su presencia…

El niño me mira triunfante. Apenas distingo por la vista periférica el corte de mangas. Lo considero por un instante. Finalmente, decido que no ha tenido lugar.

_ ¿Pero se está oyendo? Lárguese de aquí, no pienso escuchar sus mamarrachadas, ¡habrase visto!

Siento el cuerpecillo caliente de mi hijo apoyando todo su peso en mi costado. Sus pucheros encienden una ira malsana en mi interior. Pero qué asco de gente. Meterse así con una criatura… ¿Qué tipo de sociedad estamos creando?

_ ¿Me están diciendo, de verdad, que no tienen otra cosa mejor que hacer que venir a acosarnos de esta manera tan cruel y desproporcionada? ¿En serio?

Mi entereza se descompone entre el pánico y la indignación cuando los agentes se lo llevan esposado alegando toda esa retahíla de delitos, _infundados, locos, exagerados_ a los que nadie puede otorgar ni el más mínimo atisbo de verosimilitud.

 

06. Qué es la belleza

Abel tenía una enfermedad de nombre jeroglífico. Todo había empezado en su niñez, cuando unas desagradables escamas verdes se instalaron en su inocente carita. Más tarde, ya en la adolescencia, de su coronilla surgieron unas extravagantes plumas y de sus orejas, un par de antenas. Y hacía unos meses, al cumplir los dieciocho, un bulto al final de su columna le anunció la llegada de un inevitable rabo.

Cada nueva rareza sumaba un apellido impronunciable a su dolencia, a la vez que multiplicaba por mil el rechazo ajeno. Cansado de tanta desaprobación, decidió quitarse la vida. Cuando la Muerte, obediente, acudió a su llamada, ocurrió lo imposible.

A Ella le pareció el ser más hermoso del planeta.

Él se sintió deseado y comprendido primera vez.

A su mágico enlace invitaron solo a las criaturas que reconocían la belleza en ambos. Un sinfín de animales y plantas actuaron como testigos de la sin par ceremonia. El Viento, el Agua y el Fuego tocaron una alegre melodía mientras las Estrellas iluminaban el bosque. Como regalo de bodas, el Sol y la Luna les deleitaron con un inesperado eclipse.

Ningún ser humano fue convocado. Y nadie les echó de menos.

05. UNA MORENA Y UNA RUBIA (Ángel Saiz Mora)

El nuestro era un amor platónico.

Nunca quisimos entregarnos del todo en una relación, por un justificado temor a los riesgos. Al volver a casa la buscaba. Laura, juguetona, solía corretear sin dejar de retarme en un juego del escondite que tendía al infinito. Era emocionante ver su estela de oro aparecer y desvanecerse, como polvo de hadas.

Fue un accidente doméstico.

Un mal paso por mi parte se convirtió en un problema de peso, que le produjo un daño irreparable. Mi especial relación con Laura terminó de la peor manera. Su cuerpo delicado ahora abona los rosales al amparo de la noche. No hubo testigos del sepelio, nadie lo hubiera entendido. Un torrente de lágrimas empapó la tierra.

No sé estar solo.

Teresa me ayuda a sobrellevar el duelo. También es tímida, pero su piel oscura y esa belleza tropical resultan excitantes. A Laura era yo quien temía hacerle daño, como así sucedió. Con Teresa, un día será ella quien me lo cause, mientras veo una serie sentado en el sillón, o dormito. Su veneno de mamba negra es letal, pero antes de quedar paralizado espero tener fuerzas para sepultarme en el jardín, cerca de mi querida cucaracha.

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