Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

PERTENENCIA

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA PERTENENCIA

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA PERTENENCIA en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 DE AGOSTO

Relatos

54. ELLAS (ALICIA ALGUACIL AGUDO)

 

Alans, había escrito la obra y repartió los papeles con arreglo a lo que ella estimaba. Pronto empezaron las envidias y rencillas. Los papeles una vez puestos en escena, necesitaban más interacción, se quedaban un poco cortos, así que los fue ampliando sobre la marcha.

La escena principal eran dos mujeres que se habían casado y contaban un poco su vida. A la actriz que se suponía la protagonista, una vez que Alans le dijo que tenia que interactuar más con su compañera, empezó a decir que su papel era el más largo y lo que tenía que hacer era decirle a las demás que se  supieran el suyo. Por más que Alans le explicó que quería que viviera el papel, que no recitara lo que ella había escrito y que dialogara con Esther, Patricia no hizo caso. Alans estuvo a punto de decir que la obra no se iba a  representar, pero tenía a las otras componentes que no tenían culpa del orgullo  y envidia que Patricia reflejaba, incluso se ganó el favoritismo de otra, que solo hacían que criticar como Alans dirigía.

La obra se representó, pero al bajar el telón ya nada fue igual.

53. NO QUIERO SER MAYOR

Muchas personas dicen que lo peor es no llegar ¿pero en qué condiciones? ¡¡ Pregunto yo!! Todos esos sueños que tenías memorizando cada segundo minuto luchando como si te faltara el aire es más teniendo en cuenta que siempre queremos más ,no me refiero al dinero en sí “ese va y viene” Lo que quiero decir es “Ser alguien en la vida” pero luego te das cuenta “De que te sirve” Te pisan hasta la saciedad vulgarmente te hacen la cama  y que vas hacer ,deprimirte, necesitamos pastillas para dormir ,despertar, estar contentos y no demasiado eufóricos ,rendir y rendirse. Cuando no tenemos ninguna necesidad de trascendencia y afán de superación .la vida se vuelve una acelga, nos volvemos boniatos.

Hay que vivir el momento y dejarse llevar porque la vida se te escapa entre los dedos y solo tenemos una …

“Uno puede derrochar la vida en habitaciones mal ventiladas ,buscando oscuras verdades, buscando, investigando, hasta que uno es demasiado viejo para disfrutar la vida”

52. The End (Nuria Rodríguez)

Había calculado que mi cuerpo tardaría aproximadamente cinco segundos en impactar contra el suelo desde aquel décimo piso.

Parece poco tiempo, un abrir y cerrar de ojos, apenas un suspiro, sin embargo, fueron los cinco segundos más largos de mi miserable vida.

Es cierto aquello que dicen, sí, ves pasar toda tu vida en secuencias rápidas, tanto que, más que mi historia, me pareció estar viendo el show de Benny Hill, hasta la famosa musiquita pude escuchar.

Pero este show no me hizo gracia, por el contrario, me produjo una sensación de tristeza difícil de definir.

Tristeza, por la vida desafortunada que me tocó, por la desgracia de nacer en el lado malo, ese que la mayoría, solo podéis ver en películas sombrías.

Pensaréis que podría haber hecho algo para cambiar mi historia, pero creedme si os digo que nunca tuve la más mínima oportunidad.

Justo antes del final, me atreví a pedir a un Dios que me había ignorado toda la vida, que, en la próxima, me otorgara otro papel, a poder ser de radiante protagonista en una de esas películas con preciosos decorados y en las que siempre, parece brillar el sol.

 

51. SOMNOLENCIA

Sitiada su vida por un ejército de recuerdos sin destierro, el continuo sueño vela su conciencia y apacigua su dolor. Con la llegada de un  nuevo día  se refugia en ese pasado sin retorno , recreando cada escena  hasta convertir su existencia en la imagen idealizada de un ayer exiliado.

Angustia, desconcierto, desolación, incredulidad, aceptación y cruda realidad. La soledad se convirtió en su aliada y de abanderada de su libertad pasó a esclava de su enfermedad.

Y las veladas de aquellos que estuvieron a su lado en épocas de bonanza, se fueron dilatando en el tiempo.

Ahora, Laia siente que está a punto de representar su último acto y entre bambalinas arrastrará sus miserias tiñendo el decorado de aquella vida.  No le  importa  su final. Esboza una tibia sonrisa y un letargo otoñal acoge sus exiguas esperanzas.

GODI    RASA

 

50. Fin de la historia

Cuentan que el autor barajó diversos cierres para su relato. El de “Fueron felices y comieron perdices” lo descartó por almibarado. “Fue bonito mientras duró” pecaba de nostálgico. Renunció a otros antes de decantarse por un final abierto, muy del gusto de cierta crítica de la época. Pero los personajes se rebelaron. Es una crueldad, es un sinsentido dejarnos colgados de esta manera, se les oyó quejarse. Y actuaron por su cuenta. Hubo algún figurante que se lanzó al vacío desde su apartamento y una pareja de secundarios anduvo disparando sus armas de fuego a diestro y siniestro. Por ser protagonistas pelearon quienes se habían conjurado para fabricar un artefacto que acabase de una vez con tanta incertidumbre y los que habían optado por una lenta extinción tras contaminar de su malestar todos los escenarios de la acción.

Cuando el creador fue a revisar el texto para la versión definitiva, se sorprendió de que sus criaturas hubiesen ido tan lejos. De modo que, por coherencia narrativa, le quedaba una sola opción. Escribió “Hasta aquí hemos llegado” y puso el punto final.

49. All’alba vincerò (Alberto Benito Fernández)

Una suave brisa matinal acarició su cara. Levanzo a babor, Favignana a estribor y por la proa ya se divisaba Trápani. Esa noche levantarían el telón en su querida Palermo, en la que tantos éxitos habían cosechado.

Enrico, asegurándose de haber calculado bien los tiempos y con semblante pensativo, ingirió un oscuro líquido.

Les contemplaban décadas de actuaciones en los cinco continentes, con excelentes críticas y algún fracaso esporádico, pero para la Compañía no existía otro lugar como el Teatro Massimo. Allí comenzó todo, y no podía haber un mejor escenario para su final.

Representaban “Turandot”, de Puccini. La gran joya de su repertorio. Enrico encarnaría el papel del príncipe Calaf, su personaje favorito, y no veía el momento de comenzar la actuación.

Llegadas las nueve al fin se alzó el telón, y tras dos primeros actos emocionantes, empezó el tercero, en el que Enrico interpretaba su aria fetiche: “Nessun Dorma”.

Cautivó a todos los presentes con su torrente de voz, y cuando pronunció el tercer “Vincerò” se desplomó inerte en el escenario. El veneno hizo su efecto en el momento deseado.

Bajaron el telón rápidamente, pero en la retina del público quedó grabado el más épico final jamás soñado.

48. Good riddance!

Aquel veinticuatro de diciembre amaneció prometedor y, como de costumbre, pasó la mañana trajinando en la cocina. Luego, preparó la mesa con su mejor mantel, su preciosa vajilla y unas copas de cristal de Bohemia que solía librar de la vitrina en ocasiones muy especiales.  Después, tras cortar el turrón en perfectos cuadraditos, los distribuyó con precisión en una bandeja de plata a la que añadió unas figuras de mazapán y muchas peladillas. Más tarde, entre espumillones dorados, colocó, al pie del árbol, los regalos. Cada cual con su nombre. Finalmente, revisó los pequeños detalles y, satisfecha, comprobó que había conseguido un ambiente de revista. Así que decidió acostarse un rato para recuperar fuerzas y poder disfrutar de la fiesta que se le venía encima.

A las nueve sonó el timbre y ya estaba preparada. Tomó su estola, su bolso de mano y mientras esperaba el ascensor, apagó el móvil. Sus hijos y nietos no tardarían en llegar, pero ellos tenían llave… y ella tenía otro plan: había quedado con unas compañeras del Club de Viudas con las que, a menudo, compartía soledades y también divertidas clases de inglés. Todas estaban hartas de ver a la familia sólo en Navidad.

47. LAS CADENAS DEL AMOR (Modes)

Aunque hace tiempo que los humanos han aprendido a volar, mis huesos siguen anclados al suelo.

Pero mi amiga se niega a aceptarlo.

Por eso, al verme sentado en un banco del parque, esquiva a la multitud de personas que se desplazan por el cielo y desciende en picado, decelera en el momento preciso y, con la elegancia de una libélula, toca tierra firme.

Entonces vuelve a insistir: «No te rindas, es muy fácil. Recuerda que para elevarte, sólo tienes que acariciar con suavidad tu corazón».

Y yo la miro, sonrío y guardo silencio.

Y es que mi cobardía me impide confesarle que no puedo acariciar lo que no tengo.

Porque ella me lo ha robado.

46. CAPÍTULO DE DESPEDIDA

Hace mucho tiempo que no va al circo, y últimamente el cine, el teatro y los conciertos apenas los frecuenta, aunque hubo una época en la que era un entusiasta de algunos géneros y música. Se ha hecho más de los libros y no tiene televisión en casa, ha venido cambiando de costumbres y gustos con el paso del tiempo. Funciones ha atendido muchas a lo largo de su vida, con intermedios para ir a comprar palomitas, con tramas e intrigas repetidas en interminables series y películas. En el circo al menos lograba reírse con los payasos cuando iba con sus amiguitos, con las entradas con descuento que habían regalado al colegio. La de hoy es una función bien diferente, real, aunque el guion es siempre el mismo y el escenario ahora no está bajo una carpa o frente a una platea; sí lo está bien adornado, hasta con flores de varios colores y formas, para que su mejor amigo con el que más reía sea el protagonista principal de la función.

45. Junto al árbol de la marula

Con el recipiente de barro al hombro, Nina se dirige a buscar agua al pozo. Mientras camina siente la tierra caliente bajo sus pies desnudos, de fondo escucha los sonidos repetitivos del tambor de Alfo, el curandero. Ella sabe que hoy es el día que con tanto temor espera. Lo supo por Talana, su hermana mayor, «que tenía que purificarse, que si no la rechazarían en la aldea y no podría casarse ni tener hijos. El dolor lo calmarían los ungüentos ».

Por el camino se cruza con Abul, su mejor amigo también de once años, que la mira de reojo sin atreverse a decirle nada. Hoy no irán a la charca ni jugarán al babel.

Junto al árbol de la marula está el pozo. Nina se acerca, deja la vasija en la tierra y mira al cielo. Aquella bandada de pájaros presagia tormenta.

Cuando se sube a la vasija ve su pequeño rostro reflejado en el agua. Aquel pozo empieza a parecerle su salvación. Atraída por un fuerte magnetismo se deja caer en busca de su libertad.

44. UNA DE VAMPIROS (Isabel Cristina)

«Ocurre cada noche de luna llena»—decían en el pueblo—

Allí  me contaron que al ocultarse el sol,  el conde comenzaba un llanto irrefrenable porque  se sentía inseguro, muy inseguro de sus actos. A pesar de todo, enjugaba sus lágrimas y empezaba su paseo nocturno dirigiéndose siempre hacia el mismo lugar; abría la tumba de su desventurada esposa (la difunta no perdía el rojo carmín de sus labios) y la besaba en la boca para descubrir, una vez más, que ella le devolvía el beso suavemente, sin morder, a pesar de que  la desdichada mujer se levantaba de su tumba sedienta. Juntos tomaban una copa llena de un líquido espeso y sanguinolento; ese fluido, bajo la luz de la luna, complacía todos sus sentidos. Los curiosos la contemplábamos; ellos se miraban y ojerosos  se despedían, antes de que surgiera el primer rayo de sol .

 

43. EL NACIMIENTO

No había establo o pajar, era una playa cualquiera del Mediterráneo o Canarias. Como telón de fondo una barca agrietada, arena y cadáveres hinchados como nubes de invierno. No había ovejas ni pastorcillos, tan solo voluntarios con botes de suero, jeringuillas, fonendos y rojas cruces en sus chaquetas. No había  estrella de Belén, sino focos cegadores, aullidos de sirenas y patrullas. No había Magos de Oriente, sino tres gendarmes de brazos cruzados y caras de poca sabiduría. No había mirra, oro e incienso, sino revólveres, perros, esposas metálicas. No había carpinteros ni vírgenes, sino una pareja de piel alquitranada y gruesos labios carcomidos por el salitre. Arrodillada en la arena, la joven Mariám susurraba plegarias al fruto de su vientre, mientras Yusuf, confuso y harapiento, la abrazaba por los hombros.

Por unos instantes, en aquel Portal improvisado se hizo el silencio absoluto, tan solo los bramidos del mar osaban transgredir esa quietud de natividad agonizante. Hasta que de improviso al niño, Mesías de ébano anónimo, se le escapó una risa celestial. Miró a su alrededor dulcemente y estiró los brazos en un escorzo casi imposible para bendecir al mundo, una vez más, y arrancarlo de su contagiosa e intolerable indiferencia.

 

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