Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

IMAGINACIÓN

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA IMAGINACIÓN

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de LA IMAGINACIÓN en todas sus variantes. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 de JUNIO

Relatos

63. Entrada 14567 cuaderno de bitácora.

Cuando abandonamos nuestro mundo por culpa de la guerra, no esperábamos que nuestro periplo por otros mundos en busca de un futuro para nuestra especie fuera a estar tan lleno de desventuras, vallas, miedos institucionales, burocracia, muerte y desesperación. Pero son los recuerdos de Aurum calentando nuestra piel, el olor a tierra mojada después de la mansa lluvia, la sensación de la arena entre los dedos de los pies y sobre todo las risas de nuestro futuro lo que nos anima a arrastrarnos por la inmensidad del universo en busca de un futuro.

Era nuestro planeta la envidia de todo aquel que llegaba a él, un vergel en la helada oscuridad del vacío que existe entre galaxias, esto y nuestro carácter pacífico fue nuestra perdición.

Ahora en nuestras silenciosas y monótonas naves, ya no nos calienta Aurum, la lluvia no resbala por nuestros cuerpos, nuestros pies solamente tocan el frio del acero de nuestras cubiertas y parece que no tengamos un futuro, puesto que solo el llanto, el silencio y las miradas vacías llenan los espacios de nuestras naves.

Seguimos buscando.

61. EL BUEN HIJO (Carles Quílez)

El sargento Pável limpió la salpicadura de sangre verde que el Rameliano había dejado en su bota y lo remató. Debería haberlo hecho prisionero para su interrogatorio, pero siguiendo un impulso, decidió ahorrarle el sufrimiento. Unos días antes, cuando aquella colona rebelde le había implorado que no matara a su hijo, había tenido que recurrir a una serie completa de ejercicios mentales reafirmantes antes de disparar, pero esta vez se había saltado una orden directa. Dos anomalías disciplinarias en apenas una semana eran demasiadas como para ignorarlas. Había llegado el momento de tomarse un descanso.
Embarcó en el primer carguero militar que encontró con rumbo a la Tierra. Hacía más de diez años terrestres que había marchado de su hogar y apenas quedaba nada del muchacho que un día -el día que enterraban a su padre- se alistaba en las milicias imperiales.
El ejército había cumplido su parte del trato: le había convertido en un hombre y le había pagado la soldada que luego él, obedientemente, enviaba a casa.
Ya en la nave, se acomodó en la cámara crionizadora. Al cerrar los ojos, un objeto desconocido activó una alarma. Era una lágrima. No conseguía recordar el rostro de su madre.

60. ¿Quién te manda vivir en un séptimo?

Mi primera muerte me provocó dolor de cabeza.

Aquella mágica madrugada de verano la pasé cantándote desde la calle con mi guitarra, hasta que tu vecino (el del tercero), rompió la magia. Y mi cráneo. Con sus pensamientos. Eso sí, bien plantados en una gruesa maceta. De barro. Mientras me elevaba, con mi guitarra en la mano y mi traumatismo en el encéfalo, pude verte. Estabas tan bella, tan desnuda, y tan… roncando. En fin, lo bueno de viajar así al cielo es que, ahora lo sé, puedes elegir: ¿Polvo de estrellas? Demasiado minúsculo. ¿Aurora boreal? Demasiado septentrional. ¿Basura espacial? Demasiado poco romántico…

Al fin, tras reencarnarme en meteorito, enfilé la tierra rumbo a tu edificio. Atravesando la atmósfera empecé a notar un calor excesivo que asocié a mis ganas de verte, pero no, simplemente me desintegraba. ¡Buffffff! Cuando apenas era una china de río, tu otro vecino (el del noveno) salió a curiosear, y como llevaba preparando mi beso durante años luz, pues se lo planté a él. Ni siquiera sé si le gustó, ni tampoco me dio tiempo a verte. Pero da igual. Ahora, amor mío, he descubierto que tengo infinitas oportunidades de llegar al séptimo, cielo.

59. HOMO HOMINI LUPUS

Hoy, como no hay luna, estará aquel tipo mirando al cielo desde la loma. Al principio lo creí trastornado e incluso peligroso, pero, por su manera de mirar las luces del firmamento, nada indica que sea un ser agresivo. De hecho, solemos intercambiar saludos banales cuando me lo cruzo:

—Buenas tardes, señor. Fresco, ¿no?

—Buenas —respondo amablemente. Fresco, sí.

 

—Seguro que este cielo no lo tienen allí en la ciudad, ¿eh?

—No, claro, aquí se ve todo de otro modo.

—Vaya que sí, se lo digo yo. Mire hacia allá, donde tiembla esa estrella. No estaba cuando era chico y ha venido a vivir a este cielo. Como usted a nuestro pueblo.

—Sí, es hermosa, no parece real.

—Así son las cosas en el campo, naturales y mágicas. Buenas noches. Con dios.

Ese dios al que me encomendaba el paisano era el mismo que no le permitía aceptar el origen artificial de su admirada estrella, pues aquella luz rutilante no era más que la estación espacial en su órbita programada. Ese mismo dios lo castigó a no volver a ver la luna para no manchar de nuevo sus manos con sangre inocente.

—Cuídese usted también…de la luna -pensé.

58. LAIKA (Isidro Moreno)

LAIKA

A mi hija Leticia, le encantaban mis disparatadas e improvisadas historias  y que acompañados de nuestra perrita Nora, con expresión babeante, hacían más llevadera la merienda de Leticia.

En uno de estos relatos, encontramos un perrita vagabunda. No era de raza conocida, pero nos gustó tanto que la adoptamos como otro miembro más de la familia.

Un día se escapó y no volvimos a saber de ella hasta ver su fotografía en los periódicos, apareciendo dentro de un cohete espacial, pues sería el primer ser vivo que  orbitaría la Tierra.

Nos sentíamos orgullosos de Laika y de que sus nuevos dueños hubieran respetado el nombre grabado en su chapita asida al cuello.

A menudo, mi hija me seguía preguntando por Laika y su destino cruel y en las noches de luna llena, Nora emitía largos y melancólicos aullidos con las orejas tiesas y la mirada clavada en alguna estrella del firmamento. Yo creo que ella imaginaba a su amiga Laika viajando eternamente y observándonos desde la ventanilla de tan enjuto artefacto.

De esto han pasado muchos años, pero he revivido el recuerdo al escuchar a Leticia contar esta misma historia a su hijo entre cucharada y cucharada de la merienda.

 

IsidroMoreno

57. MAYDAY-MAYDAY

  • Mayday-Mayday.

Durante años seré una basura más en órbita geo-estacional sobre la tierra. Y si, por azar,  una  colisión con algún otro objeto cambiara mi rumbo entraré en la atmósfera y caeré en un océano, en un desierto o, Dios lo quiera, en la tierra de mis padres.

Prefiero seguir aquí. Mientras esté aquí seré alguien. De vez en cuando, cuando sea visible, algún periodista, o quizás algún poeta escribirá acerca de mí. O quien sabe si alguna secta eleve hacia mí oraciones por ser el humano más cercano a Dios. Los nietos de mis nietos y otros niños podrán ver la silla y mi traje de buzo espacial desde algún planetario. — Mira, el abuelo Goycoa, dirán. Aunque solo seré una momia amojamada, gunitada en su propio salitre.

Siento mi sangre hirviendo. Me mareo. En el planeta azul es de día. Veo el golfo de Vizcaya. Cuando se cierren mis ojos quiero que en mi retina permanezca esta imagen.

Mi diafragma está desbocado, el hipo es continuo, ya no queda oxígeno, cierro mis puños, estoy perdiendo el sentido, mi corazón bate galopando, va a estallar, no puedo pensar.

La colisión rompió el cordón. No debí salir de la nave.

  • Mayday-Mayda…

56. Misión espacial muy especial (María José Escudero)

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La Luna, afectada por un extraño virus depresivo, dejó de alumbrar las noches de la Tierra. Y a pesar de los esfuerzos del Sol más abrasador de todos los tiempos, ella permanecía apática.
Los Regidores del Mundo, conocedores del poderoso influjo del satélite sobre el planeta, se reunieron preocupados y, por imposible que parezca, pactaron.
Célebre por sus éxitos interestelares, el coronel Collins fue elegido para ocuparse en persona de avivar el sombrío rostro lunar, y él, entusiasmado, aceptó el privilegio. Antes de emprender su viaje especial, Collins cargó la batería de su cosmonave, tomó algunas barras alimenticias de hierro y calcio, y se despidió ceremoniosamente. Luego, con algo de velocidad extra, atravesó la atmósfera para cumplir su cometido. Y en la soledad del Mar de la Tranquilidad, seleccionada la fase propicia, se dispuso a alumbrar al astro mohíno…
—En esa misión ¿te acompañó Laika, abuelo? —Interrumpió Sabine señalando a la perrita que, por alusiones, movía el rabo. — Continúa, abuelo, ¿qué sucedió?—también intervino Ritter impaciente. Entonces, el viejo astronauta que nunca pisó la Luna apagó la mortecina luz del búnker y susurró:”Niños, a dormir”. Sabía que, tras los muros, la oscuridad eterna y fría ocultaba un paisaje desolador.

55. Imágenes especulares…

– ¡Joder, joder,…casi nos la pegamos¡… – dijo como un exabrupto el comandante.

La tripulación aún contenía el aliento, asustados pero emocionados.

- ¡Hemos llegado!, ¡primera fase de la misión completada! – añadió.

En mi cabeza mil cosas, una única me taladraba. Imaginarla siempre me paralizaba y horrorizaba, casi más que embarcarme en aquel viaje espacial. Ya había vislumbrado verdad camino a Marte, agujeros de gusano, predichos en las ecuaciones de la relatividad general. Esto era tomar un atajo espacio-temporal, solo una remota posibilidad teórica, pero ahora realidad, ¿qué me quedaba por descubrir?

La base sita en Noctis Labyrinthus, espectacular región de valles, mesetas y bellas fracturas, en el borde occidental de Valles Marineris, el mayor cañón del sistema solar. Instalados, comenzamos largas, agotadoras y reveladoras expediciones, todo me parecía extrañamente familiar. Pasaron días, no sé cuantos, hasta aquel donde caí al suelo, temblando, aterrado. Ante mis pupilas mi peor pesadilla se hacía realidad. Siempre estuvo ahí la prueba irrefutable, bajo mis pies, entre mis dedos y sin percatarme. La hipótesis mudaba de piel, y ya teoría yacía entre aquellas arenas calientes, rojizas, y ahora lo sé, muertas…

– ¿Qué hemos hecho? – pregunté sin esperar respuesta.

54. LÁGRIMAS EN EL ESPACIO

Un astronauta ha llevado a cabo un experimento: ha llorado. La conclusión de su estudio es que las lágrimas no se derraman en el espacio, se empeñan en arremolinarse bajo sus ojos debido a la falta de gravedad.
Un hombre ha llorado por el bien de la ciencia. No sabemos qué recuerdos ha invocado, no hay nada por lo que llorar en el espacio que no haya sido traído de la Tierra.
Las lágrimas son parte de nuestro mundo como los ríos o el océano, materia acuosa segregada por unas glándulas. Los humanos somos materia. Somos parte de la biosfera junto a otros billones de seres, visibles e invisibles, deambulando sobre la costra enfriada y reseca de un planeta incandescente.
Y, sin embargo, es tan corriente como raro. Las lágrimas son los efluvios salobres del alma, una escoria del espíritu, un mojado punto de intersección entre el cuerpo y la mente, como la línea del horizonte que delimita mar y cielo. ¿Acaso somos tan sólo materia?
El astronauta contempla nuestro planeta color azul-milagro por la escotilla de la nave y su llanto es aberrantemente extraño.

53. Previsión

El farero espacial, alertado por la señal acústica, enciende la luna. Un haz de luz invade el habitáculo haciendo visible un universo de motas de polvo, entre las que destacan un par de ellas del tamaño de un insecto. De un certero golpe con el matamoscas las estampa contra la pared.

Al ir a comprobar los daños murmura desilusionado:

—¡Bah, es sólo basura espacial! Estos bichos se piensan que el espacio es un vertedero. ¡Y aún tienen previsto hacer un viaje a Marte! En fin…

Se sienta con cierta resignación en su cuadro de mandos, abre un cajón y saca la agenda. Con su rotulador de luz de agujero negro escribe en letras grandes:

“Comprar un nuevo matamoscas para el próximo siglo.”

52. Encuentro espacial

En nuestra historia los viajes en el tiempo fueron antes.

Con ellos le conocí siendo un bebe tranquilo; pero después fueron llegaron a mis retinas otras imágenes: aquella tarde de pantalones cortos, un balón y sonrisas, el cumpleaños con las velas recién apagadas y un deseo por cumplir, el posado junto al castillo de arena con su hermano pequeño, negros ambos, el primer traje para asistir a la boda de una prima, el estirón, el universitario de pelo largo, la comida que con que celebró su primer empleo…

Y todos estos viajes, saltando de un año a otro en un segundo, fueron dirigidos por el dedo índice de la mano derecha de la tía Emilia, una prima lejana de mi madre que me había visto obligada a visitar, que había insistido en mostrarme algunos álbumes de fotos familiares.

Después llegó el sonido inequívoco de la puerta de la casa, de unos pasos que se acercan, hasta que él apareció en el presente, momento en que yo inicié uno de los más importantes viajes en el espacio que he hecho en mi vida, un viaje corto, tripulado, consciente y deseado, tras el cual extendí mi mano y me presenté.

51. LUNÁTICO

Aquel artefacto estaba apoyado en la pared de un bloque de los suburbios. Como un ciprés miraba al cielo esperando contestación a su osadía: llegar a la Luna. Fabricado rudimentariamente en estructura de bambú, fuselaje de sacos fertiberia  y punta de goma recauchutada. 

Los vecinos se reían del ingeniero de tan singular nave espacial. Me dijeron que le llamaban Espiguita. Mi curiosidad me llevó a conocerle y, una tarde,  me relató su proyecto espacial:

-Sueño con llegar a la Luna para colonizarla. Estoy plantando «macetitas»  con muchos vegetales, quiero hacer de aquello un lugar habitable. Lo tengo todo planeado, mi cohete no sufrirá daños en la caída porque lleva la punta de goma. Estoy liado con el motor, es muy complicado, le he pedido ayuda a los americanos pero no quieren porque les hago la competencia.

Un buen día a nuestro agronauta se lo llevaron dos individuos de blanco a una residencia de enfermos mentales.

Fui a verle y con mirada visionaria me dijo:

Tenía yo razón.   Los americanos me han secuestrado y se llevaron mi idea para hacerla ellos. 

Espiguita partió una noche de agosto al espacio sideral con un billete de ida inyectado en vena por un enfermero.

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