Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FOBIAS

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en FOBIAS

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2025 ya estamos en nuestro 15º AÑO de concurso, y hemos dejado que sean nuestros participantes los que nos ofrezcan los temas inspiradores. En esta ocasión serán LAS FOBIAS. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
3
0
horas
0
0
minutos
5
8
Segundos
3
1
Esta convocatoria finalizará el próximo
30 DE SEPTIEMBRE

Relatos

09. INSTINTOS

Nadie sabía de dónde había salido El Colmillo, como lo apodaron. Apareció una noche y se instaló en el edificio, a la salida del pueblo, de donde ya se habían ido otros por problemas de aluminosis.
Sus extremidades eran largas y excesivamente velludas; sus uñas parecían garras; sus ojos, brillantes como un lobo a punto de devorar a su presa; su forma de olfatear les ponía los pelos de punta.
Apenas hablaba. Ni sonreía. Solo salía de noche.
El pueblo lo toleraba, a pesar de la desconfianza mutua.
Cuando desapareció la hija del maestro, fue El Colmillo quien halló los shorts rasgados, el bolso destrozado y el cuerpo inerte tras unos matorrales.
Nadie avisó a la Guardia Civil. El Colmillo continuó buscando, como quien persigue el rastro de un animal herido en una cacería.
Y la chica recibió sagrada sepultura, acompañada del silencio de todos los vecinos.
Semanas después encontraron a un hombre desconocido colgando, desnudo, de la rama de un árbol, en el límite del pueblo. Con la palabra “ANIMAL” grabada a fuego alrededor de su cuerpo.
Desde entonces, los vecinos le dejan paquetes de carne cruda en el alféizar de la ventana y evitan mirarse a la cara.

08. Luna de terciopelo

LUNA DE TERCIOPELO

Gema Herraez

Miró por la ventana y despuntaba ya la nueva luna llena. Esta noche se atrevería por fin a salir del armario. Se puso frente al espejo contemplando cómo su cuerpo cambiaba poco a poco: las grandes y puntiagudas orejas, la mandíbula alargada, los poderosos dientes afilados, los pies y manos transformados en garras, el pelo cubriendo todo su cuerpo.

Cuando ya hubo acabado la transformación total añadió su toque final: se puso la capa roja de terciopelo con capucha y saltó por la ventana.

07. BELLEZA (Puri Rodríguez)

Le llamé para tomar un café pero me contestó una voz preocupante, casi a punto del llanto.

–”Ella me ha dejado. Ha recogido sus cosas y se ha ido para siempre”– Me dijo.

Como no quisó ni el café ni un encuentro, le dije que le enviaría un audio con algo que a mí me ayudó en un momento muy duro.

Así lo hice. En él le decía:

–”Contempla la profundidad de los ojos de un gato cuando te mira como si quisiera leerte el pensamiento.

Ríete con los cómicos saltitos de un gorrión persiguiendo migas de pan.

Sorpréndete con la increíble suavidad de la piel de una serpiente. Acaríciala sin miedo y no querrás dejar de hacerlo.

Observa la cadencia, elegante y lenta, de un tigre buscando una sombra en verano.

Descubre a un azor que elige la barandilla de tu terraza para otear presas desde las alturas.

Sumérgete lentamente en el mar y deja que los pececillos te examinen.

Duérmete con esas imágenes en tu retina y despiértate, al amanecer, con el trino de los mirlos inaugurando el día.

Belleza absoluta que, a pesar de los humanos, sobrevive.

Ánimo, amigo. Abre los ojos y mira”–

05. EL ATENTADO

Nada más entrar, Isis acudió a recibirla con maullidos que no supo si eran de alegría o de reproche por su ausencia. La tomó en brazos agradecida por la calidez de su cuerpecillo que parecía más delgado ¿ Cuánto llevaría sin comer? Enseguida llenó el cuenco con pienso que la gata se apresuró a vaciar. Llevó al dormitorio la maleta, pero le faltaba ánimo para abrirla. Los últimos días habían sido demoledores: primero las noticias sobre el atentado y esa mochila explosiva en la línea que lleva a su casa y después las conversaciones entre sollozos con los amigos comunes cuando conocieron los nombres de las víctimas, de la Víctima. Tuvo que recomponerse y buscar el primer vuelo para regresar de sus vacaciones. Sobre una silla, reconoció uno de los pañuelos de su amiga. Lo debió de dejar olvidado la última vez que fue a cuidar de Isis, ¡era tan despistada! Lo cogió con mimo y su perfume abrió las compuertas a su tristeza. Nunca volvería a ver a Charo. Con él apretado contra su pecho se dejó caer al suelo. La gata ronroneando fue a a acurrucarse sobre sus piernas. Fuera, la luna titilaba como una lágrima.

04. TIMÓN Y PUMBA

Habiba, en el camastro, habla con Zazu el loro parlanchín. El sabio Rafiki le afirma con cariño que siga luchando porque merece la pena. Ay ay, el malo malísimo Scar se acerca relamiéndose, qué miedo le tiene la pobre. Mufasa lo intimida con un enorme rugido abrazando a la niña. Simba y Nala le lamen las heridas mientras ella les acaricia la cabeza.

Se abre la cortinilla y asoman descarados Timón y Pumba que le cantan bailando “Hakuna Matata, vive y sé feliz, vive y deja vivir, ningún problema te hará sufrir, Hakuna Matata”.
Ríe a carcajadas.

Tiene 3 años y es la única superviviente del derrumbe de un bloque de edificios causado por el estallido de varias bombas.

Desde que disfrutó asombrada de El Rey León en un pequeño patio de Gaza junto a sus hermanos, Timón y Pumba son sus preferidos.

Todos le hacen compañía.

Otro brutal artefacto arrasa el hospital.

Habiba se eleva al infinito acompañada de sus amigos.

03. Corredor espiritual por Jose María Escudero Ramos

Me encanta correr por la naturaleza; alcanzar altas cumbres cubiertas de mantos blancos; cruzar pedregosos cerros; subir montañas por sus cortafuegos rodeados por enormes pulmones verdes; bajar volando sobre los umbrales de las laderas; cruzar afiladas sierras; saltar entre los cantaros rodados que hacen de puente por los que cruzar ríos de fría agua recientemente deshelada.

Rodillas semiflexionadas, piso con la parte delantera del pie, como un felino. Medito en acción cuando, calzando mis huaraches, cruzo esos angulosos riscos, piso entre las piedras, surcos o tierra blanda. Mis pies saben donde hollar porque mi cuerpo y mi mente, en equilibrio, bailan una coreografía perfectamente orquestada por la meditación en movimiento.

Me siento una pantera que desciende el risco a toda velocidad poniendo sus garras en los lugares precisos, sin miedo a nada.

Me siento volar cual halcón observador, empoderado. No busco ninguna presa porque simplemente disfruto del vuelo, disfruto del momento, de cada zancada.

Corriendo soy un chaman que transmuta toda identidad terrenal para convertirme en algo superior a mí. Vuelo, salto, disfruto, vivo. Me siento vivo. Siento. Conecto con mis diferentes animales de poder en cada momento según lo necesite.

Llamadme salvaje, es mi naturaleza indómita. Corredor espiritual.

 

Jose Mª Escudero Ramos, julio 2025

02. QUE YO NO HE SIDO

El canto de los pájaros adorna el despertar en una mañana apacible que saca a los perezosos campistas de sus tiendas. En torno al café que perfuma el claro lleno de envases de la noche anterior, el guía traza una ruta asequible sin grandes esperanzas. El bosque está ahí, enojado por la presencia de los senderistas del domingo, esperando su ocasión con un aguante propio de quien se sabe más fuerte; aguardando el momento en que los excursionistas se pierden en un paraje repleto de encarnizados leñadores; confiando en que tras el estruendo no quede nada más que un espeso manto de hojas. Y en todo lo alto del dosel, una avecilla pía y guarda silencio.

01 MUNDOS IMAGINARIOS

—Mamá, se han escapado los cocodrilos.

—No digas tonterías, Daniel.

—Sí. De verdad. Han saltado la valla del jardín y se han ido por la acera. Calle abajo… Y hay un elefante en la plaza que es más grande que una farola… tan alto como, como, como… el rascacielos que está cerca del puerto, más alto que que que …las estrellas.

—Sí, Daniel, sí… lo que tu digas. Bendita imaginación…

—Y también hay una hipopotama y un hipopotamito que se están bañando en la piscina. ¿No te lo crees? Ven a verlo. Están chapoteando. Ven, ven, ven…

La madre cede a su insistencia y se acerca al crío pretendiendo que se calme y poder seguir trabajando. Se asoma por la ventana de la cabaña y observa, bajo un gigantesco baobab, un grupo de elefantes e hipopótamos que comparten la orilla del río Saseni. Sonríe mientras piensa que, por muchos tiempo que pasen en ese proyecto de investigación en Tanzania, Daniel seguirá evocando su vida en la Rambla del Raval.

92. Taller de jardinería (fuera de concurso)

De las cenizas de aquel libro brotaron los geranios. Necesité también humus de lombriz, el pedernal rodado del estuario de un río moribundo y la placenta feraz de una musaraña. Solo así conseguí en sus pétalos los rojos más audaces, los verdes más notables en sus tallos y en sus cálices. La sensualidad abrasadora de pistilos y carpelos atraían al taladro sin remedio. La suavidad del néctar, que contenían las anteras, embriagaba a las polillas hasta sumirlas en un sueño de atardeceres púrpuras, y lluvias de ambrosía, mientras duraban los vuelos del cortejo. Después la cópula, el aleteo prístino, la conjunción de abdómenes y la transfusión de esperma, intensa y acre, hasta quedar exhaustas. La puesta era la antesala de la muerte; los cadáveres de las hembras abonaban el jardín después de desovar y los machos, tal vez el del vecino si no conseguían seducir a tiempo a otra hembra. Cada primavera era lo mismo, el desconsuelo por la muerte de sus plantas favoritas y el abrigo de mis brazos, tramposos y solícitos, el milagroso purín de las ortigas, la delatora picazón en las manos y aquel manual de jardinería que utilizaba como el peor de los sicarios.

91. Visionario (Pablo Cavero)

Como cada viernes limpié la consulta cuando se habían marchado todos, pero ésta vez decidí cumplir mi disparatada ocurrencia. Me llevé la pistolita con láser y microscopio incorporados, con la que se revisan lunares y manchas de la piel. Superponer mi foto en su acreditación de dermatólogo, sería lo más sencillo.
Aquí a la sombra en el chiringuito de la playa llevo sábado y domingo sacándome un sobresueldo. Mi tarifa de consulta es asequible, cobro el precio de un mojito. Aconsejo productos de farmacia y herbolario, los más cercanos son de mi familia. Un amigo recluta clientes a la vez que vigila la posible aparición de policías, a cambio de su porcentaje. Ha sido un éxito. Mañana lunes muy temprano dejaré todo en su sitio. No descarto repetirlo cada finde del verano. Tengo que pensar algo para otoño.

90. Naturalmente viral

A las 7:35 a. m., la madre de Clara subió otra foto a Instagram, con un pijama muy viejuno y gastado, ojeras, taza de café en mano y el pie de foto: “Hoy amanecí humana. Y con ganas de tostadas”

Clara, desde su habitación, gritó horrorizada:

—¡Mamá, borra eso! ¿No tienes un pijama más sexy, moderno? ¡No puedes subirte así! ¡¡Ni siquiera has puesto filtro!!

—¿Y qué? Estoy divina —respondía ella, mientras respondía comentarios con emojis de gallinas y soles.

—¡Mamá, déjame tu móvil, ahora mismo! Al menos cambia tu nombre por uno más moderno y que nadie pueda relacionar conmigo.

—¿Qué le pasa a mi nombre? Luzdivina suena esotérico y así se llamaba tu abuela y tu bisabuela y no sé cuántas generaciones anteriores.

Clara rabiaba: su madre llevaba ya trescientos likes, mientras que su última historia con pose de yoga invertida, apenas veintidós.

—No lo entiendo —murmuraba Clara mientras revisaba su estética minimalista con tonos beige—. No tiene feed, no tiene branding, no tiene sentido.

La madre apareció en la puerta, otra vez con su taza:

—Quizá es que la gente ya está cansada de tanta pose. Yo solo soy yo.

—Demasiado tú. Ese es el problema.

 

Nuestras publicaciones