Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

41. Divinidades (Aurora Rapún Mombiela)

Jamás creí lo que se publicó sobre el templo. Ni que los habían encontrado sepultados bajo el mármol, ni en la culpabilidad del santo al que le achacaban tamaña brutalidad. Jamás perdí la confianza en aquel ángel disfrazado de camarero de camisa abierta, cadena de oro y palillo interdental, que dedicó su vida a guardarnos a mí y a aquellos que desaparecieron, aliviados por su absolución tras confesarnos, nuestros más oscuros secretos. Nadie pudo convencerme de que las blasfemias sobre los ingredientes sospechosos de la cocina fueran ciertas. A esas croquetas les tenía yo más fe que al propio Dios, esas gambas en gabardina me hacían ver el más allá y hasta les rezaba con devoción.

Cuando se apagaron las luces, se cerraron las puertas y las dos bandas de la policía prohibieron el acceso incluso para la oración, creí que había llegado el final, pero nada podrá acabar con mi fe inquebrantable, así que aquí espero, como un fiel guardián, a que vuelva la cordura al mundo, a que vuelvan a abrirse las puertas del cielo.

40. Perder la fe en el ser humano

Yo siempre tuve fe en él, también cuando no se portaba del todo bien conmigo. Pensaba: «solo necesita cariño» Y me esforzaba en quererle más, culpándome incluso por no ser capaz de despertar el amor en su corazón. Le fui fiel y confié hasta el último momento. Pero entonces enfermé y caí en la cuenta de cuál era su verdadera cara. Porque fue capaz de abandonarme cuando más lo necesitaba. Y aquí estoy ahora, llorando en soledad, mientras miro a la gente que va y viene y se detiene a repostar… moviendo tristemente mi peluda cola.

39. Cuatro esquinitas tiene mi cama

     El de la aureola dorada ha vomitado sobre la colcha, y el de las alas azules ha aprovechado la coyuntura para endiñarle un navajazo. Los otros dos (el querubín y el serafín) están peleándose a jarronazo limpio por un mísero gramo de heroína.

     Eso sí, al verme despierta, enseguida disimulan y regresan a sus puestos.

     —¡Ya estáis otra vez! ¡Así es imposible dormir! —les grito, intentando parecer furiosa.

     Pero ellos saben cómo calmarme: primero me piden perdón, alegando que las noches se les hacen demasiado largas; luego me traen leche calentita o me preguntan si quiero la cuña; y por último me masajean los pies con esa sensibilidad que solo ellos poseen.

     Mientras me adormezco, les aviso de que a la próxima les cambio por cuatro seguratas, que ellos al menos no lo llenarían todo de plumas. Al oír eso, siempre estallan en lágrimas plateadas, me besuquean los antebrazos y me repiten que por favor no los eche. Que la cosa está muy mal, señá Emilia, que ya ni en el cielo es fácil encontrar un trabajo digno y un techo donde cobijarse.

38. LA OUIJA

Sentados en el suelo, se reían y bebían por turnos. Preguntaban y el vaso respondía de manera incoherente a sus banales y adolescentes cuestiones. Hasta que uno de ellos preguntó si podría destruir el mundo. El vaso no reaccionó y la velas movieron sus llamas ligeramente. Nada espectacular. Aburridos, los chicos dejaron aquello y salieron de casa para ver con estupor que fuera ya no había nada.

37. PROBABILIDADES

Cada lunes se acerca al quiosco con sus boletos en la mano y el corazón en vilo, esperando que la máquina le diga que tiene seis aciertos. Seis números que la libren del dolor de huesos que le provoca vivir; que le permitan disfrutar de sus últimos años, viviendo como una reina; que le ayuden a dejar a sus hijas con el futuro arreglado.

—Nena, ¿qué crees que es más fácil, acertar seis en la primitiva, o que un meteorito impacte en la Tierra? —le pregunta a Conchi, la lotera.

—Fácil: hacerte rica es una probabilidad entre catorce mil, y nuestra extinción definitiva, dinosaurio style, una entre trecientas mil —le contesta una chica con gafas de empollona que espera su turno en la cola.

—Pues por eso sigo jugando —comenta en voz alta—, porque espero que me toque algún día.

Mientras tanto, Conchi revisa los boletos en el escáner. Cero euros.

—¿Lo de siempre? —pregunta. Y ella asiente con la cabeza.

Cuando sale a la calle mira al cielo. Si las estimaciones son correctas, una roca enorme impactará en tres semanas. Espera que, por una vez, la ciencia se equivoque.

 

 

36. La futura científica

—¿Qué haces?

La voz de su hija irrumpió en la madrugada a su espalda. Demasiado cerca. Se volvió hacia ella en un escorzo tratando de parapetar con su cuerpo la caja que llevaba en las manos. Ahí estaba abrazada a su peluche mirándole. Expectante. Confusa. Inquisitiva.

—Nada. ¿Qué haces aquí? —recuperó una postura más natural confiando en mantener oculto el puzle de la tabla periódica.

—No me duermo. Y me hago pis. —dijo ella frotándose un ojo—¿Eso es un puzle de la tabla periódica?

—¿Qué? — se le congeló una mueca.

La niña miró los papeles de regalo desplegados sobre la mesa.

—¿Qué pasa, papá?

—He oído ruido y me he levantado y… pues…

—Jolín, papá. Los has interrumpido. Se habrán ido.

—Tranquila, hija. Vamos a la cama. Volverán cuando estemos dormidos. Venga… —la caja se le cayó explotando en doscientas piezas.— Dios… Vale. Vete a la cama, corre. Lo recojo rápido y me voy a dormir.

La niña cogió la pieza que llegó a sus pies y se la dio apresurada.

—Corre papá. Déjalos trabajar. No interrumpas más. —le besó y se marchó corriendo.

Miró la pieza antes de devolverla a su caja. «Hierro». Sonrió. Suspiró. Resopló.

35. En el nombre de nadie (Montesinadas)

Un policía se detiene frente a él, lo empuja, cae de rodillas y empieza a rezar, aunque tenía la certeza de que no era el lugar apropiado y Dios no escucharía sus plegarias. Su madre ya se lo había avisado desde muy joven: “Todo lo malo que te sucede es por falta de fe”.

El policía escupió el palillo que tenía entre los dientes, se le echó encima, le abrasó la cara con el asfalto y lo inmovilizó con las bridas. Con la rodilla hundida en su cuello le aseguró que Dios estaba cansado y había dejado de conceder deseos. Lo sabía de muy buena tinta: en este mundo todo era cuestión de tener buenos contactos y él los tenía hasta en el infierno.

Con la vista fija en las ruedas de los coches, aún alcanzó a ver de reojo un trocito de cielo y pensó en su madre. Seguro que ella podría interceder. Después de tantos años, habría creado vínculos allá arriba y podría ayudarlo. Sin poder respirar, le pidió que no terminara todo en aquella avenida y pudiera volver a escuchar  los golpes de los presidiarios en las paredes.

34. LA FE MUEVE MONTAÑAS

Doña Paquita regaba todos los días un zapato viejo que rodaba por el patio. Creía firmemente que ese sencillo gesto haría que brotaran flores allí donde fuese, en este caso en el zapato solitario. Llevaba tanto tiempo haciéndolo que ya nadie le hacía caso. Y como quiera que la vida a veces tiene sus cosas, de alguna manera, llámese insecto, llámese viento, llámese pájaro, cayó una semilla dentro del zapato, brotó un tallo y de él salieron tres florecillas minúsculas, que no dejaban de ser flores, al fin y al cabo, lo que supuso un pequeño alboroto, un pellizco de alegría y felicidad, pero sobre todo, la confirmación de que siempre estuvo en lo cierto. Así que con todo el convencimiento del poder de su fe y dispuesta a ver salir el sol cuando asoma por el horizonte sin nada por medio que le estorbe, se ha propuesto modificar un poco la orografía local, y ahí está desde entonces, sentada en silencio en el porche de su casa, mirando al macizo y concentrada en esa idea fija, a ver si un día de estos se obra el milagro.

33. A CIENCIA CIERTA

Cuando su fe ya no le alcanzaba para afrontar aquella situación, decidió pasar por el quirófano, aunque el facultativo le advirtió de que, por haber desconfiado de la ciencia tantos años y haberse dejado aconsejar por matasanos, la medicina no podía hacer gran cosa por él, salvo probar nuevas terapias y cirugías, no todas seguras al cien por cien. Tendido en la camilla y con aquellas lámparas sobre la cabeza, no le quedaba más que la esperanza de despertarse entero y a salvo, pero sus párpados agotados cortaron de raíz aquella cobarde reflexión.

Con el paciente sedado, el equipo se miraba con escepticismo ante aquel desafío, como si ni ellos mismos lo tuvieran muy claro. Al terminar la intervención, el sudor y la duda lo inundaban todo, y el último punto cerró la incisión.

En la sala de reanimación, una intensa luz penetraba por los ojos del paciente, y una voz dulce y angelical le daba una especie de bienvenida, señal de que todo había ido mal y que, como en sus creencias, estaba, lleno de cicatrices, a las puertas de la vida eterna.

Luego comprendió que la enfermera le estaba poniendo una sonda.

32. CON FE

• Mamáaaaa
Dime hijo.
• La maestra nos ha pedido un trabajo con fe.
Pues a mí se me ocurre que hables sobre ferrocarril, lo de los trenes.
• No sé.
Vale, ¿qué te parece café?
• Genial, voy a hablar del que tú preparas que gusta a todo el mundo.
Me alegra, pero acuérdate de tu tía Federica, que te regala cochecitos en tu cumpleaños.
• ¿Y qué más?
Pues hoy he oído en las noticias algo sobre un mequetrefe.
• Me gusta.
No olvidemos a quien te ha pedido el trabajo, tu profesora.
• Olvídalo.
Acabo de recordar un cuento sobre el lobo feroz.
• Da miedo.
¿Te gusta feria?
• Me encanta el guirlache.
Algo muy importante es el mes en que naciste, febrero.
• No me atrevo a contarlo en clase.
Una idea, nuestro insoportable vecino es feo.
• Bien, has dado en el clavo.
Espera, tu gato es felino.
• Uy mi Roger se me había olvidado, voy ahora mismo a ponerle la cena.
Por cierto, la palabra más corta de todas es fe.
• ¿Y eso qué es?
No sé.
• Borrado.
Pero espera, todo lo que hemos hablado está bien, muy bien, pero…
• Pero… ¿qué?
Lo más bonito que hay con fe es feliz.
• Mamá, te quiero.

31. Alimentando refranes

Soy el último mono en esta oficina de mierda. Por mi legendario despiste, siempre me endosan las peores tareas. No le caigo bien a nadie, mi jefe me desprecia y cuenta los días para poder despedirme. Así que, me digo, ¡de perdidos al río! Y, ante el asombro de mis colegas, me ofrezco voluntario para el encargo.

Mi abuelita siempre decía que tuviera fe, que yo había nacido con una flor en el culo, por lo que espero, de esta manera y con un poco de suerte, poder ganarme el favor de todos.

Es un hecho que ahora me miran distinto.

Despierto con renovado humor y afianzo la idea de tomarme el recado casi como una especie de feliz excursión. Tendré tiempo de conocer la ciudad y, quién sabe si de toparme con alguien afín… Son quimeras, lo sé, pero a lo mejor en la otra oficina alguien descubre mi gran potencial.

¡Pues a tomar por el saco mis expectativas! No sé en qué burbuja vivo…

He perdido el vuelo y, en el undécimo día de septiembre de 2001, puedo constatar que sigo siendo un imbécil…

Y que el mote de “desastre”, en ocasiones, se me queda pequeño.

30. Limbo

Y Él añadió «con esto tiráis un tiempo, chavales» y nosotros transcribimos su Palabra en el Libro Sagrado. En su Segunda Venida, nos proveyó de leña seca, aparatos de luz, extraños recipientes con alimento y varias mantas. Arrodillados, tras implorarle que no nos llevara aún a su Reino, lo vimos alejarse. Se elevó por la Escalera de Jacob, llenó de claridad el Círculo y, antes de desaparecer, dijo «puta tapa, cómo pesa la condenada».

Palabra del Señor.

Asamos diez ratas para celebrar su Segunda Venida. Después bailamos alrededor de la hoguera, nos bañamos en nuestro río y nos emparejamos bajo las mantas, como hacían nuestros padres antes de partir.

Ahora estamos montando un altar junto a la Escalera de Jacob para ensalzar nuestras oraciones. En el centro hemos colocado un dibujo de Él, con su túnica azul y corona blanca iluminada, y, a su lado, la hoja que dejaron nuestros padres. En ella descansa el Primer Mandamiento, «Cuidaos mucho», el Segundo, «Rezad y Él vendrá a vosotros» y el Tercero, «No salgáis nunca».

Y no saldremos, esperaremos aquí para que nos encuentren cuando regresen, pero, mientras tanto, seguiremos elevando nuestros rostros hacia el Círculo. Hasta que Él vuelva a iluminarnos.

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