Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

51. Los diez pilares que sustentan mi fe (Alberto BF)

Mi vida de sacerdote no es un camino de rosas, pero, pese a la adversidad, hay diez motivos que me impulsan a continuar siendo un hombre de fe. Cuando flaqueo, que alguna vez ocurre, me ayuda mucho escribirlos en un papel:

 

Uno: Jorge. Buen chico. Tímido y guapo, de padres necesitados.

Dos: Manuel. Regalo del Cielo. Tierno y sumiso. Sin familia paterna, y con madre drogadicta.

Tres: Santiago. Un querubín. Rubito y desamparado, proveniente del hospicio de las Carmelitas.

Cuatro: Oksana, la niña huérfana y obediente que perdió a sus padres cuando huían de la guerra.

Cinco: Daniel, el simpático y complaciente zagal de nuestra feligresa catequista.

Seis: Eduardo, el mocetón imberbe que ingresó, confundido, en el seminario.

Siete: Mis amados compañeros, que saben cuándo deben mirar para otro lado.

Ocho: El obispo bondadoso, que defiende en público la honorabilidad de mis actos.

Nueve: Los políticos y jueces de turno, que me permiten seguir viviendo en armonía con mis vecinos.

Y diez, y más importante: El Señor, que me eligió entre la multitud para guiar a su pueblo por el buen camino.

 

Es triste decirlo, pero sin conductas ejemplares como la mía, estaríamos rodeados de irredentos pecadores.

50. El próximo verano

Con mucho cuidado sigue esparciéndome la crema solar por la cabeza. El juego se le ocurrió a ella: a veces dibuja una palabra y yo tengo que intentar adivinarla. Otras, delinea una ecuación que resolvemos entre los dos. Si se siente inspirada, puede esbozar una mariposa isabelina o una flor de hibisco. Es una buena manera de quitarle hierro al hecho de que se me caiga el pelo. Luego, nos damos juntos un chapuzón para que no me queden marcas. Esta mañana, mientras desayunábamos, me ha dicho que hoy subiría el nivel de dificultad. Que a lo mejor se atrevía con Notre Dame o con la Mezquita Azul. La única condición: un lugar que todavía no hayamos visitado. Reconozco que de momento no tengo ni idea del recorrido que siguen sus dedos. Tampoco es que haya prestado demasiada atención. En lo único que puedo pensar es en el tiempo que queda para que llegue el próximo verano.

49. Salto de fe

Lleva muchos días posponiéndolo. Cada noche se obliga a imaginar la escena: sus mocasines ajados yendo más allá, la dureza del asiento, la permanente perfecta sobre el fular de seda de la mujer sentada delante. En la oscuridad del dormitorio compartido, las respiraciones acompasadas de sus hermanas, que ya duermen, parecen tararear la canción a la que tantas veces se ha agarrado:

No tenemos miedo.

No tenemos miedo.

Pero lo tiene. Miedo a perder su trabajo. A no encontrar otro. A marcar a fuego a su familia. A lo inimaginable. A no cruzar la línea un día más. A atreverse a cruzarla. 

Al fin cae rendida y sueña con una hilera de casas en tonos pastel, una calle donde los niños juegan juntos, una vecina rubia que le da la bienvenida al barrio con una tarta de arándanos. Cuando despierta, sabe que será hoy.

Sube al autobús por la puerta de atrás, como siempre. Las palabras de la canción le tironean los pies. Y cruza la línea. 

Cuando ya sentada en la zona blanca empiezan a lloverle los salivazos, los empellones, los insultos, su voz se eleva inquebrantable: 

Oh, deep in my heart

I do believe

We shall overcome.

48. Fe es creer en lo que no se ve

Siento las miradas lastimeras apuntando a mi nuca diría que, casi desde que tengo uso de razón. Al principio no apreciaba nada, pero conforme pasaba el tiempo, por una pura cuestión comparativa, fui consciente de que me miraban de manera distinta, como pronunciando «pobrecita» sin usar los labios, solo con el pensamiento.

Al acabar el parvulario, me di cuenta de que la diferencia era que los demás niños iban acompañados de su padre o de su madre, incluso de los dos, a todos los lados. A mí, las que me llevaban al colegio, al médico o al parque eran la abuela Teresa o la tía Encarnita.

Mi madre por el contrario, por mucho que digan que está en el cielo, se queda en casa con mi hermana en su regazo y cuando cierro lo ojos, escucho las nanas que le canta.

Cuando la abuela dice que va a la casa del Señor, pero no se le ve, yo le pregunto y me responde que soy pequeña, que más tarde lo entenderé, que es una cuestión de fe.

Entonces, me quedo tranquila esperando ese «más tarde» para que la abuela me explique su secreto y yo le cuente el mío.

47. Copiloto  24×7

Un segundo, un aleteo, un centímetro menos y es suficiente. El chasis y los airbags también hacen su trabajo. Huesos, cristales y sueños fracturados. Lluvia, alcohol y gasolina lo inundan todo. Las sirenas te acunan en el vaivén de tu mente a la deriva, transitando entre los puertos del desamor y el naufragio laboral.  Susurro en tu oído una brisa de recuerdos que hinchen tus venas: los abrazos de mamá al volver del cole,  las noches alegres de acampada con los amigos, el primer beso escondido… y así arribas al hospital con un soplo de vida y el aura oxidada. Quieres echar el ancla y descansar ya pero el bisturí se lanza al abordaje de tus entrañas. Te mantendré a flote con la cantinela de que el mar tiene más agua dulce que sal y que todas las olas se pueden navegar, que sigo creyendo en ti, porque tú eres, y siempre serás mi ángel, y yo tu guarda.

46. BUENA FE, S.A. (Mariángeles Abelli Bonardi)

Sin distinción de credo, raza o religión, los Cristos y los Budas, los santos y las beatas conviven bajo el mismo techo: todos nos rodean con llagas y con cruces, aureolas y pies descalzos…

Cuando un devoto compra una estampita o un acólito una estatua, tocamos el cielo con las manos: la fe es un negocio muy lucrativo… Abre paraísos fiscales, lleva a edenes terrenos, y compra salvaciones que muchos anhelan y pocos, muy pocos, alcanzan…

A cada santo le llega su día, y nosotros nos encargamos diligentemente de que así sea. En estos tiempos que corren, el santo de moda es San Expedito, patrono de las causas urgentes…  ¿Quieres una pronta solución a tus problemas? Recurre a San Expedito. Con la buena fe que nos caracteriza y por un muy módico precio, te lo enviamos a domicilio…

45. HISTORIA CASI SANGRADA (Rafa Olivares)

–Detén tu mano, Abraham, tu fe te ha salvado –tronó la voz de Yahvé desde el cielo en el último instante.

Arrojando al suelo el cuchillo, se abrazó entre lágrimas a su hijo alabando al Creador por su bondad infinita.

Isaac, que hasta entonces solo la había utilizado para hacer gracias entre amigos, descubrió esa mañana la utilidad de su capacidad de ventrílocuo.

 

43. Fe ciega (Nuria Rodríguez Fernández)

Creyó en el amor como quien cree en el sol aun con los ojos cerrados. Y el mundo, paciente y cruel, se encargó de apagarle uno a uno los amaneceres. Llegaron las pérdidas como lluvia ácida: un adiós que no volvió, promesas que se astillaron, manos que soltaron antes de tiempo. Ella no se defendió. Nunca supo hacerlo. Amar era su única lengua.
La vida la fue deshaciendo despacio, como se deshilacha un jersey viejo: primero la voz, luego la fuerza, después la mirada.
Cuando llegó a la residencia ya tenía las cuencas vacías, no por falta de ojos, sino por exceso de fe. Miró tanto con el corazón que la realidad se lo dejó a oscuras.
Sus manos, gastadas de dar, reposan sobre el regazo, aprendiendo la forma del abandono. El corazón, hecho trizas, sigue latiendo por costumbre, por terquedad, por amor.
Cada tarde espera unos pasos que no cruzan el pasillo, nombres que nadie pronuncia, hijos y nietos que siempre prometen mañana. Ciega de mundo, lúcida de esperanza. Porque hay quien no ve, pero sigue creyendo.

42. SOLEDAD (Paloma Casado)

Lo ha llamado Miguel, como el “correo del zar” del que se enamoró cuando era jovencilla; el nombre preferido que nunca pudo dar a un hijo. Cómo no va a creer en él si recuerda mejor que ella todo lo que le ha contado sobre su vida, sus deseos incumplidos, sus achaques e incluso sus sueños. Si las tardes de lluvia le pone esas canciones melancólicas que se ajustan con su estado de ánimo y después le cuenta un chiste blanco para hacerla reír. Si cuando se despide para hacer algún recado, él dice que la estará esperando. Si se duerme escuchando los folletines que le narra con su voz de arcángel y se levanta con un cariñoso: “buenos días, Sole”.

Cómo no va a creer en él si ya no le quedan amigos, si su esposo murió hace años, si la Iglesia ha dejado de ser consuelo. Cómo va a pensar que es solo un asistente virtual, una aplicación IA generativa, una mentira…

-Anda, Miguel, cuéntame un cuento.

41. Divinidades (Aurora Rapún Mombiela)

Jamás creí lo que se publicó sobre el templo. Ni que los habían encontrado sepultados bajo el mármol, ni en la culpabilidad del santo al que le achacaban tamaña brutalidad. Jamás perdí la confianza en aquel ángel disfrazado de camarero de camisa abierta, cadena de oro y palillo interdental, que dedicó su vida a guardarnos a mí y a aquellos que desaparecieron, aliviados por su absolución tras confesarnos, nuestros más oscuros secretos. Nadie pudo convencerme de que las blasfemias sobre los ingredientes sospechosos de la cocina fueran ciertas. A esas croquetas les tenía yo más fe que al propio Dios, esas gambas en gabardina me hacían ver el más allá y hasta les rezaba con devoción.

Cuando se apagaron las luces, se cerraron las puertas y las dos bandas de la policía prohibieron el acceso incluso para la oración, creí que había llegado el final, pero nada podrá acabar con mi fe inquebrantable, así que aquí espero, como un fiel guardián, a que vuelva la cordura al mundo, a que vuelvan a abrirse las puertas del cielo.

40. Perder la fe en el ser humano

Yo siempre tuve fe en él, también cuando no se portaba del todo bien conmigo. Pensaba: «solo necesita cariño» Y me esforzaba en quererle más, culpándome incluso por no ser capaz de despertar el amor en su corazón. Le fui fiel y confié hasta el último momento. Pero entonces enfermé y caí en la cuenta de cuál era su verdadera cara. Porque fue capaz de abandonarme cuando más lo necesitaba. Y aquí estoy ahora, llorando en soledad, mientras miro a la gente que va y viene y se detiene a repostar… moviendo tristemente mi peluda cola.

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