Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FOBIAS

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en FOBIAS

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2025 ya estamos en nuestro 15º AÑO de concurso, y hemos dejado que sean nuestros participantes los que nos ofrezcan los temas inspiradores. En esta ocasión serán LAS FOBIAS. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
30 DE SEPTIEMBRE

Relatos

78. OTRAS VIDAS

Me quedo embobada observándolo. ¡Cuánto ha cambiado! Y, sin embargo, puedo reconocer gestos y detalles de cuando era pequeño, como la cara de enfurruñado que tiene en este momento. Creo que nunca le dije que me gustaba esa ceja fruncida, me recuerda a la que ponía mi padre. ¿Se heredan las expresiones de nuestros antepasados?

Me considero afortunada pudiendo seguirle de cerca estos días después de tanto tiempo sin contacto con él. En mi estado actual muchas veces estoy a merced de otros y no siempre consigo vivir donde me apetecería.

Fíjate, qué gran pareja hace con su novia. Es muy buena chica y se nota que lo quiere de verdad. Y bien cariñosa, la muchacha. Acerté en mi pronóstico: continúan juntos tras todos estos años. Ahora llegan sus amigos del instituto. Me acuerdo de ese miope, tan lleno de miedos entonces. Me mira mal… Está claro que si deseo seguir viendo a mi hijo deberé elegir mejor el animal en mi próxima reencarnación, y ya llevo tres, porque el de gafas viene hacia mí con el insecticida en la mano.

77. El mejor conversador.

«Todos los hombres son iguales», dijo María. Esta frase, que las chicas pronuncian constantemente ,es una oración neutra; podría significar, por ejemplo, que todos sus novios son maravillosos. Aunque lo que realmente quieren decir es: «Todos los hombres son unos canallas». Cuando una mujer aprueba la conducta masculina, dice : «Paco es un cielo»; dejando al resto de los varones excluido del calificativo celestial.

Con los animales todo es más fácil, somos sus grandes amigos. Ellas hablan y nosotros escuchamos. La comunicación es unilateral. Y así debe ser, aunque hay idiotas que no lo comprenden.

El martes estábamos viendo la tele, y apareció el maldito anuncio.

« Escuchar a tu mejor amigo es posible ,con Talkdog tu perro puede hablar».

María me compró el dichoso artilugio. No me puse colorado, porque soy un perro, pero me asusté al oír mis pensamientos.

« Estás más gorda».

« Eres muy pesada».

Tras unos minutos de desconcierto, mi chica comprendió que el aparato no funcionaba. Es evidente que se necesita ser humana para interpretar guau, guau.

Ahora, sin traducciones innecesarias, yo sigo siendo el mejor conversador.

76. CALLEJERA (Belén Sáenz)

Un móvil bueno (con la pantalla rota), trescientos euros en billetes de cincuenta y las perlas de mi madre. Todo lo guardaba en un cajón de mi mesilla y es el botín que te has llevado. Además, te dejaste abierta la puerta del piso, varios yogures a medio comer y una jeringuilla manchada de sangre en la encimera. A esta cuenta debería sumar mil pavos para que tu chulo te dejara irte de aquel antro de carretera donde te secuestraron el alma y las venas ya desde cachorrilla. La primera noche no dejabas de ladrar y tuve que llevarte en taxi a pillar metadona. Todo lo destrozabas: los vasos se te resbalaban entre las pezuñas y se hacían mil añicos. Te revolcabas en el barro con la ropa que acababa de comprarte. Parecías contenta cuando te ponía la correa y el collar y nos íbamos al parque. Te gustaba que los niños te acariciaran y pedías con ojos tiernos que te lanzaran la pelota. Me prometiste que siempre dormirías a los pies de mi cama, que lamerías las manos que te quitan las pulgas. Era la piel del lobo. Qué estúpido fui al fiarme de una humana de raza pura.

75. Su secreto (Patricia Collazo)

Aun sabiendo lo que ella hará, los peces de largas aletas coloridas no dejan de mirar hacia arriba cuando la niña se acerca a la pecera. Y la niña lo hace con frecuencia solo por verlos padecer. Esperar el alimento que mantendrá cogido entre sus dedos justo sobre la superficie del agua durante un tiempo esperanzador y angustioso a la vez para los animalillos hambrientos. Luego ella esbozará su sonrisa triunfal antes de llevárselo a la boca y saborearlo con fruición.

Que se deleita con la comida de los peces es su secreto. Como el motivo por el cual su padre se los regaló.

74. Experimentación animal

El doctor muestra a sus alumnos los tres injertos realizados hasta ahora en el espécimen: sobre la cuarta vértebra cervical, una oreja que ya ha desarrollado tejido epitelial con varias capas de células escamosas; un segundo apéndice nasal por encima de los ojos, electrónico, atornillado a la zona frontal y con acceso directo al rinencéfalo; y, por último, los tubos de drenaje activo conectados a los órganos para la toma de muestras durante los procesos digestivos y la inoculación de sustancias.

Hoy, señala, realizarán la amputación de los genitales, de escaso valor científico, e injertarán en ese espacio una tercera pata que se anclará a la parte central del hueso denominado cadera. Desconoce si realmente será viable, pero insiste en que estos experimentos pueden ser cruciales para la supervivencia de los roedores. Solo espera que, cuando empiece la operación, este humano grite menos que el donante.

73. Metamorfosis

 

No sabía cómo comenzar este relato y apareció Lucía y a ella le apareció una mariposa blanca y se santiguó, no quería que le cambiara la suerte, ahora que parecía haberla encontrado. Estaba ensimismada recordando el día que visitó un mariposario por primera vez, impresionada por esos pequeños insectos lepidópteros que llenaban aquel espacio de vida y color.

Se sentía como la mariposa monarca, después de haber hecho un viaje de transformación parecido; empezó siendo una jovencita enamorada, vivió luego como una mujer humillada por las continuas infidelidades de su marido y acababa de realizar su metamorfosis final ante el féretro del mismo.

“Raúl, no puedes seguir así” le decía continuamente su amigo Luis, que además es un cardiólogo de prestigio. El estrés de vivir tantas vidas a un tiempo y las sustancias fueron mermando su salud y tal vez, sólo tal vez, cuando Lucía preparó el café se equivocó de polvos blancos….

Cuentan que si se posa una mariposa en ti significa que un alma del pasado quiere enviarte un mensaje, Lucía se estremeció abruptamente cuando una mariposa negra se deslizó sobre su hombro; disimuladamente ensartó aquel mal augurio en su broche y siguió recibiendo el pésame.

72. Si ella pudiera contarlo (Juana María Igarreta)

Desde la grieta del viejo edificio donde pasa el verano nos observa detenidamente. Si ella pudiera contar lo que ve a través de sus inquietas pupilas verticales, diría que la plaza tiene ocho bancos que han ido perdiendo pintura y ganando abandono. Que en un pasado todavía reciente el lugar fue muy concurrido, donde no faltaba el eco bullicioso de los niños tras salir del colegio, como tampoco un buen racimo de ancianos disfrutando del sol en las horas más apacibles del día. También, que la recoleta plaza se tornó oscura cuando encontraron sin vida el cuerpo de Martín. A él le gustaba terminar la jornada ocupando siempre el mismo banco. Con los ojos cerrados y las manos entrelazadas trataba de ordenar su nutrido bagaje de recuerdos. Y que, además, nadie lo echó en falta en su casa esa aciaga noche porque nadie lo esperaba.

Si ella pudiera contarnos que el arma homicida, una pequeña navaja con la que perforaron varias veces el abdomen del octogenario, permanece oculta en lo más profundo de la oquedad que le da cobijo, quizás no dudaría en salir a pregonarlo a los cuatro vientos. Pero, ¿alguien daría crédito al testimonio de una salamanquesa?

71. LA VIDA ANTE SUS OJOS

Trajimos a casa un pajarillo caído del nido. Salvarlo sería una vivencia extraordinaria y poco habitual para un niño de ciudad como nuestro pequeño. Compartimos en redes sociales su carita escuchando las indicaciones de cómo cuidarlo hasta el momento en que pudiera volar por sus propios medios. Estábamos muy orgullosos de representar el paradigma de la vida ante sus ojos. Le preparamos una casita y la abastecimos con agua y semillas, dispuestos a vivir con nuestro hijo una aventura emocionante, ante la mirada atenta de nuestros seguidores.

Durante dos días nuestra vida giró en torno al pajarito, hasta que en una retransmisión en directo ante más de quinientas personas, Carlitos, convencido de que había llegado el momento, corrió hacia el balcón, abrió sus manitas hacia el cielo y lanzó al diminuto polluelo. El pequeño gorrión aleteó brevemente y, tras un picado bastante pronunciado, desapareció de nuestra vista. El niño, creyendo haberle salvado la vida, sonrió a la cámara, feliz. Pero no tan feliz como el gato que jugueteaba en el jardín y vio caer ante sus ojos semejante manjar. Ni tan feliz como la lagartija que, aprovechando la confusión del momento, escapó de entre las fauces del gato.

70. Cazadores

El verano finalizaba en el valle. Allí vivía una tribu regida por el ritmo del campo y de los animales que criaban en el poblado. Acababan de recoger la cosecha y los graneros estaban repletos para el invierno. Pronto comenzarían las lluvias y sería el momento de refugiarse en las casas de piedra, pintar sus paredes, encender los fuegos para calentarse y aparearse para tener una prole sana y fuerte que asegurara el futuro de la especie.

Auxel tenía veinte años y ya no podía trepar a los árboles como antes. Ahora vigilaba los almacenes, con un palo para asestar un golpe certero a aquellas bestias de cola larga y ojos negros que tanto odiaba porque robaban el sustento de su pueblo.

Una noche escuchó un ruido y a punto estaba de golpear, cuando se dio cuenta de que aquello no era una rata. Tenía grandes ojos verdes y entre sus dientes asomaba un rabo que se perdió rápidamente en esas fauces terribles, que se volvieron dulces cuando comenzó a relamerse. Auxel acercó, temeroso, una mano para tocar su pelaje y aquella lengua áspera lo lamió mientras su garganta emitía un ronroneo. Le puso un nombre y jamás se separaron.

69. AVIARIO URBANO (Rosa Gómez)

Gorriones (aves comensales)
Estamos hartos de su pan. Queremos insectos y semillas para alimentar a nuestras crías.

Golondrinas (aves insectívoras)
Es imposible anidar a más de cuarenta grados. Tendremos que emigrar al norte.

Palomas(aves liminales)
Dicen que somos sucias, ruidosas y transmitimos enfermedades. Van a exterminarnos.

Cotorras de Kramer (aves invasoras)
Nos consideran unas intrusas. Que nos devuelvan a nuestros países de origen, de donde no debieron sacarnos.

Mirlos (aves sedentarias)
Necesitamos más jardines, si no quieren que escarbemos en sus macetas.

Cernícalos con la (aves rapaces)
No encontramos edificios para hacer nuestros nidos, nos extinguimos.

Humanos (homo sapiens)
Las aves son molestas en la ciudad, su territorio es el campo.

68. La bestia en la oficina

Se levantó de golpe. Por décima sexta vez tuvo la misma pesadilla.

Llega a la oficina tarde, algo atolondrado. Enciende el equipo. El toro lo mira fijo. Cierra los ojos. La pared gris se le ríe a carcajadas. Las gotas de sudor le empapan la camisa pero sigue clickeando. Con los años supo domar la habilidad de pecar con la mente, mientras su cuerpo permanece impoluto.

Abre Excel. Siente en el pecho el primer embiste. Se apresura al baño. Se encierra en el baño más alejado de la puerta. En su pecho cae ese viejo sentimiento, esa dualidad interna entre el deber de escapar y el anhelo de quedarse. Enfrentarlo, hacer las paces.

El frío de la puerta del cubículo no logra ralentizar sus espirales. El toro le atravesó el pecho. Sus manos, sus brazos, bañados de rojo. Su corazón latiendo rodeado solo por la caja torácica. Sus costillas como celda. Usa sus manos para contenerlo. Lo aprieta tanto que termina explotando como una uva pisoteada en el lagar.

La bestia se acuesta a sus pies con sus cuernos relucientes. Le acaricia la pierna en un acto de consuelo.

 

67. Matar el gusanillo

Regreso al ataúd deslizando mi cuerpo menudo y alargado por una de las fisuras de la madera. Mamá me regaña si salgo antes de cenar, pero ya es la segunda vez que me escapo para calmar el hambre en el nicho de los vecinos: la anciana de cabellos canos y piel rugosa es un manjar, su sabor dulce y textura mantequillosa me encantan. No sé cómo decirle que aborrezco el olor a caucho y la piel de plástico de la chica que duerme en nuestra fosa. Se me hace bola.

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