Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

QUIJOTERÍAS

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en QUIJOTERÍAS

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2025 Comenzamos nuestro 15º AÑO de concurso. Este año hemos dejado que sean nuestros participantes los que nos ofrezcan los temas inspiradores, y el tercero serán QUIJOTERÍAS Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
días
4
1
horas
1
7
minutos
3
2
Segundos
0
2
Esta convocatoria finalizará el próximo
15 DE MAYO

Relatos

34. El tobogán de los sueños

Se levanta la primera. Antes de cumplir con la tarea diaria, necesita empaparse de su carita soñolienta. Contarle bajito sobre la casa en la que vivirán. Con una habitación solo para él. Y una ventana muy grande y un arcoíris pintado en la pared. Un jardín enorme, donde podrá correr con sus amiguitos cuanto quiera, y una piscina, un tobogán…  

Le besa en la mejilla, con cuidado de no despertarlo, y abandona la estancia con los ojos velados. Atraviesa el espejado pasillo y se topa con un reloj que parece mofarse de ella. ¡Si pudiera parar sus manecillas y retroceder hasta ese instante en que conoce a Jorge y se enamora como una tonta! Pero piensa en su pequeño y se le pasa enseguida, incluso hay veces que ni recuerda lo que le dijo, mientras tocaba su barriga, la última vez que le vio:

«Este hijo es de los dos y por el paquetito de la maleta, ni te preocupes». 

Es mediodía, Jaime juega en el patio con otros niños. No sabe que mañana cumplirá tres añitos, los mismos que la normativa le concede en ese lugar. Tampoco, adónde lo llevarán ni quién lo cuidará mientras su mamita cumple condena.

33. Mar adentro

—¿Oyes las gaviotas, Celine? —musitó el hombre. Tosía las sílabas, desfallecido. La enfermedad había licuado su cerebro, no podía dormir y llevaba horas delirando.

Entre las rendijas de la persiana se filtraba una claridad púrpura: pronto saldría el sol. Ella iba y venía, poniendo paños húmedos en su frente, cambiando las sábanas empapadas en sudor.

—Tengo los pies helados —gimió, angustiado—. La marea me arrastra, Celine, ¡por favor, ayúdame! —Sus ojos la miraban suplicantes.

Ella tomó su mano y él la asió con fuerza.

—No tengas miedo, Marcel —dijo dulcemente—. El mar está en calma, iremos entrando poco a poco. Mira el azul del cielo, siente la arena bajo tus pies. Ahora nos cubre por el pecho; no, no te suelto. ¿Ves aquel barquito velero? Tenías razón: en el mástil están posadas las gaviotas que antes oías.

Notó entonces Marcel que una corriente lo abrazaba, lo envolvía. Las olas lo arrullaban, lo mecían, mientras le invadía una inmensa paz. Nunca había sentido tanta gratitud. Aflojó la mano que lo sujetaba y se dejó llevar hacia el fondo.

En ese momento le pareció a Celine que una brisa de algas y yodo impregnaba con su aroma toda la estancia.

 

32. LA VIDA ES UNA MENTIRA

Mi madre me dijo que no dijera mentiras, acto seguido me dijo que si me tragaba el chicle se me pegaría a las tripas.

Mi padre me dijo que si me masturbaba mucho me quedaría ciego y mis amigos decían que si besabas a una chica se quedaba embarazada.

Mi novia me dijo que el problema no era yo que era ella.

Mi mujer me dijo que se iba a cenar con su amiga Pili. Esa misma noche vi a Pili paseando al perro.

Le he dicho a mi madre que en la residencia se sentirá menos sola y a mis hijos que papá y mamá se siguen queriendo aunque vivan separados. Después les he recordado que no deben decir mentiras.

31. Enredada

Su abuela le contaba que cada mentira que dijera le costaría un enredo más en su rizosa melena y una verruga verde en su preciosa cara.

El cura que la confesó antes de hacer su Primera Comunión la miró muy serio con su cara cetrina; advirtiéndole que debía rezar un Avemaría y un Padrenuestro por cada mentira que contara a sus mayores.

La mañana de la celebración, su madre, harta de romper cepillos, peines y tenacillas, la mandó a la peluquería del barrio. El gorrito con lazos y flores  aplastó la obra de arte de la aprendiz.

Siendo adolescente decidió raparse al uno. Iría de frente. Se comería el mundo.

A sus cuarenta y tantos coloca su peluca en el bastidor y deja caer lágrimas como para llenar media bañera. Una por cada verdad a medias que tendrá que seguir añadiendo a la lista. Al menos, hasta que su pequeña sea una adulta con algo más que caracolillos en su linda cabecita.

Contar cuentos de buenas noches, que nunca serán verdad, a un calco de ti misma tras una agotadora sesión de quimio es la segunda mentira más dura de digerir desde su malogrado matrimonio.

30. DEMASIADO PRONTO

Me desenreda el cabello para quitarme el salitre y la arena, con mucha suavidad, como lo hacía mamá, pero yo me retuerzo y me quejo de que me hace daño. Me ha traído mi bocata favorito, pero le digo que no lo quiero, que hoy quiero fruta. Papá se enfada y ella me disculpa. Que estoy cansado dice . Que bañarse en el mar agota. Que es normal que esté irritable. Que necesito tiempo para conocerla un poco más.

Y me sonríe. Y yo sé que es buena y que tiene ganas de llorar, como yo, que solo quiero llorar. Y abrazarla, aunque la abuela me diga cada sábado que mamá llora en el cielo porque aún no hace ni un año y eso es demasiado pronto.

29. ¿Se pilla antes a un mentiroso…?

La experta en comunicación no verbal señaló que en el vídeo se apreciaba que el imputado se tocaba la cara con frecuencia, como tapándose la boca, mientras explicaba dónde había estado la  tarde de los hechos. El ademán, según la experta, era indicativo de la contradicción que experimentaba, o dicho de otro modo, del deseo de borrar las mentiras que salían de sus labios. También analizaba, esa misma experta, la forma en que el sujeto escondía las manos, o apartaba la vista, mientras respondía a preguntas de los periodistas en una rueda de prensa.

A mí me pareció brillante. Sin embargo, el perito de la defensa rebatió todo su análisis con una simple sentencia: “Esto (refiriéndose al análisis postural) no es una ciencia exacta, señoría”.

Ni los listados de llamadas del encausado, ni los testimonios de los asistentes a la reunión de emergencias parecieron suficientes para asegurar una condena. Así que, al final del tercer día de juicio, esperé en el aparcamiento, me fui directo hacia el acusado, levanté la garrota y le descargué un golpe brutal en el peroné.

Confío en que la cojera sea tan notoria que a su señoría no le queden dudas.

27. El bálsamo

Era fácil, casi un juego de niños y aún así, no siempre resultaba efectivo.

De pueblo en pueblo, durmiendo apartado en los caminos. No diré huyendo porque me parece algo excesivo, no obstante…

¿Que si yo mismo tenía fe?

Bueno, a ver… Puedo inventarme que el que me lo vendía a mí era una eminencia, que ocultaba su nombre y ocupación escapando de las férreas leyes, que utilizaba una fórmula secreta y que los componentes no eran fáciles de conseguir… Vamos, que no crecían en los árboles.

Y desconozco si realmente incluía una serie de sustancias, cómo diría, ¿prohibidas? ¿algo peligrosas? ¿pelín tóxicas? Pues no sé, ni lo afirmo ni lo desmiento. Yo no sé nada de eso. ¿Qué voy a saber yo? Yo sólo soy el charlatán, el tratante, el chamarilero. Un intermediario, vaya…

¿Responsabilidad? ¿Yo? La gente es mayorcita y sabe muy bien lo que se hace. Si me dan un cochinillo y me suplican que lo acepte, pues ¿qué voy a hacer sino aceptarlo? Pero yo no cobro, ¿eh? No se equivoque. Yo vendo cacharros, quincalla, todo lo que usted ve aquí. Y en ciertas ocasiones, sólo para que se pruebe, incluyo, como regalo, el bálsamo.

26. Coincidencias

—Demasiado caro para derrocharlo —decía siempre.

A mí me daba igual, en cuanto él y mi madre se iban a trabajar, lo cogía y me rociaba desde el cabello hasta los pies. Me pulverizaba todo lo que el olfato me permitía, tanta cantidad que a veces me provocaba dolor de cabeza. Pero no me importaba. Al llegar a clase, me ponía la bata moviendo los brazos y los hombros con exageración para dispersar bien la fragancia. Ahora que lo pienso, era como un ritual primitivo, un cortejo propio de ciertas especies de animales, tal y como nos explicaban en clase de ciencias.

Entonces Laura se giraba.

─¡Me encanta! ─exclamaba.

Era obvio que se refería a mí, ¿a quién si no?

Me sentía afortunado. Hasta que sucedió lo inevitable. Se acabó el perfume. Y el ritual de la bata. Y Laura.

Mi madre no me creyó cuando aseguré que yo lo había terminado.

—No lo defiendas —me reprendió—. Hace tiempo que me engaña —añadió apenada mientras los dos mirábamos por la ventana.

Permanecimos allí quietos, en silencio, observando como mi padre y su maleta iban menguando.

25. Bodas de oro

Hace 50 años, los ancianos prometieron decirse siempre la verdad. No lo cumplieron.

Y felices lo celebran junto a sus hijos y nietos.

24. ¡Al suelo!

Nuestro padre era un hombre de paz. Durante la comida nos animaba a resolver los conflictos mediante el diálogo, en lugar de recurrir a la violencia. «Ojo por ojo y el mundo acabará ciego», solía repetirnos. Obedientes, mis hermanos y yo seguíamos su consejo en las peleas: siempre terminábamos con una pedrada en la frente.

Pronto nos convertimos en el hazmerreír del barrio. Nuestro pacifismo nos volvía débiles a ojos de las demás familias, y aquello terminó por superarlo. Una mañana se dejó crecer el bigote y desempolvó el traje de teniente coronel que había heredado de su padre. De esa guisa se presentaba en el instituto cuando algún compañero nos humillaba, en las fatigosas reuniones de vecinos o incluso en el banco, a reclamar los intereses abusivos que la entidad le cobraba. Su porte gallardo y las condecoraciones en el pecho despertaban un respeto instantáneo. Nadie se atrevía a contradecirlo.

El magnetismo del uniforme y la firmeza del engaño lo absorbieron. Cansado de ver por la televisión las fusilerías verbales que se lanzaban nuestros políticos, decidió apretarse el cinturón, enfundarse una pistola de fogueo y presentarse en el Congreso. El resto de la historia la conoce todo el mundo.

23. Una vida de fábula -VALDESUEI-

Comencé a mentir a edad muy temprana para que mis padres no me castigaran por las malas notas, después, para conseguir que me invitaran a unas copas o poder entrar en la discoteca de moda.

Esta habilidad me ha enseñado la diferencia entre lo que te gusta y lo que se te da bien. Y a mí, la mentira, se me da realmente bien.

Gracias a ella he logrado viajar en jets privados, he jugado en el casino de Moscú o Montecarlo, he visto una final de Champions en el palco, me he codeado con mandamases internacionales y me he acostado con las mujeres más bellas.

Con la mentira puedes lograr todo lo que te propongas.

¿Que cómo? Muy sencillo, solo tienes que inventártelo.

22. GEPETTO (Paloma Casado)

Desde la cama mira con ternura al joven que dormita sentado en la silla. A pesar de sus defectos, adora a ese chico. Nunca fue fácil. Recuerda el día en que, a costa de todos sus ahorros, pudo sacarlo de la cárcel a donde lo habían conducido las malas compañías. O cuando consiguió liberarlo del vientre devastador de la droga que a punto estuvo de anular su conciencia. Sonríe al pensar en la psicóloga que, como un hada madrina, ha conseguido convertir en hombre al que antes fuera un títere de sus propios engaños. Lo ve desperezarse y levantarse despacio para decirle al oído:

-Parece que la quimio está dando buenos resultados, pronto volverás a casa.

Sabe que es su última mentira.

 

Nuestras publicaciones