Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

18. Azul…

Que era un niño singular nadie lo ponía en duda, ni siquiera sus progenitores. Su vocabulario sacaba de quicio al padre alcohólico y embelesaba a la esposa de este, doña Rosa, que se sentía orgullosa de que su hijo utilizara palabras tan extrañas.

Aquella mañana de noviembre, Félix Rubén paseaba, sin fijarse en nada concreto, por la calle principal de León. Siempre lo hacía callado y con la mirada al cielo, caminando en una nube de ensoñaciones. Pero, en esa ocasión, comenzó a encadenar, en voz muy alta, vocablos como estos: fanfarria, ditirambo, esmaragdina, oropel, dáctilos, anapestos, pirriquios, hipocentauros, zambras, echacorvería… Y así siguió el niño, hasta entrar en su hogar. Como de costumbre, el padre lo trató con desprecio y la madre se emocionaba con la aparente valía del muchacho.

Ni su familia ni nadie, por aquel entonces, se imaginaría que de la estirpe de los Daríos saldría un genio de las letras,  ni que el color azul y los cisnes blancos iban a conducirlo, entre estanques y ninfas, entre vocablos imposibles y bellos adjetivos, a ser diferente y único.

17. Herminia

Decidí pasar las navidades con mi tía, en la aldea de Manzaneda.
Herminia, solícita y cariñosa, me acogió en su casa.
– No hay nada más reconfortante que dejarse querer y mimar por alguien que realmente te quiere-
Para ella, yo era una chiquilla de ciudad, flaca y estresada, y estaba dispuesta a cambiarme en quince días.
No pudimos salir a pasear. El mal tiempo no nos dio tregua.
Se fue la luz.- como de costumbre-. Distribuyó velas por todos los rincones, y nos sentamos, en el banco de madera, junto a la cocina bilbaína. Yo dormitaba al calor y olor de la leña quemada.
Se puso a calcetar una bufanda, y con la misma lana azul, me enseñó a manejar las agujas, poniendo gran empeño en que aprendiese.
-Terapia de meditación. Te veo un poco descentrada. El ritmo trepidante de la ciudad no te conviene.
En un cesto de mimbre guardaba varias prendas de igual tono.
La miré interrogante. Sólo tenía lana azul.
-El mal tiempo me impidió bajar al pueblo y…- Se disculpó.
Sabía exprimir lo mejor de cada instante. Sus palabras y actos eran una lección constante de vida saludable.
Tengo  suerte de tenerla a mi lado

16. Azul celeste (MVF)

El rojo es una herida, como una amapola en un campo de otoño amarillo. El viento lleva, ladera abajo, un lazo rosa, fugitivo. Los ojos se alejan, pero la vista vuelve. Siempre vuelve. En la retina queda un vestido ondeando en el viento, una sonrisa. Un corazón atrapado en el tiempo. Un nombre que no se pronuncia. La memoria es una rama quebrada. El azul son unos ojos, de par en par abiertos.

15. La Partida ( Jesús García Caurel )

Sigues en el mundo onírico.                       Ojalá no fuera así…
Tu oponente coge otro pedazo de tarta…
Lo miras otra vez, pero su gesto sigue siendo tan inexpresivo como siempre. En su brazo derecho descansa la guadaña, aguardando con paciencia a que se decidan a darle uso…
Te muerdes el labio inferior. Ojalá supieras que naipes sostiene en sus sarmentosas manos, para aguantar sus envites. Aumentarían tus posibilidades de doblegar a un ente omnipresente e inmortal…
El nivel de la tarta va descendiendo. La va engullendo como si fuera un niño goloso, bocado a bocado, hasta que solo quedan las migajas.
Te queda una única oportunidad. Robas la última carta…
Miras el rey que ha aparecido en tu mano. Siempre te ha fascinado su egregia capa azul, color deificado en antiguas civilizaciones…En esta ocasión es tu as fuera de la manga…
Retiras las cartas de encima de la mesa y sonries a tu adversario. El juego ha terminado. Se levanta con presteza y se marcha sin mirar atrás. Sus extremidades parecen no tocar el suelo. Suspiras aliviado. Has ganado otra vez, y tu mujer podrá seguir velándote a los pies de tu cama, otro dia más…

14. Dentro del abismo

La sutil transparencia azulada del río comenzó a presentar algunas motas grisáceas, a medida que nosotros flotando entre oleadas de sal y cólera, descendíamos irremediablemente empujados por la gélida angustia hasta la cueva insondable de la fatalidad. Siendo incapaces de sobreponernos a la quiebra absoluta del sueño que forjamos juntos, tras la apertura del flamante negocio inmobiliario heredado de tus padres.

¿Quién iba a pensar, que nuestras vidas ahítas de felicidad, se truncarían definitivamente, ensombreciendo el cristalino azul que reverberaba en tu pupila?

Incapaces de sobreponernos a la quiebra absoluta del sueño forjado tras poner en marcha la empresa familiar, se nos desdibujó la sonrisa al contemplar en cámara fija la película de nuestra vida juntos, de la mansión donde habitábamos, rodeados de lujos y caprichos, de yate y avión privado para escapadas a paraísos fiscales de playas con aguas cristalinas… Pero que fatalmente desaparecieron o acabaron siendo expropiados por el gobierno.
Se nos quedó vacío el baúl de la esperanza y las ilusiones, como los hijos, poco a poco se fueron de casa. Tampoco nos sostiene ninguna creencia ni sentimiento de supervivencia. Lo hemos decidido. Seremos esponjas en este mar de turbulencias. Diminutos cristalitos derritiéndose en la hondonada submarina.

13.- Veinte por dos mil quinientos

Me impuse varias rutinas: dormir al menos siete horas, ejercicio moderado cada mañana y relax meditativo durante quince minutos en el parque. Desayunos sanos y duchas de agua casi fría. Nada de televisión, como mucho algo de radio. Y una vez en harina, crear fichas de los personajes, redactar guiones, anotar en borradores…

Pero ni leches. El jodido síndrome del maldito folio en blanco regresaba antes que yo al escritorio y lo ocupaba durante días, a veces semanas. ¡Horror!

Hasta que ideé una solución. Creativo que es uno… Telefonazo a la papelería, y en dos de días ya tenían preparado mi pedido. Coche, y a por ello. El maletero, lleno. Las demás, en el asiento trasero. Encargué veinte, para empezar. De vuelta, aparco en doble fila. Subirlas con prisas al tercero, una odisea. Pesan horriblemente. El ascensor tuvo mejores tiempos, como la cuenta corriente de la comunidad. Y como yo.

Una vez recuperado, desperdigo las cajas por el estudio y abro la primera. Coloco varios paquetes cerca de la mesa. Encuentro un bolígrafo nuevo. Pongo algo de música suave. Me siento optimista, esperanzado.

Han pasado semanas, y continúo aquí sentado. Sigo en blanco, rodeado de cincuenta mil folios azul ártico…

12. Papiroflexia (Javier Igarreta)

 

“Aún recuerdo aquel beso que nos dimos en la boca del metro. Lástima que fuera el final de lo que pudo ser un buen principio. No hace mucho te encontré en un suplemento cultural, como figura emergente del arte efímero. Siempre fuiste aficionada a construir castillos en el aire. Mi vida sigue anclada en la rutina y en mis exiguas rentas. A veces me gano un extra paseando perros por Chamberí. Por supuesto con pedigrí. Por lo demás, sigo fiel a la música barroca y siempre que escucho a Bach, me acuerdo de ti.”

Como manera de exorcizar el aburrimiento, vertía de esta guisa recuerdos y vivencias que, aunque con vocación de carta encontraban su destino en la papelera. Pero aquel día, por arte de papiroflexia, las palabras se le fueron de las manos y surcaron el cielo azul, pasajeras de un avión de papel. Sin duda la nostalgia llegó a un acuerdo secreto con la distancia y el tiempo para que aquel ultraligero llegara raudo a Lisboa, para posarse en el suelo de la estación de Alfornelos, cuando aquella joven artista terminaba su perfomance al son de “Badinerie”.

11. VIAJE A MARTE (Paloma Casado)

 

La esfera azul que ha dejado atrás se ha hecho más y más pequeña hasta desaparecer de su vista. Es el momento del vértigo y la nostalgia.  El viaje espacial durará todavía muchos meses que soportará gracias a sus rutinas programadas y al tiempo que pasará dormido en la cápsula de descanso.

Está soñando con su vuelta a casa cuando el robot de asistencia le avisa que su destino está próximo y debe iniciar las maniobras de aterrizaje. Intenta entonces comunicarse con el centro de control, pero nadie contesta del otro lado. Ignora que, durante ese tiempo, una nueva guerra ha sumido la tierra en un caos.

A pesar de todo cumple con su misión y pone pie en la superficie polvorienta de Marte. Mientras sus oídos se acostumbran al silencio absoluto contempla la inmensidad del universo que le rodea. Está solo y ya nada tiene sentido, sin conexión nunca podrá regresar. Antes de desconectarse de la nave, se despide mentalmente de su esposa. Su cuerpo queda flotando en un azul que no es más que una condensación de capas de vacío, un cúmulo de nada. Como la muerte.

 

 

10. El espejo azul

«¡Te voy a rajar!», le dijo al espejo barroco que tenía frente a sí con cara de ira y sudando por momentos. El espejo mostraba una imagen que no deseaba ver, aquel reflejo del paso de los años había calcado a la perfección y que ella detestaba tanto porque vivía por y para la imagen. Su sangre azul ya no le servía de nada porque lo había perdido todo en la crisis y sin dinero, ni amigos ni amor…ni liftings.

Clavó la punza en el cristal. «¡Muerte!», gritó acto seguido y a continuación, apretando la mandíbula con rabiosa impotencia, se lo hundió en el pecho de oro.

 

09. NIDO DE AMOR (Mariángeles Abelli Bonardi)

Algo viejo: un billete roto. Algo nuevo: un caramelo sin desenvolver. Algo “prestado”: una ramita ajena. Algo usado: una muda de piel. Algo azul: un lirio silvestre… Procura que todo esté en orden, que no se estropee el cuidado diseño. Sabe que ella lo observa, y sólo si la deslumbra aceptará el convite. Arquitecto de su propia felicidad, piensa el tilonorrinco: “El que quiere celeste, que le cueste”.

 

08. Alto en el CaMino

La única revelación que me despertó la tercera etapa del Camino, fue que no quería ser mártir al llegar a Santiago. Así que medio vendí mi alma al diablo y me dirigí en taxi hacia el hotel que reservé en Arzúa.

El pequeño complejo tenía alma de pazo, aunque no lo era. Estaba dirigido por una lechuza que tenía forma de mujer, llamada Mary, con mirada profunda que revelaba ser la guardiana de ese pequeño territorio en tierras de meigas y conjuros.

La lechuza hotelera sobrevolaba mis horas que se mecían en el arte del “dolce fa niente”, escondida en la oscuridad del día, sacudiendo de vez en cuando sus alas, como para recordar que estaba ahí, por si la necesitaba.

Cocinó pequeñas presas que cazaba en los comercios de su confianza. Cantó en la noche y se despidió con un desayuno de ritual.

Antes de reemprender el Camino, me recomendó hacer una ofrenda al pequeño árbol celta que coronaba su jardín, atándole un lazo de color azul.

Al alejarme, un leve ulular sembró el viento de despedida que me empujó a proseguir mi marcha.

07. Lluvia

Ese día se levantó rara, pero pronto se dio cuenta de que estaba lloviéndole por dentro. El granizo le estaba destrozando el intestino y los rayos le partían el corazón. Rauda, revolvió el armario. Se puso el anorak de montaña (el de senderismo), el poncho y el cortavientos. Se subió el pantalón impermeable (el de la nieve) y se encasquetó el casco visera de esquí. El aguacero no tenía pinta de escampar.

Enojada, y con el paraguas en una mano, fue hasta el baño. Se embutió el albornoz como pudo y se sentó en el váter a la espera de que amainara. Sintió cómo el agua calaba sus huesos, anegaba sus órganos y se diluía en su sangre.

La lluvia brotó de sus ojos. Lentamente, comenzó a desvestirse. Primero el albornoz. Después se despojó del cortavientos, el poncho y el anorak de montaña (el de senderismo). Luego, el pantalón impermeable (el de la nieve) y, por último, se desprendió del casco visera de esquí.

Cuando estuvo completamente desnuda, dejó que la lluvia empapara todos y cada uno de los poros de su piel hasta convertirse en una gota más, tan intensa y azul como el color de sus ojos.

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