Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

CORAJE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL CORAJE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Continuamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto CORAJE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
15 de MAYO

Relatos

30. PINCELES VIVOS (Ginette Gilart)

Hacia mí se avanzan tres mujeres jóvenes y guapas. Están desnudas y les acaban de embadurnar el cuerpo con pigmento azul. Cada una de ellas se pegan a mí siguiendo las instrucciones de un tal Yves. Otros como yo reciben las huellas de esas chicas.
Luego, entre dos hombres me trasladan a otro lugar, una gran sala donde se encuentran los demás y nos colocan de manera armoniosa.
En la entrada de la exposición, un cartel anuncia: «Las Antropometrías de Yves Klein».

29. PENUMBRAS (Mødes)

Soy Modesto Bleu Domínguez, pero en clase siempre me han llamado «Azul».

Y hoy, al salir del cole, varios niños me rodearon y empezaron a cantar esta canción:

«Prusia, marino, Klein, añil,

celeste, cobalto, acero y cian.

De todos los azules,

¿Cuál prefieres tú, chaval?»

Y no lloré por sus burlas, sus collejas, o sus empujones. Ya estoy acostumbrado.

Si lo hice fue porque, además de todo eso, me robaron mi balón con cascabeles.

 

28. Still got the blues (La Marca Amarilla)

Llovía la triste noche en que se fundió el neón azul de aquel bar de extrarradio.

Dentro, el detective Zacarías bebía un whisky en la penumbra que siempre se forma al final de la barra, solía ir a ese antro porque allí escuchaba excelente blues y además permitían fumar cuando había pocos clientes, que era lo habitual.

Sonaba Gary Moore en el ambiente azul de aquel bar cuando Zacarías recordaba el día que encontraron el cadáver de la esposa de un original escritor de best-sellers; los forenses sólo pudieron marcar con tiza la silueta del cadáver, no hallaron ninguna prueba.

Intentaba el detective esclarecer el caso que le atormentaba cuando sonó su teléfono, la luz azul de la pantalla le chivó el nombre: era la persona que le había encargado la investigación, amiga íntima de la mujer asesinada.

Al otro lado de la línea, la clienta le comunicó el dato que certificaba que se encontraban ante el crimen perfecto que sólo un escritor podría resolver.

Zacarías colgó sin despedirse. Atónito no podía creerlo, pero ahora todo encajaba.

-¡Qué cabrón! -pensó el audaz detective. -El marido es el asesino y yo tan sólo soy uno de sus personajes.

27. AMOR AZUL

AMOR AZUL

Ella, aunque era de una familia humilde, gozaba de todos los privilegios que necesitaba, no era demasiado ambiciosa, en ningún caso sintió ningún tipo de carencias y afectivas menos aún, tenía una familia maravillosa; sin embargo, cuando conoció a aquel chico que se bajaba del taxi para quedar con ella, aquel chico que hablaba de sus vacaciones en la playa, que manejaba dinero para comprarse ropa…pensó que tal vez no estaba al mismo nivel.

El amor que creció entre ellos fue igualando un desnivel que sólo estuvo en su mente, nunca en la de él.

Lo del taxi fue puntual,  disfrutaba de la playa solo unos pocos días gracias a una tía suya y había empezado a trabajar poco antes, y eso sí, en cuanto pudo la hizo sentir la princesa de su vida y no sólo porque la llevó a una exclusiva boutique y le regaló un precioso vestido azul, sino por todo lo DEMÁS.

Aunque ha engordado unos cuantos kilos y el vestido ya no le entra, sigue colgado en su armario…el azul le sigue sentando muy bien y él se lo dice continuamente.

26. Algo haría

 

–Desde ese día nadie vende barquillos en el parque –comenta distraídamente mi hermano mayor, al tiempo que distribuye sus indios tras la colina de piñas y troncos secos.

– ¿Pero por qué se lo llevaron? –pregunto, mientras escondo mis soldaditos entre los tiestos de hortensias.

–Yo que sé. Algo haría –responde.

– ¿Y al maestro?

Mi hermano encoje los hombros.

–Algo haría también.

Sin previo aviso, lanza un ataque. El jardín se llena de flechas como las que mamá ha bordado a papá en su camisa azul. Mis soldados abren fuego en respuesta.

– ¡Algo haría! ¡Algo haría! ¡Algo haría! –exclamo atrincherado tras las macetas, cada vez que disparo con el dedo y veo caer a lo lejos un indio herido.

La criada, nos avisa de que la comida está lista. El estruendo de la batalla resuena aún en mi cabeza mientras me lavo las manos en la palangana. “Algo haría”, repito maquinalmente, y sonrío pensando en el fabuloso grito de guerra que acabo de inventar. Ya solo falta que el barquillero vuelva pronto del paseíllo del que papá habla con sus compañeros, golpeándose el pecho con el puño. Echo mucho de menos la música de la vieja ruleta de latón.

 

 

25. OJALÁ TE DEJARAN LAS PALABRAS QUE DIGO…

…por un momento el amargo sabor que va conmigo ( García calvo/ Amancio Prada). Así suenan en noviembre los relatos marrones que superamos. Semejan algunos un regodeo en el encaje de bolillos de los misterios de las verrugas,  pura melancolía otoñal.

Desde una película como «Les Perseides» que acoge y te lena de vida propongo pasar de lo fúnebre a la ilusión. Citando ( puede que sean muchas citas, sí) a Triana : » Abre la puerta niña y dale paso al amor». Espero leer historias que nos inunden de ilusión, de vitalismo naif.

Confío en que nuestro foro se llene de tonos verdiazules, incluso ultravioletas, por muy literario que lo ocre pretenda aparentar.

Adiós tristeza , hasta el próximo encogimiento del corazón.

C´est la vie ( Emerson, Lake and Palmer)  😉

24. DIOSES

En casa de los Dioses del Olimpo se almuerza temprano.
Rea llama a los chicos para que acaben el juego.
Zeus y Hera llevan toda la mañana ocupados creando un planeta azul. Tierra lo llaman. Pero no consiguen ponerle paz.
Al oír a su madre, al permanente conflicto le añaden un punto nuclear que acaba con todo.
Dicen que la próxima vez inventarán seres buenos.
Cronos y Rea sonríen indulgentes. Sus hijos son Dioses, pero todavía niños.

23. HIPERREALISMO

Era como si todo se hubiera parado de repente. Las nubes dispersas, completamente estáticas sobre la bóveda celeste, provocaban el efecto engañoso de estar contemplando una pintura en lugar de la realidad. Su mente, tan inquieta segundos antes, también se había detenido. En los instantes previos, venía pensando en cosas como que aún le quedaban por pagar diez años de hipoteca; que tenía que cambiar el coche; que su hijo mayor empezaría la universidad el año que viene y quizá no podría afrontar los costes, porque su trabajo podía irse al garete en cualquier momento… Observando aquel cielo todo lo demás se diluía. Unas sirenas rompieron la magia del momento; un hombre uniformado le tapó la visión a través del parabrisas roto; una lucecita blanca escrutó sus ojos azules en busca de la reacción de sus pupilas y una voz tranquilizadora respondió a una pregunta que no había pronunciado: ‹‹No te preocupes, todo irá bien››.

22. La mujer del teniente del séptimo de caballería

Brandon aguanta hombro con hombro junto a su comandante, ambos descargan sin miramientos la munición sobre el enemigo. No concibe que Custer se haya dejado atrapar como un cadete recién salido de West Point.

Piensa en Helen, su esposa, y en que hace sólo unas horas hicieron el amor. Recuerda sus pezones de azabache, y sus pechos que nunca se cansa de besar.

Dos soldados caen fulminados por las flechas. A su alrededor los cuerpos van conformando una tétrica montaña azul. Brandon asume que todos morirán. Un fuerte golpe por la espalda lo envía de bruces contra el suelo. No siente dolor al comprobar cómo la punta de una lanza asoma ensangrentada en mitad de su pecho. Los aullidos sioux, tan próximos, se vuelven insoportables. Custer debe ser el único que se mantiene en pie.

Mira hacia lo alto y el azul, generoso, le transporta lejos de Little Bighorn: reposa en su alcoba tumbado sobre la cama, y se deleita viendo cómo Helen avanza sonriendo hacia él mientras invita a que el albornoz de seda azul, que apenas le cubre el torso, se precipite a cámara lenta desde sus hombros de ébano.

21. CROMATOGRAFÍA DE TUS OJOS (Mercedes Marín del Valle)

Difícil adivinar qué pensabas cuando ocultabas tus ojos tras las gafas. Te sentaban muy bien, es indiscutible, pero pasaba mi tiempo hablando, sin adivinar si me mirabas a mí, sin saber si al menos me escuchabas, porque siempre supe que los oídos escuchan y los ojos comprenden.
Pasó el tiempo y con él, pusimos algunos secretos sobre el tapete. Los míos más aventurados que los tuyos, y las gafas siempre presentes. Sin embargo, y a fuerza de insistir en ello, un día, dichoso para los dos, se produjo el milagro y las dejaste olvidadas sobre la mesa de la cafetería.
Me dediqué entonces a descifrar los misterios ancestrales que ocultaban tus pupilas: En los amaneceres una esfera imperfecta recreaba las tres cuartas partes de la Tierra, con sus pequeñas islas acarameladas. Al atardecer, el sol hiriente arrancaba sus lágrimas y un mar de confusión trataba de ahogarnos. Con la magia de la noche se oscurecían y brillaban como un cielo salpicado de constelaciones.
Tus ojos, azules, pequeños y melancólicos, aprendieron a besar mi boca mientras te hablaba.
Un día aparecieron las gafas, pero ya no supiste ponértelas. Habías descubierto la luz, la tuya propia que viste reflejada en los míos.

20. Alada obstinación (Juana Mª Igarreta)

Una moscarda azul lleva días instalada en el salón de mi casa. Sabedora de que estos insectos están disminuyendo, lo que al parecer es una clara evidencia del cambio climático, he aprendido a mirarlos con cierta consideración. Antes, su sola presencia desencadenaba en mí una intensa sensación de repelús y, pertrechada de escobón o bayeta de polvo, encaramada sobre las sillas o inspeccionando bajo los muebles, no cejaba en su persecución hasta hacerme con la presa. Ahora, a mis ochenta años, con la ventana abierta y suaves movimientos de mis manos, intento persuadir a esta criatura para que recupere su libertad; ella, obstinada, se resiste una vez tras otra y sigue jugando al escondite, a veces llenando la estancia de un grave zumbido.

Esta mañana un tímido rayo de sol se cuela entre las cortinas impactando sobre “Azul”, uno de los libros que habitan la estantería. La moscarda se ha posado en él, exhibiendo su brillante caparazón aturquesado y las transparentes filigranas de sus alas. Yo me pregunto, ¿estará ya jubilada de su función polinizadora? He leído también que ayudan a la descomposición de los cadáveres. Espero que no sea el mío.

19. CUENTO PARA TI (Joaquin Collado Sevilla)

La ilusión le hacía abrazar una muñeca y vestirla de color turquesa. Pero, cada seis de enero se preguntaba si los Reyes no recibían su carta o no apreciaban las nueces que les dejaba en su ventana. Le descorazonaba pensar si no era tan buena como le decían; si sus notas no habían sido las mejores o dejaba tareas de casa por hacer. Y se consolaba pensando que aquella muñeca estaría mejor en otras manos que, al menos, tuvieran tiempo de jugar.

Creció atada a las carencias de su casa, a la necesidad de ayudar desde el celeste hasta el cobalto estrellado de la noche. Miraba por la ventana ansiando parar el azul y sacar tiempo para estudiar. Forraba sus libros de aguamarina y los cuidaba como habría hecho con la muñeca que no tuvo. Quiso saber tanto de ellos y tanto soñó por ellos, que uno le hizo leer: “no fue justo no verte jugar”. Y ese libro alzó sus tapas, aleteó sus hojas y voló como carta a los Reyes para traer su regalo. Ha tardado porque esa muñeca debía ser la más bonita, latir con corazón de verdad y regalarse a todos. Eres tú.

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