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Cuando las ves, notas cómo se te eriza el vello y se te hiela la sangre en las venas, porque son las queridas de la muerte. Provocativas con sus escotes generosos, sus faldas tacañas y sus medias de rejilla juegan a la seducción homicida. Porque si te señalan, no lo dudes amigo, tu cuerpo aparecerá colgado de un puente y tu cabeza en un estercolero. Cubren sus rostros con máscaras -idénticas en sus falsas sonrisas- que esconden las sonrisas auténticas, aún más siniestras.
Les gustaron mis ojos: “Ay, mi hijito, tan verdes…” y tal vez por eso me rodearon en corro hasta que llegaron ellos. Pude distinguir la inicial de mi nombre tatuada en el muslo de la más pendenciera. Éramos casi niños entonces y al poco desapareció del barrio. Tan bonita como para convertirse en capricho de un narco, tan insensata como para corromperse con el poder sucio del dinero. Quizás por ella me dejaron con vida, aunque para qué. Duermo en un galpón junto a otros desgraciados y de día salgo con Mellado, mi perro. Parado en una esquina espero las limosnas que los transeúntes quieran arrojar a un pobre ciego.
Daniela prefiere las sardinas asadas, con sus tripas intactas. Últimamente le apetecen mucho. Pero él ha traído chipirones. Los quiere rellenos.
Trata de evadir la mente mientras los limpia, aunque no puede evitar el temblor de manos al vislumbrar en esos ojos fijos e insensibles la mirada de su padre. Los tentáculos llenos de ventosas parecen sus dedos viscosos, atrapándola, explorando ásperos cada resquicio. Imagina su nariz ganchuda al arrancar los voraces picos de loro. Y esa gelatina blanca que se adhiere a sus dedos la lleva al borde de la náusea.
La arcada incontenible llega cuando, del interior de uno de ellos, sale un pescadito medio devorado, se escurre sobre el montón de entrañas y desaparece para siempre por el desagüe del fregadero. Recuerda otro desagüe, el sabor amargo del bebedizo de ruda y artemisia mezclado con lágrimas, dos pececillos ensangrentados perdidos por las cañerías. Recuerda querer morirse, recuerda querer matarle.
Suenan pasos. Traga saliva. Apura la labor con la receta que usaba su madre, como él exige. Meter ese relleno en los cuerpos es antinatural. Se estremece. Acaricia su vientre. Llora. La cadena del tobillo frustra, una vez más, su intento de alcanzar el veneno de las cucarachas.
Ojalá sea hoy la noche que vengan a socorrerte; que consuelen todos tus miedos, te abracen y callen tu llanto por fin. Que enciendan luces y pinten tus paredes de colores; que te susurren historias y canciones felices. Y que dejen la puerta abierta de una vez para disolver las sombras frías del muro, para descansar del castigo de tus rabietas insoportables, para desprender mi pellejo negro de debajo de la cama y escapar para siempre de este infierno. Libre.
A pesar de los esfuerzos por proteger a nuestra hermana, la gente de la superficie arponeó a Devaki y la sacó al exterior. Allá afuera terminaría dentro de un cubo lleno de restos sanguinolentos. Para cazarnos, utilizaban ondas de sonido con que rastreaban las profundidades de la fuente en busca de las más grandes de nosotras. Según ellos, ocupabamos mucho espacio, alimento y oxígeno en detrimento del desarrollo del hombre. Por su culpa, habían extraído a Elika, a Gandhari, a Devaki. Si el macho continuaba vivo, el resto de nosotras moriría. Rechinamos las encías desdentadas. Nadamos hacia él y giramos en círculos concéntricos hasta enrollarle el cordón alrededor del cuello,. Al tensar la línea, él se puso azul. Luego, cada una regresó a su esquina, de cara contra la placenta, a la espera del paso del ecógrafo y de los gritos de padre y madre cuando vieran las imágenes del tan anhelado varón que flotaba sin vida en el líquido amniótico.
Voy a tener que reunirme con Pedro urgentemente. Esto no puede seguir así. Se ha vuelto tan tiquismiquis, el tío, que solo deja entrar a los más impecables. Está ya muy mayor y es demasiado exigente. Creo que deberían cambiar de portero y poner a alguien con mejor criterio. Ahora me llegan a mí los rechazados sin ninguna categoría, no son nada aprovechables. Cuando piensas que vienen con el pecado capital de la ira, resulta que se trató de una puta chorrada. Luego se escandalizan al oír hablar de una bacanal con las brujas y todos los demonios de mis dominios infernales. Si no los quieren en el cielo, que se queden en el purgatorio. ¡Que se jodan!
Nunca he llevado bien lo de perder, desde niño cuando me comían una ficha jugando al parchís me levantaba de la mesa y les dejaba plantados al resto de jugadores. En la adolescencia no soportaba que me robaran a la chica que me gustaba en la pista de baile. Esta mañana cuando he llegado al trabajo, donde he dado los mejores años de mi vida, me dicen que van a apostar por dar una oportunidad a los jóvenes. Y quién me la va a dar a mí con más de cincuenta a mis espaldas. Así que loco de ira he arremetido contra los cristales de la empresa hasta que no ha quedado ni uno entero. Aquí estoy sentado en la puerta de casa esperando que llegue la policía por los desperfectos causados, aunque quizás hayan hecho la vista gorda. Después de todo, les sale más barato el cambio de ventanas que mi despido.
Sonreías ladeando la cabeza con un cigarrillo mediado en los labios, entornando los ojos como James Dean. ¡Cuántas veces habrás ensayado ese gesto…! Aunque, funcionar, te funcionaba, ¿eh? Todos querían ir de farra contigo, llevarte a la cama. Y tú pagabas rondas y rondas por no llegar solo al final de la noche. O de los días. Mira que no ver que te abandonarían cuando estuvieras sin blanca… ¡¿Qué?! ¿Ya no eres capaz de devolverme esa pose en el espejo? ¡Sonríe ahora, cabrón!
Adoquín en mano arrancado del pavimento apuntando a los antidisturbios, pañuelo a modo de bandolero para protegerse de los gases lacrimógenos.
El volcán de sus labios emanaban abruptos de enfado e ira.
— ¡Fascistas, cabrones..!
El enfrentamiento cuerpo a cuerpo fue inevitable y el ladrillo de su mano impactó sobre un policía nacional. Llegó a ver como el brote de sangre que emanaba de la frente del policía cruzaba la insignia del uniforme.
Las olas irreverentes chocaban sobre su rostro, sentía el frescor del mar y el calor del sol veraniego. Ya no recordaba el frío del invierno pasado ni la humedad de la llovizna en aquella manifestación del pasado invierno.
La imprudencia de la juventud le animó a nadar mar adentro, la corriente hizo el resto. Sin fuerzas, una ola lo engulló, fue lo único que recordó.
Cuando despertó se vio en la arena de la playa rodeado de gente con cara circunspecta y a ese hombre que acababa de arriesgar su vida para salvarlo.
— Tranquilo, ya estás a salvo. —
Con el pánico en sus ojos de haber visto la muerte tan de cerca, miró al hombre que le había salvado la vida, con el uniforme de policía empapado y una reciente y larga cicatriz en su frente.
Reconforta ver que en tu sepelio el luto impregna tejidos y sentimientos, las lágrimas de dolor son un bálsamo para tu ego. Siempre he sido un bonachón, esposo y padre entregado.
Con más atención observo a mi hermano sumergirse en el escote de mi mujer, que le devuelve una prometedora sonrisa. Mis amigos, cabizbajos, parece que rumian su dolor, pero en realidad están ocupados mandándose mensajes por WhatsApp.
Pablo
¿Quedamos mañana para jugar al póker? ♠♣♥♦
Antonio
Perfecto 👏
Quique
Ok, pero ahora que ha palmado el pardillo, ¿a quién vamos a desplumar? 😂
¡¡Cabrones!!
Observo a mi hijo, siempre le ha costado exteriorizar sus sentimientos. También él teclea el maldito móvil.
Cariño, por fin podré salir del armario sin temor al facha homófobo de mi padre. Te echo de menos. ♥
He pasado por sus vidas y no me han visto, ahora sí soy consciente de mi muerte. En un rincón acaricio a mi perro, que me mira fijamente y lanza una dentellada al aire.
Desolado me adentro hacia la luz que insistentemente me llama. Pero freno mi avance, una espesa niebla de venganza nubla mi rumbo, la ira ennegrece mi espíritu, aún tengo asuntos que ajustar en este infame mundo.
Aquí se instalaron de repente. Fue un despertar y seguir inmerso en la pesadilla real. Humos a todas horas. Ruidos de descargas de mercancías, camiones, furgonetas y motos de repartidores. Con las ventanas abiertas era imposible descansar, adiós a las siestas. Llegaron los nervios desquiciados y los atracones de ansiolíticos.
Nos reunimos con el concejal, tachado de corrupto, que aseguró que cumplían la legislación. Nos manifestamos. Yo siempre he sido de luchar por los cauces legales. Todas las movilizaciones en balde, estábamos desesperados. Pensé en vender mi casa, pero en esas semanas había perdido la mitad de su valor.
Entonces mi vecino, que era segurata, harto de la angustia interminable decidió actuar a su manera. Tenía muchos contactos. Movió sus hilos. En los medios primero las ratas y poco después las cucarachas campando entre la comida, dejaron su imagen por los suelos. Sumado a la grabación del concejal aceptando soborno dieron la puntilla a las cocinas fantasmas.
Por fin, él vuelve a dormir tras sus guardias de noche y yo vuelvo a babear en mis siestas. La tranquilidad habitual del barrio ha regresado por las bravas.
Mientras tú duermes no muy lejos, después de una jornada exigente, yo aún no he conseguido desprenderme de los olores de la ciudad. Cada vez son más persistentes, como si penetraran por todos partes con la intención de quedarse. Llevo ya un buen rato parado, a oscuras, y sin embargo noto un zumbido que no presagia nada bueno.
Mientras desaparece, me conforto como cada noche pensando en nuestra relación. Haberme hecho tu compañero de viaje dio sentido a mi existencia. Contigo he disfrutado desde el principio, me arrancaste la mejor versión. Tú más que nadie. Hemos consumido cientos de kilómetros, compartiendo situaciones únicas. Y te agradezco, aunque a veces no me expresara bien, la comprensión. Siempre he admirado de ti la cautela y el aplomo con que afrontas los reveses. Me quedo con todo ese rodaje.
El otro día te oí hablar del otro. Palabras elogiosas que anunciaban un idilio. Ahora sé que se acerca la separación, el adiós, e intento prepararme para afrontar la despedida. Dijiste que es lo mejor para ambos, que mi tiempo ya pasó. ¿Ya pasó? Intuyo que llevas razón, lo que no impide que grite que hoy te odio más que ayer.
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