Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

13. Moby Dick

Después de su último encuentro, ella salió malparada y se alejó en busca de aguas más tranquilas para curar sus heridas. Él puso todo su empeño en encontrarla, embarcado en violencias por mares tenebrosos, sin dejar de achicar la sensatez y la memoria de otros tiempos más felices.

La divisó en aquel paraje cuando se ponía el sol y enloqueció al verla acompañada. Lo arrojó todo por la borda, insensible a sus gritos tras cada cuchillada, y reservó para sí un último embate del acero, el menos violento, antes de quedar varado junto a ella en la acera.

12. Sombras de ciudad

El viento me traía olores conocidos: tierra húmeda, hierba fresca, ovejas… Junto a mis compañeros de trabajo corría libre, sin correas ni muros. Mi mundo era sencillo y tranquilo.
Pero me fui haciendo demasiado mayor para trabajar; mis patas ya no respondían como antes. Y un día me subieron a una jaula negra con ruedas y el aire cambió.

De pronto, todo me olía a humo y metal. Brotaban ruidos por todas partes: bocinas que rugían, voces que se mezclaban, pisadas que retumbaban en mis oídos. El suelo duro me quemaba las patas y cada pitido me hacía saltar. Un torbellino de sombras negras y luces blancas me cegaba y me paralizaba.

Ya no había espacios para correr, ni hierba donde tumbarme. Tampoco compañeros a los que acudir buscando auxilio o un ladrido amigo. Solo paredes altas y olores extraños que mi olfato no comprendía. Todo me apestaba a basura y a miedos negros.

Me acurruqué junto a la pierna de mi nuevo humano, temblando. Él me acarició y dijo algo con un tono suave. No lo entendí, pero por un instante sus gestos me devolvieron un poco de la seguridad que había dejado atrás.

11. Blanco sobre negro

Extrarradio. Familias asediadas. Ventanas destrozadas. Antidisturbios contundentes. Reyerta disuelta. Su cabeza, rapada. Su córnea, destrozada. Bala perdida, de goma.

Arraigado el trasplante, quiso agradecer. Acudió una madre: mirada hundida, piel negra. Ella sonrió. Él se estremeció; quedó descompuesto.

Abandonó el hospital: incómodo, escéptico.

Creció su pelo: ondulado, moreno. No se lo volvió a rapar.

10. El armario

Con el valor que su generación daba a las prendas de calidad cosidas a mano, no se había deshecho de ningún vestido importante en su vida. Allí estaban, bien preservados en fundas con naftalina, el de novia, aún impoluto y bordado de felicidad, el de chaqueta gris a medida, con el que aparecía en las fotos de nuestras comuniones, y los negros, acartonados por las lágrimas de dolor de tantos lutos acumulados. Descarté cualquiera de ellos.

Mi madre había sido una mujer de su época, forzada a aparentar una sobriedad en consonancia con la moral y el decoro exigidos por la severa educación de una sociedad rígida. Pero en casa, con nosotros, se convertía en un ser de luz cuya imaginación chispeante conjuraba la magia para colorear nuestras vidas y alentarnos a disfrutar del mundo con alegría. Y así quise que todos la recordaran.

Me inventé lo de su última voluntad. Hice caso omiso al gesto perplejo del maquillador cuando se lo pedí, al horrorizado de mis hermanos al contárselo y al estupefacto de cuantos se acercaron al tanatorio para despedirse de ella. A mí me parecía que estaba radiante con aquel disfraz de arlequín acorde a su verdadero espíritu.

09. NEGRO Y BLANCO (Miguel Ángel Jiménez)

Aquellos fotones rebotaron en mi ojo derecho. Lloré para defender mi retina de tamaña agresión cósmica. No sirvió de nada. El astro rey se había enfadado y se avecinaban tormentas solares en los próximos días. Lo de hoy era solo el comienzo. Mi retina oscureció. Fundió a negro. Mis hijos se asustaron. Nunca habían visto a papá así. Con la pupila negra. La otra no. Mantenía su color castaño original.

 

Mirándome de reojo. Sabían que yo me había levantado de mal humor porque aquella mañana se me olvidó ayudarles a mover el Cola Cao. Eso siempre pasaba así. Si yo estaba de buen humor siempre les movía el Cola Cao susurrando una canción de amor. Si no, no.

 

Abrí la ventana para mirar al sol y esta vez sí, absorber todos los fotones que se atrevieran a venir a mi ojo izquierdo, como cuando estoy feliz. Inmediatamente mi ojo fundió a blanco. Sonreí. Mis hijos lo notaron y se les cambió la mirada.

 

Cogí la cuchara y comencé a diluir sus tazas. Susurré otra canción de amor. Eso sí, ahora tenían un papá con un ojo negro y otro blanco. Seguro que presumen de ello en el colegio.

08. ABRAZO NEGRO

Toca limpieza a fondo en la habitación de mi hija. La ayudo. De repente, me quedo frente al póster de la portada del último disco de su cantante favorita. La chica es guapa: melena larga, velo blanco y una prenda entre hábito de monja y camisa de fuerza.

—Mola, ¿verdad?

—Mmm —contesto—, me recuerda a las monjas del colegio al que iba. Cuando nos daban clases vestían de negro y cuando iban de misioneras, de blanco; entonces hasta las feas nos parecían guapas. Recuerdo también que, según mis padres, no podíamos tener tele si queríamos ir de vacaciones, había que escoger.

«Pues las monjas del cole la tienen y van de vacaciones a África», les había contestado. Aquello me había costado una buena bronca; ellas no iban de vacaciones a África, iban a «salvar almas».

A mi hija le aburren mis batallitas.

—¿Y?… ¿Te gusta el póster o no?

—No demasiado, veo muchas ataduras en todo aquello: un hábito, una camisa de fuerza…

—No está atada, se está abrazando a sí misma —me interrumpe.

—Vale, si tu lo dices… pero creo que…

Mi hija pone los ojos en blanco y se da media vuelta.

 

07. AMOR EN JUEGO (IsidrøMorenø)

El largo periodo sin enfrentamientos entre ambos bandos, había desencadenado unas relaciones muy estrechas en el angosto espacio reservado al descanso. Allí todos permanecían en pacífica convivencia, mezclados sin considerar raza, sexo, condición social o religión.

Una hermosa dama con tez de ébano compartía rincón y lecho con el apuesto rey adversario, convirtiendo su relación de odio enemigo en ciega pasión.

Cuando al fin ambos ejércitos ocuparon el tablero para enfrentarse en nueva batalla, la enamorada dama de color, sin pensar en la traición, con un ingenioso y fingido despiste, eludió dar jaque mate a su amante secreto, el monarca blanco.

Un celoso y despechado alfil negro –testigo de la jugada–, para abortar la fuga de los monarcas, se comió el caballo blanco, los delató y, mientras pedía la recompensa, fue devorado por un peón.  ¡Que se joda! –dijo la torre.

Hoy, en el jardín de la ruinosa casa abandonada, he visto aquel ajedrez con las fichas ajadas e inertes sobre un descolorido tablero, abandonado a la intemperie.

Desde aquella batalla, el rey blanco, desanimado y melancólico, no volvió a saltar al tablero. La reina negra había sido decapitada y nadie ha encontrado aún su hermosa cabeza de ébano.

06. CLÁSICOS POPULARES (Ángel Saiz Mora)

El gran intérprete, enfundado en un traje negro, fue recibido con aplausos.

El gran intérprete detuvo su recital. Ceños fruncidos e improperios cayeron sobre un individuo que, convertido en oveja negra, abandonó la sala de conciertos.

El gran intérprete no pudo continuar. Dijo que la conocida melodía de aquel móvil le había dejado la mente en blanco.

El gran intérprete aprovechó que estaba infectado sin remedio por el pegadizo estribillo, como si fuese una peste negra, para escribir una sinfonía con variaciones a partir del célebre tema.

El gran intérprete, también compositor, aunque gris, cosechó un éxito inesperado, pero no lo disfrutaba, a sabiendas de que nunca volvería a crear algo de semejante calidad, de que una obra es irrepetible o mediocre, igual que lo que es blanco no es negro, o se está vivo o se está muerto; que para que algo perdure, algo debe desaparecer.

El gran intérprete tuvo un oscuro presentimiento acerca del hombre que, con su interrupción, le había inspirado una obra inmortal, aunque nadie le contase que al salir del auditorio ese infeliz cruzó sin mirar, ni que mientras agonizaba, atropellado sobre el negro asfalto, en su teléfono sonó de nuevo: “Hola, don Pepito”.

05. LA VERDAD EN LOS OJOS (Juan Manuel Pérez Torres)

Combatía la lluviosa tarde y el tedio de la soledad repasando los recuerdos desordenados de un cajón y se detuvo en una foto en blanco y negro. Él la miraba, ella le sonreía. No recordaba aquel momento, pero el contraste no dejaba lugar a los matices, la duda y el amor, como la herida y la cura, eran los extremos del contorno de sus vidas. El negro de lo vivido junto al blanco del tiempo olvidado eran como la verdad y la mentira, como el sí y el no. Y, sin embargo, entre ambos, se borraba todo el gris del mundo, donde habitaba la ambigua vida, real e incierta. Después de un rato cesó la lluvia y un claro celaje dejó ver el arco iris.
Siempre pensó que aquella era la fotografía de un amor o de una costumbre. Hoy, al encontrarla en el cajón, supo la verdad: el color estaba a buen recaudo en sus pupilas.

4. BLANCO Y NEGRO (Mariángeles Abelli Bonardi)

Nunca disfruté del encendido del árbol ni decoré, con verdes y con rojos, una casa de jengibre.

Cuando llegaba la época más colorida del año, yo no permitía, en mi salón de clases, ningún tipo de adorno navideño.

Después de probar de todo sin resultado alguno, terminé por asumirlo: mi vida se reducía a sólo dos colores. Y entonces, cuando ella me ofreció esos lentes, supe lo que era realmente ver…

Bajo el muérdago, mirándola a los ojos, me incliné para besarla: Iris, la bella optometrista, curó mi daltonismo y mi soledad.

 

03. ORACIÓN COPULATIVA ( Fernando García del Carrizo)

Me miras amenazante desde arriba y produces en mí sentimientos contradictorios. Desde mi pulcra inocencia, siento temor, a la vez que me atrae con violencia encontrarme y fusionarme contigo. Inmaculada y blanca, pienso que ha llegado el momento de aceptar mi destino y dejarme traspasar por ti. Me eriza el toque de tus labios que me manchan con líneas negras. Las cosquillas que produces me excitan y disparan mi deseo. Estoy lista. Quiero algo sublime, sin mediocridad. Nada de medias tintas. No permitas que acabe por ahí tirada, como algunas de mis hermanas. Dámelo todo. Cúbreme con caligrafía exquisita y escribe en mí una poesía o un relato que se publique, llegue lejos y me haga eterna.

02. Solo es un juego

La batalla se estaba tornando cruel y aniquiladora. La infantería de primera línea había, prácticamente, desaparecido; la mitad de nuestra caballería y algún que otro comandante habían sucumbido a aquellas hordas bárbaras. Desde primeras horas de la mañana, en las que nos aprestamos en nuestra posiciones dispuestos a recibir el primer ataque, tuve la certeza de que aquella batalla no la íbamos a ganar. Los comandaba un mariscal ruso, renombrado estratega, cuyo estandarte mostraba una luna blanca sobre fondo negro. En los primeros compases no hubo que lamentar víctimas, pero pronto la sangre comenzó a correr a lo largo del campo de batalla, caímos como árboles bajo un vendaval. Ahora, nuestras filas, exiguas, agotadas, están rotas. Mi señor queda desprotegido y sé que solo yo, puedo darle un respiro, una oportunidad para escapar. Ordenaron que me pusiera delante de mi señor para recibir el ataque que ella, la gran señora blanca, le dirigía a él. Recibí con entereza su acero, me llevé las manos a la herida para no dejar que mis tripas se vertieran por el suelo. Doblé las rodillas y escuché: «¡Jaque!». Mi sacrificio le salvó y caí sobre el tablero sabiendo que no volvería a ver amanecer.

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