Esta Noche Te Cuento. Concurso de relatos cortos

FE

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en LA FE

ENoTiCias

Bienvenid@s a ENTC 2026 Comenzamos nuestro 16º concurso en el que iremos proponiendo hasta 8 propuestas temáticas en torno a la EXISTENCIA En esta ocasión serán relatos que desarrollen el concepto de FE en todas sus acepciones. Y recuerda que el criterio no debe ser poner menos palabras sino no poner palabras de más. Bienvenid@
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Esta convocatoria finalizará el próximo
14 de FEBRERO

Relatos

54. El hidalgo y las visitadoras

«¿Y cómo tan bellas y distinguidas señoras viajan en semejante carreta sin damas de compañía que las atiendan ni escolta que las proteja? ¿Acaso son desconocedoras del peligro que esconden estos caminos habitados por bandoleros y gentes de mal vivir?»

La que parecía llevar la voz cantante y que apodaban «la Colombiana», soltó una sonora carcajada que fue secundada por todas las demás. Estas, con gran algarabía, se remangaban las enaguas y hacían exageradas reverencias dejando al descubierto sus voluptuosos escotes. Todo ello para solad del embobado escudero, que en esta ocasión no quiso desdecir a su señor de la condición de tales mujeres.

Cuando el hidalgo fue informado de que aquel viaje tenía una finalidad real secreta, no solo se sintió elegido por Dios para tal misión, como defensor de la fe católica que era, sino que se enorgulleció de ser partícipe de semejante aventura.

«Será un honor para mí darles escolta, junto con mi escudero, hasta su respetable destino»

Y con estas palabras continuaron la marcha

53. Fragmento de un certificado de defunción

La testigo afirma que el sujeto sin identidad dijo llamarse don Quijote y que se refirió a ella como su señora Dulcinea. Que, a pesar del encantamiento, sabía que el lugar donde se encontraban no era Deseos Club, tal como indica el  luminoso, sino un palacio situado en el Toboso manchego. Que el maligno Frestón había puesto otra vez nubes y cataratas en sus ojos para transformar la sin igual hermosura y rostro de su amada en el de una ramera carirredonda y chata. Que, después de pronunciar dichas palabras,  el desconocido perdió el conocimiento por unos minutos y que al volver en sí comenzó a toser tinta. Que entonces dijo haber recuperado la cordura y que su nombre era Alonso Quijano, protagonista de una obra universal escrita por Miguel de Cervantes. Que se negaba a formar parte de este escrito que por menor en todos sus aspectos es conocido como microrrelato. Que su deseo era regresar de inmediato a El Ingenioso Hidalgo Don… Y que antes de terminar la frase falleció.

Nota adicional: Tras una laboriosa investigación, concluimos que tanto Miguel de Cervantes como Dulcinea, don Quijote y demás mencionados no son más que invenciones del difunto.– Vale.

52. @CaballeroHidalgo

En un lugar de las redes, de cuyo nombre no quiero acordarme, conocí a @DonDeLaPalabra. Aseguraba que se estaba perdiendo el cortejo. Que los hombres se estaban embruteciendo. Que llegaría el día que no se entendieran con las mujeres de bien y que estaba en peligro el futuro de nuestra civilización. Hablaba de zagales, bausanes, catervas. Me prendí de su bagaje cultural. Lo aprendí todo de él.  Desde entonces, lidiaba a su lado contra bichicomes inflados de testosterona. Y conocí a @SeñoritaPiparra, toda picardía y sensualidad. Sus citas picantonas acompañaban fotos de su cuerpo trabajado con sudor. Y para sudores los que yo padecía cuando los groseros mamelucos las comentaban. Entonces, armado de paciencia, me las veía con ellos para defender su honor. Hasta que, agotado por la desmesura de las hordas contra mi persona, contacté con ella con el mayor de los respetos. Le confesé que mi corazón le pertenecía, que no podía seguir publicando esas cosas. Debía pensar en mí. Me llamó fucking freaky y me dijo que no la stalkeara más. Después me bloqueó. Profundamente herido por no entender sus palabras, abrí otra cuenta y, ahora, sigo luchando por su honra hasta que descubra que me quiere.

51. MIS PROPIOS MOLINOS DE VIENTO Rosa Gómez

El sueño se resiste, siento que la cabeza me bulle alrededor de un tema. Pienso en una historia inconclusa y sin sentido que pretende salir a la luz.

Mi marido, harto de movimientos de sábanas y paseos al baño, protesta: «ya está bien, ¿te puedes estar quietecita?».

También yo estoy harta, pero: ”o vomito, o vomito”. Salgo de la cama y me siento en la oscuridad. Escribo de un tirón, con puntos y comas.

Las exigencias se amontonan: tengo que  entregar seis microrrelatos en una semana. Puede que lo consiga, Solo es cuestión de darle vueltas. De ahí el insomnio.Ya tengo algunos casi cerrados. En este, se me resiste el final.

Mientras escribo, mis dedos son lanzas que arremeten contra los molinos de una extenuada imaginación. En un último impulso creativo, sobreviene ese final: «en un lugar de la mente, de cuyas ideas no puedo acordarme…».

50. NO ES TAN FÁCIL (Ana María Abad)

-¿Estás seguro, mi buen Sancho?

Alonso mira con desconfianza la máquina que exhala densas columnas de humo negro.

-Que sí, mi señor. Que ya está bien de tanto trajín: nos merecemos un cambio de aires.

Arroja un grueso libro a una papelera cercana, donde cae sobre los restos de un plátano pasado, y trepa por la escalerilla, instando a su compañero a seguirle.

Recorren el tren escudriñando cada compartimento, pero ninguno parece satisfacer a Sancho: espadachines con sombreros emplumados en plena escaramuza; un submarino perseguido por un calamar gigante; un enorme caballo de madera vomitando guerreros armados hasta los dientes; chavales con túnicas negras lanzándose rayos con palitos; una ciudad ardiendo hasta los cimientos.

-¿Tan difícil es hallar un sitio tranquilo? -rezonga.

Cuando ya comienza a desesperar, encuentran un departamento ocupado por dos mujeres jugando a las cartas. Sancho pregunta si pueden acompañarlas.

-Por supuesto -responde la más galana-. Ella es Teresa y a mí podéis llamarme Dulcinea. ¿Sabéis jugar a la brisca?

Ambos asienten, se acomodan y comienzan una partida. Alonso mira arrobado a la dama, Sancho intercambia sonrisas con la amiga. Y, en un rincón, un grueso ejemplar de “El Quijote” exhala cierto tufillo a plátano pasado.

49. La belleza y la virtud, la incierta historia de la labriega emperatriz

No quiso saber si estaba embarazada ni el nombre de aquel ser enjuto y medio loco que se metió en su cama a medianoche. Quería salir de su mundo de odres litigantes, de huestes de borregos, de bálsamos curalotodo. Todavía resonaban los alaridos de placer en las paredes mal encaladas de su alcoba, en el papel grosero de las páginas de aquella novela que nunca supo leer, en el fondo impreciso y turbio del aguamanil. Fue un acto de caridad o, quién sabe, tal vez un grito de socorro, una oración desesperada, un incendio provocado en un edén de trigo. Bajó su ventana, el rocín en el que llegó al trote enflaquecía por momentos, apenas tomaba algo de agua, pero desde que desapareció su caballero no volvió a probar el heno, ni aunque lo molieran a palos. Marchó una noche de septiembre con un hato a sus espaldas, las riendas del jamelgo en una mano y el vientre algo abultado. La luna escondía su brillo entre las nubes y el canto de las ranas amortiguaba a coro sus pisadas. No miró atrás ni una sola vez, ni quiso acordarse más de cómo se llamaba aquel lugar que abandonaba para siempre.

48. BUSCANDO DULCINEAS

Recorría cada noche las calles, los parques y los tugurios marginales de Barcelona con un solo propósito: encontrar alguna dulcinea y salvarla de los depredadores que pululaban y regentaban esos lugares. Se hacía pasar por un cliente y les contaba su propósito de ayudarles a huir de esa vida alienante, casi todas le seguían la corriente pensando que se trataba de algún tipo de fetichismo o rareza a las que ya estaban acostumbradas pero sin ninguna intención de seguirle a ninguna parte.

Alonso no desfallecía y perseveraba en su tarea.

Una noche, paseando por una de las calles frecuentada por las que él consideraba explotadas dulcineas, una se le acercó y con afectación le pidió por favor que si podía ayudarla porque le obligaban a prostituirse. Sin dudarlo cual Quijote contemporáneo, Alonso agarrándola del brazo hizo ademán  de alejarse de allí. Su sorpresa fue mayúscula cuando, de pronto, todas las mujeres que estaban en esquinas y portales y la propia chica que le había pedido ayuda comenzaron a reírse diciéndole que volviera al manicomio del que se había escapado.

Había corrido la voz en ese mundillo de sus andanzas y le habían bautizado como el loco salvador de doncellas.

47. De cuando el ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes cambió definitivamente la espada por la pluma (Juana Mª Igarreta)

El sol franqueaba tímidamente el alto ventanuco de la celda donde el reo Cervantes, pluma en mano, azuzaba su imaginación para huir del frío y el hambre. Ensimismado, pensaba que las musas son seres caprichosos, que tan pronto acuden solícitas a quien las convoca, como que inclementes lo abandonan en un inmenso páramo.

De repente, su maltrecha mano izquierda, honroso trofeo lepantino, interceptó el escaso haz de luz. La sombra alargada que aquella suerte de rígida garra con el pulgar enhiesto proyectaba sobre el desconchado de la pared, evocaba la silueta de un escuálido caballero andante a lomos de un consumido rocín; uno de esos ilusos aventureros que últimamente abundaban por los caminos siempre dispuestos a reparar agravios ajenos, soñando de esta manera poder alcanzar algún día el honor y la gloria personal.

Hechizado con el juego de las sombras, Cervantes ahuecó su mano diestra sobre la siniestra en vertical, dando vida a un panzudo individuo al que designó oficio de escudero, pero con pretensiones de gobernador insular.

Luego, tras bautizarlos con la tinta de su pluma, don Quijote de la Mancha y Sancho Panza iniciaron la brillante gesta de recorrer los senderos literarios a través de los siglos.

 

46. LA DEL ALBA

Al ver el rostro alarmado y soñoliento de la joven, el sirviente se mostró todo lo sutil que su baja condición le permitía, y así logró apaciguar a la sin par doncella, que temió por su vida pese a esconder una daga en los leotardos.

-No tema, que más leal que yo le soy solo le sería mi amo.

Pero la joven, segura tras ajustarse el salto de cama y empuñar fuertemente el puñal, fue incapaz de ver en ese rostro quemado por el sol los innumerables sufrimientos del caballero andante del que venían a darle tristes noticias. Tampoco mostró interés en sus desvelos, en sus sobresaltos, y en sus cuitas, que no fueron pocas. El criado depositó una carta sobre el lecho de la insensible damisela, que lo invitó a dejarla en paz.

-Márchese si no quiere que alerte a mi servidumbre.

Por eso, una vez cumplido lo que creyó su deber, salió por donde entró, poniendo rumbo a la aldea en una larga caminata, mientras pensaba que su señor enloqueció sin motivo, y se marchó a disfrutar del amanecer, que anunciaba otra jornada tórrida, sin saber qué le depararía su nueva vida.

45. Otros tiempos

Neptuno clavó con saña el tridente en el pecho de Cibeles. “Te lo merecías, hija de puta.” La diosa con cara de piedra escuchó a la muerte susurrarle al oído: “Lleva razón el chaval.”

El señor de los mares corrió Alcalá arriba para encontrarse con su fiel aliada. La encontró como siempre intentando alcanzar el madroño. Juntos se marcharon a la Plaza Mayor para ajustar cuentas a Felipe III. Al verlos, el monarca espoleó su caballo y huyo despavorido por la puerta de la calle de Botoneras. La pareja aprovechó la ocasión para reponer fuerzas con un bocadillo de calamares.

Al galope entró en la plaza el Quijote seguido de su criado gritando cual poseso.

-¡Mi señor, no os entrometáis en asuntos de reyes!

-Qué reyes ni que ocho cuartos. ¿De dónde es este haraposo rey?

-De los mares, mi señor, de los mares.

-¿De los mares? ¿Acaso hay mar en Madrid?

-Debe haberlo, mi señor. Tengo entendido que esta es una ciudad prodigiosa.

-Sea entonces, vayámonos por donde hemos venido.

Neptuno y la Osa terminaron su refrigerio y saliendo por la Puerta de Cuchilleros enfilaron la de Toledo, sabedores que muy cerca, al lado del rio, estaba su casa.

44. Un figura

Sancho, o simplemente El Gordo para algunos indeseables de la clase, miró al compañero que tenía delante, meditó su respuesta y dijo:
-Tú estás loco, loco de remate.
Dos recreos más tarde quedó patente que estaba en lo cierto: lo de ponerse a defender a Dulceida de los machotes de clase solo porque su cuerpo se había desarrollado antes, acabó con Alonso magullado, la muchacha tratando de limpiarle la sangre con un pañuelo mojado y Sancho parapetándolos.
-Supongo que ha sido un espectáculo lamentable –dijo el herido.
-No, Alonso, has sido un valiente, todo un caballero –contestó ella que la noche anterior había visto una película con justas medievales.
-Vale, es un figura pero… triste, muy triste –sentenció Sancho, pensando ya en cómo ayudar a su amigo y si pedirle algo a cambio.

43. CIDE HAMETE BENENGELI

Reunido este Tribunal de la República de las Letras, a petición de Alonso Quijano, para deshacer el entuerto sobre la autoría de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Macha, tras las deliberaciones realizadas conforme a los plazos que establece la ley,

ACUERDA

desestimar los pleitos que presentaron el poeta simbolista Pierre Menard, francés, afincado en Argentina, por posible plagio; y el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda (seudónimo), natural de la villa de Tordesillas, por flagrante fraude,

respetar al novelista, poeta, dramaturgo y soldado Miguel de Cervantes Saavedra, nacido en Alcalá de Henares, su papel como cronista respecto al autor anónimo de los capítulos I a VIII del libro que se juzga, y

atender las alegaciones del historiador arábigo Cide Hamete Benengeli, manchego, y declararlo, sin menoscabo del apartado precedente, autor único de la obra citada, cuyo manuscrito en árabe hemos podido autentificar.

Es decisión del Tribunal, tras la firma de este Decreto, que la novela recupere su título original, Historia de Don Quijote de la Mancha, y que el nombre de Miguel de Cervantes sea sustituido en todas las ediciones, incluso con efecto retroactivo, por el de Cide Hamete Benengeli.

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